El Mediterráneo visto desde Albania

Natàlia Ribas

Investigadora asociada, Sussex Centre for Migration Research

Albania, y especialmente la ciudad fronteriza de Durres, es un claro ejemplo de las dinámicas actuales de ciertas regiones periféricas -aquellas donde se materializan procesos específicos de adaptación local a los fenómenos propios de la globalización- en las que las migraciones adquieren una especial relevancia.

Desde la realización de una etnografía de ciudad fronteriza en Albania he querido ver el Mediterráneo. Escogí la ciudad de Durres como catalejo porque esta ciudad padece en primera línea el cierre de la denominada «Europa fortaleza». Como consecuencia al cierre se reinventan distintas formas de movilidad, aparecen ciudades que son lugares de paso de las migraciones Norte-Sur, lugares que configuran los puntos de la transitoriedad en los proyectos migratorios, son nexos de tránsito de mercancías, así como son también espacios clave de la deslocalización industrial del Norte (especialmente el textil y los servicios) y de la feminización de la mano de obra. En el contexto de la globalización económica la mayoría de los autores se refieren a una organización global de la producción y de las finanzas, a un mercado no regulado de transacciones, con un impacto visible en la internacionalización del Estado, en la aceleración de las relaciones de interdependencia, acción distante, comprensión tiempo-espacio. Se refieren a objetos, ideas y personas en movimiento gracias a las nuevas tecnologías y a la movilidad de flujos de capital fuera de las fronteras nacionales (Ribas, 2002). Desde la perspectiva de lo fronterizo destaca como paradigmática la urbanización transfronteriza ubicada en el seno de la disparidad económica entre Estados Unidos y México.

El crecimiento de la industria maquiladora (fábricas de propiedad norteamericana que emplean mano de obra mexicana barata y que están exemptas de las regulaciones y tarifas de comercio estándares) a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, ha multiplicado la población fronteriza por encima de los 12 millones de habitantes. Durres no llega a estas dimensiones pero, curiosamente, sigue estas tendencias. A nivel externo, Europa recrudece su política de visados, a nivel nacional, se crean nuevos barrios-ciudades producto de las complejas dinámicas de las migraciones internas y del éxodo rural.

A nivel de la economía global, el capital neoliberal fomenta, desde la producción, el crecimiento de las zonas francas y la deslocalización de la telefonía y del textil, y desde el consumo, la extensión de las rutas del contrabando en regiones fronterizas. Desde la perspectiva sociológica, realmente se puede decir que Albania constituye el caso de un laboratorio social idóneo, por la mezcla del contexto poscomunista y del capitalismo neoliberal. La tabla rasa que han supuesto estos últimos diez años nos conduce a ese escenario donde se empieza desde cero, de esa «Tirana año cero». Pasamos del comunismo más cerrado al capitalismo salvaje y de la moral comunitaria al individualismo. Dentro de este período de transición, la migración internacional también es una forma de búsqueda de libertad, un buen botón de muestra de los cambios, como si ahora uno pudiera optar por un exilio al que antes no tuvo derecho. Además, en esta época los medios audiovisuales y en concreto la televisión han ejercido la función de espejo amplificado del «deseo capitalista».

Albania simboliza un lugar en el que todo parece un experimento, todo el mundo viene a probar sus ideas a este país. Para los extranjeros se ha convertido en una especie de laboratorio social, ya sea para buscar estrategias para activar la sociedad civil, para luchar contra el tráfico de mercancías y de seres humanos y la corrupción, o bien para reintegrar a los menores no acompañados en las familias y a las mujeres víctimas del tráfico que estaban en el extranjero.Albania está en el centro de Europa, ¿a qué distancia empieza exactamente Oriente? Esta Albania de la que nadie sabe nada excepto los albaneses, ese país desconocido y lejano, un espacio aislado e indiferente a los ojos de la Europa Occidental, un lugar excluido del mapa por su carácter de Europa primitiva o mítica de los Balcanes. Hasta la caída del régimen comunista, Albania había venido a representar no sólo una frontera cerrada de Europa y del Mediterráneo sino también del resto del mundo, donde la libre movilidad de las personas estaba prohibida.

