Representación mediática y cultural: visibilidad, wahabismo y exilio interior

Lola Bañón

Periodista y profesora de la Universidad de Valencia

El Mediterráneo de la contemporaneidad tiene pendiente el reto de generar un relato que entrelace la pluralidad de diferencias e integre la visión económica, cultural y social de un proyecto común. La cultura y el lenguaje, grandes olvidados de los macroplanes políticos, son vías de creación de cohesión justamente en un momento en que la crisis  exacerba las visiones de segregación entre religiones y países. La construcción de una ciudadanía sólida que sea visibilizada se muestra como un objetivo cultural y político: es necesaria la generación de discursos que articulen los valores comunes de la diversidad y los retos compartidos para relanzar el proyecto mediterráneo. Ello ha de hacerse en un contexto de quiebra económica en los países del sur de Europa y por tanto, se requiere una  creación cultural que apoye la generación de un discurso político y social compartido que ponga límite al liberalismo sin control y promueva la protección de las identidades nacionales, el respeto a la soberanía popular y una reflexión profunda sobre los procesos de extensión de la ideología wahabita y radicalización. 

La imaginación de la mediterraneidad está alimentada por la evidencia de coincidencias visuales y sentimentales que millones de personas sienten en algún momento de su existencia. Rafael Chirbes lo describe cuando narra su experiencia de lectura con el libro que Fernand Braudel escribió sobre el Mediterráneo y en el que comenta cómo sus descubrimientos de la diversidad lo conducen después de varias incursiones en el texto a una suerte de reconocimiento común: «De la lectura primera de Braudel me sedujo lo que consideraba más extraño a mí, más alejado en el espacio y en el tiempo, un Mediterráneo poblado más por sorpresas que por constantes: el blanco de las velas de una nao desplegada al viento contra el cielo azul; el fulgor de los cañones; el brillo del oro y el colorido de las caravanas de camellos que lo transportaban desde Orán; el silencio inaugural de los desiertos; los alminares de Estambul […]. Apagado ese fogonazo inicial, tuve que volver a recurrir a Braudel para que me sirviera de guía en un viaje inverso al que él mismo había llevado a cabo, porque mi progresiva fascinación ante el Mediterráneo no ha nacido de la sorpresa de un encuentro inesperado, sino del progresivo descubrimiento de capas geológicas de mi propio ser. No ha sido un fogonazo, sino una excavación»

En la literatura se produce en muchas ocasiones esa introspección de reconocimiento que Chirbes describe que sintió con Braudel, un viaje interior de creación de universos en el que se ha cimentado históricamente la  representación mediática y cultural del Mediterráneo, con narraciones cargadas de romanticismo y misterio derivadas de las experiencias y la imaginación de los viajeros. Cuando hablamos de discursos nos referimos no solo a las palabras, sino también a las representaciones culturales. Algunas artes como la arquitectura tienen aparejada una intención y autores como Tito Rojo señalan la existencia de operaciones ideológicas y significados en, por ejemplo, algo tan lúdico como un jardín islámico.

En las últimas décadas, en cambio, la extensión del audiovisual y la digitalidad ha virado la representación colectiva de forma muy mayoritaria en imágenes de conflictos: un mar rodeado de guerras, en el que las  personas  mueren en sus aguas en el intento migratorio o un mar que ve nacer o crecer a  extremistas que siembran el terror entre las poblaciones civiles. Hay excepciones en este modelo representativo mayoritario, como la serie televisiva Méditerranée de Fernand Braudel, que constituyó una experiencia de colaboración entre el mundo académico y el mediático. Este trabajo ofrece una polifonía de voces procedentes de las dos orillas que coinciden en la narración y el tejido de un espacio unificado y coherente, en el que, a pesar de las fronteras, late una vida cotidiana con evidentes convergencias.

Los desafíos a los que se han enfrentado en las últimas décadas las dos riberas del Mediterráneo han sido muy delicados y muy poco propicios para la formación de una autoestima colectiva fuerte: la diversidad de situaciones políticas, la inmigración y el recibimiento diverso a las comunidades musulmanas que han llegado a Europa son situaciones en la que la generación de estereotipos ha impedido un conocimiento real de la alteridad. A esta limitación en el retrato de las realidades humanas ha venido a unirse el fenómeno de la radicalización, tanto con la emergencia de fuerzas de la extrema derecha como con la irrupción del yihadismo. El resultado es que la percepción intramediterránea sufre de la instrumentalización religiosa e ideológica y en muchas ocasiones, la diversidad, el gran valor de nuestra realidad en las dos orillas, lejos de producir el efecto que narra Chirbes en su experiencia con Braudel, es vista  como amenaza.

