Dios en el país de las águilas: la orden bektashí

Edlira Osmani

Karl Franzens University, Graz, Austria

La orden bektashí, cuyo origen se remonta a los movimientos sufíes que tuvieron lugar en los siglos XI y XII, encontró en Albania su tierra de acogida. Tras un período en el que gozó de una gran importancia política durante la desintegración del Imperio otomano, esta orden fue prohibida y obligada a desaparecer por el régimen comunista, en un momento en que Albania pasó a convertirse en el único estado ateo del mundo. Aun así, y gracias a las prácticas secretas de la comunidad albanesa bektashí en la diáspora, la religión se mantuvo viva y se extendió por varios países. En 1988, la nueva constitución de Albania garantizó la libertad religiosa y las creencias bektashíes volvieron a ocupar un importante lugar en la sociedad albanesa. El país de las águilas recuperó, de este modo, su tradición de tolerancia al permitir que bektashíes, musulmanes suníes y cristianos pudieran orar juntos en el monte Tomorri, el santuario de las divinidades en Albania.

¡Deja que te contemple, tierra de Albania, nodriza severa de hombres salvajes! La Cruz se abate, tus minaretes se alzan, Y la media luna pálida brilla en la cañada, Tras la arboleda poblada de cipreses, junto a cada ciudad. Lord Byron

Cuando Lord Byron visitó Albania, en el siglo xix, encontró gente hospitalaria, tradición y una historia tan antigua como la propia historia de la humanidad. Los albaneses vivían en un país de escarpadas montañas, altos peñascos, extensas mesetas y desfiladeros cubiertos de nieve que en su parte occidental dan al mar. La historia de Albania entre Oriente y Occidente evoca a un águila de las montañas y un mar encrespado. Este lugar, que los albaneses llaman Shqipëri, la «Tierra del Águila», y los extranjeros «Albania», es un país con una historia y una lengua antiguas, y con una magnífica coexistencia religiosa.

El presente trabajo se centra sobre todo en el tema de la fe religiosa de los albaneses, principalmente en la creencia bektashí. La creencia bektashí tiene la misma consideración que otras religiones, y Albania es el centro mundial del bektashismo. Los albaneses suelen calificar el bektashismo como la verdadera religión, un puente entre cristianos y musulmanes. A menudo se describe a los albaneses como un pueblo con sentimientos religiosos débiles. En las siguientes líneas analizaremos la validez de tales definiciones. Sin embargo, antes de abordar las religiones de Albania, es importante examinar la historia albanesa desde la Antigüedad hasta nuestros días. Algunos argumentos probablemente nos permitirán entender mejor los vínculos que tienen los albaneses con la religión y, al mismo tiempo, nos darán la posibilidad de comprender cómo han influido los acontecimientos históricos en las opciones espirituales de éstos.

Si echamos un vistazo a la época anterior al nacimiento de Cristo, veremos que por entonces Albania se llamaba «Iliria». Los ilirios, según los historiadores tanto albaneses como extranjeros, eran los descendientes de los ancestros pelasgos y albaneses que habitaron la península Balcánica en la Antigüedad. Por aquel entonces la gente era politeísta, y los ilirios adoraban a numerosos dioses, que iban desde el Sol hasta la Piedra. Menciono aquí a los antiguos ilirios porque los ritos de su creencia en el Sol, la Piedra, la Tierra, etc., no sólo se describen en los libros de historia, sino que también se conservan hoy día en Albania. En La verdad sobre Albania y los albaneses, el autor Pashko Vasa (poeta albanés renacentista [1825-1892]) escribió sobre algunos antiguos ritos religiosos que existieron antes del tiempo de los cristianos y los musulmanes. En aquella época, los juramentos de los albaneses, similares a los de sus antepasados, eran: Për këtë gur («Lo juro por la piedra»), Për sytë e ballit («Lo juro por mis ojos»), o Për këtë qiell e dhe («Lo juro por este cielo y por esta tierra»). Aunque los tiempos hayan cambiado, todavía se puede oír a la gente utilizar esa clase de juramentos. Hoy en día, la mayoría de los albaneses juran por Ballem Sultán (për atë Ballem Sulltan), por Baba Tomorr (për Baba Tomorr), o por la iglesia de Laç (për Kishën e Laçit). Los juramentos eran una institución importante en el derecho tradicional albanés, y los albaneses juraban para demostrar si habían hecho o no algo ilegal. Era conocida tanto entre los albaneses como entre los extranjeros la gran importancia que tenía el cumplimiento de una promesa o de un juramento.

