Del mito al cuerpo: la geografía sensible de Elizabeth Grech

En el marco de nuestra colaboración con el Festival Barcelona Poesía, celebramos la voz única de la poeta maltesa Elizabeth Grech. A través de sus poemas, invitamos a los lectores a sumergirse en un Mediterráneo íntimo, vibrante y en constante transformación.


Nacida en Malta, Elizabeth Grech es poeta, escritora y traductora. Su obra entrelaza mar, tierra y culturas, guiando al lector hacia un espacio donde el amor, la memoria y la resistencia se reescriben sin cesar. Este recorrido poético nos lleva por un Mediterráneo simbólico y encarnado, donde el mito se funde con la experiencia. Desde la evocación de lo femenino y lo sagrado, pasando por el deseo, la pérdida, la amistad o el exilio, hasta la resiliencia, la memoria sensorial y la liberación final, Elizabeth Grech nos invita a habitar un Mediterráneo total: afectivo y político, íntimo y colectivo, corporal y mítico. Un mar que abraza, duele y transforma.

Los poemas han sido traducidos por Marisol Bohorquez Godoy.

Diosas femeninas

Iniciamos con una invocación a las antiguas diosas mediterráneas, figuras de poder y sabiduría que aún habitan los paisajes e imaginarios de la región. Una fuerza ancestral, femenina y creadora, abre el camino.

En la oscuridad de tus ojos me disuelvo
y en mis pupilas florecen las rosas.
Sabes que yo sé,
pero finges ignorar
cualquier cambio.
Te veo hechizado
pero abatido
giras tu rostro
porque sabes quién soy.
Sabes que provengo
de la costilla de las diosas
de la piedra
de la Dama Durmiente.
Pero sé que lo sabes …
un día ondearás
en el mar oculto
de mi seno.

Espejo

La identidad se transforma ante el reflejo. Como el Mediterráneo, territorio de cambios, este poema nos habla de metamorfosis y huellas, de cómo nos volvemos otros sin dejar de ser nosotros.

Miro
el espejo
y
en lugar
de

te veo
a ti
que me sonríes.
Giro
la cabeza
y
veo
una
mariposa
reposar
abandonada
sobre
mi
espalda.

Granada

Símbolo de lo oculto, la granada encierra belleza y misterio. Cada capa revela un saber antiguo, como los secretos que laten en el corazón del Mediterráneo.

Abrías la granada
con temor
delicadamente
piel tras piel.
Probabas los rubíes
incrustados en cada capa
de su corteza amarilla.
Entiendo.
Pocos están listos
para mancharte las manos
de su tinta granate
en los pliegues de los dedos.
El secreto
oculto en cada fruto
no es para todos.

Ramala

Aquí, el deseo y la geografía chocan. Ramala encarna un Mediterráneo político y desgarrado, donde el amor resiste entre muros, fronteras y exilios. Un mito moderno de separación y ternura.

Te donaría su corazón
si pudiera,
pero ya lo ha entregado casi todo.
Dejaría este cielo de plomo
si pudiera,
para degustar contigo
el sabor amargo
de almendras palestinas,
pasar contigo los puestos de control,
sumergirse en tus ojos,
perderse en ti
hasta que
al fin la encuentres encallada
en tu corazón.


Islas

Tras la fractura, la búsqueda de unión. Las islas se vuelven metáfora de cuerpos y territorios que anhelan reencontrarse, en un mar que separa pero también conecta.

Llévame contigo,
para extender las arrugas
coser los desgarros
del Mediterráneo.
Si hay espacio para mí,
déjame absorber
de las delicadas capas
de tu piel.
Déjame
ensartar laureles
en un collar
que pueda ser colgado
entre tu isla
y la mía.
Ven,
apoya tu cabeza
en mi hombro,
deja tus pensamientos
vagar
en el aroma a cedro
de las trenzas
tejidas en mis cabellos.

Amiga mía

La amistad, como el Mediterráneo, es un vínculo emocional que perdura más allá de la distancia. Este poema celebra la intimidad y los sentidos compartidos, aun en la ausencia.

Tus palabras
suavizan los colores,
mientras el viento
lisonjea las plumas
y las flores de naranjo
se relajan
liberan su plácido
perfume.
La primera lluvia
resbala sobre la piel
de las rosas.
El sol brilla
en la extensión
del mar de verano.
El florecimiento de la vida
anuncia otra primavera.
Desde lejos en mis ojos
aún escucho tu voz
me pierdo en los pliegues de tu rostro
en los giros que das a tus anillos
alrededor de los dedos delgados.

Luciérnaga

Renacer desde la herida: al igual que los mitos de regeneración que recorren el Mediterráneo, este poema nos habla de resiliencia, de esa luz que persiste incluso en la oscuridad más densa.

Sabes,
que el día en que
la dureza de tus palabras
me golpeó,
esparciste una nube gris
en mi alma,
me arrancaste los pensamientos
magullaste mi piel
capa por capa,
destrozaste mi columna
vértebra tras vértebra.
Pero
no te engañes,
mi alma luciérnaga
tiembla hasta que
mi cuerpo marchito
renazca
en la extensión
de una nube blanca.

Pájaro

El deseo no siempre retiene. El Mediterráneo, mar de migraciones y memorias, se hace aquí cuna de libertad: acoge, mece, deja volar.

Tú eres el pájaro
de las cimas estériles.
Mi mar,
con todas sus
olas enfurecidas,
no consigue domesticarte.
Y mucho menos
mantenerte aquí
atado a mí.
Mis olas
pueden solo
acunarte,
seguir
tu vuelo
en círculos
infinitos.


Azul

Color de agua, de cielo, de mirada materna. El azul se convierte en herencia emocional, en una presencia suave y constante que vincula paisaje y memoria.

Amo el azul,
mamá.
El azul del cielo del mar
el azul borroso
el azul impertinente
que veo
en el negro de tus ojos.

Mar

Cerramos el recorrido donde todo comienza: en el mar; no como simple escenario, sino como cuerpo vivo que consuela y transforma. Sumergirse en él es entregarse a un origen antiguo, renacer con alas. El Mediterráneo, como mito, es siempre posibilidad de vuelo.

Sumerjo los dedos de los pies
en ti,
y tú
lavas mis pensamientos,
enjuagas mi sangre.
Me dejo de ti acunar
y nacen
alas
en mi espalda.