Co-edition with Fundación Análisis de Política Exterior
Publicaciones

Un historiador en Gaza

Jordi Moreras
Profesor agregado Serra Húnter, departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo Social, Universitat Rovira i Virgili

Un historiador en Gaza.
Jean- Pierre Filiu, La Cebra, Adrogué, 2026, 192 páginas

La indignación y el horror ante cualquier práctica genocida tiene fecha de caducidad. Nuestras conciencias no pueden verse permanentemente atrapadas ante el terror infligido sobre víctimas civiles, y el progresivo olvido parece ser un bálsamo colectivo ante el dolor que ha sido transmitido a través de nuestras pantallas. Pero para que el olvido no actúe como cómplice de los responsables del daño cometido, es importante documentar lo sucedido. Cuando las tropas norteamericanas entraron en los campos de concentración de la Alemania nazi, ordenaron recopilar documentos, imágenes y testimonios que servirían en los posteriores procesos judiciales, así como para evitar que lo sucedido pudiera olvidarse. Hoy nos encontramos en el mismo momento forense respecto a lo ocurrido en Gaza y Cisjordania, y las acciones llevadas a cabo por el ejército israelí siguiendo órdenes de Benjamín Netanyahu. Entidades como Forensic Architecture, de la Goldsmiths- University of London, creada en 2010 por iniciativa del arquitecto israelí Eyal Weizman, están documentando la destrucción padecida en la Franja de Gaza, y sus estudios están siendo incorporados a la instrucción de la causa por genocidio presentada por Suráfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia por genocidio.

El historiador y diplomático francés Jean-Pierre Filiu pasó en Gaza 34 días, entre diciembre de 2024 y enero de 2025, como miembro de Médicos sin Fronteras. Como escribe al inicio de su libro, «nada me preparó para aquello que he visto y he vivido en Gaza». Y que esto lo diga alguien que conoce bien este enclave palestino con estancias regulares desde 1980, dota de mayor importancia su testimonio. Lo que recoge Filiu en este libro es el testimonio de una destrucción inaudita, con más de 75.000 víctimas, unos dos millones de personas desplazadas en un exiguo territorio, y en el que el 87% de las viviendas e infraestructuras han sido totalmente destruidas por la acción del ejército israelí. Una catástrofe humanitaria que desborda el dolor vivido en la Nakba de 1948.

Filiu suspende todo análisis académico, y se convierte en testigo de un episodio más de la interminable guerra de Israel contra la Franja de Gaza, más que contra Hamás, que sirve de excusa al gobierno de Netanyahu para arrasar todo el territorio, cementerios incluidos. Y es que la violencia contra los muertos siempre se dirige hacia los vivos, pues pretende acabar con todo rastro de la presencia palestina en ese territorio. Las acciones contra hospitales, escuelas y universidades de Gaza poco tienen de justificación militar, y son contrarias a la Convención de Ginebra. Pero poco importa cuando las redes sociales difunden imágenes de soldados israelíes maltratando y humillando a gazatíes, en plena escalada de deshumanización.

En la presentación de su libro en Barcelona, Filiu reconoció que fue a Gaza porque sabía que no sabía lo que estaba pasando, pero la realidad que observó apenas dejó algún resquicio a la imaginación. Todo desafía las palabras. El pueblo de Gaza, de nuevo, como rehén de la disputa entre Israel y Hamás, y además padeciendo todos los efectos paralelos del pillaje de una ayuda humanitaria escasa y mal planificada, con un mercado negro de productos de primera necesidad, y con multitud de amenazas a su ya precaria salud colectiva. La Organización Mundial de la Salud vaticinó que la mayoría de los niños y niñas de este territorio padecerán secuelas traumáticas. Gaza se siente abandonada por el mundo, y ya es tiempo de decir que en Gaza no hubo una guerra sino un intento de genocidio. Y eso deberá ser discernido por parte de la justicia global, a pesar de que sus culpables quieran buscar subterfugios legales para evitar ser juzgados. No habrá suficientes abogados para disipar la culpa moral de todos aquellos que alentaron la eliminación de casi el 2,5% de la población gazatí.

Pero, a más pesar de los palestinos, Gaza se ha convertido en un escenario en el que observar la derrota de la diplomacia y el desprecio del derecho Internacional, y al mismo tiempo ha sido el campo de prueba de la hipertecnificación de la guerra, o del control biométrico masivo de las poblaciones. Para Filiu, la acción del ejército israelí en Gaza tras la masacre del 7 de octubre de 2023 responde a un conjunto de guerras existenciales que hoy en día están ocupando la escena global, desde Ucrania con Rusia a Irán con EEUU, en el que los atacantes sostienen su lebensraum geopolítico. Un escenario inquietante para toda la Humanidad.

Si el libro de Jean-Pierre Filiu fue difícil de escribir, aún es más duro de leer. Pero como testimonio directo (un privilegio entre tanta víctima, tal como él mismo reconoce), merece ser tenido en cuenta para reportar lo que ocurrió (y sigue ocurriendo). Filiu nunca se envuelve en la bandera de un humanitarismo banal, no aprecia brotes verdes ni en la tierra arrasada de Gaza ni en la conciencia internacional ante lo sucedido. Es ahora cuando sacuden como nunca las amargas palabras de Susan Sontag: «siempre que sentimos simpatía, sentimos que no somos cómplices de las causas del sufrimiento. Nuestra simpatía proclama nuestra inocencia, así como nuestra ineficacia». Sontag se refería a la guerra de Bosnia, y al desdén internacional por la suerte de Sarajevo. Bien podría aplicarse al caso de Gaza y Palestina su apelación a reflexionar «sobre cómo nuestros privilegios están ubicados en el mismo mapa que su sufrimiento, y pueden estar vinculados –de maneras que acaso prefiramos no imaginar». Por ello y por muchas cosas más, nunca dejemos de hablar de Gaza.

Jordi Moreras, profesor agregado Serra Húnter, departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo Social, Universitat Rovira i Virgili

Publicaciones

Otros números