Valores y cambio social en Marruecos

Rahma Bourqia

Socióloga, presidenta de la Universidad Hassan II–Mohammedia, Casablanca

El estudio de los valores tiene hoy una gran importancia debido a las tensiones y los cambios que afectan a las sociedades contemporáneas en el marco de una globalización que, paradójicamente, repercute al mismo tiempo tanto en la tendencia de las especificidades culturales como en la de su uniformidad. Los valores constituyen un objeto de reflexión debido a la importancia que tienen los grupos para los individuos en su representación del mundo y la sociedad. Los sociólogos coinciden en considerar los valores como un conjunto de ideales, verdaderos puntos de referencia que estructuran el orden ético y regulan la vida social. Los valores actúan en el marco de un territorio normativo para guiar los comportamientos y las prácticas tanto colectivas como individuales en una sociedad dada. Hoy en día no es nada sorprendente ver cómo los investigadores, sociólogos y filósofos se interesan por los valores desde la perspectiva de su problemática, así como por su decadencia o crisis.     


Introducción

El objetivo de este trabajo es examinar la evolución de los valores en el contexto de la sociedad marroquí, así como la negociación que tiene lugar respecto a dichos valores en la historia reciente de un país como Marruecos y, por extensión, en los países musulmanes que comparten el área cultural del islam. Esta reflexión está basada en la literatura centrada en el estudio de los valores como marco conceptual, en los datos empíricos existentes sobre este tema, como el World Value Survey, que se realiza cada cuatro años en más de 80 países, o incluso en una encuesta sobre los valores llevada a cabo en Marruecos, en 2005, en el marco del Informe del Cincuentenario.[1]

Si desde una perspectiva sociológica existe un acuerdo en considerar que los valores no son inmutables y cambian con la transformación de la sociedad, la particularidad de la evolución de los valores consiste en que no se produce al mismo ritmo que otros hechos sociales, en la medida en que los valores están arraigados en las conciencias y las mentalidades. Éstas obedecen a una temporalidad propia que podría caracterizarse por la lentitud y el retorno hacia antiguos valores con apariencia de modernidad. La sociedad marroquí ha sufrido grandes transformaciones desde la independencia. De lo que se deduce que el ámbito de los valores también ha cambiado. ¿Cómo delimitar este cambio, y cuáles son sus signos y su contenido? Tendremos que limitarnos a sugerir algunas hipótesis que den prioridad a la relación entre estructuras sociales, relaciones sociales y valores. Los elementos de dichas hipótesis son los siguientes:

  • En el pasado existía una base referencial de valores tradicionales que actuaban en las relaciones interpersonales y la comunidad. Esta base referencial tenía sus propios canales de producción y reproducción.
  • Dicha base ha tenido que hacer frente a los factores de cambio de los modos de vida (aparición de nuevas necesidades), movilidad de las poblaciones (rural/urbano, país/extranjero), y cambios de los canales de producción de valores: la escuela, los medios de comunicación, el entorno, las redes, y la creciente complejidad de la sociedad contemporánea.
  • Actualmente, existen varios valores en competencia producidos por múltiples canales. Estamos asistiendo a la apertura del mercado de los valores y al proceso de refundación de su sistema, con valores tradicionales que todavía se hallan operativos y otros valores nuevos que están emergiendo.

Podríamos examinar estos cambios de los valores, así como sus consecuencias en la negociación, a través de algunos conceptos como, por ejemplo, la familia, la religión y la política.

La familia y los valores

Tradicionalmente, la religión, la tribu y la familia constituían los marcos de pertenencia y socialización en los que el individuo encontraba sus puntos de referencia de sociabilidad y extraía la base referencial de los esquemas culturales. La religión constituía un marco de referencia de los códigos sociales, normas de conducta y valores, y ofrecía la base para todo un sistema axiológico que delimita las fronteras de una territorialidad cultural dada. A partir de su independencia, ciertas sociedades, como la sociedad marroquí y la inmensa mayoría de los países musulmanes árabes, han heredado una reserva de valores tradicionales que intervienen en las relaciones de los individuos y los grupos con el estado y la colectividad. La religión, la costumbre, la tradición y los derechos consuetudinarios son las principales fuentes de valores, auténticas reservas referenciales de valores morales que rigen la apreciación del individuo, las relaciones sociales y las relaciones en la comunidad. Las fuentes del orden ético tradicional son la religión, las creencias y las prácticas sociales. En la sociedad, los valores morales son indisociables del orden religioso. La religión delimita el marco moral y dicta los valores que hay que seguir con relación a uno mismo, a los otros y a la comunidad.

