Co-edition with Fundación Análisis de Política Exterior
Gran angular

Índia, Pakistán e Irán: vecinos de una misma región

Ana Ballesteros
Profesora ayudante doctora, departamento de Relaciones Internacionales e Historia Global, Universidad Complutense de Madrid

En la mayor parte de los análisis, Irán tiende a ser ubicada en Oriente Medio u Oriente Próximo, un constructo geopolítico que relaciona este país con los de su entorno del mundo árabe, junto a Turquía e Israel. El término preferido en este artículo es el de Asia Occidental, en cuya visión es más sencillo incluir otros países limítrofes, como Afganistán, Pakistán e India, y que, en ocasiones, son vistos como ajenos a las dinámicas regionales del golfo Pérsico.

La disciplina de estudios regionales no siempre ha considerado cómo interactúan los países colindantes entre las divisiones geográficas. Véase el «Oriente Medio» como concepto construido desde el Norte en función de su visión estratégica y sus intereses. Este «Medio» era lo que separaba Reino Unido de India y, dependiendo de la época, el concepto en sí incluía y excluía países en función de los intereses de las grandes potencias.

De esta forma, el Oriente Medio que Alfred Thayer identificaba se consideraba una realidad objetiva más que un constructo geopolítico. La visión del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower incluía en la región a países como Libia, Sudán o Etiopía, mientras que tras los atentados del 11-S, la administración de George W. Bush acuñó el polémico término del «Gran Oriente Medio», que sumaba junto al mundo árabe, a Irán, Turquía, las repúblicas de Asia Central, Afganistán y Pakistán. Es decir, en la definición de las regiones se han incluido o excluido países en función de visiones económicas y securitizadas de las potencias globales.

Así, Asia occidental se ha estudiado como unidad generalmente separada de Asia del sur. Sin embargo, durante siglos las fronteras del Irán de hoy día con India, Pakistán y Afganistán no existieron. Las dinámicas históricas y culturales entre estos países no desaparecieron con las independencias ni con las fronteras artificiales dibujadas por los colonizadores.

En Asia occidental se ubica parte del mundo árabe y otros países a lo largo de la orilla oriental del Mediterráneo, donde se configura una parte del mundo musulmán, que tiende a ser casi identificado como árabe. Las identidades transnacionales son una de las características que define las dinámicas regionales. Pero, a efectos de este texto, hay que tener en cuenta que el sur de Asia comparte algunas de estas dinámicas. De ninguna otra manera se puede entender cómo, en febrero de 2026, el magnicidio del ayatolá Jamenei, líder supremo iraní, generó una oleada de protestas en Pakistán e India.

Desde Karachi a Nueva Delhi, Cachemira o Hyderabad, las protestas fueron multitudinarias y, en ocasiones, violentas. Poco se habla de la segunda población chií del planeta, detrás solo de la iraní, que es la de Pakistán, donde se estima que hay entre 30 y 40 millones de chiíes. Esta población supera a la chií de Irak, e incluso es probable que los chiíes en India, que contiene la tercera población musulmana del mundo (tras Indonesia y el mismo Pakistán), puedan estar entre 25 y 50 millones.

Asimismo, la centralidad de las fronteras terrestres infravalora la importancia de las marítimas. Si consideramos el concepto del Indo-Pacífico, las masas oceánicas son el elemento central. Por tanto, las dinámicas de interacción actuales entre Irán, Pakistán e India no son solo líneas en un mapa separando masas continentales, sino límites marítimos en torno al océano Índico occidental, donde también se libra la gran competición global entre Estados Unidos y China. Este océano, por tanto, es un elemento clave en torno al cual analizar las relaciones de estos tres países.

UN VECINDARIO, ¿UNA REGIÓN?

Los acontecimientos en torno al estrecho de Ormuz afectan de manera muy directa a India y Pakistán, por ser el vecindario extenso en la visión estratégica india y el vecindario inmediato para los pakistaníes. El sur de Asia no es ajeno a la guerra, tanto por motivos económicos (el 85% y el 70% de los recursos energéticos para India y Pakistán, respectivamente, pasa por este estrecho), como por sus propias percepciones de seguridad, ancladas en su rivalidad. En este texto se van a revisar las relaciones bilaterales entre los tres países, y se evaluará el impacto que la guerra tiene en ellos.

Los intereses de los dos principales Estados del sur de Asia están muy presentes en el escenario iraní: por ser el vecindario extenso en la visión estratégica india y el vecindario inmediato para Pakistán.

