La integración de inmigrantes en las ciudades a través de la cultura. El caso de Barcelona

Marta Ramón

Periodista, España

Como centro y motor económico del espacio euromediterráneo, y consciente de la importancia de la integración de los inmigrantes en el desarrollo económico de la ciudad, Barcelona se ha convertido en un modelo de políticas interculturales a nivel europeo. El Intercultural Cities y el Plan de Interculturalidad 2009 constituyen un óptimo ejemplo de la utilización de la cultura, el poder blando, como elemento capaz de influir en la esfera social y económica para promover, en el ámbito urbano, la integración de los inmigrantes a través de la valorización de la diversidad cultural. Sin la pretensión de solucionar del todo el problema de la marginalización social, sobre todo en el ámbito político, estas estrategias culturales representan una alternativa al fracaso de los modelos clásicos anteriores. El objetivo principal es incentivar el dinamismo social en las ciudades con alto nivel de inmigración, y establecer un punto de partida de nuevas investigaciones.

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

— ¡Ayúdame a mirar!

Eduardo Galeano, La función del arte

Las instituciones públicas disponen de un abanico de herramientas para promover la integración de inmigrantes en las ciudades, entre ellas, la cultura. El presente artículo, compuesto por un marco teórico y un estudio de caso, ofrece claves significativas que demuestran que la cultura en las ciudades responde a intereses que van más allá de su valor intrínseco, es decir, toma la forma de poder blando al otorgar una marca comercializable a estos espacios.

Identidad

En el multiculturalismo, «las partes en cuestión se yuxtaponen en el espacio y el tiempo sin encontrarse realmente» (Dasseto, 2006: 30). Por su parte, el interculturalismo busca situar las identidades en un mismo plano. Para García Canclini (2001), el interculturalismo precisa una política con unas condiciones fijas para el diálogo.

Las políticas de integración de inmigrantes en Europa

A través de la integración, un inmigrante pasa a ser activo en la vida económica, civil y cultural del país «de acogida». Ahora bien, no debemos olvidar que este proceso sólo es posible bajo unas determinadas circunstancias, ya que depende de una variedad de elementos de tipo social, legal, etc.

Estas políticas de integración han sido criticadas por considerar que ocultan la incorporación de los inmigrantes a una cultura diferente de la de su proveniencia, y contribuyen a mantener la hegemonía de ésta última. Así, la verdadera diversidad cultural exige explicitar la identidad de base de todas las comunidades. Es decir, no considerar que la diversidad cultural es incompatible con la creación de un sentimiento de comunidad compartido, confiar en que un extranjero quiera continuar sintiéndose como tal con todo lo que esto implica desde el punto de vista cultural. Chantal Mouffe (2007: 57) propone transformar el antagonismo en agonismo, explicando que, pese a la existencia de «una confrontación real entre los adversarios, hay también un espacio simbólico que es común».

Comprender las políticas de integración en Europa pasa por adoptar una perspectiva histórica de la inmigración. Los países del sur de Europa funcionaron como exportadores de mano de obra durante la mayor parte del siglo XX hasta 1973, con la crisis del petróleo. Fue a partir de entonces cuando se convirtieron gradualmente en receptores de inmigración. En el caso de España, esta tendencia, que se inició en 1980, se aceleró de modo considerable con la entrada del nuevo siglo, equiparándose con países europeos con una larga tradición en inmigración (Moreno, 2007). De ello se desprende que España no es pionera en iniciativas de integración, por lo que cuenta con los resultados previos de otros países y la posibilidad de aplicar un nuevo modelo: el interculturalismo.

Ciudades

Ante la disminución del poder de los Estados-nación como fuerza reguladora de la economía global, las ciudades desempeñan un nuevo papel estratégico en la economía global (Degen, 2008). En nuestra sociedad post-industrial, las ciudades son los lugares donde se basa la economía del conocimiento, y asumen un papel cada vez más influyente. En relación a la política cultural, tras la Segunda Guerra Mundial, se pasa del carácter estatal-nacional a un modelo de gestión multinivel donde las instituciones locales adquieren un papel más visible (Barbieri, 2009).

Por otra parte, las grandes ciudades europeas son, y han sido tradicionalmente, el espacio físico que acoge un mayor número de inmigrantes. De este modo, las interacciones sociales son más visibles y frecuentes, y los resultados de las políticas son más perceptibles. Los principales actores en las ciudades, conscientes de este liderazgo, diseñan sus iniciativas de acuerdo a dicha realidad.