Podríamos enumerar algunas nociones, evocadas con nostalgia por las personas de edad y que todavía se utilizan hoy en día, para hablar de los valores de antaño, que constituyen un léxico de los valores del registro tradicional. Así, existe todo un repertorio de valores que pertenecen al registro cultural tradicional, como los de resistencia, justicia, obediencia(ta’aa), bendición(rda), rectitud(maakoul), confianza(niya), palabra dada(kalma), bien(kheir), etc. Este léxico se compone de valores éticos que intervienen en la escala individual, en la esfera familiar y en la relación con la comunidad y lo sagrado, constituyendo una verdadera reserva de valores éticos.

La familia es la primera institución en la que se transmiten y reproducen los valores. La organización familiar tradicional y su modelo de familia extensa se mantienen y se rigen mediante el principio de una marcada jerarquía y a través del principio de autoridad. Es indudable que, en lo referente a los modos y niveles de vida, existen diferencias entre el medio rural y el medio urbano. Sin embargo, los principios que regulan las relaciones entre padres e hijos, entre hombres y mujeres y entre hermanos mayores y menores son casi iguales en ambos medios; a saber: los de la autoridad.[2]

Los valores que sirven de base a la organización familiar son los de la obediencia a la autoridad de los padres, reforzada por medio del valor de la bendición paterna(rda), la cual rige las relaciones de filiación. Todos los hijos hacen cuanto pueden para evitar la repudiación(sakht) de sus padres, una repudiación que es la antítesis de la bendición paterna. En cambio, para los padres esta última se convierte en una forma de satisfacción, puesto que ven confirmada y obedecida su autoridad. La actitud respecto a los padres es tajante: o bien los hijos optan por la bendición, o son repudiados. Y hay muy pocos hijos que se presten a que sus padres los repudien, ya que se trata de un hecho que tanto Dios como la familia y la sociedad rechazan. La bendición de los padres es un valor moral que todo individuo busca en su familia, interiorizándolo para que rija su relación con sus padres y le evite verse repudiado por ellos.

Pero aunque ambos progenitores, el padre y la madre, puedan compartir y dar la bendición a sus hijos, por lo general la autoridad corresponde al padre. Este sistema de valor legitima, de hecho, la posición del padre, que es quien ostenta, en primer lugar, dicha autoridad. Incluso cuando ésta es excesiva, está justificada, legitimada y aceptada por el sistema de valores. La autoridad del padre se ve reemplazada por la del maestro en la escuela coránica(msid) o incluso en la escuela moderna. Un adagio popular marroquí, que podía oírse antaño, dice que cuando un padre lleva a su hijo a la escuela, le dice al maestro: «Tú lo degüellas, y yo lo despellejo»; dicho de otro modo: «tu autoridad completa a la mía». De este modo, nos encontramos ante el mismo principio que regulaba la relación padre/hijo y la de maestro/alumno; a saber: el principio del dúo autoridad/obediencia. Esta autoridad del padre se amplía hasta llegar a convertirse en la autoridad del marido sobre la esposa, justificada por medio de la obediencia(ta’aa), percibida como un valor positivo que debería ser el atributo de toda esposa que se precie.

La bendición de los padres, erigida en valor por parte de la religión, las creencias y las representaciones colectivas, funciona como principio que mantiene la cohesión de la familia a través del tiempo. Así, el deber que tienen los hijos de asistir a sus padres cuando se hacen viejos constituye una implicación de esa búsqueda de la bendición paterna que acompaña al individuo a lo largo de su vida. El hecho de tener hijos, y los esfuerzos que hay que realizar para criarlos, representa una inversión afectiva y material a la vez, que coloca a estos últimos en una situación de deuda respecto a sus padres. Alrededor del valor representado por la obediencia(ta’aa), existe un conjunto de distintos valores que se hallan vinculados a ésta como, por ejemplo, la bendición paterna(rda) y el respeto opudor(hachma) hacia los padres, que también forman parte del repertorio tradicional de valores. Sucede lo mismo con el tema del pudor de las mujeres respecto a los hombres, que las mueve a bajar los ojos y el tono cuando se dirigen a ellos.

