El 26 de noviembre de 2025 en Barcelona, en el marco de la solemne ceremonia que tuvo lugar en el Palau de la Generalitat, el escritor franco libanés Amin Maalouf recibió el 36º Premio Internacional Catalunya.

En esta ocasión, Maalouf recibió los honores en cuanto que figura imprescindible de nuestra época, «legado para comprender el mundo contemporáneo y tender puentes entre culturas en tiempos convulsos». Toda la obra de Maalouf se inscribe, en efecto, en ese gesto de apertura, escucha y transmisión entre los pueblos, las lenguas y las memorias. El escritor, nacido en Beirut y académico en Francia, siempre se ha esforzado por derribar los muros identitarios a fin de trazar mejor las líneas de un puente mítico, sueño frágil y vital que aspira a unir las diferencias sin disolverlas.
En su discurso de agradecimiento, Maalouf nos dejó una poderosa reflexión sobre las paradojas de nuestra época: la humanidad nunca ha dispuesto de tantas herramientas para mejorar su condición y sin embargo, a día de hoy, sigue siendo incapaz de vivir en paz. Los conflictos, repliegues y temores identitarios corroen nuestro futuro común. «Hay al menos un dominio en el que nuestra especie parece haber alcanzado el umbral de la incompetencia colectiva —afirma el autor con gravedad—: la convivencia».
Maalouf recupera así el antiguo mito del Mediterráneo como encrucijada, como un espacio de hospitalidad y esperanza que nos alienta a revisar nuestro lugar en el mundo y no como una tierra de divisiones. Dicho puente, aún por construir, se convierte así no solo en un objetivo asequible, sino sobre todo en un deber colectivo para con las futuras generaciones.
Este mensaje entra en consonancia con el espíritu de QM, que consagra esta edición a los mitos fundacionales del Mediterráneo como herramientas de pensamiento para nuestro presente. A través de relatos, figuras y símbolos compartidos, la revista trata de reavivar un imaginario del vínculo frente a los repliegues identitarios. Y es que el Mediterráneo no solo es un pasado que debemos preservar, sino también un mito que toca reinventar: un horizonte común fundado en la diversidad, el diálogo y la solidaridad.