En un período posterior, después del nombre de Iliria, Albania pasaría a conocerse como «Arbëri». Aunque en aquella época los conceptos de Estado o nacionalidad todavía no eran bien comprendidos entre la población, los albaneses, pese a sus diferentes nombres, eran muy similares. La actual lengua albanesa, una lengua indoeuropea, tiene sus orígenes en la Antigüedad. Durante el período en el que el país se conoció como Arbëri, sufrió la invasión del Imperio otomano, que duró cinco siglos. En dicho período se produjeron numerosos acontecimientos que influirían en la religión de los albaneses. Fue la época de Jorge Castriota Skanderbeg, de su lucha contra los turcos y de la prohibición de los ejércitos otomanos de penetrar en la Europa cristiana. Y fue también la época de Lekë Dukagjini y su Canon.

Estas dos figuras históricas influyeron e inspiraron a los albaneses de los siglos posteriores. La figura de Skanderbeg inspiró al pueblo albanés para luchar por su independencia y su libertad, mientras que Lekë Dukagjini es bien conocido por su canon normativo. Aún hoy, sobre todo en el norte de Albania, las reglas de Lekë Dukagjini mantienen su vigencia, desafiando las leyes del Estado. El Canon es un conjunto no escrito de leyes orales registradas por Shtjefën Gjeçovi hace un siglo, pero hoy en día todavía lo aplican las familias del norte de Albania, sobre todo las católicas. Así, por ejemplo, las disputas de sangre, sancionadas en el Canon, constituyen un grave problema que casi siempre se ha impuesto sobre la ley estatal; pero el Canon no fomenta las disputas de sangre, sino que, por el contrario, las inhibe. Se trata de un conjunto de reglas que regulaban el modo de vida en el pasado; pero, lamentablemente, hoy algunas de estas reglas se malinterpretan. El Canon ha tenido un papel muy importante en las áreas donde se aplicaba y se sigue aplicando. Era una ley autorregulada. Estas palabras de Edith Durham definen muy bien la influencia del Canon en la vida de la gente: «La frase «Lekë dijo…» tenía más impacto en la gente que los diez mandamientos, mientras que las predicciones de los imanes o sacerdotes no valían nada si entraban en conflicto con el Canon de Lekë Dukagjini».[1]

Los acontecimientos históricos continuaron con la lucha del pueblo albanés por su libertad, que de algún modo influyó incluso en su religión. La relación de los albaneses con Dios ha sido distinta en los diversos períodos históricos, y estuvo marcada por la prohibición de las creencias religiosas por parte del Estado comunista después de la Segunda Guerra Mundial. El resurgimiento de la religión en los corazones albaneses y la posibilidad de rezar a Dios sin temor se hizo posible cuando el único país ateo del mundo desde 1967 finalmente accedió a la democracia en la década de 1990.