Hoy en día, los europeos imaginan Albania como un territorio fronterizo, como un país menor de edad que debería ser controlado atentamente por instituciones internacionales o por la misma Unión Europea, o incluso controlado por una especie de protectorado europeo. En Albania, aparte de su singular colonialismo, son los 50 años de comunismo los que marcan su peculiar contexto socio-histórico. Los procesos culturales y de prácticas de consumo en un contexto postsocialista son complejos. Cabe vincular estas representaciones con un análisis sobre las relaciones global y local en los procesos culturales. En Albania, en parte, el pasar por «lo italiano o lo griego» es la forma de vehicular la representación del occidente cultural y de consumo. Éste puede ser un buen ejemplo de los localismos de la globalización. También lo podemos traducir a nivel de las prácticas alimentarias, donde en Albania lo embotellado es italiano. Es muy curioso además constatar cómo algunos jóvenes ofrecen una visión de Europa a partir del tipo de coche que se usa en cada país y de los equipos de fútbol. Ver el Mediterráneo desde Albania es situarse en la periferia. Como señala Fuga (2000), en el sentido de una «periferia», los países balcánicos se encuentran a las fronteras de la Unión Europea.

Una frontera que crea un esfuerzo de integración y modernización pero también una periferia social caótica, desestructurada, pobre, a veces clandestina, como un factor importante que ayuda a mantener el difícil equilibrio del centro. Una periferia que produce una mano de obra irregular, prostitución y tráfico de drogas, empleadas del hogar, niños en adopción. En esta periferia Fuga indica además la existencia de una infraperiferia, donde el mundo urbano coloca en la periferia de lo social al éxodo rural, los jubilados, las gitanos, los enfermos (Fuga, 2000: 275 y 277). De este modo Albania entra en el mercado de los circuitos globales de trabajo y de las formas de homogeneización paneuropea. Es la globalización en un país que ha vivido históricamente la exclusión de Europa y nos pone ahora serias preguntas sobre el tapete. Se trata, en definitiva, de la comprensión de ese «país difícil», como lo denomina Ismail Kadaré.

Características de la etnografía

Este breve artículo se basa en una etnografía realizada en Tirana-Durres (Albania) desde diciembre del 2002 hasta mayo del 2003. En esta ciudad se seleccionó una familia como base del estudio etnográfico para poder analizar las estrategias en el espacio doméstico. Esta familia fue seleccionada tanto por el hecho de cumplir con los criterios de los cambios que quería analizar en los lugares fronterizos así como también porque me brindaron su accesibilidad. Una primera característica en la localización de la etnografía estriba en su posición periférica o en su forma de exclusión respecto a la UE. A pesar de que otros países mediterráneos estén también excluidos del territorio Schengen y comparten esta exclusión en todos los sentidos,Albania tiene otra geografía, pues se incluye como parte del continente europeo. Es más,Albania ha superado ya el primer listón para ser un país incluido en la sala de espera de los candidatos a la integración europea. Una segunda característica en la localización de la etnografía es el papel que juegan las migraciones internas.

En el contexto de estos cambios ha calado con fuerza el estereotipo del migrante interno, al que se le asocian todos los males de las ciudades frontera. Este inmigrante, aparte de cumplir la repetida imagen de poco educado y poco civilizado, ejemplifica el estereotipo del montañero, del malok en Albania. En Durres se ven abrumados por el éxodo rural y quieren olvidar el olor del árido comunismo e idear un futuro mejor donde no falte ni el agua ni la luz. Durres, antigua ciudad-búnker de la fortaleza comunista, es el mayor puerto del país, la puerta adriática hacia la Italia televisada. En ese mundo de las migraciones internas, las ciudades fronterizas recogen a la perfección la marginalización del espacio a través de los tipos de hábitat precario y de la aparición de ocupaciones informales, incluso de lugares de extrema toxicidad (acumulación de lindano, hexaclorociclohexano y Chromium VI en la zona de Porto Romano en Durres), habiéndose denominado incluso el Chernóbil de los Balcanes.