India, por méritos propios, ha sido la potencia regional en el sur de Asia. Lo es más allá de su región y en muchos ámbitos, a nivel global. Es el país más poblado del planeta, a finales de esta década está llamada a ser la tercera economía del mundo y, en el ascenso imparable de la importancia de Asia en el siglo XXI, su tamaño y ubicación le otorgan una enorme ventaja geoestratégica. Su apertura económica y acercamiento a Estados Unidos propició un ascenso que facilitó la firma de asociaciones estratégicas con un número creciente de potencias medias, entre las que están la Unión Europea, Reino Unido, Australia y Canadá, pero también Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudí, Irán o Egipto.

India adoptó una política exterior multialineada o multilateral, de no injerencia y basada en los intereses económicos, con la prioridad de desarrollo del país como objetivo principal. Así, recientemente, gracias a su potencial, su alineamiento con Estados Unidos y esta visión exterior, India supo acercarse a los otrora aliados de Pakistán en el Golfo y con ello, de alguna forma, intentar aislarlo o relegarlo a un segundo plano.

En paralelo, este ascenso económico y político de India coincidió con el declive de Pakistán. No solo por la inestabilidad política, también por la crisis de deuda endémica y su posicionamiento muy ideológico (con un papel central del islam como instrumento de política exterior). El revisionismo pakistaní no casaba bien con el cambio en los países árabes del Golfo a una visión más estratégica y pragmática de diversificación económica, en la que la religión quedaba relegada a un plano secundario en sus proyectos de modernización. Es en este escenario, y con la rivalidad iraní como factor, cuando EAU y Baréin firmaron los Acuerdos de Abraham.

Asimismo, Pakistán había perdido buena parte de su relevancia estratégica para Estados Unidos tras la retirada de sus tropas de suelo afgano en el verano de 2021. Los atentados del 11-S, el hallazgo de Osama ben Laden en suelo pakistaní o el doble juego de apoyo al gobierno de Washington durante la misión en Afganistán y a los talibanes a la vez, marcó un mínimo en las relaciones bilaterales de estos dos países.

Pakistán creyó recuperar su profundidad estratégica en Afganistán con el retorno de los talibanes al poder en agosto de 2021, después de 20 años con una República Islámica de Afganistán y un Irán más cercanos a India. Sin embargo, los talibanes no solo se han negado a acomodar los intereses estratégicos de Pakistán, sino que han mantenido una larga tradición afgana de rechazo hacia la frontera común, cuestionando su legitimidad. El Afganistán actual mira hacia otros países para conseguir aliados a la desesperada, en vista de su falta de reconocimiento internacional. Nueva Delhi vio una oportunidad en ello y es ahora más cercana a Kabul que Islamabad.

De esta forma, Pakistán mantiene varios frentes abiertos: la inestabilidad política ya mencionada, con un gobierno híbrido en el que hay una débil representación civil; el estamento militar sigue siendo el auténtico poder; mantiene una rivalidad permanente en su flanco oriental (India), con una reclamación territorial estancada (Cachemira) y con poco respaldo internacional; tiene dos vecinos occidentales amienemigos; y una economía débil, con una deuda pública del 70% del PIB. Sin embargo, dos conflictos –el enfrentamiento bélico con India de mayo de 2026 y la crisis de Ormuz–, han vuelto a mostrar la importancia de esta potencia media a caballo entre regiones.

IRÁN Y PAKISTÁN: INEVITABLEMENTE CONECTADOS POR LA GEOGRAFÍA

Tras unos años prácticamente aislado, Pakistán solo mantenía el apoyo de China a través del desarrollo del Corredor Económico China-Pakistán (CECP), proyecto insignia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Irán y Pakistán comparten una frontera de más de 900 km que dividen sendas provincias baluchíes: Baluchistán del lado pakistaní y Sistán-Baluchistán del lado iraní. En el pasado, ambos se alinearon con Estados Unidos durante la Guerra Fría a través de la Organización del Tratado Central y de la Organización para la Cooperación regional y el Desarrollo.

De la misma manera que el factor India pesa en los cálculos estratégicos de Pakistán, el factor China es clave en los de India, que teme el cerco estratégico al que puede ser sometida por Pekín e Islamabad

Ahora bien, la Revolución iraní de 1979 alteró este equilibrio. Pakistán, muy cercano a Washington y Riad, se encontró con dos frentes simultáneamente conflictivos: un Afganistán invadido por los soviéticos y un Irán cuyo chiismo revolucionario cuestionaba el programa de islamismo de carácter suní que el general Zia ul-Haq estaba imponiendo. La consecuente tensión sectaria durante las décadas de 1980 y 1990 supuso una grave amenaza de seguridad interna.

