La estrategia de silenciar al artista para perpetuar el culturicidio

Leyla Kucukalic

Universidad Politécnica de Valencia

«Si buscas el infierno, pregúntale al artista…»

El escultor bosnio Alija Kucukalic (1937-1992) es uno de los mayores artistas contemporáneos de la historia de Bosnia y Herzegovina. Su asesinato a manos de un obús serbobosnio durante la guerra catapultó su obra a la ignorancia y el olvido por parte de las instituciones culturales del país. Se trata de una práctica común respecto a aquellos artistas que, como Kucukalic, no han caído en los nacionalismos que separan los tres grupos étnicos que conviven en Bosnia y Herzegovina, y que Juan Goytisolo denominó «culturicidio». Para luchar contra este empeño de relegar al olvido la obra de Kucukalic, la Universidad Politécnica de Valencia, en el marco de sus estudios de doctorado en arte, está realizando un proyecto cuyo objetivo es preservar el legado del artista (autor de esculturas muy simbólicas, como Ejecuciones o Figura en la silla) y su archivo documental para ayudar a que el pasado esté presente a través del patrimonio y pueda tender una mano hacia la reconciliación del país. 


Cuando han pasado más de dos décadas desde el final de la guerra de Bosnia y Herzegovina, las heridas siguen sin cerrar, especialmente en lo relativo al patrimonio cultural y artístico del país. Siguen bajo el yugo de lo que el escritor Juan Goytisolo acuñó como culturicidio durante la quema de la biblioteca de Sarajevo. La tesis doctoral que estamos llevando a cabo en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) apunta a que esa tendencia de implosión del Estado continúa a través del ostracismo institucional respecto de las instituciones culturales y la dejadez hacia la obra de artistas concretos. Uno de ellos es el escultor bosnio Alija Kucukalic, asesinado en el conflicto, cuya obra es víctima del etnonacionalismo en el que está atrapada la estructura del país. Un porvenir que puede resultar común a tantos países hoy azotados por la guerra. 

El modelo institucional de Bosnia y Herzegovina, diseñado después de la guerra en el Acuerdo de Paz de Dayton, establece que las competencias en materia de cultura no son de ámbito estatal, sino que recaen en los diez cantones y en las instituciones locales en los que se divide el país. Este sistema ha derivado en el hecho de que la financiación de instituciones culturales de importancia estatal resulte insignificante desde hace dos décadas, lo cual provoca de manera intencionada que el patrimonio cultural se divida en tres partes étnicas. Este es el mismo criterio que guio las pretensiones nacionalistas bélicas del año 1992, según las cuales cada pueblo étnico constituyente (serbio, croata o bosniaco) es dueño de su propia cultura, historia y legado. Con esta premisa, el Estado de Bosnia y Herzegovina y su viabilidad resultan más que cuestionables.

Con ese panorama, las principales instituciones culturales se ven abocadas a la extinción ante la falta de un estatus legal y de un compromiso de preservación y presupuesto estatal. El caso más sonado, motivo de enorme polémica a nivel internacional, ha sido el cierre del Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina. Se trata de un edificio neoclásico del siglo xix con más de 130 años de existencia que alberga la hisotria del país, con más de 6.000 obras de incalculable valor, patrimonio nacional y algunas de ellas, como las lápidas medievales denominadas stecci, o la Hagadá de Sarajevo ‒el documento judío sefardí más antiguo del mundo, escrito en Barcelona en 1350‒ catalogadas por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

Durante tres años, el museo permaneció tapiado con tablas de madera sobre las que escribía «cerrado», lo cual causó una gran indignación entre la ciudadanía y la opinión internacional. Fue reabierto, pero su estatus jurídico sigue sin estar resuelto y su personal continúa con la actividad a pesar de las durísimas condiciones económicas que padece. En la misma situación se encuentran instituciones como la Galería Nacional de Bosnia y Herzegovina, la Cinemateca, el Museo de Literatura y Artes Escénicas de Bosnia y Herzegovina o el Museo de Historia, que alberga una de las exposiciones permanentes más importantes sobre el asedio de Sarajevo, entre otras colecciones. También lo está la Biblioteca para personas invidentes, mientras que la Vijecnica, la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, que fue incendiada por las tropas serbias y serbobosnias en una noche de agosto de 1992, y en la que ardieron más de dos millones de libros, nunca volvió a ser un templo del saber, sino que en la actualidad hace las veces de ayuntamiento. El Museo de Arte Contemporáneo ArsAeavi ‒cuya pinacoteca, con piezas de Marina Abramovic o Nan Goldin entre otros, nació en la guerra gracias a las donaciones de prestigiosos artistas internacionales que quisieron colaborar en un proyecto de tal simbolismo‒ sigue a la espera de un espacio definitivo, a pesar de que los planos para el edificio los hizo hace ya décadas el arquitecto y embajador de buena volutnad de la UNESCO Renzo Piano. En la entrada de lo que es hoy ArsAevireza un epigrama del escritor del siglo xviii Avigador Pawsner que el artísta Dean Jokanović Toumin recuperó para referirse al asedio de Sarajevo: «Si buscas el infierno, pregúntale al artista. Si no hallas al artista, es que estás en el infierno».  