Con frecuencia se utiliza el discurso de las poblaciones foráneas que «inundan» un espacio urbano. En Durres se alude a las sociedades ancestrales de familias patriarcales exógenas del norte del país que han recuperado las reglas más duras del Kanun. No obstante, en esta ciudad no todos los barrios son iguales a los ojos de la migración internacional, la perspectiva micro nos ayuda a facilitar el mapa de la dependencia familiar de las remesas (procedentes de Europa) en barrios concretos a través de la información de las múltiples oficinas de Western Union en Albania (ubicadas alrededor de 35 localidades, con su múltiple dispersión de oficinas). Curiosamente, el desmembramiento del Estado albanés y su deslegitimación financiera a los ojos de la población ha hecho del país un paraíso para Western Union. Estas migraciones internas ofrecen la visión de una plataforma giratoria donde la gente entra a la vez que sale para el exterior. En Durres, como en toda Albania, se repite que están en una economía en transición. Los jóvenes desean salir al extranjero, igual que cualquier joven de su edad desearía ir a la capital en otros lugares del mundo, donde la no emigración significa para muchos la resignación a una realidad socioeconómica decadente.

Además, ellos viven día a día las realidades migratorias de familias, de amigos, de personas en cuyas vidas la movilidad es una norma. Una tercera característica de la etnografía de esta ciudad-frontera es el proceso de la feminización de la mano de obra. Lo he podido verificar en Durres de una forma implícita: el papel de la feminización de la mano de obra a partir de la industrialización del textil (que en Albania ha supuesto como una segunda industrialización, después de la habida durante el comunismo). No obstante, este fenómeno aparece como un fenómeno oculto, pero numéricamente y en proporción a los empleos urbanos también es importante.

El papel de las migraciones

En la actualidad, el estrecho de Gibraltar y el canal de Otranto en el Adriático son escenario de importantes movimientos de población en el Mediterráneo; durante los noventa ambos han sido escenario de trágicas migraciones. Por estos dos enclaves han pasado durante las últimas décadas una gran parte de la población albanesa que vive y trabaja en los países de la Europa del sur. Estos dos puertos materializan espacios de control de la «Europa fortaleza», hoy definidos dentro de un variado paquete programático de gestión de fronteras, lucha contra la inmigración clandestina y desarrollo socioeconómico.

Así, a pesar de su lejanía y su pertenencia geográfica a Europa o a África, estos países tienen elementos comunes, concretamente en su función de portón en la configuración de la «Europa fortaleza». Durres vive el impacto del recorte en la libertad de movimiento de las personas. No obstante, no se puede precisar, por el momento, cuanto durará ese cierre con Albania, ya que dependerá del contexto de las relaciones con la Unión Europea y de las regulaciones internacionales. Desde las diferentes instituciones que tratan con esta temática se apunta que si los albaneses van cumpliendo con los estándares de fronteras pueden conseguir la libre circulación. En el caso albanés, destaca el contexto histórico común con la Europa Occidental y se subraya constantemente la legitimación geográfica, el hecho de que sea parte del continente europeo y que, además, esta situación actual deja a Grecia descolgada de Europa. Durres vive uno de los más enrevesados impactos de la globalización, reflejado a partir de las renovadas restricciones fronterizas al movimiento de las personas, símbolos de un bloqueo dominador, en marcado contraste con las movilidades que desean las personas y con el movimiento de los bienes a través de las fronteras (también impulsados desde las políticas macroeconómicas europeas).