El valor de la obediencia forma parte del nexo que guía las relaciones de jerarquía no sólo entre padre e hijos, sino también entre hijos mayores y menores, entre maestros y discípulos/alumnos, entre quienes ostentan la autoridad y sus subordinados, y entre gobernantes y gobernados. En el sistema tradicional, el principio de autoridad es la línea directriz que regula las relaciones jerárquicas. Del mismo modo, los valores que se transmiten en el seno de la familia encuentran eco en el msid y la escuela. La familia y la escuela producen valores que hacen que el individuo al que se socializa según los valores de obediencia se someta fácilmente cuando dicha obediencia se traslada a otros ámbitos distintos. De hecho, la obediencia es la piedra angular del orden patriarcal que, para legitimarse, se apropia de la moral religiosa.

La sociedad marroquí tradicional, además de los grandes preceptos religiosos, dispone de todo un conjunto de costumbres y derechos consuetudinarios, propios de los contextos urbanos y rurales que sirven de base a la aplicación de la justicia. Esta sociedad da importancia a la rectitud(al maakoul), un valor moral capital, necesario en las relaciones sociales y, sobre todo, en el ámbito de los negocios. Se supone que las relaciones están basadas en laconfianza(niya) y en la palabra dada (al kalma). Pero eso no implica en absoluto decir que la transgresión de estos valores no existiera en la sociedad tradicional. Sin embargo, no dudamos en decir que la cultura de la confianza funciona como principio de cohesión social que regula las relaciones entre los individuos. Entre estos valores se halla el de la justicia(al haq), que es indispensable para el funcionamiento de la comunidad. AlEstado(makhzen) y a quienes ostentan el poder y la autoridad se les atribuye la función de ser los fiadores de la justicia. Con la independencia, el individuo mira hacia el Estado para buscar justicia y lo convierte en su único guardián para preservarla en tanto valor. Así, las fuentes principales del orden tradicional son la religión y la estructura social. Un valor como la obediencia se inscribe en el marco de la estructura de la sociedad patriarcal.

Desde la independencia, poco a poco en la sociedad se han ido produciendo cambios profundos. La evolución social y los cambios han ampliado la lista de valores que deben integrarse en otros valores. Éstos han sido erigidos como valores universales por parte de organizaciones encuadradas en las Naciones Unidas y estipulados por los convenios internacionales y ratificados por los Estados. Se refieren a los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, los derechos de los niños, la libertad de expresión, el estado de derecho y la democracia. La globalización y la existencia de redes transnacionales han contribuido a abrir los ámbitos de los valores. Esta situación ha servido para que los valores hayan pasado a convertirse en un reto en las negociaciones y las apuestas culturales. Así es como, en nombre de los valores islámicos, ciertos grupos islamistas transnacionales se han alzado contra los denominados valores de Occidente. La exposición en los medios de comunicación vía satélite ha abierto nuevos horizontes populares y ha hecho que en los hogares marroquíes se introdujeran nuevos modelos de vida.

Todos estos factores han contribuido a la puesta en marcha de un proceso de refundición, decantación y negociación de los valores a través del cual sería posible identificar las tendencias más importantes que inciden en la sociedad marroquí de hoy. Los cambios no deberían verse como una evolución de una etapa a otra, sino como algo arqueológico. Con los cambios progresivos que han conocido estas sociedades, debido a dinámicas internas y externas, de la colonización, la emigración, y los medios de comunicación relacionados con la globalización, la universalización y la modernidad, estamos asistiendo a la creación de conflictos en torno a los valores, un fenómeno que por lo general recibe la denominación de «crisis de valores». Los individuos y grupos que durante mucho tiempo se han mantenido integrados en la nación, confundidos en la tribu y la familia, protegidos por formas de solidaridad tradicionales y circunscritos en un sistema de valores propio de su área cultural, han pasado actualmente a ser testigos y actores de vínculos familiares y sociales en recomposición y de valores en plena transformación.

Las transformaciones que tienen lugar en las familias constituyen un resumen de todas aquellas que están afectando a la civilización arabo-islámica. Ésta puede estudiarse y aprenderse a través de la familia. La familia, institucionalizada por el fiqh, la costumbre, «define un sistema de parentesco, una estructura de protección, y un espacio intelectual, cultural y espiritual».[3] En el ámbito social, constituye un baluarte de valores transmitidos a través de la educación y la socialización. Así, las sociedades del Magreb heredan un modelo familiar patriarcal jerarquizado en el que la familia, a su vez, es portadora de una herencia material y cultural psicológica y sociológica. Según Bouhdiba, esta familia tan sólo puede ser comprendida por medio de una especie de arqueo-sociología. Hoy en día, la familia se ha convertido en un pretexto para la aplicación de estrategias o tácticas dictadas por la situación y la coyuntura. De ahí la necesidad de considerarla no como una entidad definitiva y cerrada, sino como un espacio abierto de compromiso y concesiones. En su constante movimiento de apertura, la familia tradicional ha sufrido un cambio que mueve a sus miembros a crear nuevas estrategias. A pesar de seguir protegida por el derecho, a excepción de Túnez y del código de familia de Marruecos, que la ha llenado de restricciones, la poligamia ha pasado a ser algo anacrónico en la realidad. Las mujeres acceden cada vez más a la educación y el trabajo remunerado. La noción de pareja va calando y está cambiando los retos y las estrategias, y desplazando los valores hacia otros espacios de representaciones.

