Aunque acababa de cumplir veintiún años, Elsa aún se sentía muy a gusto en los brazos de sus adorados padres, sobre todo en un día como ese. Su padre era
quien mejor la entendía, y enseguida notaba que algo la inquietaba con solo ver el brillo de sus grandes ojos violetas y su expresión pensativa. La verdad era que
no podía dejar de pensar en lo que había oído por casualidad durante la pausa de la comida. Alguien había contado que, en Oriente Medio, entre un sesenta
y un setenta por ciento de la población aún vivía sin robots domésticos.
(Clica en el enlace para leer este relato de Karen Eid, 3er premio de la edición Un Mar de Palabras 2023)