Este constreñimiento en la representación social y cultural tiene consecuencias en la agenda política: las imágenes de personas intentando entrar en el Mediterráneo norte, por ejemplo, desprovistas de contextualización se convierten en una suerte de icono de una presunta amenaza para el orden establecido que se aparta de la definición del problema real: la ausencia en el debate común de una agenda que se proponga superar el creciente aumento de la fractura económica y humana en el seno de nuestra área. Jean Daniel se refiere a la necesidad de trascender un cierto sentimiento de aceptación para entrar en una reflexión colectiva y superar lo que define como fatalismo resignado, construyendo un futuro común creativo para intentar conducir juntos la evolución, con diálogo y compartiendo la ambición de construir una civilización común.

Por ello hay que generar un relato cohesionado común que pavimente el camino a políticas construidas con la perspectiva mediterránea y, en este sentido, la conciencia sobre nuestros modelos de representación colectiva es relevante; porque no hay proyecto político o social que pueda sostenerse si no está basado en un discurso o una puesta en valor del capital humano. Los mediterráneos y mediterráneas encontramos dificultades en ser visibilizados en la agenda mediática internacional, por ejemplo, no estamos considerados por lo general en las listas de liderazgos políticos o culturales porque en el sistema de la comunicación se imponen numérica y temáticamente las empresas y agencias provenientes del mundo anglosajón.

Por otra parte, además de esa ausencia de personalidades mediterráneas en el discurso de los medios internacionales más importantes, nuestra realidad narrada se limita a los hechos trágicos. El Mediterráneo queda acotado así en su condición de zona de conflicto y la no resolución de las tragedias que se dan en nuestro mar tiene gran dimensión simbólica, porque como explica Javier de Lucas, lo que naufraga en los últimos tiempos son las políticas migratorias y de asilo y, por ello, también los valores que están en el origen de la idea de Europa.

La guerra siria y atentados como el de Barcelona han generado discursos y reflexiones sobre los procesos de integración y radicalización. El wahabismo, la ideología inspiradora de los yihadistas que cometen actos terroristas, nació sin embargo a miles de kilómetros de las orillas del Mediterráneo, en la península Árábiga. Su presencia, aunque se ha hecho frecuente en nuestro retrato mediático audiovisual, no es propia de nuestra área. La confusión y la zozobra se entremezclan en un discurso público y mediático en el que las referencias al islam son continuas, a pesar de que la vivencia espiritual de la inmensa mayoría de los musulmanes mediterráneos rechazan esta radicalidad y recuerdan incluso que esa lectura va en contra de los principios del Corán.

Frente a toda esta diversa y compleja situación en la que se sitúa el Mediterráneo no hay otra posibilidad para la acción más eficaz que el reforzamiento y la organización de la ciudadanía. Como dice Sami Nair, es necesario crear las condiciones de un verdadero debate cultural entre una y otra orilla, porque tejer un porvenir común es nuestra única solución humana. Una empresa, la del interculturalismo, que define Abdelmalik El Barkani como una forma de gestionar la diversidad que considera las diferencias como elementos positivos, sin negar por ello la posibilidad de conflicto. El empoderamiento de la sociedad civil mediterránea resulta crucial para remar en dirección a la equidad en un contexto geográfico general de déficit democrático. No es nada fácil, pero el gran trabajo de las organizaciones, en especial de mujeres, en un país como Túnez, por ejemplo, resultó fundamental para lograr el que hasta ahora es considerado como el único experimento exitoso dentro de las complicadas revoluciones árabes que se iniciaron en 2011.

El Mediterráneo, a pesar de ese exilio interior que le impide encontrar aún una unicidad de poder frente a su carácter coral, es un espacio único en la cartografía mundial; el lugar donde confluyen tres continentes y en donde no hay distancias físicas imposibles de abordar; todo está relativamente cerca, incluso el  intenso pasado común. De la capacidad de la representación de las imágenes habla finalmente ese Mediterráneo de Chirbes: «Una y otra vez, este mapa me ha llevado de lo íntimo a lo público y me ha devuelto otra vez a la intimidad. Con el paso del tiempo, he llegado a muchos lugares y he tenido la impresión de que todos los viajes me servían para leer mejor el lugar originario. De eso trata este libro. De los ecos y espejos cuyas imágenes multiplicadoras han acabado por devolverme siempre a mí mismo.»

Bibliografía



Aubarell, G., «Intercultural Trends and Social Change in the Euro-Mediterranean Region», Quaderns de la Mediterràn, No. 22, Barcelona, IEMed, 2015.

Bañón, L., «From the Desert to the Sea: the Unusual Presence of Wahhabism in the Mediterranean», Quaderns de la Mediterrània, No. 24, Barcelona, IEMed, 2017.

Crivello, M., «L’experiénce télévisuelle de Méditerranée de Fernand Braudel: un tournant dans les représentations ?», in Les Médias en Méditerranée. Casablanca, Actes sud, 2006.

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Ketiti, A., «La sociedad civil en Túnez después de la caída de Ben Alí», in Sociedad Civil y transiciones en el norte de África, Barcelona, Icaria, 2013.

Nair, S., El Mediterráneo y la democracia, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012.

Tito Rojo, J., El jardín hispanomusulmán, la construcción histórica de una idea, Madrid, Awraq, Casa Árabe, 2015.