Los padres ya no disponen de medios para mantener su supremacía. La nueva distribución de los estatutos ha alterado la imagen autoritaria y las atribuciones del padre. Los medios de comunicación han trastornado el sistema de referencia. Tal como dice Bouhdiba, «las estrategias tradicionales de dominio o entendimiento, y de reparto o compromiso, se han visto reemplazadas por estrategias de ruptura y conflicto». Así, la progresiva liberación de la familia se «realiza en «beneficio» de una mayor dependencia respecto al Estado».[4] Por consiguiente, éste se ha apropiado de las atribuciones de la familia, produciéndose así una transferencia de la responsabilidad de la familia hacia el Estado. Eso basta para crear el mito del «Estado del bienestar», que al mismo tiempo constituye un testimonio de la fuerza y debilidad de este último.

Los valores del pudor y el honor, vestigios de la sociedad beduina patriarcal, ejercían un control sobre los miembros de la sociedad. Este pudor interiorizado, que ejerce un papel protector de la sexualidad, se tambalea debido a que la discusión sobre la cuestión sexual es cada vez más abierta. Se habla acerca de este tema y el discurso sobre la sexualidad, que se hallaba reprimido y limitado a los círculos cerrados entre las mujeres y entre los hombres, respectivamente, está conociendo nuevos aires de liberación debido a la libertad tanto de palabra como de ideas. La mutua inversión de ambos espacios, el público y el privado, por parte de las mujeres, y la integración de éstas en el mercado laboral, han contribuido a cambiar el papel de la mujer y, por consiguiente, a alterar la posición del orden tradicional y de algunos de los valores que lo legitiman. Sean cuales sean las opiniones en contra, poco a poco las mujeres han conseguido que su voz se vaya oyendo. Las reivindicaciones de las mujeres contra su privatización y su expresión llevada al extremo, es decir, su cosificación, se dejan oír cada vez más y perturban el orden social tradicional.

La familia se ha vuelto flexible y ha pasado a generar varios tipos de familias. Si antaño el tipo que predominaba era la familia extensa, hoy en día ya no es así. En la sociedad marroquí, el 63 % de las familias son de tipo nuclear y en el resto se observan otras nuevas formas de familia, como las de madres solteras y las de hermanos y hermanas que viven juntos; formas que a veces no encajan en ninguna tipología. A la hora de enfrentarse a los cambios, la familia da muestras de saber inventar y ajustarse.

Las perspectivas de futuro dejan entrever una auténtica reconstrucción de la familia. Las instancias que la han suplantado no lo han hecho mejor que ella. La escuela no ha respondido a lo que se esperaba de ella, y el estado del bienestar no ha sido capaz de satisfacer todas las aspiraciones. La educación de las masas; la masa salarial y el empleo; la movilidad espacial interior del campo a la ciudad; la planificación familiar y la contracepción, cuyo éxito ha contribuido a cambiar el papel de las mujeres; las revoluciones mediáticas, así como sus canales, que trascienden las fronteras de las naciones; las políticas de desarrollo impulsadas por los Estados o por los organismos internacionales son otros tantos factores que han movilizado el orden nacional para acercarlo al global. Los datos de la Encuesta nacional sobre los valores muestran bien a las claras que el valor de la obediencia entre padres e hijos retrocede en beneficio del diálogo. Así, el 73,8 % de los encuestados se muestran partidarios del diálogo en la educación; el 72 %, de que las decisiones se tomen conjuntamente entre el marido y la mujer, y el 56,7 % están a favor de que las parejas vivan autónomamente en una vivienda propia.

