Gaza. Poemas contra el genocidio

Gaza. Poemas contra el genocidio.
Edición, selección y traducción del árabe de Ignacio Gutiérrez de Terán, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025, 190 páginas
En 1953 Rafael Alberti preguntaba: «¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?». Una pregunta que, mutatis mutandis, podría dar lugar a diversas antologías poéticas. En este caso se trata de una selección de breves textos, acopiados, seleccionados y traducidos por Ignacio Gutiérrez de Terán. Se deben a 30 poetas, varones y mujeres, casi mitad por mitad, a quienes se presenta en breves semblanzas. Los completan dos breves ensayos: uno del propio antólogo y otro del palestino Ali al Amiri. Los poetas mantienen vínculos con Gaza por nacimiento o residencia, por haber sido desterrados de allí o por haber sufrido las consecuencias de la aniquilación multitudinaria de la que venimos teniendo noticia estos años.
Tres de quienes aparecen en el libro han encontrado la muerte violenta en Gaza desde 2023. Las poetas Hiba Abu Nada y Maryam Hegazi, y el poeta Salim al Naffar. La presencia de personas asesinadas en una antología nos permite adivinar la respuesta a la pregunta con que parafrasearíamos a Alberti: ¿de qué hablan los poetas palestinos (o gazatíes) de ahora? Hablan de muerte.
Los autores de los dos ensayos que enmarcan la antología expresan la inquietud ante la posibilidad de que la poesía no sirva para nada. Ali al Amiri se lo pregunta de manera expresa: «Para qué hacer poesía en Gaza», y su respuesta podría alinearse con la idea de Gabriel Celaya, quien dijo: «la poesía es un arma cargada de futuro». Esperanza parece albergar también el antólogo, quien acaba su introducción diciendo: «No dejemos que ocurra». Se refiere a la imagen de Gaza como una «fosa común», título de uno de los poemas recogidos, de Yazid Yabar Shaath, un joven poeta de 24 años, que se presentaba así en junio de 2025: «Escribo poesía en un intento de documentar el padecimiento en que vivimos y reflejar el dolor, la pérdida y el desamparo que llevamos arrastrando desde hace más de un año y medio. Un inmenso fardo de muerte y desolación».
De modo que la muerte puede también cantarse por motivos ajenos al intento de prevenirla. El duelo impone sus propios ritos. Uno consiste en llorar al ausente, algo que no está del todo reñido con el humor, como muestra la libanesa-palestina Maya Abu Alhayyat, que canta a su amado evocando al hijo que ya no podrá tener con él porque a aquel lo asesinaron («Mahmud podría haber sido nuestro hijo; / yo me habría opuesto a ese nombre / pero tú habrías insistido por razones familiares.»). Otro de los ritos verbales de la muerte consiste en rememorar, intento de devolverles algo de vida a quienes hemos perdido. En la antología hay varias invocaciones de quienes ya no están, como en el poema de Maryam Qawsh («Hoy ha sido asesinado el mártir fulano y su madre, y su padre, y sus hijos, y todos los que vivían en el edificio, y su memoria, y sus sueños, y sus días por venir y los días que vinieron…»).
He leído esta antología en papel, no en formato digital. Un libro es un prisma rectangular, como las tumbas, las fosas, las lápidas. Quienes nos acercamos a este libro nos incorporamos a los ritos de la muerte. Los poetas contaban con nosotros y nosotras. Lo ha dejado escrito Yahya Ashour («ahora el mundo está despierto, muy despierto: / unos bailan, otros cantan, / algunos, pocos, leen lo que les alcanzan de nuestras cosas / y los menos se manifiestan en sus ratos libres.»). También cuentan con nosotros y nosotras para que hagamos algo, pues, como dice Hind Joudah, «hacer poemas bajo las bombas es una llamada de auxilio». El mundo participa, pues, en estos ritos, evocando a quienes cayeron, compartiendo en alguna medida el dolor de quienes siguen con vida, a menudo en desplazamientos forzosos, de los que vuelve a ser símbolo de otro prisma rectangular, la maleta, que aparece en alguno de los poemas. Añadamos la jaula, a menudo rectangular y reflejo de la realidad que se vive en Palestina, tal como la describe Nasser Rabah en «Abramos todas las jaulas». Y la geometría reaparece de otro modo, explicitado por Ali al Amiri, al negarse a admitir que la aniquilación y el destierro sean consecuencia de una guerra, pues las guerras solo se dan entre dos bandos simétricos.
La traducción de estos poemas estaba justificada, casi exigida. Los poetas de Gaza, tal como hace Amal Abu Asi, nos interpelan a todos y a todas («Mundo, / no te pienses que nos vamos a acostumbrar / a estas tiendas de campaña.»).
— Salvador Peña Martín, traductor del árabe y profesor en la Universidad de Málaga