Para los antiguos, el Mediterráneo no solo era el mar en medio de las tierras, sino que, además, el mundo mediterráneo se concebía claramente como el centro del mundo. Nuestra concepción del mundo ha ampliado extraordinariamente su geografía, pero, en buena medida, el Mediterráneo sigue siendo, en muchos aspectos,
epicentro y punto de encuentro entre culturas. Para bien o para mal, es hoy también el epicentro de una enorme complejidad y conflictividad, herencia de su extraordinaria historia y de la diversidad de pueblos y culturas que a él se asoman.
(Clica en el enlace para leer el artículo completo)