A unos pasos, una escultura de brazos abiertos presenció ese infierno. En el corazón de la guerra de Bosnia y Herzegovina, allá por el año 1995, el periodista Diego Alquerache reparó en ella en Sarajevo y no pudo resistirse a retratarla. «No puedo acercarme a ella; una maraña de alambrada espinosa me marca su constante distancia. Hace frío y comienza a nevar. Intento imaginar el tacto del gélido bronce en las yemas de mis dedos. Esta triste huérfana es el símbolo de la realidad cultural de Sarajevo. Alija Kucukalic murió el 22 de junio de 1992 cuando, al pasear por la calle, un obús serbio segó su vida. Era profesor de la Academia de Bellas Artes de la ciudad y padre de esta divina criatura del Barrio de Skenderia», decía. No era casualidad que la amara nada más verla, pues esa criatura constituye un símbolo de la resistencia que describía el reportero dentro del sitio de Sarajevo. Al escultor Alija Kucukalic se debe el desarrollo y la afirmación de la escultura de Bosnia y Herzegovina en el ámbito bosnio, yugoslavo y a nivel internacional, especialmente en el Mediterráneo, con más de una veintena de prestigiosos reconocimientos, entre ellos el Gran Prix de Alejandría y el segundo premio en la Bienal de Venecia. Debido a su acción artística y cultural polivalente en el plano de la escultura de los años setenta, Bosnia y Herzegovina será reconocida por los extraordinarios resultados artísticos propios de una cultura autónoma. Fue uno de los fundadores de la Facultad de Bellas Artes de Sarajevo, donde formó a toda una pléyade de artistas, y sus monumentos públicos son símbolos de la historia viva de Sarajevo y de Bosnia y Herzegovina. No obstante, y a pesar de los irrefutables méritos artísticos de Kucukalic, durante los veinticinco años que han transcurrido desde el asesinato del artista a sus cincuenta y cinco años de edad a manos de la artillería serbia y serbobosnia, cuando se dirigía a la Academia para cumplir con su labor docente durante el asedio de Sarajevo, la destrucción de su obra se ha convertido en una tragedia. Sus monumentos y esculturas en los espacios urbanos de Sarajevo y otras ciudades de Bosnia y Herzegovina están expuestos a un continuo vandalismo, destruidos por la guerra o derribados a lo largo de la posguerra. El motivo de este ostracismo radica en esa tendencia cultural etnonacionalista que se vislumbra claramente en el trato institucional respecto de artistas concretos como Kucukalic que, con su vida y obra, han demostrado ser claros humanistas y patriotas de Bosnia y Herzegovina, sin caer bajo el nacionalismo de ninguno de los grupos étnicos. 

Por todo lo citado, la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia consideró que resultaba necesaria una investigación científica sobre este gran artista que saliera del marco geográfico de Bosnia y Herzegovina pues, ¿qué habría sido del patrimonio cultural universal si tras la guerra civil española, por ejemplo, el compromiso y legado de grandes artistas no hubieran sido reivindicados por la comunidad científica? Así empezó la investigación que estamos desarrollando en el marco del programa de doctorado en arte de la Facultad de Bellas Artes San Carlos de la UPV, en forma de tesis doctoral sobre la perpetuación del culturicidio en Bosnia y Herzegovina, a través de la figura del acreditado escultor. Durante la labor de búsqueda de documentación, hemos constatado que es casi imposible encontrar obras de este artista en las exposiciones de las galerías o museos del país donde, además, todavía no se ha planteado una muestra permanente de escultura de uno de sus máximos exponentes artísticos, y no hay ningún libro publicado acerca de su vida y obra en el marco de las instituciones competentes. 

