Co-edition with Fundación Análisis de Política Exterior
Diálogos

Las mareas de la resiliencia

Rebecca Anne Proctor
Periodista independiente, especializada en Oriente Medio y África

Han pasado casi cuatro meses desde que comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha sumido a los Estados árabes vecinos del Golfo en el fuego cruzado del conflicto. Convertidos cada vez más en un centro neurálgico de la producción cultural de la región, los Estados vecinos del Golfo vivían un renacimiento sin precedentes antes del conflicto, impulsado por enormes inversiones estatales y programas de diversificación que buscaban reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Aunque la guerra ha provocado un repentino descenso del turismo, lo que ha llevado a la cancelación y el aplazamiento de numerosos eventos y proyectos, el sector cultural de los Estados árabes del Golfo está mostrando una notable resiliencia para adaptarse a un período de incertidumbre y dificultades económicas, al tiempo que preservan su patrimonio, su esperanza y su determinación para hacer realidad las ideas que llevan tanto tiempo gestándose.

Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su primer ataque el 28 de febrero, Irán ha atacado al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) —los seis países árabes del golfo Pérsico que comparten vínculos políticos y económicos— con miles de misiles y drones. El objetivo eran las bases estadounidenses de la región, pero también atacaron infraestructuras civiles, aeronáuticas y energéticas en todo el Golfo, lo que ha provocado gran alarma e incertidumbre. Emiratos Árabes Unidos, Catar, Arabia Saudí, Kuwait y Baréin, que albergan bases militares estadounidenses, fueron objeto de ataques regulares. Todos estos Estados también han realizado importantes inversiones en su cultura y patrimonio para desarrollar sus respectivas economías creativas, impulsar el turismo y reducir su dependencia de los hidrocarburos.

A medida que la guerra persistía y el estrecho de Ormuz permanecía cerrado, muchos en el extranjero seguían preguntándose cómo sobreviviría la creciente infraestructura cultural del Golfo, que había atraído a tantas personas de todo el mundo a sus costas en los últimos años.
«Lo que revela la situación actual es que la aceleración cultural y la estabilidad geopolítica están profundamente interrelacionadas», afirmó Paco Barragán, teórico del arte y comisario. «El ecosistema cultural del Golfo se ha beneficiado enormemente de ser percibido como un centro relativamente estable que conecta Europa, Asia y África. Cuando esa percepción se ve cuestionada, el sector cultural sufre una presión inmediata».

Al mismo tiempo –subraya Paco Barragán–, «la crisis pone de manifiesto un cierto grado de resiliencia institucional». La mayoría de las principales instituciones permanecieron operativas durante las primeras semanas de los ataques, continuaron las exposiciones y se mantienen proyectos a largo plazo como el Guggenheim de Abu Dabi, el Museo Nacional Zayed y numerosas iniciativas regionales. «Art Dubai también ha demostrado agilidad al introducir, por primera vez, un modelo de reparto de riesgos en el que los costes de participación de las galerías están parcialmente vinculados al éxito comercial en la feria», añade. «En lugar de indicar una debilidad sistémica, estas respuestas sugieren que la infraestructura cultural de la región está entrando en una fase de adaptación y consolidación institucional».

Aunque los retos relacionados con el transporte marítimo, los vuelos y las dificultades económicas han afectado a los eventos culturales regionales y mundiales a corto plazo, las entidades del Golfo han ido encontrando formas de adaptarse y seguir adelante con resiliencia.

«¿Llegará a celebrarse Art Dubai?», bromeaban varios invitados durante la inauguración de la 61.ª edición de la prestigiosa Bienal de Venecia, a principios de mayo.

Para gran sorpresa de la comunidad artística mundial, la feria –uno de los principales eventos de la región dedicados al arte moderno y contemporáneo– se celebró a pesar de la guerra. La 20.ª edición anual de Art Dubai se pospuso un mes, de mediados de abril a mediados de mayo. Rebautizada como Art Dubai Special Edition, la feria pasó de los 120 expositores previstos a solo 50, y también se redujo el programa ampliado inicialmente planteado. Aunque se pusieron en marcha planes de contingencia en caso de ataques o nuevas alertas de emergencia, coleccionistas locales, regionales e incluso algunos internacionales visitaron la feria en señal de solidaridad. El ambiente era optimista y positivo, y los asistentes expresaron su firme confianza en la capacidad de Emiratos Árabes Unidos para recuperarse, quizá incluso salir más fuertes tras este periodo.

A pesar del impacto de la guerra, las emergentes escenas culturales del Golfo están demostrando una notable resiliencia y una capacidad creciente para capear tanto las tormentas económicas como las políticas.

«Esta es una de las mejores ediciones de Art Dubai», afirmó la galerista iraní-estadounidense Leila Heller, que dirige sucursales de su galería homónima en Dubái y Nueva York. «Hemos recibido un enorme apoyo por parte de Art Dubai. Nos sentimos respaldados y protegidos. Todo el mundo ha acudido; está abarrotado y la gente está muy ilusionada por volver a ver arte. En este país existe un mecenazgo maravilloso; el arte y la cultura forman parte de su sostenibilidad».

