Patrimonio cultural inmaterial en el siglo XXI. Entrevista con Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco

La noción de patrimonio cultural de la humanidad pretende categorizar para su salvaguardia aquellos elementos materiales e inmateriales que reflejan la capacidad creativa del ser humano y constituyen un símbolo de las culturas que representan. El patrimonio material, formado por elementos arquitectónicos, o artísticos, se complementa así con aquellas manifestaciones musicales, literarias o pedagógicas que son intangibles. Sólo una visión conjunta puede garantizar la preservación de los legados que han ido transmitiendo las distintas civilizaciones a lo largo de la historia. Respecto al patrimonio inmaterial, la cuenca mediterránea presenta una riqueza ejemplar, fruto del contacto entre las culturas existentes en la región. El reconocimiento y la gestión efectiva de dicho legado podrán garantizar su protección para las generaciones venideras. 


Federico Mayor Zaragoza es Catedrático de Bioquímica y de Farmacia. Ex ministro español de Educación y Ciencia, en 1978 ocupó el cargo de Director General Adjunto de la Unesco, y en 1987 fue nombrado director general de este organismo, cargo que ejerció hasta 1999, cuando se creó la Fundación Cultura de Paz, que actualmente preside. De este modo, Federico Mayor Zaragoza continúa su labor para promover el tránsito de una cultura de violencia e imposición a una cultura de paz y tolerancia. En 2005 fue designado copresidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones. Nadie mejor que él para hablar sobre la importancia de las culturas de manera dinámica y proactiva.

Quaderns de la Mediterrània: Actualmente, uno de los programas importantes de la Unión Europea en el espacio euromediterráneo es el Euromed Heritage, que nació en 1998 a raíz del Proceso de Barcelona pero no ha sido hasta su cuarta fase, en 2008, cuando se han incorporado proyectos sobre patrimonio inmaterial como elementos esenciales de las identidades y culturas. Mucho antes, la Unesco había nacido precisamente con la vocación de salvaguardar el patrimonio mundial. ¿Cuál ha sido la evolución de este organismo, que siempre ha apostado por valorar las obras de las distintas culturas?

Federico Mayor Zaragoza: En el año 1972, la Unesco, con el fin de salvaguardar a escala mundial el patrimonio que, por su excepcionalidad, es fruto sobresaliente de la capacidad creativa de los seres humanos y legado exigible a las generaciones venideras, establece el concepto de patrimonio cultural (material) y natural. Diez años más tarde, en la reunión de Mundiacult en México, Melina Mercouri, a la sazón ministra griega de Cultura, incorpora el paisaje cultural y natural, cuando es la complementariedad de ambos aspectos lo que merece, precisamente, la calificación de patrimonio de la humanidad.

El patrimonio cultural es el «fruto visible» de la creatividad humana: elementos arquitectónicos; grandes trabajos públicos, desmesurados y por ello históricos, etc. Se incluyen también, progresivamente, aquellos lugares que, por su incidencia a escala mundial, han representado una auténtica inflexión en la cultura o son símbolos que el conjunto de los pueblos de la tierra deben tener muy presentes en el desarrollo y la consolidación de sus propias identidades. En la década de los noventa se inició la exploración de legados «inmateriales», trazos característicos y distintivos de varias civilizaciones, con frecuencia mestizos, que han llegado indelebles a través de los tiempos hasta nuestros días y representan, incluso con mayor fuerza que la herencia «material», los orígenes y la pujanza de la infinita diversidad de la especie humana.

Q.M.: Es sabido que Juan Goytisolo ha tenido mucho que ver en el impulso de los valores de la cultura inmaterial, y en que éstos se tengan en cuenta en la Declaración sobre patrimonio de la Unesco no como complemento, sino como realidad patrimonial.

F.M.Z.: Nunca olvidaré la visita que me hizo un atardecer el escritor y filósofo Juan Goytisolo en París, para prestarme su opinión de que, como al igual que sucedía con el patrimonio cultural y natural, deberían ponerse de relieve aquellas expresiones musicales, literarias o pedagógicas que descubrían la facultad distintiva de la especie humana, la creatividad, la capacidad de reflexionar, inventar, imaginar, anticiparse, innovar. La humanidad en su conjunto ganaría si fuera consiente y valorase lo que representan estos frutos preciosos y normalmente inapreciados. Para que esta «gestión de intangibles» llegara a ser realidad, era necesario esforzarse en mirar más allá de la peripecia diaria, más allá de las vicisitudes y los sobresaltos  cotidianos. Era preciso alcanzar una visión capaz de articular lo local con lo universal, lo inmediato con lo lejano, el corto plazo con el sentido del tiempo histórico. Juan Goytisolo había puesto en marcha, con su propuesta –relativa a los «contadores de cuentos» de la plaza central de Marrakech–, el proceso que conduciría, unos años más tarde, a la aprobación de la Convención sobre el Patrimonio Cultural Inmaterial. El patrimonio cultural en el Mediterráneo es un manantial de culturas, lenguas, creencias, filosofía, música, artes plásticas, expresión y comunicación de sentimientos, pensamientos y emociones. Mediante esta convención se contribuye a conocer mejor nuestras culturas y fronteras, sin cercos; a fomentar el recuerdo del pasado y la invención del futuro en todas las riberas; a aunar esfuerzos de difusión y salvaguardia; a promover su rentabilidad, con el fin de poder ayudar a los más jóvenes.