De este modo, esta esquina de Europa nos sirve como emplazamiento estratégico para aproximarnos al estudio de las movilidades en un lugar fronterizo seleccionado, específico, en el territorio de la globalización. Representa el espacio a través del cual podemos analizar qué sucede a nivel concreto en estos lugares que representan en sí mismos barreras físicas, espacios de control. Nos ofrecen la oportunidad de aproximarnos a un espacio de ruptura en el Mediterráneo, a través del cual vemos cambios concretos del entorno urbano contemporáneo sumido en el consumo (en el auge de la hegemonía de la imagen y en el auge de la cultura de masas) y en la movilidad, sobre todo de las poblaciones más jóvenes. En general, el capital, los productos y las ideas se han vuelto más móviles, mientras que ciertas categorías laborales, constreñidas por las leyes de inmigración, continúan bajo el control y la penalización de la movilidad. Considerando el cierre de fronteras (militarización, aumento de efectivos policiales, etc.), estos tipos de fronteras pueden también entenderse como lugares de resistencia a la globalización en las movilidades mediterráneas. Durres vive como una especie de dinámica típica de puerta giratoria.

Por ejemplo, en el caso de Albania, durante los noventa los emigrantes pasaban de Albania a Grecia y después de un par de meses volvían a pasar de nuevo por Albania, con la ayuda de un contrabandista. Este sistema ha montado una circulación paralela instaurada en un sistema absurdo que ha desatendido la defensa de los derechos humanos de las personas en el canal de Otranto. Durres es también un lugar de espera. Lo es para los inmigrantes internos, por ejemplo, para la población de Kukes en la periferia durresina. Esta sala de espera abarca además otras nacionalidades; así, Albania ha sido un lugar de tránsito de las rutas de inmigrantes procedentes de países del Este. De este modo, a pesar de la intensificación de los controles y cierres, estas fronteras están continuamente cuestionadas por las personas y por aquellos que practican la movilidad y piensan que sus vidas se estructuran en un continuum en el contexto de los procesos transnacionales.

El caso de Albania en la búsqueda de los elementos fronterizos supone, como he comentado, un idóneo laboratorio social porque la ideología familista explica y nos brinda la herramienta interpretativa para poder explicar el proyecto migratorio común a muchos otros lugares; pero que se visualiza con una especial claridad en los países mediterráneos. No se trata pues de aquel código del honor inmutable que unía el Mediterráneo, pretendiendo captar una realidad tan poco tangible y desfasada como la mediterránea en contraste con una identidad europea emergente, sino que se trata de apreciar el peso de la ideología familista que subyace a los proyectos migratorios y a las formas de acogida de los inmigrantes en el sur de Europa.

Definición de los circuitos vistos desde Albania

Me interesa especialmente adentrarme en los circuitos identificados en el foco mediterráneo y en los fondos destinados al control de fronteras y a la lucha contra la inmigración en Albania. La misma conceptualización de la frontera como elemento de cierre y control forma parte de lo que, durante el trabajo etnográfico, considero como circuitos de control. De esta forma pronto percibí la relativa permeabilidad de la frontera portuaria de Durres. Esta permeabilidad y el poco control en número de hombres no tienen parangón con los cierres Europa-África. Respecto a los circuitos internacionales es curioso observar cómo el proceso de internacionalización de las ONG acaba por darse la mano con el papel de los extranjeros de la deslocalización industrial. Muy paulatinamente, me doy cuenta de que el tema de los talleres es mucho mayor de lo que parece.

Todo el mundo sabe que existe, pero nadie habla de él.Toda la cuestión de la deslocalización industrial es de mayor magnitud que lo que aparenta en realidad. Existe un proceso de deslocalización industrial informal e invisible. Desde las luchas contra el tráfico de seres humanos, para la USAID y para el gobierno americano, la lucha contra el tráfico de seres humanos en Albania es el objetivo prioritario. Otros tipos de circuitos son también los relativos al contrabando. El análisis de dichos circuitos nos lleva a una concepción extraña de la legalidad y la ilegalidad como un problema en el caso de Albania, de una sociedad desestructurada. Por ejemplo, las televisiones compran los DVD en Italia y los emiten directamente. Es como un contrabando. Actúan como si no hubiese fronteras. Todo estos circuitos están además enormemente intensificados en los telediarios de los múltiples canales, y en los temas estrella destacan los frentes constantes basados en la lucha contra el contrabando, los anuncios anticorrupción y las políticas antitráfico.