El cierre del estrecho de Ormuz y la disminución de las aerolíneas que operan desde y hacia el Golfo, provocaron retrasos y cambios de ruta en el transporte de obras de arte y materiales para las exposiciones que se celebraban durante la Bienal de Venecia. Aun así, los pabellones nacionales de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar abrieron sus puertas a tiempo. En Arabia Saudí, el tan esperado Museo del Oro Negro, que recorre la historia del petróleo a través del arte, abrió sus puertas en Riad a principios de abril de 2026, en plena guerra.

Por su parte, Aghrab Idrāk: Thresholds of Perception, una exposición en el Palazzo Cavanis acompañada de un simposio que marcaba la primera participación de VCUarts Qatar (Escuela de Artes de Virginia Commonwealth en Catar) en la Bienal de Venecia, aplazó su apertura al público hasta el 1 de junio debido a problemas logísticos derivados de la guerra.

Art Dubai Special Edition: Celebrating UAE’s Cultural Community. Dubái, 14 de mayo de 2026. (Cedric Ribeiro, Getty Images for Arts Duba)

«Uno de los aspectos más llamativos del ecosistema cultural de Catar ha sido su resiliencia», afirmó Amir Berbic, decano de VCUarts Qatar. «Décadas de inversión en educación artística, museos, diseño, investigación e infraestructura cultural han creado un entorno capaz de adaptarse a circunstancias difíciles sin dejar de avanzar. Esta sólida base ha permitido al sector cultural no solo resistir períodos de incertidumbre, sino también mantener su compromiso con la creatividad, la innovación y el intercambio».

En la VCUarts Qatar, fundada en 1998 como la primera universidad de la Ciudad de la Educación de Doha, «esa resiliencia ha sido especialmente evidente», afirma Berbic. La institución lleva casi tres décadas cultivando el talento creativo, fomentando las colaboraciones internacionales y construyendo una comunidad dinámica de artistas, diseñadores, investigadores y líderes culturales. «Como resultado, la respuesta a los recientes retos geopolíticos regionales se ha caracterizado no simplemente por la inestabilidad, sino también por la continuidad, la adaptabilidad y un compromiso sostenido con la excelencia educativa y creativa», subraya.

En Emiratos Árabes Unidos, la comunidad cultural se unió para desarrollar iniciativas destinadas a impulsar las ventas en un momento de incertidumbre económica. Un ejemplo es Déjà Vu, una exposición pionera celebrada en Concrete, el espacio industrial de Alserkal Avenue, principal distrito cultural de Dubái. La muestra reunió a 20 destacadas galerías de arte contemporáneo de Emiratos Árabes Unidos en una exposición colectiva con venta de obras, abierta durante 14 días, del 24 de abril al 8 de mayo. La exposición nació como una iniciativa conjunta de rescate destinada a apoyar a las galerías afectadas que se enfrentaban a una temporada artística primaveral trastocada debido a la guerra con Irán. El evento se organizó expresamente con una política de precios transparentes, con muchas obras por debajo de los 10.000 dólares, para atraer al creciente segmento de jóvenes coleccionistas del país y proporcionar liquidez inmediata a las entidades artísticas locales en un momento de gran necesidad.

«A pesar de todo, la presencia cultural árabe se ha mantenido activa e influyente y quizás, incluso, más consciente de su papel como forma de poder blando que refleja el pulso de la sociedad y ofrece narrativas alternativas», afirmó Iyad Qanazea, un empresario palestino que dirige la Galería Qanazea en Abu Dabi. «El sector cultural se volcó por completo, y todos pusieron de su parte para mantenerse activos y respaldar a nuestra comunidad con todos los recursos a su alcance. Me siento agradecido de formar parte de esa escena».

Qanazea decidió abrir su galería en Abu Dabi en 2023 atraído por las oportunidades que ofrecía la ciudad, junto con su creciente sector cultural y el rápido auge de los museos. «Para mí fue una decisión natural», afirma. «Hoy en día, la ciudad se erige como uno de los grandes centros culturales emergentes a nivel mundial, con una importante inversión en infraestructura cultural y un entorno institucional estable que fomenta los proyectos a largo plazo». «En la isla de Saadiyat, dentro del Distrito Cultural de Saadiyat, una gran variedad de museos da testimonio de este crecimiento», añade.

Wafa al Falahi, Fever Dream, 2025, técnica mixta sobre lienzo. Hunna Art Gallery

En 2025, Abu Dabi vivió un año histórico para su panorama cultural, con la inauguración de cinco museos en todo el emirato. Entre ellos se encontraban la pieza central del Distrito Cultural de Saadiyat, el Museo Nacional Zayed, dedicado al legado del difunto jeque Zayed bin Sultan al Nahyan; el Museo de Historia Natural de Abu Dabi, que abarca 13.800 millones de años de historia y constituye la mayor institución de historia natural de Oriente Medio; teamLab Phenomena Abu Dabi, un amplio espacio artístico multisensorial e interactivo creado por el colectivo artístico japonés del mismo nombre; el Museo Al Maqta, situado en el interior del histórico fuerte de Al Maqta, reconstruido, que anteriormente sirvió como aduana y que celebra la evolución sociocultural temprana de la zona de Al Maqta; y el Museo de Al Ain, el primero del país, que reabrió sus puertas a finales de 2025 tras una gran remodelación que combina el patrimonio histórico con modernas salas de exposición.

