La creatividad, factor interactivo de interculturalidad

Maria-Àngels Roque

Directora de Quaderns de la Mediterrània

Con el objetivo de promover el diálogo intercultural entre Europa y los países de la ribera sur y este del Mediterráneo, al igual que en otros dossiers de Quaderns de la Mediterrània desde que iniciamos esta singladura hace más de una década, queremos incidir con este número en la importancia de la interculturalidad. En este caso, desde la perspectiva de «Migraciones y creatividad intercultural». Lejos de la simple visión de una Europa replegada sobre sí misma o creadora de guetos, queremos mostrar cómo, a pesar de las visiones etnocéntricas, también Europa se está convirtiendo en una sociedad en la que, poco a poco, la interculturalidad se está abriendo camino. Un camino construido sobre todo por los actores de la inmigración. El panorama de nuestras ciudades, especialmente las más cosmopolitas, es un reflejo de ello, si dejamos de lado el caso de los guetos marcados por la marginalización. Y es que resulta difícil no apropiarse de la cultura de acogida cuando vivimos en sociedades en las que la asistencia a la escuela es obligatoria, y los medios de comunicación y los productos de consumo nos bombardean constantemente con mensajes que forman parte de la cultura de acogida. Por otro lado, la democracia y la libertad de expresión, incluida la religiosa, permiten en una sociedad abierta que los individuos llegados de otras culturas  se acomoden y se reapropien de la cultura de acogida. ¿Dónde está el corazón y el pensamiento de los emigrantes, ya sean de primera generación o aquellos que han nacido en Europa pero pueden mantener algunos de los rasgos culturales proporcionados por sus padres? ¿Conservar ciertas especificidades compatibles con los derechos humanos es un problema o puede convertirse en un factor creativo, no sólo por su aspecto cultural sino también económico y social? Éstas son algunas de las preguntas que se van contestando a través de las aportaciones que aparecen en el dossier «Migraciones y creatividad intercultural». La mayor parte de los colaboradores de este número han nacido en un país y en una cultura distintos de los del lugar donde actualmente se proyectan sus obras y se reconocen sus éxitos. Este número no pretende ser exhaustivo,  sino ofrecer algunas de las visiones de aquellos que, en su doble condición cultural, han reflexionado sobre esta realidad.

Para no pecar de buenismo, iniciamos el dossier con un artículo sobre las actuales políticas migratorias europeas firmado por la politóloga y especialista en migraciones Catherine Wihtol de Wenden. Ésta constata que, a pesar de las políticas coercitivas y centradas en la seguridad, Europa se ha convertido en un continente de inmigración. Así, pese a las restricciones manifiestas, las iniciativas de los inmigrantes de primera y segunda generación contribuyen a construir espacios transnacionales entre la orilla norte y la orilla sur del Mediterráneo, tanto por las remesas de los inmigrantes desde Europa, como por las asociaciones entre ambos lados, que suelen constituir redes para el codesarrollo y el establecimiento de lazos culturales y son también formas de movilización cívica. Para la politóloga, es necesario destacar la función del grupo de personas que poseen doble nacionalidad, cuyas élites son cortejadas por el país de origen como posibles inversores y empresarios o como cerebros a recuperar, y por los países europeos como representantes de la «diversidad» o responsables políticos (como en el caso de Cem Özdemir, del Partido Verde alemán, o Ahmed Aboutaleb, alcalde de Rotterdam). Esta postura coincide con la visión del economista francoargelino Khélifa Messamah, que se centra particularmente en los emigrantes magrebíes y señala cómo hay un interés por parte de los estados europeos en atraer a los cerebros del sur, que aportan un gran potencial, especialmente a las multinacionales. Whitol de Wenden señala también cómo en el mundo de la música, el teatro, la danza y el deporte florecen numerosas iniciativas culturales mestizas, que ya forman parte de la cultura popular europea.