En Albania hay cuatro comunidades religiosas: la católica, la ortodoxa, la musulmana y la bektashí. Entre todas estas comunidades solía haber, y sigue habiendo, una admirable armonía religiosa, que respetaba las tradiciones y celebraba las ceremonias religiosas de cada confesión. En Albania nunca ha habido guerras de religión, y la divisa de Pashko Vasa «la religión de Albania es el albanismo» sigue presidiendo la tolerancia existente entre las comunidades religiosas del país. Una de dichas comunidades es la bektashí, la cual tiene su propia historia en la tierra albanesa, que según su creencia debería denominarse «la Tierra de la Antorcha». Haci Bektash Veli, el fundador del bektashismo, predijo que durante la historia de la humanidad esta creencia afrontaría fuertes altibajos, llegando a languidecer de forma alarmante, pero que nunca se extinguiría. Y en efecto, la historia de esta confesión en Albania afrontó altibajos y languideció, pero no se extinguió. Actualmente la comunidad bektashí de Albania tiene su propio estatuto, en el primer artículo del cual se afirma: «la comunidad bektashí es una comunidad independiente y apolítica integrada por el clero bektashí en todos sus niveles, y la fe en su creencia y culto al Creador obtiene su inspiración de la doctrina, las tradiciones, los rituales y las sagradas reglas religiosas, morales y filosóficas del bektashismo».

La orden bektashí

La orden bektashí no fue una organización estructurada hasta el siglo xv, casi dos siglos después de la muerte de Haci Bektash Veli, que se supone fundador del bektashismo. Pese a ello, la orden de los derviches bektashíes se originó a partir de numerosos movimientos sufíes que surgieron en Oriente Próximo a partir de los siglos xi-xii.[2] En aquella época, un gran número de misioneros anteriores conocidos como los «santos de Jorasán» habían ido a Anatolia y preparado el camino para otros grupos de derviches, que serían los bektashíes.[3] El nombre de esta secta se deriva del de Haci Bektash, quien según algunas fuentes no fue su verdadero fundador, sino un pastor y santo elegido en un período posterior. Se cree que Jorasán, en Irán, es el lugar de origen de Haci Bektash, quien más tarde, en la segunda mitad del siglo xiii, vivió en Anatolia. Haci Bektash fue el autor de Vilajet-Name, cuya descripción evoca a los derviches peregrinos conocidos como los kalandar de Irán o los abdal de Anatolia en los siglos xiii-xiv.[4] A Haci Bektash se le consideró el líder (Pîr-i) de los abdal desde el mismo comienzo de su actividad religiosa.

Sin embargo, el bektashismo en la forma que hoy conocemos no apareció hasta el siglo xvi. El responsable del establecimiento de la actual estructura de la orden bektashí fue Balim Sultán (m. 1516 d.C.), una figura a la que normalmente se alude como Pîr-i Sânî, o «Segundo Fundador».[5] Desde entonces, la orden ha estado dirigida por un dedebaba, o «bisabuelo», un cargo designado por un consejo de doce dede[6] (literalmente «abuelo», o kryegjysh en albanés; es el grado más alto en la jerarquía espiritual bektashí). En 1501, Balim Sultán (1473-1516), bajo los auspicios del sultán Bayaceto II, se convirtió en el jefe de los bektashíes en la que era la sede central del bektashismo, la población de Hacibektash, en Anatolia. Ejercía un control total, y unificó las normas y reglas bektashíes. Como resultado de esta transformación, Balim Sultán pasó a ser considerado el segundo santo y el segundo fundador. En este período, el importante papel de la orden bektashí se intensificó, y ésta se convirtió en una de las sectas más influyentes del Imperio otomano entre los siglos xvii y xviii.[7] Los seguidores de la misma contribuyeron a la difusión de la influencia de los turcos y del islam en los países ocupados por el Imperio.

En este período de institucionalización, la secta bektashí se hizo aún más conocida. En su seno existía una división entre novicios y maestros, y también se constataba una separación basada en la jerarquía y el nivel. El rango inferior era el de los creyentes ocasionales (muhib); el segundo grado incluía a los elegidos (eren), y una vez que éstos eran educados y aceptados como novicios podían convertirse en derviches y, después, en «padres» (baba, en albanés). Antes de que los líderes religiosos fueran designados en este orden jerárquico habían de ser formalmente elegidos por los «abuelos» (dede o gjysh), a quienes estaban obligados a mostrar lealtad. El conjunto de la organización estaba encabezado por un solo líder, el kryegjysh («abuelo»), apoyado por unas figuras clave a las que se conocía como sus «califas».[8]

