Cómo afrontar las migraciones en el Mediterráneo
20 abril 2015 | In the Media
Los recientes naufragios de grandes barcos pesqueros cargados de inmigrantes que querían cruzar el Mediterráneo han obligado a Europa a mirar hacia el sur. «Era un problema conocido que esto podría suceder con la llegada del buen tiempo», dice Xavier Aragall, experto en migración del IEMed. El analista cree que la UE debe reinstaurar urgentemente la operación de rescate Mare Nostrum, basada en rescates en aguas internacionales, y abandonar la actual e insuficiente Operación Tritón, que se basa únicamente en la vigilancia de fronteras. Además, es fundamental establecer una agenda migratoria clara, con políticas ambiciosas y complejas de largo plazo.
La inestabilidad en Oriente Medio y África subsahariana, junto con la inexistencia de un estado en Libia y la proliferación de traficantes de personas, está aumentando el número de inmigrantes y refugiados. Más específicamente, en Siria, la violencia de la guerra se ha visto reforzada por el surgimiento del Estado Islámico que ha obligado a los 6 millones de desplazados internos a encontrar una forma de cruzar las fronteras sirias hacia Líbano, Irak, Jordania, pero también Europa.
Libia solía ser un amortiguador, un parachoques para toda esta inmigración, dice Xavier Aragall. Pero la situación actual de desgobierno ha permitido que las redes de traficantes de armas y mercancías también se aprovechen del tráfico de seres humanos. Así, el coste de vidas humanas es superior al de hace unos años, ya que ya no son pequeñas embarcaciones las que atraviesan el Mediterráneo sino grandes embarcaciones pesqueras con mucha más capacidad.
Actualmente, en el Mediterráneo, existe un solapamiento de flujos. Por un lado, siguen llegando migrantes económicos del África subsahariana. Por otro lado, hay una gran bolsa de refugiados políticos que llegan a Libia desde Siria, Eritrea, Sudán, Somalia, Etiopía e incluso desde Palestina y Egipto. El refuerzo de las fronteras valladas en Grecia y Bulgaria ha llevado a más personas a la frontera sur, la ruta más peligrosa en este momento, lamenta Xavier Aragall.
Sin embargo, cada flujo debe abordarse desde un enfoque específico. En el caso de las migraciones de refugiados políticos, explica, hay que entender que se trata de desplazamientos temporales, dado que la mayoría ha abandonado su tierra por la fuerza y tiene la voluntad de volver a casa una vez finalizado el conflicto. “Siria no era en modo alguno un país emisor de migrantes”, recuerda el analista del IEMed.
¿Dónde están los valores europeos?
No es correcto pedir disculpas detrás del miedo a un efecto dominó, critica Xavier Aragall. Principalmente porque es un miedo falso. Lo que existe en este momento es una presión por la violencia en los países de origen que nada tiene que ver con que Europa ablande o endurezca su política migratoria. Al final, plantea Aragall, estamos ante una ecuación moral. La Unión Europea se fundó sobre principios éticos y políticos que parecen haber caído en el olvido. ¿Qué hemos hecho o, mejor dicho, qué hemos dejado de hacer porque los gobiernos han ignorado tanto este tema? El analista del IEMed confía en la presión pública para que el derecho a la movilidad esté en el centro de la agenda política euromediterránea.