El cuidado y la acogida de personas refugiadas en la región euromediterránea

4 diciembre 2025 | | Español

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En un momento decisivo para el futuro de Europa, la migración y el refugio requieren abandonar la lógica de la «Europa fortaleza» para construir una Europa basada en la hospitalidad. La experiencia de Jesuit Refugee Service Europe (JRS), que acompaña a más de 200.000 personas en 23 países, propone una alternativa ética y política frente a políticas securitarias que han convertido el Mediterráneo en la frontera más mortífera del planeta.

Introducción: contexto de transformación global

Vivimos una época de transformaciones profundas donde el cambio climático, los conflictos geopolíticos, la desigualdad económica y la transición tecnológica generan nuevos flujos migratorios. Europa se enfrenta a una tensión fundamental: necesita población migrante para sostener su demografía envejecida y su demanda laboral, pero implementa políticas cada vez más restrictivas basadas en percepciones distorsionadas sobre la migración.

Cinco grandes tendencias globales reconfiguran la movilidad humana: la transformación digital acelera cambios laborales y vulnerabilidades; el cambio climático genera desplazamientos ambientales; el envejecimiento demográfico europeo demanda mano de obra joven; el contexto geopolítico multipolar debilita respuestas coordinadas; y la desigualdad creciente actúa como motor migratorio permanente.

Parte 1: La realidad migratoria europea

Los datos: desmontando mitos

Contrariamente a lo que afirman las narrativas alarmistas, la migración irregular representa apenas un 5-10 por ciento de la migración total hacia Europa. En 2021, Europa recibió 2.950.000 entradas regulares frente a 151.417 irregulares. En el escenario global, la migración internacional representa solo el 3 por ciento de la población mundial, una proporción estable desde hace décadas.

Cinco mitos principales requieren ser desmontados con evidencia empírica:

  1. Mito: las personas migrantes reciben más ayudas que las locales. Realidad: aportan más de lo que reciben, con un impacto fiscal neto positivo a medio plazo.
  2. Mito: Europa está siendo «invadida». Realidad: los flujos migratorios mantienen una relativa estabilidad; solo el 0,6 por ciento de las personas refugiadas globales vive en la UE.
  3. Mito: las personas migrantes usurpan empleos a los nacionales. Realidad: complementan mercados laborales, cubriendo nichos desatendidos, y crean empleo gracias al emprendimiento.
  4. Mito: aumentan la inseguridad y la delincuencia. Realidad: no hay evidencia de tal cosa; en proporción, las personas migrantes cometen menos delitos que los nacionales.
  5. Mito: los muros reducen la inmigración irregular. Realidad: desvían flujos hacia rutas más peligrosas y letales.

Aportaciones positivas

Las personas refugiadas y migrantes generan beneficios multidimensionales: cubren empleos esenciales en los ámbitos de la sanidad, la agricultura, los cuidados y la construcción; sostienen la demografía mediante una población joven; aportan dinamismo cultural e innovación empresarial; contribuyen significativamente a los sistemas fiscales y de pensiones; y facilitan la renovación social y la convivencia plural.

Parte 2: la Europa fortaleza y sus consecuencias

El Mediterráneo: de frontera a cementerio

En 2024, más de 2.200 personas murieron en el Mediterráneo; 10.400 en la ruta atlántica hacia Canarias. Europa ha priorizado la seguridad frente a la protección de la vida. La externalización de fronteras hacia países como Libia, Túnez y Marruecos genera sistemáticas violaciones de los derechos humanos: detenciones arbitrarias, torturas, trabajos forzados y devoluciones.

El Pacto Europeo de Migración y Asilo: análisis crítico

Adoptado en mayo de 2024 y con una plena implementación prevista para junio de 2026, este pacto profundiza el enfoque securitario mediante tres mecanismos problemáticos:

Screening: procedimiento de control previo que genera una «ficción jurídica de no entrada», privando de libertad a personas que se encuentran en territorio europeo y negándoles sus garantías fundamentales hasta diez días consecutivos.

Procedimientos fronterizos acelerados: resoluciones en doce semanas sin garantías procesales suficientes, aplicadas discriminatoriamente según la nacionalidad del migrante y las tasas agregadas de reconocimiento.

Solidaridad flexible: se trata de un mecanismo voluntario que permite a los estados eludir la reubicación mediante contribuciones financieras o la coordinación de las expulsiones, perpetuando desigualdades entre países de primera llegada.

Previsiones para 2026

La implementación provocará un aumento de la detención en las fronteras, incrementará las devoluciones sin protecciones adecuadas, extenderá la externalización hacia terceros países y presionará sistemas de acogida ya colapsados. España, como segundo receptor de solicitudes de asilo en la UE (167.366 en 2024), se enfrentará a desafíos críticos: una tasa de reconocimiento del 18,5 por ciento —muy baja respecto a la media europea del 46,6 por ciento—, la necesidad de una reforma legislativa completa o la saturación de las capacidades, especialmente en Canarias.

Parte 3: hacia una alternativa basada en la hospitalidad

Fundamentos de la hospitalidad como política

La hospitalidad no es una acción caritativa arbitraria, sino una obligación ética y jurídica que implica ocho principios estructuradores:

  1. acceso efectivo al territorio y procedimiento de asilo sin obstáculos;
  2. libertad de movimiento con detención solo como excepción extrema;
  3. condiciones dignas de acogida que promuevan la autonomía;
  4. procedimientos justos, individualizados y garantistas;
  5. solidaridad vinculante mediante una reubicación obligatoria;
  6. protección especial para personas vulnerables;
  7. vías legales y seguras para acceder a la protección;
  8. integración bidireccional con valoración de la diversidad.