En cuanto a los ritos religiosos bektashíes, hay que decir que sus principales características residen en la pureza de corazón y de espíritu de la persona. En tales condiciones, la pureza de los bektashíes puede alcanzarse sin seguir las formas de culto suníes o chiíes. En el bektashismo, los cinco pilares del islam no son necesariamente obligatorios. Asimismo, el bektashí no interpreta literalmente el Corán, sino que lo explica de un modo alegórico. A veces prefiere oír los versos de sus poetas a interpretar las Sagradas Escrituras. El bektashí hace hincapié en la pureza de la creencia antes que en los ritos religiosos externos, y asimismo cree que la salvación reside en seguir ejemplos perfectos como los del imán Alí, Haci Bektash y otros santos. Las tres reglas morales del bektashismo son: buena moral, buen comportamiento y buenas obras(eline, diline, beline). Se trata de orientaciones generales, al tiempo que se afirma que la más alta divinidad sólo puede obtenerse mediante el esfuerzo constante por lograr la excelencia moral en la vida diaria.[9]

Para entender mejor la esencia del bektashismo, remitimos a las palabras de Huseyin Abiva: «Desde los tiempos de Balim Sultán, en el siglo xvi, la esencia del pensamiento bektashí puede resumirse del mejor modo como sigue: Alí ibn Abi Talib, el yerno del profeta Mahoma, ocupa una posición predominante en su espiritualidad; a Alí se le considera la imagen especular de lo divino; él es el revelador del Corán “esotérico”», mientras que al profeta se le considera el vehículo por el que el Corán “exotérico” se manifestó a la humanidad». Aunque los creyentes bektashíes no hagan ninguna distinción entre Mahoma y Alí, no podemos presuponer una idea similar al concepto cristiano de la Trinidad. Abiva decía que Hakk (la Realidad, esto es, Dios), Mahoma y Alí forman una realidad unificada que expresa una única verdad (Hakikat). Aparte de la devoción al imán Alí, la doctrina del bektashismo se inspira también en los doce imanes chiíes.

Se denomina tekke a los lugares donde viven y rezan los clérigos bektashíes, aunque dichos lugares son frecuentados también por seglares. La mayoría de los tekke bektashíes tienen en su interior türbe, que son las tumbas de famosos baba y derviches. Las türbe se consideran centros de espiritualidad, algo esencial para la creencia bektashí, así como para otras ordenes sufíes.

El bektashismo en Albania

El origen del bektashismo en Albania resulta controvertido aún hoy. Un grupo de investigadores cree que la presencia inicial del bektashismo en Albania se sitúa a finales del siglo xvii. Este hecho se relaciona con la relativamente tardía islamización de los albaneses. Asimismo, otros eruditos creen que los albaneses conocieron el islam precisamente por los misioneros bektashíes y alevíes tiempo antes de que Albania fuera invadida por los soldados turcos.[10] Una tercera opinión afirma que, aunque en Albania se construyeron tekke bektashíes ya en el siglo xv, en realidad la presencia bektashí es un fenómeno más reciente, que existiría desde principios del siglo xix. Muchos eruditos creían que la difusión del bektashismo en Albania durante este período recibió un gran impulso del célebre Alí Pashá de Yánina (m. 1822). Sin embargo, su conexión con esta orden es actualmente objeto de debate, dado que se han descubierto documentos de la época que muestran que favoreció a los halvetíes y a los saaditarikat por encima de los bektashíes.[11]

Aparte de esto, hay que señalar la fuerte relación existente entre el bektashismo y el cuerpo militar de los jenízaros. Los jenízaros eran la élite del ejército otomano y sus miembros, principalmente de origen cristiano y convertidos al islam, eran mayoritariamente bektashíes. Conocidos como los «Hijos de Haci Bektash» (en turco, Haci Bektash Ogullari), sus uniformes, su organización y su mando estaban vinculados a la orden.[12] Un motivo más directo de la difusión del bektashismo se halla en el decreto promulgado por el sultán Mahmut II, en 1826 d.C., suprimiendo en todo el imperio el cuerpo de los jenízaros, así como la orden bektashí, debido a la estrecha interrelación entre ambos.[13]