Desde que en 1971 Pakistán perdiera la mitad oriental de su territorio (Bangladés) en una guerra en la que la intervención militar de India fue clave, cualquier amenaza desde las fronteras es vista como un peligro existencial. De esta forma, las identidades trans y subnacionales son amenazas, como son los nacionalismos pastunes y baluchíes. Igualmente, la diversidad religiosa en el seno del islam pakistaní también provoca divisiones en la población.

Respecto a los grupos baluchíes, el establishment pakistaní mantiene que son instrumentalizados por India, para boicotear la viabilidad del CECP y dañar al Estado. En la cercanía de Delhi a Teherán y Kabul, Islamabad cree ver complot en su contra. En enero de 2024, Irán y Pakistán libraron un conflicto en torno al grupo yihadista baluchí Jaish ul-Adl, en el que los dos países bombardearon supuestos campos de entrenamiento a ambos lados de la frontera.

En cambio, para Irán es Pakistán, alineado con Arabia Saudí y Estados Unidos, el que le ataca infiltrando grupos insurgentes desde su territorio. Por ejemplo, Teherán atribuye a Yundullah el atentado suicida en la mezquita principal de Zahedán (Sistán-Baluchistán) de julio de 2010, en el que murieron miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC por su siglas en inglés), además de otros ataques, como el de ISIS en 2017 en el Parlamento de Teherán y el mausoleo del ayatolá Jomeini, el atentado suicida de 2019 contra un convoy del IRGC y el ataque en Kermán durante la ceremonia de homenaje al general Qassem Soleimani en enero de 2024.
El factor afgano es clave también en la relación con Irán, que a su vez refleja la rivalidad de Pakistán con India. La necesidad de adquirir profundidad estratégica en Afganistán llevó a Pakistán a apoyar al islamismo afgano desde la década de 1960. Baluchistán es la provincia de este país menos poblada, pero más grande, con los mayores recursos energéticos y minerales a través de la cual Pakistán cree que India opera en connivencia con el gobierno de Kabul.

IRÁN E INDIA: UNA RELACIÓN DE AFINIDADES Y TRANSACCIONALIDAD

La relación de India con Pakistán y Afganistán está contenida en la política del vecindario inmediato (Neighbourhood First Policy), mientras que Irán y los países del golfo Pérsico, constituyen el vecindario extenso (Extended Neighbourhood). En su política hacia Asia occidental, India necesita una suerte de neutralidad y pragmatismo contenido en su doctrina de autonomía estratégica, que pretende no interferir en los conflictos y dinámicas regionales.

Igualmente, de la misma manera que el factor India pesa fuertemente en los cálculos estratégicos de Pakistán, en los de India, el factor China es clave, temiendo el cerco estratégico al que puede ser sometida por Pekín e Islamabad. La presencia de este país en el vecindario inmediato le lleva a buscar socios en el vecindario extenso. Este es un elemento clave en su acercamiento a Estados Unidos, coincidente con el viraje estadounidense hacia Asia, en el que India fue percibida como contrapeso de China en el continente.

La percepción de falta de compromiso de Washington hacia los socios del Golfo aumentó con momentos como la falta de intervención en Siria en 2013 o la inacción tras los ataques de los hutíes a las instalaciones de Aramco en Abqaiq y Khurais. Las llamadas de Donald Trump a que se hicieran más responsables de su propia seguridad los llevó a mirar más allá de su región para buscar alternativas. China e India son el segundo y tercer mayor consumidor de hidrocarburos del planeta, con entre un 45% y más del 60% respectivamente proveniente del Golfo.

NEW DELHI, INDIA â» MARCH 01: People shout slogans over the killing of Iranâs Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei, holding his portraits and chanting against the United States and Israel during a protest in New Delhi, India, on March 01, 2026. (Photo by Amarjeet Kumar Singh/Anadolu via Getty Images)

La importancia de Delhi para los mercados de esta región y su peso económico es significativa, no solo respecto de la energía, sino también para la diversificación económica. Las relaciones de India con Arabia Saudí y EAU están orientadas hacia lo que denominan una visión pragmática, libre de ideologías e injerencias de tipo normativo en los asuntos propios. En el Golfo, India encuentra socios con los que diversificar sus mercados y proveer alternativas para garantizar la seguridad de las vías marítimas de comunicación (SLOC por su siglas en inglés) por las que circulan su energía y comercio.