Una recepción impulsada por la hospitalidad: modelo de JRS Europe

Este modelo está basado en tres pilares: acompañar (con presencia y solidaridad); servir (dar una respuesta integral a las necesidades materiales, jurídicas, educativas y espirituales); defender (defensa de los derechos, incidencia política y amplificación de voces refugiadas).

Construcción comunitaria

Superar el individualismo metodológico requiere recuperar los ideales fundacionales de la Unión Europea: la dignidad humana, la solidaridad, la subsidiariedad y el bien común. Europa debe pasar de la securitización a una seguridad humana que garantice estabilidad económica, alimentaria, sanitaria, ambiental, personal, comunitaria y política.

1. Reinterpretar la seguridad desde el enfoque humano

La seguridad humana, concepto desarrollado por el PNUD en 1994, propone sustituir la obsesión por el control fronterizo con políticas que garanticen siete dimensiones básicas: económica, alimentaria, sanitaria, ambiental, personal, comunitaria y política.

2. Reforzar el multilateralismo ético

Frente a la fragmentación multipolar, Europa debe liderar un multilateralismo basado en los derechos humanos mediante, por ejemplo, la creación de una Agencia Europea de Integración que coordine políticas locales, nacionales y supranacionales.

3. Inspiración en los ideales fundacionales

Los valores plasmados en la Declaración Schuman de 1950 (solidaridad concreta, subsidiariedad activa y búsqueda del bien común) contienen antídotos contra el nihilismo contemporáneo. Un ejemplo paradigmático es el programa «Erasmus+ para Refugiados», que desde 2022 ha facilitado la movilidad académica a 12.000 jóvenes desplazados, demostrando cómo la educación puede tejer redes transnacionales de pertenencia.

La Carta Europea de Derechos Fundamentales, en su artículo quince, reconoce el derecho a trabajar como un puente para la integración. Su plena aplicación exigiría:

  • el reconocimiento automático de las cualificaciones profesionales entre estados miembros;
  • cuotas de contratación pública para empresas que integren a migrantes en puestos cualificados;
  • bonificaciones fiscales a patronales que implementen planes de mentoría intercultural.

4. Reimaginar Europa: de fortaleza a comunidad

¿Qué cambiaría si apostáramos por la hospitalidad?

Imaginemos que Europa tomara esta decisión de forma colectiva:

¿Qué pasaría si creáramos vías seguras y legales para la migración?

El caos, los ahogamientos, las redes de tráfico ilegal… Todo ello podría reducirse drásticamente mediante la ampliación de unas mejores vías de migración legal.

¿Y si invirtiéramos en integración en lugar de detención?

Vivienda, educación, formación lingüística, programas de integración en el lugar de trabajo… Sí, todo eso cuesta dinero; pero la detención también cuesta dinero y no produce resultados positivos.

¿Y si tratáramos el declive demográfico como una oportunidad de renovación en lugar de una crisis a la que resistirnos?

Seguimos abordando la migración casi únicamente desde la lógica del déficit laboral, como mera mano de obra, en lugar de reconocerla como una fuerza vital capaz de renovar nuestras comunidades y ofrecer respuestas creativas a los desafíos demográficos y sociales de nuestro tiempo.

¿Y si reconociéramos que muchas personas migrantes y refugiadas huyen de crisis que nosotros hemos creado?

O de guerras en las que hemos participado, destrucción climática que hemos causado, sistemas económicos que hemos impuesto… Esto cambiaría incluso nuestra mirada ética de la realidad. No veríamos la hospitalidad como mera caridad, sino como restitución y reconciliación.

¿Y si recordáramos que Europa es en sí misma un continente de migrantes?

Los europeos nos vimos en muchas épocas de nuestra historia obligados a migrar, huyendo de guerras, persecuciones, hambrunas. … Ahora que otros desean migrar a nuestro continente, afirmamos que es un fenómeno sin precedentes. No lo es. ¿Por qué olvidamos tan pronto?

Conclusión: El futuro de Europa en juego

Nos encontramos en una encrucijada histórica. Los datos demuestran que las sociedades acogedoras presentan mayores tasas de innovación y cohesión social, mientras que los países con políticas restrictivas se enfrentan a crisis demográficas.

El Mediterráneo del siglo XXI puede ser un cementerio o convertirse en un espacio de encuentro. Europa puede construir muros o comunidad; puede continuar delegando crueldades en terceros países o liderar un multilateralismo basado en los derechos humanos.

La implementación del Pacto Europeo de Migración y Asilo en 2026 ofrece la última oportunidad para que España y Europa adopten enfoques garantistas. Este requiere narrativas esperanzadoras, que sustituyan el miedo por los encuentros, así como instituciones flexibles que combinen el orden con una serie de vías legales amplias, y con políticas que vinculen la acción local con la gobernanza global.

Tal y como expresó Victor Hugo, el verdadero poder europeo reside en convertir la diversidad en fuerza creadora. Las personas migrantes no son un problema que resolver, sino coconstructoras esenciales del futuro común. Su presencia enriquece demográfica, económica y culturalmente. El desafío reside en construir una Europa que reconozca esta realidad.

El tiempo de la hospitalidad es ahora. El futuro de Europa —y su alma— depende de la elección que hagamos.


Watch again the lecture by Alberto Ares Mateos at the Aula Mediterrània series.