El papel de la cultura como poder blando

La cultura hoy en día es especialmente valorada por su potencial simbólico, es decir, como poder blando(soft power). Este concepto, elaborado por el politólogo estadounidense Joseph Nye, se contrapone al poder duro (hard power), concepto que señala a las capacidades militares y económicas como expresiones más genuinas del poder de un Estado.

La cultura juega un papel primordial al tener la capacidad de influir en la esfera social y económica. Así, se produce una commodification de este recurso, al ser apreciado no sólo por su valor de uso sino también por el de intercambio (Gray, 2007). Se generan entonces nuevas propuestas que transforman el paisaje cultural, tanto en cuestión de hábitos como de valores. En el caso de la interculturalidad en las ciudades, la cultura contribuye a la construcción de una identidad social y a la creación de su imagen corporativa.

Prueba de la creciente relevancia de la cultura es la evolución de las políticas culturales a lo largo del siglo XX. Con la implantación del Estado de bienestar, la cultura se convierte en un asunto político, y enfatiza su capacidad para influir en otros ámbitos, como lo cultural o lo social (Barbieri, 2009).

Barcelona: el Plan de Interculturalidad 2009 y el «Modelo Barcelona»

En nuestro caso de estudio estableceremos primeramente un marco comparativo entre dos estrategias interculturales: Intercultural Cities y el Plan de Interculturalidad 2009 de Barcelona. Continuaremos con el llamado «Modelo Barcelona», que constituye el resultado buscado con la implantación del programa intercultural en Barcelona y se encuentra claramente vinculado al concepto de cultura como herramienta de poder blando.

Planificación y marco normativo

Intercultural Cities es una acción conjunta del Consejo de Europa y la Comisión Europea, puesta en marcha en 2008. Su origen está marcado por dos iniciativas que establecieron los fundamentos políticos, el Libro blanco sobre diálogo intercultural (2008) y Año europeo de diálogo intercultural (2008). Al mismo tiempo, el think thank británico Comediageneró el concepto de Intercultural Cities a partir de un proyecto de investigación. Éste, por otra parte, no puede entenderse sin las estrategias de diversidad de la UE, impulsadas por vez primera en el encuentro de Tempere (Finlandia), en 1999.

En Barcelona, la puesta en marcha de una serie de proyectos sirvieron como puente de transición hacia el Plan de Interculturalidad, definido por vez primera en 1997: el Centro Interreligioso de Barcelona (1999), el Servicio de Mediación intercultural (2002) o la adhesión a programas internacionales como la Agenda 21 y la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO (2005). Pero, sin duda, el mayor estímulo vino de la mano del programa Barcelona Diálogo Intercultural (2008), enmarcado en el Año Europeo del Diálogo Intercultural (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 7).

Con la implementación del Plan de Interculturalidad en 2009, Barcelona fue una de las primeras ciudades europeas en adoptar un programa dedicado íntegramente y de manera precisa a esta materia. De hecho, el Consejo de Europa cita el Plan de Interculturalidad de Barcelona como ejemplo a seguir de ciudad intercultural. Sin embargo, la vinculación de Barcelona en Intercultural Cities, por el momento, se reduce a ser evaluada por los indicadores y a prestar ayuda en labores de asesoramiento.

Planteamiento del discurso

El Ayuntamiento es consciente de «la situación de crisis en que se encuentran los modelos clásicos, que obliga a buscar otras alternativas para evitar los mismos errores» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 7). Por ello, tiene ante sí la posibilidad de apostar por una tercera vía, la interculturalidad. Barcelona se convierte en una especie de laboratorio, donde el interculturalismo cuenta con escasas e imprecisas experiencias previas a nivel europeo. Vemos que se trata de una opción recién implantada en Europa, convertida en el estadio siguiente del multiculturalismo. El interculturalismo en Barcelona se sustenta sobre tres principios: igualdad, reconocimiento de la diversidad e interacción positiva. Tal y como propone Intercultural Cities, se trabaja «en la cotidianidad […] y el diálogo» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 6). Por otra parte, el Plan 2009 persigue una democratización cultural a través de la interculturalidad, basándose en unos valores fundamentales compartidos por todos, que eviten el peligro de «caer en un relativismo cultural» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 6).