Q.M: ¿Cuáles son actualmente los factores necesarios para promover la protección del patrimonio inmaterial?

F.M.Z: Debemos tener en cuenta dos aspectos distintos pero complementarios. Por un lado, el trabajo con agencias de viaje y de turismo para la inclusión de dicho patrimonio en recorridos y destinos. El objetivo es conseguir en breve plazo igual atracción y protección que la alcanzada por los lugares que forman parte del patrimonio cultural arquitectónico y natural. Por otro lado, la proyección a través de la Red del Foro Mediterráneo de Medios de Comunicación, con las siguientes acciones principales: foros de medios mediterráneos, redes y observatorios de medios de comunicación del Mediterráneo, cursos de formación… Es un papel que pueden realizar a este respecto el IEMed, el International Press Service, el Centro Norte Sur del Consejo Europeo, la Arab League Educational, Cultural and Scientific Organization, la Organisation Islamique Internationale pour l’Éducation, la Culture et les Sciences, etc., y que puede ser relevante desde el primer momento.

Q.M: No es fácil en un mundo como el actual ocuparse de un patrimonio intangible que no puede evaluarse materialmente, como una pintura o un edificio. Sin embargo, a veces, más que en los edificios históricos, encontramos en el saber popular, la literatura o los rituales elementos que nos acercan y nos hablan de un mundo donde la interculturalidad es más cercana de lo que nos hacen creer aquellos que sólo reparan en las diferencias.

F.M.Z: Es preciso aguzar el ingenio para hallar, en el convulso panorama actual, nuevas modalidades de financiación. A título de ejemplo, puede mencionarse la tasa sobre transacciones electrónicas que el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, define como una nueva posibilidad de financiación para el desarrollo que, claro está, no procederá de las arcas de los «globalizadores».[1]

Otro modo de proteger el patrimonio inmaterial consistiría en la utilización de todas las reproducciones de las grandes obras musicales, pictóricas o escultóricas, así como otros elementos del patrimonio inmaterial y material. Una vez fueran de dominio público, podrían devengar un copyright o propiedad intelectual con destino a un fondo mundial para la promoción de jóvenes artistas, la conservación de las obras, etc.

Q.M: Usted siempre se ha distinguido por su valentía al denunciar aspectos que van en contra no sólo de los derechos culturales, que hoy día son derechos fundamentales, sino también de los derechos humanos. Y lo ha hecho tanto en los 12 años que estuvo al frente de la Unesco como actualmente, presidiendo el Programa Cultura de Paz, mediante actividades al servicio de los derechos humanos, la tolerancia y la convivencia pacífica. Con la crisis actual, ¿cree que la cultura puede servir aún para construir “baluartes de paz en la mente de los hombres”, como se proponía la organización en sus inicios?

F.M.Z: La crisis actual, con una ciudadanía activa, habría permitido pasar de una economía de guerra y especulación a una economía de desarrollo sostenible global (basada en energías renovables; producción de alimentos por agricultura, acuicultura y biotecnología; obtención de agua mediante energía termosolar para la desalinización; salud, con especial atención a las enfermedades neurodegenerativas propias de la mayor longevidad; protección del medioambiente; transporte eléctrico; viviendas ecológicas). Sin embargo,  no parece que esto sea posible, ya que los «rescatados» con dinero público han vuelto a tomar las riendas… si es que en algún momento las habían abandonado. Y el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones similares que no hicieron nada para evitar la crisis, para advertir –puesto que era tan previsible– que la «burbuja» inmobiliaria causaría grandes problemas financieros y sobre todo sociales, levantan ahora sus índices, arrogantes y pretenciosos, agoreros de un futuro incierto. Y la Organización Mundial del Comercio sigue fuera del sistema de las Naciones Unidas. Y los G7, G8 o G20 siguen intentando evitar la inexorable vuelta a un sistema de Naciones Unidas dotado de los recursos personales, financieros y técnicos necesarios. La situación es, en efecto, inexorable porque la ciudadanía mundial, que hoy dispone de medios de participación no presencial (SMS, Internet), no tolerará por mucho tiempo la vergüenza colectiva que representa cada día la muerte de 60.000 personas de hambre, muchos de ellos niños menores de cinco años, al tiempo que invertimos más de 3.000 millones de dólares en gastos militares.

Q.M: ¿Cómo percibe la evolución de la salvaguarda del patrimonio inmaterial de cara al siglo XXI? ¿Existirá un cambio de mentalidad hacia posturas menos materialistas?

F.M.Z: Es preciso apuntar que el siglo xxi será seguramente, por fin, el siglo de la gente. El siglo de «los pueblos», como reza el inicio de la Carta de las Naciones Unidas; de los pueblos que viven en paz y dedican medios a la calidad de vida. Estoy convencido de que la salvaguardia del patrimonio inmaterial contribuirá de manera muy sustantiva a la progresiva transición de una cultura de dominio y violencia a una cultura de diálogo y conciliación, a la gran transición de la fuerza a la palabra, a la cultura de paz, a la construcción de puentes entre culturas, a la creación de espacios de encuentro, a evitar la uniformidad. Así podremos garantizar a las generaciones venideras nuestro compromiso supremo, el legado de la creatividad, facultad exclusiva de la especie humana, que constituye el patrimonio cultural inmaterial.

Notas

[1] Bernard Kouchner, «Financiaciones innovadoras», El País, 17 de septiembre de 2009.