Todos estos cambios han dado lugar a la creación de nuevos repertorios de valores, que unas veces están producidos por cambios económicos y modos de vida que afectan a la población, y otras se hallan instaurados por la agenda internacional, como la cuestión de los derechos de las mujeres y los niños. Estos nuevos valores vienen a sumarse al repertorio tradicional ya existente, constituyendo una reserva de valores heterogénea, por repetir la noción descriptiva utilizada por Paul Pascon, siguiendo a André Adam,[5] que constituye una característica de la sociedad marroquí. Sin embargo, esta evolución hacia la heterogeneidad no es una mera yuxtaposición de valores heteróclitos, sino una reconfiguración que cuenta con una interacción y una negociación continuas en torno a los valores. Éstos, en situaciones de crisis, se convierten en tensiones en el seno de la familia y, por extensión, en el seno de la sociedad.

La religión y los valores

La sociedad marroquí es una sociedad mayoritariamente musulmana. El islam ha modelado la visión del mundo, el modo de vida y las tradiciones. Podríamos distinguir entre el islam como dogma y el islam tal y como se ha integrado en el contexto cultural de una sociedad dada. A ello se debe que algunos antropólogos hablen de un islam de los sabios religiosos y de un islam popular imbricado en las prácticas de las culturas locales. Bien es verdad que la religión sigue siendo la fuente suprema de valores. El islam, como sucede con las demás religiones monoteístas, es portador de valores que hoy podrían recibir el calificativo de universales.

El apego a la religión se manifiesta a través de la aplicación del pilar del islam: la práctica de la oración. En la Encuesta nacional sobre los valores puede comprobarse que el 72,4 % de los entrevistados rezan de modo habitual. Entre estos cambios se constata un cierto retroceso del islam popular en beneficio de un islam ilustrado, en la medida en que el 53,4 % de los encuestados no visitan nunca los santuarios. La progresiva generalización de la educación y la valorización de los signos de religiosidad están relacionadas con un rebrote de manifiesta religiosidad. La religiosidad forma parte de la cultura y la religión es un valor en sí mismo. Estos valores religiosos son valores seguros que tienen efectos tranquilizantes. Ello explica el hecho de que la religión tenga poder sobre los individuos y grupos y que en situaciones de conflicto se convierta en un instrumento que legitima las ideas, las acciones y las prácticas.  

El apego a la religión acusa también las consecuencias del cambio generacional: el 64 % de los encuestados piensan que el apego a la religión era más fuerte en la generación de sus padres que en la suya. La proporción disminuye cuando se trata del conocimiento de la religión, ya que sólo un 49 % cree que la generación anterior la conocía mejor. La diferencia entre generaciones se sitúa más en el ámbito del conocimiento que en el de la práctica. Este punto  destaca el efecto de la educación entre las nuevas generaciones, ya que les da acceso a un mejor conocimiento que el que tenían las generaciones precedentes. Estamos asistiendo a un cambio del orden normativo. Las fuentes de producción de los valores están cambiando porque, si en el pasado el orden ético extraía sus valores tan sólo de la religión, actualmente un cierto número de valores morales han integrado el sistema normativo institucional para convertirse en leyes. Un ejemplo de ello podría ser el de la controversia que provocó el predicador marroquí Al Maghraoui en septiembre de 2008 sobre el tema del matrimonio precoz, justificándolo mediante una apelación al islam y la tradición islámica, y reivindicando una fatwa a favor del matrimonio precoz de las niñas de nueve años de edad. Ahora bien, en Marruecos el código de familia ha fijado la edad del matrimonio en 18 años para ambos sexos. Las reacciones contra dicho predicador no han hecho más que recordarle la ley. Eso muestra que ciertos valores tradicionales pertenecientes al orden social, como la valorización del matrimonio precoz, están cayendo en desuso y se hallan en retroceso ante la evolución de la sociedad y la codificación llevada a cabo por la ley.

La religión continúa siendo la principal fuente de valores morales por el hecho de que es la fiadora del orden moral de la sociedad. La aplastante mayoría de las personas entrevistadas en la Encuesta mundial sobre los valores llevada a cabo en Marruecos en 2000, el 96,4 %, consideran que el islam da las respuestas apropiadas para los problemas morales, y solamente el 3,6 % opinan lo contrario. Asimismo, el 97,3 % piensan que el islam ofrece respuestas para las necesidades espirituales de la gente, y el 99,8 % consideran que sólo la religión es capaz de proporcionar un sentimiento de tranquilidad. El 97,2 % de los entrevistados confían en la religión. Ello se explica por el hecho de que el islam es la religión de los marroquíes y porque la religión constituye la reserva suprema y más segura de valores morales. También se destaca el hecho de que las opiniones de los entrevistados se dividen cuando se contemplan los valores religiosos como guía de los diferentes aspectos de la vida. Sin embargo, las opiniones se vuelven más matizadas, incluso cambian, cuando la cuestión concierne a la intervención de los líderes religiosos en el acto político, a saber, el voto de los ciudadanos o la intervención en los asuntos del gobierno. Resulta que el 80 % de los que responden están de acuerdo con el hecho de que los líderes religiosos no deberían tener ninguna influencia sobre el voto de los individuos.