A pesar de los contratiempos derivados de la guerra con Irán, por el momento el tan esperado Guggenheim Abu Dabi sigue teniendo previsto abrir sus puertas al público a finales de 2026.
«El público de Abu Dabi es diverso y curioso, lo que crea un espacio ideal para presentar el arte árabe en un contexto global y contribuir al diálogo cultural que la ciudad está configurando activamente», añade Qanazea.

LA VELOCIDAD INSTITUCIONAL

Paco Barragán ha escrito sobre lo que él denomina «velocidad institucional» en el sistema artístico global, donde destaca el ritmo de crecimiento históricamente acelerado del Golfo. El concepto de velocidad institucional, explica, «se refiere a la extraordinaria rapidez con la que el Golfo ha construido museos, bienales, ferias de arte, colecciones e infraestructura cultural en los últimos 15 años, un proceso que llevó aproximadamente 50 años en América Latina y 25 años en Asia Oriental».

¿Cómo ha podido la región desarrollar su infraestructura cultural a tal velocidad?

La mayoría de los países árabes del Golfo son relativamente jóvenes. Kuwait, Baréin, Catar, Omán y Emiratos Árabes Unidos –estos últimos formados por los antiguos Estados de la Tregua–, todos ellos bajo distintas formas de protección británica, alcanzaron la plena independencia del Imperio Británico a comienzos de la década de 1970. Aunque Arabia Saudí nunca fue colonizada, se constituyó como Estado-nación en 1932.

«A diferencia de muchas instituciones occidentales, limitadas por largos procesos burocráticos, los proyectos culturales del Golfo a menudo han sido capaces de pasar de la idea a la ejecución en plazos notablemente cortos», añade Paco Barragán.

«El actual conflicto regional introduce, sin duda, nuevas incertidumbres», añade. «Las interrupciones en los viajes, las preocupaciones en materia de seguridad, el aumento de los costes de los seguros y el impacto psicológico de la inestabilidad geopolítica afectan inevitablemente a la movilidad cultural y a la participación internacional. Sin embargo, sería prudente a la hora de interpretar esto únicamente como una prueba de fragilidad».

Décadas de inversión en educación artística, museos, diseño, investigación e infraestructura cultural han creado un entorno capaz de adaptarse a circunstancias difíciles sin dejar de avanzar

Aunque muchos proyectos y eventos se han pospuesto y siguen en suspenso, son muchos los que aún depositan sus esperanzas en la recuperación de la región. La temporada de otoño se perfila como muy animada. La primera edición de Frieze Abu Dhabi se celebrará del 19 al 22 de noviembre, coincidiendo con la segunda edición de Nomad Abu Dhabi, la feria dedicada al diseño de colección. En Doha, por su parte, se desarrollará un intenso calendario de actividades, entre ellas la aplazada Bienal de Diseño de Doha, del 5 de noviembre al 31 de diciembre, y la edición inaugural de Rubaiya Qatar, una cuatrienal nacional de arte contemporáneo que reunirá instalaciones, encargos y exposiciones de más de 50 artistas internacionales repartidos por distintos espacios urbanos y centros culturales de la ciudad.

«El Golfo es actualmente una de las regiones más activas a nivel mundial en términos de desarrollo cultural, experimentación y creación de instituciones», afirmó María Gracia de Pedro, fundadora de Artepreneur, una empresa boutique de recursos humanos especializada en cultura. «Implicarse en la región hoy en día significa participar en los debates que están definiendo cómo funcionarán los futuros ecosistemas culturales».

Paco Barragán subraya que no es el momento para que el mundo del arte internacional se distancie del Golfo. Considera que los períodos de incertidumbre hacen que el intercambio cultural sea aún más importante.

Las ferias de arte, los museos, las bienales y las instituciones culturales no son meras plataformas comerciales; son también espacios a través de los cuales se mantienen el diálogo, el conocimiento y las relaciones internacionales cuando las circunstancias políticas se vuelven más complejas.
«Y lo que es más importante, el Golfo ya no es un actor periférico en el sistema artístico mundial», afirma. «En los últimos 15 años se ha convertido en una de sus regiones más dinámicas, atrayendo a importantes instituciones, colecciones, artistas, comisarios e inversiones culturales. Suspender el compromiso sería no comprender la naturaleza a largo plazo de esta transformación».

Gracia de Pedro comparte la misma opinión que Paco Barragán. «Para nosotros, el compromiso no se reduce únicamente a las oportunidades de mercado; se trata de las personas: apoyar a los artistas, crear trayectorias profesionales, fomentar el intercambio entre regiones y contribuir a un sector cultural más conectado», afirma. «Los períodos de incertidumbre son precisamente aquellos en los que mantener el diálogo cobra mayor valor. Las relaciones culturales que se construyen hoy suelen convertirse en la base de la colaboración, la resiliencia y el crecimiento a largo plazo del mañana»./

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