Otro tipo de circuitos hacen referencia a lo que yo he denominado como los actores vulnerables. En estas esquinas periféricas que he seleccionado para el trabajo, tienen lugar unos procesos que afectan a las poblaciones más vulnerables en la circulación de flujos transnacionales que integran tanto movimientos de la economía formal como informal. Nos referimos concretamente a los procesos asociados a la feminización de la supervivencia. En este caso, la noción de feminización de la supervivencia se refiere a la forma en la que los hogares y las comunidades dependen cada vez más de los recursos sociales aportados por las mujeres. En la existencia de estos circuitos podemos poner tres ejemplos: el aumento del tráfico en las redes de prostitución, el aumento en el mercado laboral europeo de la demanda de trabajo doméstico y de los servicios relacionados con el cuidado de los ancianos, así como un incremento general de las actividades generadoras de remesas de las mujeres emigrantes. En el caso de la feminización de las estrategias de supervivencia hay además un vínculo existente entre el incremento de los circuitos de supervivencia y las presiones que impone la globalización económica en los países del Sur y en países en transición.

Para ser más concretos, el impacto de la globalización económica en estas economías puede relacionarse con unos ingredientes precisos, el aumento de la deuda externa (particularmente con el Banco Mundial y con los programas del FMI), el recorte de las prestaciones sociales, y el cierre de los negocios tradicionales (orientados hacia los mercados locales) ante el empuje de las industrias de la exportación. De este modo, no sólo las estrategias migratorias, sino también la deslocalización de la producción industrial europea, crean todo un entramado de explotaciones laborales donde la mujer obrera emerge como la pieza clave en la búsqueda de una mano de obra barata que ofrece el éxodo rural. Estos actores vulnerables son, por ejemplo, las mujeres como mano de obra en los talleres de la confección (sobre todo italianos) en Durres. Respecto a las migraciones hacia la Europa del sur, se produce un proceso de mercantilización de todo lo relacionado con la migración, desde la documentación hasta los seres humanos, especialmente relacionado con niños y mujeres. Respecto a los niños, son albaneses la mayoría de menores no acompañados en Italia y en Grecia. Podemos ilustrarlo a partir de los cruces por nacionalidad, así como por sexo, edad y etnia de los menores no acompañados en Italia (Comune di Modena, 2002). Efectuando este cruce se puede observar la ausencia de niñas marroquíes, la diferencia entre los temas de adolescencia e infancia, el peso de los gitanos en los emigrantes albaneses, así como la distinción entre los fenómenos de tráfico, de mafia y de existencia de redes aisladas entre grupos de pares.

Esta presentación con los dos grupos más importantes de menores no acompañados, en Italia, que son los albaneses y los marroquíes, me ha permitido que confirme la relevancia de estos dos países y de los espacios fronterizos y periféricos de la Europa del Sur.A su vez, se producen procesos particulares de feminización, ya sea a través de la deslocalización industrial, o a partir de la mercantilización de mujeres y niños en el caso albanés. Los menores se convierten en protagonistas de los circuitos fronterizos. Son esos circuitos fronterizos los que enfrascan a los más vulnerables. Por otra parte, el mejor exponente de esta mercantilización de seres humanos se encuentra en la globalización de la industria del sexo y en las peculiares formas de mercantilización de los seres humanos. Italia se ha convertido en el destino favorito de las redes del tráfico de mujeres que han operado a lo largo de los años 90 a través de Albania, comprando y vendiendo mujeres albanesas pero también de otros países extranjeros como es el caso de Moldavia, el país más pobre de la Europa del Este y del continente europeo.