Por aquel entonces la razón oficial de la prohibición de los bektashíes por parte del sultán fue que se les considerada herejes, pero en realidad fue una decisión política debido a que tanto los jenízaros como los bektashíes representaban un semillero de oposición conservadora a los programas reformistas del sultán. Pese al hecho de que, en cumplimiento de este decreto, en Albania se demolieron muchos tekke bektashíes, varios baba de otras partes de los Balcanes hallaron refugio en las comprensivas tierras de la parte del sur del país.[14] Puede calificarse éste como uno de los dos períodos más difíciles del bektashismo, siendo el otro el período en el que el estado turco estuvo dirigido por Kemal Atatürk, que impuso inaceptables restricciones a los bektashíes, de modo que el centro bektashí de Piri se trasladó a Albania.

Dice Nathalie Clayer en su libro Le bektashisme en Albanie, hablando del establecimiento de la orden bektashí en este país: «Así, los bektashíes de Albania, tras la desintegración del Imperio otomano, se convirtieron en un importante grupo con influencia en ámbitos políticos, debido al impacto increíblemente poderoso de su clero en la población. Al cabo de cierto tiempo este grupo se distanció de los bektashíes turcos, por una parte, y de los musulmanes suníes, por otra, debido al hecho de que había una serie de contradicciones relacionadas con la independencia de Albania y su postura con respecto a la unión con los turcos. Como resultado, la hermandad bektashí, gracias a su potencial y su identidad, estaba lista para surgir como una comunidad religiosa independiente en una nueva Albania».[15] Lo que afirma Clayer es cierto, ya que precisamente en este período del siglo xix la comunidad bektashí se había posicionado contra los turcos y se hallaba muy vinculada a la causa nacionalista. Los tekke se convirtieron en centros de enseñanza del albanés, a menudo prohibido por los turcos y por la Iglesia ortodoxa griega en algunas áreas del sur de Albania. Esos lugares de culto bektashí desempeñaron un papel excepcional en el renacimiento (rilindja) del nacionalismo albanés.

Este nacionalismo se nos presenta en los escritos de Naim Frashëri, que fue un poeta y un destacado activista del movimiento nacional albanés del siglo xix. Frashëri escribió El diario del bektashí, que puede considerarse el primer documento oficial de la comunidad bektashí albanesa. También escribió un poema muy conocido por el bektashismo, Qerbelaja [«Kerbala»], publicado por primera vez en 1898. El poema narra la historia de Kerbala, donde fue asesinado el imán Husayn, hijo del imán Alí y nieto del profeta Mahoma. Este poema debería contemplarse desde una doble perspectiva: en primer lugar, como un poema que describe un acontecimiento muy trágico y mantiene viva su memoria, muy importante para la comunidad bektashí; en segundo término, como una alegoría política. Naim Frashëri, siguiendo una larga tradición de la literatura y la filosofía orientales, trata de expresar y manifestar su visión iluminista y humanista. Más que volver a contar un acontecimiento histórico, Qerbelaja es un poema moralizador e intelectual, una revelación de principios morales y humanistas. Asimismo, constituye una llamada a la pureza y la perfección, con las que la humanidad puede disfrutar de la vida en la tierra y sacar fuerzas para superar los peores acontecimientos.[16]

Hay que mencionar también la última canción de este poema, donde el autor habla únicamente de los problemas que afrontaba Albania durante aquel período, como la educación y la lengua, así como la necesidad de una unidad y fraternidad nacional entre los albaneses. Las veinticuatro canciones de este poema épico están escritas para conducir a la última de ellas: la canción que trata de Albania y los albaneses.[17] El estilo del poema es similar al de otro poema heroico, La historia de Skanderbeg, escrito por el mismo poeta. La interrelación entre nacionalismo y religión en las poesías de Naim fue fundamental para su época. Naim era bektashí, pero sobre todo anunciaba lo importante que era para el país, en aquel tiempo de incapacidad y guerra, proclamar el lema: «No hay nación sin religión».