Una de las obras de Kucukalic más representativas en la ciudad de Sarajevo es, precisamente, la bella criatura de bronce que cautivó a Alquerache como a tantos otros, cuyo nombre real es Figura en la silla. El lugar donde se ubica, Skenderija, es un referente en Sarajevo porque fue Centro Cultural y Deportivo durante las Olimpiadas de 1984 y hoy día constituye un punto de encuentro de los ciudadanos, que la han rebautizado «la señora crucificada» para erigirla en símbolo de una ciudad, de su realidad cultural y de su resistencia bajo la lluvia de granadas durante el cerco al que fue sometida. Se trata, pues, de una escultura archiconocida en la ciudad y, desde el punto de vista artístico, una obra maestra que inaugura la historia reciente de la escultura contemporánea de Bosnia y Herzegovina. Pertenece a uno de los ciclos del escultor, titulado Horizontal-Vertical y realizado entre los años 1972 y 1976. Representa una figura femenina sentada y resultó premiada en la vi Exposición de la Federación o Alianza de Asociaciones de Artistas Plásticos de Yugoslavia (SULUJ) de 1972, una de las exposiciones más importantes de artes plásticas de la antigua Yugoslavia. En ella, que contaba con una representación de 621 trabajos concurrentes y 240 artistas seleccionados como los mejores de las seis repúblicas yugoslavas, Alija Kucukalic se hizo con el primer premio SULUJ, marcando un momento crucial en la historia del arte de su país porque, en el marco de esa gran exposición, la escultura de Bosnia y Herzegovina pasó del anonimato absoluto a la cúspide del arte escultórico yugoslavo debido, con toda certeza, a los méritos de Kucukalic. 

El artista también es autor del, sin duda, monumento artístico más importante de la ciudad de Sarajevo: la escultura Ejecuciones, una figura de mujer con los brazos en alto dedicada a más de 11.000 víctimas sarajevitas fallecidas en la Segunda Guerra Mundial, situada en el complejo del Parque Nacional Vraca, a los pies de la ciudad. Una obra que sobrevivió a la última guerra a pesar de estar ubicada en el frente serbobosnio, en una posición con «inmejorables» vistas para apuntar y matar a civiles, y que sería mutilada durante la posguerra, además de utilizada ideológicamente mediante apelativos y significados etnonacionalistas. El estudio taller de Kucukalic, donde se encontraba el fruto de treinta y cinco años de trabajo (esculturas, dibujos, bocetos, estudios y proyectos para monumentos) fue desmantelado y transformado en un espacio de alquiler, mientras que el material y mobiliario escultórico del artista acabó en la basura, y sus dibujos y esculturas terminaron en sótanos, pasillos y habitaciones de vecinos y familiares, a riesgo de ser robados o dañados. Tras la muerte del artista, gran parte de los datos documentales desaparecieron de su taller y, al igual que su obra, su archivo fue gravemente dañado, desde los documentos biográficos hasta los documentos oficiales de carácter público y privado. 

Con el paso de los años y para combatir el deterioro de la obra y la memoria del escultor salió a la luz, tras varios años de reconstrucción documental y de archivo fotográfico llevado a cabo en España, una monografía titulada El escultor Alija Kucukalic: con comentarios del artista, presentada en noviembre de 2016 en la Galería Nacional de Sarajevo y reconocida en el marco del citado programa de doctorado de la UPV como material científico. La presentación del libro sirvió de precedente para organizar la primera exposición individual póstuma del escultor,«Homenaje a Alija Kucukalic: presentación de la monografía y exposición de escultura y dibujo», acogida en la citada galería del 3 al 17 de noviembre de 2016. Se trata de una muestra artística que reunió obras maestras de Alija Kucukalic, piezas antológicas de la escultura de Bosnia y Herzegovina del siglo xx que consagraron al artista con premios en bienales y exposiciones de prestigio internacional. «Una pequeña muestra de gran significado para Bosnia y Herzegovina» comentó la crítica. Constaba de veintiuna obras procedentes de diferentes instituciones y colecciones privadas halladas entre otras muchas esculturas y dibujos en el fondo de los sótanos de los museos, bajo capas de décadas de polvo, en lo más profundo del olvido, y que salieron a la luz por primera vez tras la guerra con esta exposición póstuma. 