Algunas veces, la creciente complejidad de la sociedad y el incremento de los movimientos islamistas entrañan derivas en las interpretaciones de la religión. Dado que la religión es un valor compartido, y para el musulmán constituye la autoridad, se presta a la ideologización y la instrumentalización. Para preservar el valor de la religión, el Estado marroquí está procediendo a la organización del ámbito religioso. Un enfoque teórico con una mención de la doctrina tantosunní como malequí, ambas caracterizadas por su moderación, una nueva organización de los consejos de losulemas, la implicación de las mujeres en la orientación y el consejo, el control sobre las mezquitas, el estímulo del islam sufí, y la formación y el encuadramiento de los hombres y las mujeres dedicados a la religión son otras tantas medidas de esta reestructuración, e incluso de una racionalización del ámbito religioso.

La política y los valores emergentes

En el registro de los valores tradicionales de la comunidad se encuentra el de la justicia(al haq), que es crucial para el funcionamiento de la comunidad. La sociedad da importancia a la rectitud(al maakoul), un valor moral básico y necesario en las relaciones sociales, sobre todo en el ámbito de los negocios y la política. Se da por supuesto que las relaciones están basadas en la confianza(niya) y en la palabra dada (al kalma). La cultura de la confianza funciona como el principio de cohesión social que regula las relaciones entre los individuos. En la sociedad tradicional, el sistema de valores se reducía a algunos valores fundamentales de los que ya hemos hablado en estas páginas. Pero ello no quiere decir en absoluto que en la sociedad tradicional la transgresión de esos valores fuera algo inexistente, sino que el sistema axiológico desterraba cualquier transgresión en nombre de dichos grandes valores. ¿Cuáles son los cambios que hoy están afectando a los valores de la esfera política?

Los valores políticos son importantes en el contexto de la sociedad contemporánea. Al ser interrogados sobre la cualidad del electo, el 51,8 % de los encuestados de la Encuesta sobre los valores coinciden en decir que la seriedad o la rectitud es la cualidad más importante del electo. Ello denota que hay un valor tradicional que no ha perdido importancia en la vida de la comunidad política. Entre las cualidades que resultan decisivas para el electo se hallan la seriedad y rectitud.

Las cualidades del electo

Cualidades%
Defender el interés general3,5
Ser rico2,3
Tener una buena instrucción23,9
Disponer de una buena experiencia7,6
Ser ma’qoul (serio y recto)51,8
Ser conocido3,5
Ser pariente cercano2,1
Otros3,6
No contestan1,7
Total100

En lo concerniente al aprecio que inspiran las instituciones públicas y políticas, la escuela y la universidad son las que registran un índice más elevado de satisfacción (54,5 %)[6]. Son las instituciones que parecen estar más próximas a los ciudadanos, las que éstos más conocen, y las más relacionadas con su vida cotidiana. Asimismo, son las instituciones que reciben un índice más bajo en cuanto a la «incapacidad de evaluar». Normalmente se evalúa lo que se conoce mejor.

InstitucionesBienMedioMalIncapacidad de evaluar
Parlamento21,221,221,236,3
Partidos políticos12,617,922,447,2
Sindicatos19,112,220,348,4
Escuelas y universidades54,518,411,116,0
Asociaciones37,713,96,641,8

El índice de los que se confiesan incapaces de evaluar es muy alto, lo que es un fenómeno bastante significativo. La incapacidad de evaluar es más fuerte cuando se trata del sistema político nacional y disminuye a medida que se acerca al sistema local. Los partidos políticos, los sindicatos y el parlamento son, pues, los que tienen un menor eco a nivel local. Qué duda cabe que la incapacidad para evaluar se debe a un déficit de información y conocimiento. Respecto al avance de la democracia, diremos que se trata de un dato más bien positivo si se considera que el 54 % de los encuestados opinan que el proceso democrático o bien avanza rápidamente, o bien progresa de manera moderada. Es evidente que la apertura del espacio político en los últimos años, en el sentido de implantar un proceso democrático con elecciones transparentes y sin intervenciones por parte de la administración, hace que las apreciaciones tiendan a ser positivas. Sin embargo, el 25 % de los entrevistados no llegan a pronunciarse sobre el proceso democrático, sólo un 6 % opinan que en el país no hay democracia y un 15 % piensan que el proceso democrático es lento.