Naim pretendía movilizar la orientación chií de los bektashíes, además de anunciar su oposición al régimen otomano y articular una identidad musulmana específica para los albaneses. Creía que los bektashíes eran heterodoxos y sincretistas, y, por tanto, serían capaces de superar las divisiones religiosas en Albania y establecer un puente que salvara las diferencias entre el islam y el cristianismo.[18] Además, basándose en la definición que a menudo se daba del bektashismo como una doctrina panteísta, Naim Frashëri, en Lulet e Veres [Flores de verano], escribió que un verdadero creyente no debería buscar a Dios en el Cielo o en la Tierra, sino en otra parte:«Busca en otra parte a Dios, El Verdadero y el Grande. Él está junto a mí. ¡Él está en mí!».

De manera similar a otras religiones, en Albania el bektashismo sufrió una serie de persecuciones, antes y después de su independencia, que se prolongaron hasta 1990, el año de la democratización del país.

El bektashismo desde la independencia hasta la época del régimen comunista

La declaración de independencia de Albania, el 28 de noviembre de 1912, no se tradujo en una gran estabilidad política, pero para el bektashismo trajo algo importante. A los líderes bektashíes se les concedió un puesto de honor en la Asamblea Nacional de 1914, y pudieron contar con un representante oficialmente reconocido en el más alto órgano del Estado.[19] El Consejo de Regencia del recién independizado Estado de Albania estaba integrado por cuatro miembros, que representaban a cada una de las religiones oficiales del país: musulmanes suníes, cristianos ortodoxos, católicos y bektashíes. Pero mientras comenzaba esta nueva era del bektashismo en Albania, se preparaba un escenario contra ellos muy distinto en Turquía.

En la época de la República turca creada por Kemal Atatürk, la historia del bektashismo presenció un segundo gran punto de inflexión. Con la prohibición de todas las órdenes sufíes en 1925, se obligó a los bektashíes a abandonar su Pîr-Evi («Hogar del Santo») en Hacibektash (entre Kayseri y Kirşehir) y emigrar a Albania.[20] En este período, los bektashíes albaneses empezaron a trabajar para establecer en Tirana el centro mundial del bektashismo. En 1931, por iniciativa del gran dede de la orden, Sali Niazi Dede —que era albanés—, la sede principal de los bektashíes, localizada en el tekke central de Hacibektash, en Anatolia, se trasladó a la capital de Albania. En el II Congreso Bektashí, celebrado el 8 de julio de 1924 en el tekke de Gjirokastra, Albania dio su apoyo a la mencionada iniciativa. Antes de esto, el 17 de enero de 1921, se había celebrado el I Congreso Bektashí en el tekke de Prishta, con la participación de numerosos creyentes tanto del clero como laicos. En este congreso se estableció el Estatuto Bektashí, integrado por 28 artículos. Dicho estatuto definía la hermandad bektashí de acuerdo con la orden bektashí.[21] En el III Congreso, celebrado el 26 de septiembre de 1929, se aprobó un segundo Estatuto, éste de 63 artículos. En este último Congreso, la comunidad bektashí fue declarada comunidad independiente.[22]