Siguiendo el hilo de la creatividad como factor interactivo, la periodista Marta Ramón utiliza como marco teórico al sociólogo Felice Dasseto: «En el multiculturalismo, las partes en cuestión se yuxtaponen en el espacio y el tiempo sin encontrarse realmente», y al antropólogo Néstor García Canclini: «el interculturalismo precisa una política con unas condiciones fijas para el diálogo». Marta Ramón, consciente de la importancia de la participación de los inmigrantes en el desarrollo económico de la ciudad, ofrece el ejemplo práctico de Barcelona. En este caso, el  Plan Intercultural Cities y el Plan de Interculturalidad 2009 constituyen un óptimo ejemplo de la utilización de la cultura, el poder blando, como elemento capaz de influir en la esfera social y económica para promover, en el ámbito urbano, la integración de los inmigrantes a través de la valorización de la diversidad cultural. Sin la pretensión de solucionar el problema de la marginalización social, sobre todo en el ámbito político, estas estrategias culturales representan, según la perspectiva de Ramón, una alternativa al fracaso de los modelos clásicos anteriores. El objetivo principal es incentivar el dinamismo social en ciudades con un alto nivel de inmigración, y establecer un punto de partida para las nuevas investigaciones. Corroborando esta visión, la también periodista  y crítica de arte  María Elena Morató cree que en el estudio de la incidencia de las distintas oleadas migratorias contemporáneas, se debería profundizar en el fenómeno creativo y sus consecuencias, ya que el arte nos plantea, sobre todo, un desafío de futuro. Decidir cómo se gestiona la visibilidad de la emigración y cómo la cultura canaliza esa visibilidad son temas que están, o deberían estar, en las agendas de quienes gestionan la vida ciudadana. Morató señala que si la cultura es un elemento clave para alcanzar la cohesión social, las políticas que contemplan el desarrollo cultura deberían ser prioritarias. Esto, en la actual coyuntura de crisis y creciente falta de medios, pone a los responsables de los ayuntamientos (los que más directamente se relacionan con los colectivos inmigrantes) en una encrucijada de complicada solución, aunque absolutamente necesaria.

Por encima de todo, hemos creído conveniente presentar en nuestro dossier elementos ofrecidos por los propios protagonistas de las dos culturas, el norte y el sur. ¿Es la cultura un factor estático? ¿Hablamos de identidad o identidades? Veremos que las visiones que aparecen en este número son personales; no podría ser de otra manera ya que los autores son creadores, como las escritoras de origen marroquí Najat El Hachmi o Esther Bendahan. Ambas llegaron a España, la primera a Cataluña y la segunda a Madrid, siendo niñas, y ambas han contribuido con sus obras a enriquecer el panorama de las letras catanas y españolas. La reflexión de Najat El Hachmi discurre sobre el conflicto entre tradición y modernidad. Para esta escritora, nacida en el Rif, la convivencia entre códigos de distintas culturas es el lugar ideal para la creación artística y la construcción de nuestra propia identidad. En su caso personal, la lectura ha encarnado un espacio-refugio de observación de la realidad, y la escritura le ha permitido sacar provecho de la experiencia intercultural. Pero la autora nos advierte que los escritores que se encuentran en esta intersección entre dos culturas (emigrantes o hijos de emigrantes) corren varios riesgos relacionados precisamente con su condición. Por una parte está el riesgo del autoexotismo; por otra, el riesgo de malentendidos en la recepción de las obras. En todo caso, lo que define a la literatura, independientemente de su origen geográfico, es su reflexión sobre temas universales con el fin de entender el trasfondo común inherente a la condición humana.

La reflexión que nos ofrece Esther Bendahan asume la condición de su identidad vehiculada a la identidad  del pueblo judío, la cual, para la escritora, está formada por elementos que implican la migración y el exilio. En efecto,  desde su origen común, tanto los judíos sefardíes como los asquenazíes presentan peculiaridades compuestas por la historia de sus respectivos destierros. En el caso de los sefardíes, es significativa la voluntad de conservar, a lo largo de los siglos, una lengua, el judeoespañol, propia de la tierra que los expulsó en el siglo XV. La lengua actúa entonces como patria, como lugar de acogida. No obstante, Bendahan manifiesta que la escritura también está vinculada a este proceso identitario, de modo que el escritor es siempre un extranjero que encuentra su identidad a través de la construcción del relato. En su caso, frente a la migración y el exilio, la función de la literatura consiste en preservar la memoria y llenar el olvido.

Otra visión contenida en el dossier es la de la joven historiadora de origen turco y residente en Israel,   Nathalie Aylon, que a partir de una narración expresionista que arranca con la visita a una exposición de Constantin Brancusi en Nueva York, hilvana la formación de su propia identidad. Así, relata cómo creció en Estambul, ciudad que recuerda a través de la lengua ladina y de su doble identidad turca y judía. Sin embargo, fue en Estados Unidos donde  la autora descubrió la complejidad de la religión que determina su identidad, una religión en la que nunca había creído ni había practicado. Más tarde llegó a Jerusalén, donde a lo largo de los años ha entrado en contacto con palestinos nacidos en Israel que no hablan hebreo. El artículo finaliza con la conclusión de que, como en las esculturas de Brancusi, la identidad de las personas reside en la simplicidad de sus formas, en la esencia de sus movimientos, en su realidad.