Salta a la vista una paradoja: el 22 % de los que viven en las ciudades y el 35 % de los habitantes de las zonas rurales declaran no tener ningún interés por la política. Sin embargo, cuando se toman como indicadores la inscripción en las listas electorales y el voto, se observa que los de las zonas rurales están más implicados en la política que los de las ciudades; el 86 % de los habitantes del campo y el 80 % de los que viven en las ciudades están inscritos en las listas electorales, y un 77 % y un 66 % de ellos votaron, respectivamente, en las últimas elecciones. Entre los jóvenes es donde se manifiesta, más que en otros grupos de edad, una mayor falta de interés hacia la política. Entre ellos se da el índice más bajo de inscripción en las listas electorales (50 %) y de participación en las elecciones (38 %).

La progresiva evolución del estatuto de las mujeres y su papel en la vida pública, con un 11 % de mujeres parlamentarias, y el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones se refleja en las opiniones de los marroquíes. La actitud general respecto a la participación de la mujer en la política es positiva en la medida en que un 82 % de los electores están dispuestos a votar por una mujer si se presenta en sus circunscripciones. Sin embargo, habría que matizar más las funciones de las mujeres. Para el cargo de ministro, un 40 % optan por los hombres, un 12 % por las mujeres y un 48 % por ambos sexos. En lo referente al cargo de diputado, un 37 % optan por los hombres, un 13 % por las mujeres y un 51 % por ambos sexos. Y aunque la mayoría confíen en la mujer para ejercer altos cargos políticos, más de un tercio no opinan lo mismo. Al hablar de la profesión de juez, otro estatus que generalmente se percibe como masculino, las proporciones que se observan son similares (un tercio): un 42 % optan por los hombres, un 14 % por las mujeres y un 44 % por ambos sexos. Cuando se comparan estos datos con los de otros ámbitos como la salud y la educación, los índices de las actitudes negativas disminuyen sensiblemente, debido al hecho de que, tradicionalmente, estos oficios son percibidos como propios de las mujeres. Bien es verdad que la inscripción de las mujeres en las listas electorales es más baja (78 %) que la de los hombres (87 %). Y son todavía menos numerosas (62 %) que los hombres (79 %) en cuanto a su participación en las votaciones.

¿Qué conclusiones es posible extraer de lo dicho?

Estamos asistiendo a una articulación entre el cambio de la realidad social y el cambio de los valores. La evolución de la realidad social a veces ejerce un impacto sobre los valores. Junto a aquellos valores que tradicionalmente han sido propios de la sociedad marroquí, como el matrimonio, la solidaridad familiar y la religión (la oración), se observa la presencia de otros nuevos, como la liberalización y el diálogo en la educación de los hijos, la autonomía de la pareja, la familia poco numerosa y la participación de la mujer en la política. Los valores emergentes, como la paridad entre hombre y mujer o la democracia, están siendo objeto de negociaciones y tensión en la sociedad, y en el contexto de las sociedades de acogida en el caso de la inmigración. ¿Por qué? Por varias razones:

  • Por ejemplo, cuanto menos informados estamos sobre el islam o sobre Occidente, más incapaces somos de emitir una evaluación sobre el islam o sobre Occidente.

Negociación en torno a los valores

Este carácter heterogéneo de los valores irá experimentando poco a poco una evolución que dará lugar al retroceso de ciertos valores tradicionalesy el avance de otros, como los referidos a los derechos de los hombres y las mujeres, la igualdad, etc. El conjunto de valores se ha desviado para convertirse en una negociación en torno a valores polarizados que se inspiran tanto en la religión como en la modernidad. Sin embargo, algunas veces ello da lugar a la creación de tensiones en ciertos debates y opciones políticas, con lo cual parece que exista un conflicto en torno a los valores.[7]

Los valores se convierten en un reto y hacen que surjan diversas tendencias en la sociedad marroquí:

  • Una tendencia que existe en la esfera de las prácticas sociales colectivas y que señala el nivel profundo de la sociedad. Los valores se vuelven híbridos allí donde la tradición se integra con la modernidad en armonía y sin tensiones. Dichos valores han dado origen a otros nuevos. En este nivel se manifiesta la tendencia creadora de la sociedad. En contacto con el cambio social, ésta muestra su capacidad creadora para integrar la herencia del pasado en el presente de una manera armoniosa. Esta tendencia existe a nivel de las prácticas sociales en los modos de vida, la manera de vestir, la arquitectura, etc. La tradición se ve revalorizada por medio de lo nuevo, convirtiéndose en modernidad (por ejemplo, los salones marroquíes que rivalizan con los europeos, la vestimenta moderna se alterna con la tradicional [djelaba], etc.). Y eso también puede observarse en el ámbito de las instituciones.
  • Una tendencia a la alternancia que mueve a los individuos a adoptar una relación estratégica con la tradición y la modernidad. La reserva de los valores tradicionales y la de la modernidad podrían ser utilizadas por parte de los individuos en función de las situaciones en las que se encuentran. Cada situación dicta la conveniencia de utilizar un tipo de valores sin que ello parezca contradictorio. Así, ante una decepción, se buscaría consuelo en la fatalidad (maktoub) y ante una violación de los derechos se apelaría a los derechos humanos y a la justicia institucional. Por tanto, a nivel del individuo la relación con los valores pasa a ser estratégica.
  • Una tendencia que se manifiesta a nivel político y que cuenta con el apoyo de los medios de comunicación. En ciertos debates políticos, se está asistiendo a una polarización de aquellos que defienden la tradición legitimada por la religión y los defensores de la modernidad. Esta polarización puede convertirse o bien en un conflicto, o bien en una negociación sobre los valores. Esta tendencia aparece sobre todo en el ámbito político. Ante la uniformidad de los discursos políticos, que vehiculan las mismas ideas y conceptos, el debate se traslada al ámbito de los valores, que separan a los defensores de los valores de la modernidad y los valores universales, de quienes defienden los valores conservadores y aquellos que se ha dado en denominar fundamentalistas. Por regla general, existen dos tendencias divergentes que actúan en la esfera del debate político. La primera tendencia se manifiesta a través de un abierto rechazo hacia los valores tradicionales para reivindicar los valores universales, y la segunda reivindica una vuelta a los valores religiosos. Esta tendencia se deja notar cuando se producen las tensiones políticas.

Esta negociación en torno a los valores no se limita en absoluto a la sociedad marroquí, sino que tiene lugar en todas las sociedades musulmanas. Ciertos hechos, como las diferencias respecto al nivel de desarrollo económico entre los países occidentales y el mundo musulmán; la nueva situación de las culturas, entre la globalización hegemónica y el crecimiento de las reivindicaciones identitarias locales; la revolución informativa y digital, y un proceso democrático que todavía no se halla consolidado, no son en absoluto ajenos a la tensión que suscita el tema de los valores.

Notas

[1] Para el período actual nos basaremos sobre todo en los datos de la Encuesta mundial sobre los valores de 2000, y en la Encuesta nacional realizada, en 2005, sobre este mismo tema en Marruecos. Véase 50 años de Desarrollo Humano. Perspectivas 2025. Informe de síntesis de la Encuesta nacional sobre los valores, a cargo de Hassan Rachik, Comité científico Rahma Bourqia, Abdellatif Bencherifa y Mohamed Tozy, 2005. Véase también 50 años de Desarrollo Humano. Perspectivas 2025. Familia, mujeres y jóvenes, 2005.

[2] Paul Bourgeois, «L’univers de l’écolier marocain», Facultad de Letras y Ciencias Sociales. Rabat, fascículo 3, sf. (1950?). Este autor describe el entorno cultural que rodeaba al niño marroquí a principios del siglo pasado durante la colonización.

[3] Abdelwahab Bouhdiba, Quêtes sociologiques. Continuités et ruptures au Maghreb, Enjeux, Cérés Editions, s.f.

[4] Abdelwahab Bouhdiba, Quêtes sociologiques. Continuités et ruptures au Maghreb, Enjeux, Cérés Editions, s.f., págs. 137-146.

[5] En su libro Casablanca, André Adam ha utilizado la noción de «reserva» para describir los cambios que afectaron a la sociedad de dicha ciudad en los años sesenta. Véase André Adam, Casablanca, CNRS, t. 2, pág.706.

[6] Encuesta nacional sobre los valores, 2005.

[7] La tension creada entre los pros y contras en torno al plan de integración de las mujeres en el desarrollo es un ejemplo de conflicto político que adopta la apariencia de un conflicto de valores.