En la década de 1930, el bektashismo en Albania entró en su edad de oro. Se abrieron nuevos tekke y se construyeron centros más pequeños (dervişhâne), sobre todo en las tierras del sur del río Shkumbini. Asimismo, en Tirana se estableció un seminario para formar y educar metodológicamente a derviches y candidatos a baba. Muchos tekke poseían sustanciales propiedades (vakif), las cuales proporcionaban ingresos para financiar sus actividades.[23] Los bektashíes conocidos por ser partidarios del rey Zog y la causa nacionalista en la década de 1930, representados durante la Segunda Guerra Mundial por un pequeño grupo de padres (baballare) como Baba Faja Martaneshi, lucharon contra el fascismo y el nazismo por la liberación de Albania. Tras la guerra, y después del fortalecimiento del régimen comunista en Albania, se empezó a ver a los religiosos practicantes como una potencial amenaza para la ideología, y en 1947 se prohibió totalmente su actividad. Asimismo, tras largos años de régimen comunista, Albania se convirtió en el único estado ateo del mundo. Los creyentes bektashíes y los que se negaban a someterse a los mandatos de los comunistas eran ejecutados o enviados a campos de trabajos forzados, algo que el régimen hizo también con otros religiosos practicantes. En este período todas las estructuras religiosas se cerraron, y su actividad estuvo prohibida.

Los tekke bektashíes no corrieron distinta suerte, y fueron o bien demolidos, o bien dedicados a otros usos; así, por ejemplo, la sede del dedebaba en Tirana se convirtió en un centro de folclore antiguo. Otros tekke que sobrevivieron, con frecuencia construidos en montañas o colinas, se transformaron en cuarteles militares o fábricas.[24]

Pese a la prohibición de la religión por parte del Estado, los albaneses preservaron sus rituales religiosos en secreto. Durante este período, los albaneses que vivían en el extranjero realizaron una importante contribución a la conservación del bektashismo. La comunidad albanesa bektashí de la diáspora se reunió en el tekke Kaygusuz, en El Cairo, donde eligió a su baba, el venerado Ahmed Sirri Dede (originario del sur de Albania) para que asumiera el puesto de dedebaba, en una acción destinada a cuestionar al dedebaba aprobado por los comunistas, Ahmet Myftar Dede. Lamentablemente, la revolución prosoviética egipcia de 1952 conllevó el cierre del tekke Kaygusuz, que puso fin a cualquier posibilidad de contestación eficaz al control absoluto de Enver Hoxha sobre el bektashismo. Dos años después, en 1954, Baba Rexheb abrió el primer tekke bektashí americano-albanés en Taylor, un barrio de Detroit (Michigan). Junto con uno de los tekke de Kosovo que estaba bajo la dirección de Baba Kazim Bakalli (m. 1983), el tekke estadounidense, con su comunidad de fervientes devotos, era uno de los pocos centros de la orden bektashí que quedaban en el mundo.[25]

La religión en Albania a partir de 1990

En la década de 1990, el único país ateo del mundo experimentó una serie de cambios que afectaron también a su vida religiosa. Poco a poco, la gente fue recuperando sus creencias y ritos, mantenidos en secreto durante largo tiempo. El bektashismo volvió a ocupar su lugar en la sociedad albanesa, recordando de nuevo a los creyentes los valores del amor y la tolerancia. Urtësia [Sabiduría] fue una de las revistas publicadas en este período por la comunidad bektashí, y hubo asimismo otras publicaciones de comunidades religiosas que recordaron a la gente la libertad de creencia, al tiempo que aportaron paz espiritual.Actualmente la libertad religiosa está garantizada en la Constitución albanesa, promulgada en 1998. El artículo 10 garantiza que:

  • En la República de Albania no hay ninguna religión oficial.
  • El Estado es neutral en las cuestiones de creencia y conciencia, y asimismo garantiza la libertad de su expresión en la vida pública.
  • El Estado reconoce la igualdad de las comunidades religiosas.
  • El Estado y las comunidades religiosas respetan su mutua independencia y trabajan juntos por el bien de cada una de ellas y de todos.
  • Las relaciones entre el Estado y las comunidades religiosas se regulan sobre la base de acuerdos establecidos entre sus representantes y el Consejo de Ministros. Dichos acuerdos son ratificados por la Asamblea.
  • Las comunidades religiosas son personas jurídicas. Son independientes en la administración de sus propiedades según sus principios, reglas y códigos, con tal de que no se perjudiquen los intereses de terceras partes.[26]

