24 de noviembre de 2022
Por primera vez, el avión no aterriza en mi cama. Me froto los ojos con fuerza para estar segura. Sacudo un poco los pies fingiendo espantar una mosca. Para sentirme libre, dejo que la brisa me acaricie el cabello. Me miro la muñeca; son las seis de la mañana… Oigo una voz muy lejana que dice: «Señores pasajeros rumbo a Madrid… Por favor diríjanse a la puerta número…». Entonces me acuerdo de Salma, cuyo padre desapareció con mi diario. También me acuerdo de mi padre, que desapareció, una y otra vez, durante veintiséis años de mi vida. Más allá, veo a Safwan y, por primera vez en mi vida, somos casi iguales.
24 de noviembre de 1996
Mi madre dice: «Llovía tanto que no podía ver el cielo, pero escuché un fuerte golpe en el vidrio de la pequeña habitación del hospital». Y también: «Nunca supe que te llevaba dentro. Recé a Dios para tener un hijo hermoso que, al crecer, se peinara hacia el lado derecho, y que fuera respetado y admirado en el pueblo. Para conseguirlo, seguí una dieta determinada, comiendo ciertos alimentos y privándome de otros, tal como me aconsejaron las mujeres del pueblo». Y siempre prosigue del mismo modo: «Di a luz a un niño hermoso, tal como deseaba, pero, para mi sorpresa, el dolor no cesaba. Entre los pies, vi otra cabeza qua asomaba hacia afuera. Era la tuya. Fue una grata sorpresa para mí y un disgusto para tu padre, quien dijo con tristeza: “Habría sido más afortunado y feliz si los mellizos hubieran sido varones”».
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