Objetivos

La idea de Intercultural Cities parte del pensamiento de Richard Florida, quien demostró que la diversidad cultural es una condición esencial para la creatividad y el crecimiento urbano, ya que el capital humano promueve innovación y acelera el flujo de información. Se considera que los inmigrantes aportan nuevos conocimientos y vínculos con los mercados de sus países de origen, además de ser personas con fuertes motivaciones en mejorar su nivel de vida.

Si bien gran parte de la bibliografía define Barcelona como una ciudad históricamente receptora de inmigrantes, lo particular de este fenómeno es que no se han producido «episodios conflictivos de convivencia realmente graves» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 3). Esto demuestra que el Ayuntamiento de Barcelona reconoce que la inmigración puede imponer barreras al transcurso pacífico de la sociedad. En este sentido, nos acercamos a la idea de poder blando, en la medida en que la integración de inmigrantes puede conllevar importantes efectos en el plano económico. En la introducción del Plan se especifica: «Barcelona, uno de los principales motores económicos de España en el espacio euromediterráneo […] no se puede permitir el lujo de desaprovechar el potencial que representa la diversidad en un contexto en que la circulación de ideas, la creatividad y la innovación aplicada a todos los ámbitos son verdaderos factores de atracción y competitividad dentro del contexto de la globalización y de una mayor interdependencia en todos los niveles» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 5). De hecho, en el eje décimo del Plan titulado «De la diferencia a la excelencia»-, se explica que «en el contexto de la globalización, las ciudades también compiten en los mercados globales por estimular sus economías» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 47). Es en este punto donde comprobamos la plena sintonía del discurso intercultural con la dimensión económica, así como el papel central que adquieren las ciudades.

Diseño

El programa Intercultural Cities presenta una serie de iniciativas agrupadas en los siguientes ejes: compromiso político, evaluación política, educación, espacio público, servicios sociales, vivienda, vecindario, policía, economía y negocios, artes y deportes, mediación, idioma, medios de comunicación, política internacional, investigación, competencia intercultural, bienvenida de recién llegados, gobernanza y acceso a la información.

La estructura del Plan de Interculturalidad es amplia y exhaustiva: consta de 10 ejes temáticos (ciudad y democracia; oportunidades de movilidad social; educación; lengua y comunicación; diversidad cultural; vivienda y urbanismo; convivencia; rumores y estereotipos; vitalidad social y desarrollo), 30 objetivos y 90 medidas. No sólo está previsto que se implemente sin excluir ningún barrio de la ciudad, sino que el espacio público es considerado un ámbito fundamental en los distintos ejes.

Evaluación

Intercultural Cities plantea un cuestionario, compuesto por 69 preguntas y 14 indicadores que versan alrededor de todos los ejes temáticos. Los datos son de tipo cuantitativo (básicamente demográficos) y cualitativo (contribuciones y aportaciones). En cambio, el Plan de Interculturalidad 2009 de Barcelona presenta 118 indicadores específicos y a cada eje temático se le asignan como mínimo 10 de ellos. Éstos recogen básicamente datos cuantitativos y, en menor medida, cualitativos.  Cabe destacar que en ambos planes hay una ausencia de marcas temporales, tanto a largo como a corto plazo.

Los actores

Uno de los criterios de selección de las ciudades piloto en Intercultural Cities fue la «habilidad de una fuerte red (network) con las organizaciones de la sociedad civil» (Consejo de Europa y Comisión Europea, 2009: 18). Barcelona no prioriza los partenariados con organizaciones situadas geográficamente fuera de la ciudad. En cambio, se contempla la creación de la «Red Intercultural de Barcelona» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 36), con la participación de actores procedentes de las esferas privada y pública. En relación al eje de la diversidad cultural, las instituciones culturales públicas (fundamentalmente el Instituto de Cultura de Barcelona, ICUB) reciben con prioridad la misión de interferir de forma clave para «promover el patrimonio cultural de la ciudad, impulsar la difusión y el acceso a la cultura y velar por la creación y la industria cultural de Barcelona» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 37).