Por su parte, el escritor y restaurador de origen iraquí Pius Alibek reconoce que todas las culturas están formadas a partir de elementos con alma viajera, es decir, que han ido migrando de un pueblo a otro para que cada uno los adapte según su entorno y sus peculiaridades propias. La comida, la música, las palabras o el arte en su concepto más amplio traspasan las fronteras sin visado y constituyen una sólida base que hermana pueblos y culturas. De la misma manera, el inmigrante que viaja siguiendo la tendencia natural del hombre a trasladarse no debe ser visto siempre como una amenaza, sino como una persona que puede enriquecer nuestra propia identidad de forma muy valiosa. Para este  autor, el potencial creativo de los inmigrantes que se adaptan a una tierra de acogida aportando elementos de su tierra de origen es infinito. Y es que, así como la lectura y el viaje nos descubren nuevos mundos distintos a los nuestros, que creíamos únicos e insustituibles, ¿no es eso precisamente lo que nos enseña la inmigración?

La gastronomía quizás sea uno de los elementos más interculturales, aunque a menudo se cree que es una mera muestra de nuestro patrimonio cultural. La comida es un acto que se manifiesta cada día, pero también forma parte de los momentos más representativos de cada cultura. La especialista Sylvia Oussedik nos recuerda, en este sentido, cómo los productos que hoy en día se consideran esenciales en la cocina mediterránea son, en realidad, préstamos de otras tierras que se han asimilado con el paso del tiempo. Este proceso, siempre inevitable y enriquecedor, continúa hoy en día gracias a los movimientos migratorios entre ambas riberas del Mediterráneo. Los inmigrantes viajan con sus prácticas y sus hábitos culinarios, a la vez que adquieren nuevas costumbres alimentarias que adaptan de forma natural a su nueva vida y, en ocasiones, importan a sus países de origen. El mestizaje se produce, entonces, en ambos sentidos, como reflejo de la necesidad de compartir y dialogar del ser humano expresada a través de la comida.

Cerramos el dossier con la entrevista realizada por el productor de cine documental Sergi Doladé a la realizadora turco-alemana Yasemin Samderelli, directora del film Almanya. Bienvenidos a Alemania. La obra presenta una historia que conecta las culturas alemana y turca mostrando los problemas en su doble complejidad e intentando llegar a los afectos de forma realista. La realizadora afirma que sus raíces que son una parte importante de su identidad pero, honestamente, cree que el centro de su vida, donde está su familia, es Alemania. Sin embargo, le duele que el gobierno alemán fuerce a los emigrantes a  escoger entre dos pasaportes como si a un niño le pidieran escoger entre su padre y su madre. Samderelli afirma que se pueden tener ambas culturas sin que ello cree un  conflicto de identidad.

Complementan el dossier de Quaderns de la Mediterrània 17 las secciones habituales. En Panorama de actualidad, Gianluca Solera nos ofrece una visión sobre la Libia de hoy, destacando los esfuerzos de reconstrucción del país y la dificultad de crear instituciones, así como la emergencia de la sociedad civil. Por su parte, el decano de los periodistas en Oriente Medio, Tomás Alcoverro, narra la desventura de Siria, país conocido como el «corazón de Oriente Medio» por su historia compleja y riquísima, que se ha convertido en un campo de batalla de desencuentros e intereses del cual resulta cada vez más difícil salir. En la sección Panorama cultural, el escritor Juan Goytisolo nos presenta la necesidad de reconocer las lenguas del Magreb, y Edira Osmani nos da a conocer  a los bektashíes de Albania, una cofradía sufí abierta y conciliadora. El artista multimedia Rogelio López Cuenca complementa la sección incidiendo en los estereotipos que representan un grave obstáculo para la interculturalidad y, finalmente, Patricia Almarcegui comenta una selección de  importantes exposiciones en diferente ciudades europeas que nos ofrecen una revisitación del orientalismo. Cerramos este número con la reseña de Alessandra Fani sobre tres libros clave para analizar las revoluciones árabes y una lista de recursos informáticos que complementan el dossier realizada por Alessandra Fani y Elisenda Macià. En resumen, la Europa de la diversidad cultural ya no puede hacer caso omiso del  componente de su pluralidad.