A partir de la investigación realizada en la monografía, instituciones competentes como el Museo de Historia de Sarajevo han podido completar y rectificar datos clave sobre las obras de Kucukalic de las que son poseedoras, o con las que tienen relación, como es el caso de la escultura Ejecuciones, durante años denominada con el nombre de una partisana con vínculos nacionalistas en un intento de manipulación política del monumento. Pero lo que ha promovido esta búsqueda de documentación pertinente desde las instituciones es un reencuentro con intelectuales y autores de referencia apartados de los archivos oficiales, según indican fuentes vinculadas con el ámbito cultural bosnio. Estas fuentes ratifican la tesis principal de esta investigación, que es la promoción del olvido de la élite intelectual para perpetuar así el culturicidio.

 Los avances en nuestra investigación a lo largo de estos años, han permitido catalogar por primera vez prácticamente toda la etapa de producción artística de Alija Kucukalic a pesar de los daños sufridos en su obra, a la vez que establecen una relación cronológica y temática sobre esa etapa. Ello ha sido ampliado con comentarios personales del artista publicados en medios de comunicación acerca de su escultura y el arte en general, los cuales aportan un gran valor testimonial al trabajo, a la vez que contribuyen a una mejor comprensión de su legado y su revalorización por la presente crítica, así como por los discursos artísticos actuales. Como muestra, el Museo de Historia de Bosnia y Herzegovina y la University of Fine Arts de Londres han promovido una iniciativa para ampliar con obras artísticas el módulo de la memoria del museo bosnio, dedicada al asedio de Sarajevo. Un proyecto denominado «Arte y reconciliación» hizo que se expusieran en Londres las obras seleccionadas y, posteriormente, pasaran a formar parte de la exposición permanente del museo en Sarajevo. 

Al ser la escultura Ejecuciones uno de los monumentos ‒o spomeniks, en lengua local‒ más reconocidos de Sarajevo, uno de los proyectos artísticos propuesto por un grupo multidisciplinar de artistas internacionales que encabezamos consistió en ofrecer al público la posibilidad de ver este spomenik de enorme valor artístico y simbólico en el espacio interior de una galería. Y no solo verlo sino, además, realizar toda una relectura actualizada sobre el mismo a partir de la creación artística. Así, aparecía en ese espacio una instalación compuesta de dos unidades interrelacionadas con la escultura original Ejecuciones, dedicada a las víctimas del fascismo (1941-1945) por un autor que morirá en el horror del mismo en 1992. Una fecha que marca el inicio del asedio de Sarajevo y el comienzo de la «ejecución» intencionada y fascista de la élite intelectual y artística de Sarajevo, denominada ese mismo año por el reportero británico Michael Nicholson «elitocidio». Las cifras del genocidio se volverían a repetir, y hoy Ejecuciones homenajea no solo a los 11.000 muertos del año 1945, sino a todos los asesinados, muertos de hambre, frío o desaparecidos en el último conflicto, entre ellos 11.541 civiles, entre los que se encuentra el propio Kucukalic. 

Unos días antes de la exposición póstuma del escultor apareció la mutilada mano y el puño del monumento. Desde la firma de la paz hasta la actualidad, el vandalismo que amenaza a las instituciones culturales y el patrimonio cultural es una suerte de desafío para los ciudadanos de Bosnia y Herzegovina o el último tiro de gracia. Aquí se abre el interrogante sobre el cierre de instituciones culturales y la destrucción del patrimonio en el marco del Acuerdo de Dayton, con un marco temporal lánguido que, consideramos, retrata perfectamente esa mano. Por ello, la mano es parte integral de la obra, que viene reforzada por documentos gráficos que sirven para entender las causas y consecuencias del asedio de Sarajevo, uno de los episodios más negros de la historia de Europa. Esta obra podría ser expuesta en España como parte del plan de investigación dentro del que se enmarca nuestra tesis doctoral. La viabilidad de este proyecto y la investigación que estamos llevando a cabo en la Universidad Politécnica de Valencia reivindican al artista asesinado y tienen por objetivo contribuir a la recuperación de la memoria histórica de Bosnia y Herzegovina y de Sarajevo, pero también a la recuperación, la protección, la preservación y la restauración del patrimonio artístico, haciéndolo universal en la lucha contra el culturicidio, tendiendo así una mano a la reconciliación.