Además, en el país de las águilas la renovación de las celebraciones y festividades religiosas se tradujo en una mutua armonía entre las comunidades de diferentes religiones. Los albaneses celebran juntos todas las festividades religiosas. Van en peregrinación a la iglesia de Shen Ndout (San Ndout), en Laç, para celebrar la memoria de los santos cristianos, o acuden a Ballenja, en Martanesh, para celebrar a los santos bektashíes. En estos santuarios la gente, influida por el hermoso y maravilloso paisaje, percibe la armonía en todo que le rodea.

Cada año, los creyentes bektashíes, musulmanes suníes y cristianos se reúnen en el monte Tomorri para celebrar la prosperidad y rezar por ella. Desde tiempos antiguos, esta montaña sagrada del sur de Albania se denominó «el Trono de los Dioses», y diversos autores tanto albaneses como extranjeros la consideraron el Olimpo de Albania, o Dodona, el santuario divino.

Cuenta la tradición que el propio Haci Bektash se interesó en el monte Tomorri cuando vio a los peregrinos que cada verano iban a rezar allí a un dios pagano. Entonces cogió un puñado de tierra de la tumba de Abbas ibn Alí, en Kerbala, y la esparció en Tomorri. Desde entonces, según el folclore, Tomorri se consideró la segunda tumba de Abbas ibn Alí, santo de la orden bektashí. Naim Frashëri expresó en verso este símbolo de la fe albanesa:«Abbas Alí abrazó Tomorri,se acercó a nosotros.Albania ya no fue pobre,Dios nos bendijo».

Notas

[1] Edith Durham (1863-1944) fue una viajera, artista y escritora inglesa que se hizo famosa por sus descripciones antropológicas de la vida en la Albania de comienzos del siglo xx.

[2] Albert Doja., Bektashizmi në Shqipëri, Tirana, AIIS, 2008, p. 19.

[3] Ibid., p. 19.

[4] Ibid., p. 20.

[5] Huseyin Abiva, Bektashism and its Presence in Albanian Lands (http://bektashiorder.com/bektashism-in-albania).

[6] Ibid. (http://bektashiorder.com/bektashism-in-albania).

[7] Albert Doja, Bektashizmi në Shqipëri, Tirana, AIIS, 2008, p. 24.

[8] Ibid, p. 47.

[9] Ibid., p. 93.

[10] Sokrat Ahmataj, Bektashizmi nën smogun e  një libri, Botim, Urtësia, 1999, p. 82

[11] Huseyin Abiva, Bektashism and Its Presence in Albanian Lands (http://bektashiorder.com/bektashism-in-albania).

[12] Olsi Jazexhi, The Bektashi Tarikah of Dervishes, Argel, 2007.

[13] Huseyin Abiva, Bektashism and Its Presence in Albanian Lands (http://bektashiorder.com/bektashism-in-albania).

[14] Ibid.

[15] Nathalie Clayer, Le bektachisme en Albanie, p. 296.

[16] Albert Doja, Bektashizmi në Shqipëri, Tirana, AIIS, 2008, p. 65.

[17] Ibid., p. 66.

[18] Fatos Lubonja, «Feja dhe Shqiptarët», Shekulli Newspaper, 291, 21 de octubre de 2001, pp. 14-15.

[19] Albert Doja, Bektashizmi në Shqipëri, Tirana, AIIS, 2008, p. 86.

[20] Olsi Jazexhi, The Bektashi Tarikah of Dervishes, Argel, 2007.

[21] Sokrat Ahmataj, Bektashizmi nën smogun e  një libri, Botim, Urtësia, 1999.

[22] Ibid.

[23] Huseyin Abiva, Bektashism and its Presence in Albanian Lands (http://bektashiorder.com/bektashism-in-albania).

[24] Ibid.

[25] Ibid.

[26] Constitución de la República de Albania, Artículo 10.