Con Irán, la política de autonomía estratégica india se ha visto condicionada debido al peso de las sanciones estadounidenses. Buena parte de la motivación del acercamiento estadounidense a Delhi tuvo que ver con Irán y la cercanía de India a esta. Precisamente, el acuerdo nuclear de 2008 tenía, entre otros objetivos, provocar este alejamiento.

La firma del Plan de Acción Integral (JCPOA) propició que India redoblara la compra de hidrocarburos durante el primer año de levantamiento de las sanciones. El gobierno de Nueva Delhi invirtió en la construcción de la terminal Shahid Behesti del puerto de Chabahar, además de un ferrocarril para conectar Zahedán con Hajigak (Afganistán), vía con la que pretendía acceder a Asia Central. Además, ambos países comparten foros como la Organización de Cooperación de Shanghái o los BRICS+. Para India, sigue siendo importante mantener una buena relación con Irán, especialmente, por el acceso a Asia Central y la necesidad de cercar a Pakistán.

Sin embargo, la mejor sintonía la mantiene con EAU e Israel, bando con el que claramente se está percibiendo una India más alineada durante el actual conflicto. Debido a las sanciones, la cantidad de gas o petróleo que India compraba de Irán era reducido (dejó de adquirir energía de este país en 2009) comparado con el de Irak o Arabia Saudí. Asimismo, India le otorga un valor central a la existencia de la diáspora en estos países, por lo que los más de 3,5 millones en EAU y 2,5 millones en Arabia Saudí pesan mucho en sus cálculos. India es el país que más cantidad de remesas recibe del mundo, con el 38% provenientes de los trabajadores en los países árabes del Golfo, lo que supone un 3,5% de su PIB.

CONCLUSIÓN: RIVALIDADES SÓLIDAS Y AMISTADES LÍQUIDAS

Este conflicto ha evidenciado más que nunca la importancia de la seguridad económica y de las SLOC en los puntos de estrangulamiento. El estrecho de Ormuz nos recuerda la conexión del Golfo con el océano Índico y la interconexión entre las regiones de Asia occidental y del sur.
Pakistán, con su papel de mediador en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, ha conseguido notoriedad como un país responsable, característica con la que no se le suele asociar. El halago que sus líderes desplegaron tras la mediación de Trump en el conflicto de Cachemira de mayo de 2025 y la disponibilidad a ofrecer su territorio para la explotación de recursos minerales y tierras raras, así como su apertura a las inversiones de la World Liberty Financial, empresa de criptomonedas de los Trump, contribuyeron al acercamiento con Washington.

Las relaciones de India con Arabia Saudí y EAU están orientadas hacia una visión pragmática, libre de ideologías e injerencias de tipo normativo en los asuntos propios

A la buena sintonía con la administración Trump, hay que sumar la cercanía con Teherán y Pekín, este último socio clave para ambos países. Asimismo, tras la firma de un Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua con Arabia Saudí en septiembre de 2025, los saudíes se aseguran saber qué pide el régimen de Teherán y las líneas rojas que no se deberían cruzar. La relación cercana con Turquía, Egipto y otros socios del Golfo, han facilitado que Pakistán regrese a la agenda global.

Para India es un revés. No solo por el 25% adicional en aranceles (con un total del 50%) impuesto por la administración Trump por sus compras de crudo ruso, sino que, a pesar de su relato, no salió victoriosa del enfrentamiento con Pakistán en torno a los atentados de Pahalgam en abril de 2025. Pakistán no acabó aislado y apenas hubo países que lo nombraran autor de dicho atentado.

A pesar del multialineamiento y su supuesta no injerencia en los conflictos regionales, su cercanía con Israel y EAU muestra una disonancia entre su discurso y sus actos. Si la idea final era cambiar el régimen de Teherán para hacerlo más favorable al gobierno israelí y norteamericano, India podría ganar influencia en Teherán, y, por tanto, acceso a Asia central, con el consiguiente aislamiento y presión sobre Pakistán. Esta perspectiva, en buena medida, motiva a Islamabad a seguir negociando un acuerdo que impida un cambio desfavorable. Los intereses de los dos principales Estados del sur de Asia, por tanto, están bien presentes en el escenario iraní. /

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