Orpheus 21 y Jordi Savall nos invitan a emprender un viaje sonoro que atraviesa fronteras, épocas y memorias. Este concierto, fruto de la colaboración entre músicos migrantes y refugiados de diversos países mediterráneos, es un espacio de diálogo entre voces antiguas y presentes, entre mitos fundadores y relatos de exilio, entre orillas distintas, pero profundamente conectadas. La actuación tuvo lugar el 30 de noviembre en el marco del Día del Mediterráneo, organizado por el IEMed, la Unión por el Mediterráneo (UpM), el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Cataluña y el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.

Hoy os proponemos redescubrir tres instantes mágicos del concierto, en los que la música hace renacer viejos mitos mediterráneos. Desde las orillas italianas del Trecento hasta las montañas sagradas del Kurdistán, pasando por las fuentes de Siria, este recorrido musical nos arrastra en un diálogo sensible entre memoria, mito y exilio. Cada pieza es una puerta abierta a un antiguo imaginario en el que las voces, los instrumentos y los silencios cuentan historias de amor imposible, de agua sagrada o de fe perseguida. Para la selección de los pasajes, hemos contado con la colaboración de la artista musical siria Waed Bouhassoun, cuya sensibilidad nos ha guiado en este viaje sonoro.
Este recorrido a través de los sonidos y las épocas revela profundas filiaciones entre las tradiciones musicales de la cuenca mediterránea. Como las leyendas que circulan de una orilla a otra, la música se convierte en un lugar de paso, transmisión y transformación. Aquí, el lamento italiano murmura la pérdida amorosa de Tristán e Iseo; ahí, un canto sirio celebra el agua como fuente de vida y deseo; más allá, un himno yazidí hace resonar la voz de un pueblo arraigado en las montañas, portador de una espiritualidad milenaria.
Repertorio
Hakan Güngör, qanun
Rusan Filiztek, voz y saz
Wassim Halal, percusión
Waed Bouhassoun, voz y laúd árabe
🎵 Lamento di Tristano
Dejaos llevar por este lamento instrumental del Trecento italiano, huérfano de autor pero infinitamente vivo en su musicalidad. Aunque evoca uno de los grandes mitos de amor trágico de la Edad Media, el de Tristán e Iseo, transmite la emoción de un amor perdido, una dulzura que se diluye, una memoria suspendida. El Lamento encarna la tristeza, el deseo o el amor imposible, todos ellos temas que subyacen en el corazón del mito. La música, aunque no es narrativa, encierra una dulce melancolía y una pasión contenida. Durante unos minutos viajaremos a través de ese lamento, entre la historia y el mito, entre la Italia medieval y las orillas compartidas del Mediterráneo.
Conservada en un precioso manuscrito medieval de la British Library, esta pieza murmura, a través de los siglos, una poesía sin palabras, guiada por las maneras antiguas y por una sensibilidad que conmueve el alma. Su simplicidad, una línea melódica que debe interpretarse y enriquecerse, evoca las tradiciones compartidas de la cuenca mediterránea, donde las músicas nómadas, árabes u occitanas hacen vibrar los mundos interiores. El Lamento se convierte así en una intimidad danzada, una elegía frágil cuya belleza se revela en la interpretación, la improvisación y el ornamento. Una vez concluido, el fragmento suele dar paso a La Rotta, más viva y terrestre, como el despertar tras el sueño.
Aunque la leyenda de Tristán e Iseo surgiera en el mundo celta bretón y se divulgara por toda la Europa medieval, encuentra una resonancia muy particular en las tradiciones de amor cortés del sur de Francia e Italia.
Este cruce cultural entre mitos, leyendas e influencias musicales refleja la época en la que los intercambios artísticos a través de la cuenca mediterránea nutrían los relatos y las formas musicales, fundiendo tradiciones y creando expresiones nuevas.
🎵 ‘Al-Maya ‘Al-Maya
Escuchad ahora este canto tradicional del este de Siria, que surge de toda una memoria mediterránea: el agua es un mito, una memoria, un deseo. Es fuente de vida, así como de relatos.
En la mitología griega, las ninfas de las fuentes o náyades, hijas de Tetis y Océano, simbolizan la juventud, la belleza y la fertilidad. Habitan los manantiales, las riberas y las fuentes, lugares misteriosos y vivos, cargados de antiguos relatos. En los pueblos, son las mujeres y las muchachas quienes van a por agua, convirtiendo así las fuentes en discretas escenas de vida donde se cruzan las miradas y las primeras emociones.
Este canto evoca, así, el agua como espacio de vida, encuentro y sacralidad; habla de las mujeres que van a por agua y de los encuentros que se tejen alrededor de las fuentes. El agua se convierte en un lugar sagrado y social, un espacio en el que se unen lo cotidiano y lo divino, la fuerza de la naturaleza y la dulzura de las emociones humanas. Mediante el canto, el agua adquiere una dimensión mitológica que nos vincula al Mediterráneo a través de las épocas y las culturas. Esta agua, hoy como ayer, encarna un vínculo vital y cultural al tejer los hilos de una historia común en el ancho espacio mediterráneo.
🎵‘Sharaf el-Dine’
Escuchad ahora este canto religioso yazidí, transmitido oralmente desde las alturas de Mesopotamia, entre las montañas sagradas y los fértiles valles del Kurdistán. Es una voz que se eleva hacia lo invisible, entre plegaria y lamento, memoria y esperanza. Este canto invoca a Sharaf ad-Din, figura protectora de la tradición yazidí y guardiana de una sabiduría antigua nacida entre el Tigris y el Éufrates.
En los mitos mediterráneos, las cumbres montañosas siempre han acogido divinidades y oráculos: el monte Olimpo de los griegos, las grutas proféticas de la Sibila o las cimas sagradas de Anatolia. Lugar de revelación y refugio, la montaña es un umbral entre el mundo terrestre y el mundo espiritual.
Este canto, enraizado en las montañas yazidíes, hace resonar el vínculo íntimo que existe entre el hombre, la tierra y lo sagrado. Nos habla de un pueblo perseguido, custodio de tradiciones milenarias, y de una fe transmitida a través de la voz y conducida por los vientos del Kurdistán hasta las orillas mediterráneas.
Ahí es donde se gesta el mito: de esa voz que atraviesa los siglos y las fronteras emerge la memoria compartida de un espacio mediterráneo compuesto por migraciones, antiguos cultos, dolores y belleza. Una memoria que todavía canta, frágil a la vez que poderosa.
Estos cantos, lejos de ser simples vestigios, son memorias vivientes que unen pueblos y tierras, evocan el dolor de la ausencia y la belleza de lo sagrado y reactivan los mitos fundadores de nuestro Mediterráneo plural. Este viaje musical es un homenaje a la diversidad mediterránea, a su capacidad de hacer dialogar las diferencias y unir las orillas más allá del exilio, la fe o el amor perdido. Es una travesía sensible que permanece a la escucha de lo que el Mediterráneo sigue murmurándonos: historias entretejidas de luz y dolor, de humanidad y belleza frágil.