Cultura: arte y festividades

La cultura actúa a un tiempo como eje e indicador Intercultural Cities. Además, se proponen una serie de actividades específicas como giras y festivales, creación de centros de estudio artísticos, promoción de las organizaciones que presenten trabajos de diferentes contextos culturales, uso de la creatividad de la comunidad local para alcanzar nuevas audiencias, uso de espacios no culturales (autobuses, parques, peluquerías), fomento de partenariados entre organizaciones locales y artistas para evitar la diáspora, trato a las personas como sujetos y no objetos de políticas, etc.

El Plan de Barcelona 2009 considera que el patrimonio cultural es fundamental en la creación del diálogo ciudadano, indiscutible prueba del peso que la política cultural tiene en el Ayuntamiento. Es por ello que entre los objetivos se encuentran «favorecer programaciones e itinerarios culturales que tengan en cuenta la diversidad en ámbitos como las artes escénicas, la música, el diseño, la creación audiovisual y las fiestas, así como los acontecimientos culturales periódicos; y fomentar la gestión del patrimonio cultural con una visión plural» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 37). En concreto, se pretende hacer «visibles las aportaciones que a lo largo de la historia han hecho personas y colectivos procedentes de orígenes diversos» (Ayuntamiento de Barcelona, 2009: 36). En este contexto, las festividades adquieren un rol destacado.

El «Modelo Barcelona»

La historia de Barcelona es la narración del uso de acontecimientos culturales para el desarrollo del paisaje urbano: la Exposición Universal de 1888, la Exposición Internacional de 1929, los Juegos Olímpicos de 1992 o el Forum de las Culturas de 2004 (Kaplan, 2003). Es especialmente a partir del plan de 1999 cuando la cultura se convierte en impulsora clave de la economía (Degen, 2008: 13-21). Factores intrínsecos de índole político, social, económico (como la falta de un centro financiero) e histórico de la ciudad provocan que la cultura sea un mecanismo idóneo para promover la marca del modelo de excelencia, llamado Brandcelona (Muñoz, 2008).

Ciertos autores critican la imagen de ciudad modernizada urbanísticamente y cosmopolita por considerar que esconde contradicciones. En el caso de la interculturalidad, argumentan que no todo pasa por la cultura, sino que se exige, por ejemplo, un reconocimiento del derecho al voto que implique la participación política de los inmigrantes (Degen, 2008).

Conclusiones

El objetivo de nuestro trabajo no ha sido evaluar la efectividad de las estrategias de integración de inmigrantes a través de la cultura, sino detectar su instrumentalización. Este tipo de programas manifiestan su pretensión por alcanzar la participación activa de los inmigrantes. Sin embargo, mediante este pretexto, se puede asimismo pretender modelar la esfera económica y social de las ciudades, e ignorarse la verdadera integración.

El enfoque intercultural se encuentra en fase de construcción. Pocas ciudades incorporan una estrategia intercultural en sus políticas municipales, y aquellas que disponen de uno, lo hacen de forma rudimentaria. Si bien el Plan de Barcelona 2009 es uno de los que mejor recoge la perspectiva de Intercultural Cities, todavía debe mejorar algunos de sus aspectos. No es casual que los países escandinavos, con una consolidada historia en políticas migratorias, no sean pioneros ni líderes actuales en el discurso de la interculturalidad, sino que ello es debido a la fuerte influencia que el multiculturalismo ha ejercido en estas regiones.

El capitalismo postindustrial ha introducido relevantes transformaciones en las ciudades europeas, no sólo a nivel económico, sino también político y social. En la medida en que los bienes y los servicios han pasado a situarse en la base de la economía, se ha producido una efervescencia y magnificación del poder simbólico. La vinculación entre cultura y economía ha quedado especialmente patente tras el análisis de Intercultural Cities y el Plan de Interculturalidad 2009, que gestionan la integración de inmigrantes a través del discurso intercultural y las políticas culturales con el fin de crear una imagen más abierta de la ciudad. Ello nos acerca a planteamientos como la llamada teoría de la aguja hipodérmica, la cual demostró que era posible intervenir directamente en la opinión pública a través de la propaganda. De igual manera, nuestro estudio de caso nos ha permitido ver que la cultura es un poderoso factor de dinamización social: se vincula a la creación comunitaria, la identidad colectiva y la inclusión social (capaz de superar los obstáculos a la diversidad cultural como la discriminación).

Asimismo, con el presente artículo hemos querido abrir puertas a futuras investigaciones centradas en cuestiones como la recepción y percepción de la política cultural pública por parte de los inmigrantes.