El Mediterráneo, que suele presentarse como cuna de civilizaciones y puente entre pueblos y culturas, también es un lugar de fracturas simbólicas, amnesias colectivas y relatos ideológicos en torno a las migraciones.
En este diálogo con el profesor Ricard Zapata Barrero, director del Grupo de Investigación Interdisciplinario en Inmigración (GRITIM-UPF) del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, cuestionamos el papel del cine en esta fábrica de imaginarios. El profesor Zapata impartió una ponencia titulada «El papel del cine en las migraciones como agente de memoria colectiva» en el marco de la conferencia «Cine, migraciones, representación» celebrada en Agadir el pasado 15 de noviembre de 2024 con ocasión de la 20º edición del Festival Cine y Migración1. ¿Puede el cine convertirse en una herramienta de desmitificación capaz de contrarrestar los relatos fijos con las realidades vividas por los migrantes y reconfigurar así nuestra memoria colectiva?
Esta conversación explora el potencial del cine en cuanto que agente crítico y espacio de memoria en sintonía con las dimensiones sociales, culturales y políticas de las representaciones migratorias. Así, se inscribe en una voluntad de revisar los mitos mediterráneos a la luz de una memoria viva, inclusiva y comprometida.
QM: ¿Cómo puede el cine desmitificar las percepciones negativas de los migrantes, deconstruir las representaciones moldeadas por las lógicas de la seguridad y humanizar las complejas realidades de la migración?
El enfoque que yo propongo al respecto es doble. Por una parte, se trata de interrogar al cine sobre las migraciones en cuanto que «agente de memoria» y en torno a su papel desmitificador. ¿Podemos contemplar el cine como una forma de archivo memorístico de las experiencias vividas? ¿Permitirá el cine actual mostrar la realidad de ayer y de hoy en el futuro? También puede oponerse a la política de manipulación de la memoria de las migraciones, muy a menudo plagada de mitos construidos por los poderes políticos. Al igual que con el concepto de nación, por retomar la expresión de Benedict Anderson, se trata de abordar no una comunidad nacional imaginada, sino una memoria colectiva imaginada con un pasado homogéneo y sin migraciones que, en realidad, nunca existió.
Por otra parte, me gustaría contribuir a que se entablara un diálogo entre el cine y la investigación, a fin de construir una narración anclada en las experiencias vividas por los migrantes. Esta perspectiva se opone a las políticas mitológicas que asocian al inmigrante con representaciones negativas alimentadas por discursos neonacionalistas y nativistas. ¿Acaso no es hora ya de afrontar la cuestión de una cultura de las migraciones como fundamento esencial de nuestras sociedades? ¿De qué manera el cine, en cuanto que fábrica de representaciones, puede poner voz e imágenes a los descubrimientos de la investigación, así como a las experiencias migratorias silenciadas? ¿Qué diálogos podrían surgir entre cineastas e investigadores para forjar juntos una memoria colectiva anclada en la realidad vital de los migrantes? Es lo que llamamos «coproducción del conocimiento», que en este caso se pone al servicio de la memoria migratoria.
QM: ¿Qué papel desempeña el cine como forma de activismo artístico?
Aquí entramos en un debate sobre el «artivismo», es decir, el modo en que la cultura y la expresión artística pueden ejercer una actividad crítica. Me pregunto incluso si sería posible hablar de un «cineactivismo» —¡un neologismo legítimo, creo yo!—; es decir, concentrarnos en la función desmitificadora del cine, no solo para que este pueda ejercer su función socializadora, sino que también contribuya a fraguar una representación crítica del sistema migratorio, los regímenes políticos y las instituciones, así como de las decisiones tomadas por los políticos, que suelen priorizar el imaginario nacional —de seguridad nacional, para ser más precisos— por encima de la humanidad común que nos une como seres que habitan juntos este mundo. Se trata de mostrarles las consecuencias de esas decisiones, así como el dolor y la violencia que generan sus políticas solipsistas —neocolonistas para algunos, término empleado no sin razón—.
Este enfoque problematiza necesariamente la inmigración en sí misma, puesto que problematizar supone hacer visible, poner en el foco lo que suele ocultarse, ignorado por los poderes públicos.
QM: ¿Qué lugar ocupan las migraciones en nuestra memoria colectiva?
En la actualidad asistimos al surgimiento de relatos políticos que buscan borrar o marginalizar esa parte fundamental de nuestra historia a fin de instaurar una epistemología de la ignorancia. Por tanto, ¿no sería pertinente analizar el modo en que las películas y los relatos cinematográficos abordan esa memoria migratoria?
Creo que, hoy en día, el cine asume dicha función a partir de cuatro ámbitos distintos, que propongo que exploremos juntos:
- Un enfoque social, que implica concentrarse en las desigualdades de derechos y género; en los factores socioeconómicos, las exclusiones y la deshumanización y en las discriminaciones raciales, religiosas y culturales.
- Un enfoque político, para analizar los mecanismos de poder y las relaciones de dominación que sitúan las migraciones en una contemporaneidad marcada por la explotación y el control, con vistas a una seguridad extrema.
- Un enfoque cultural, que pasa por interrogar nuestras prenociones, mentalidades impermeables y filtros mitológicos a fin de plantearnos nuestro etnocentrismo y eurocentrismo más sutiles.
- Un enfoque ideológico, para comprender el modo en que los intereses estatales e institucionales problematizan las migraciones. Actualmente nos encontramos en una era de «mixofobia» en la que la diversidad se percibe como una amenaza.
Estos cuatro enfoques dominan el cine crítico, sobre todo a través del mencionado «cineactivismo»; pero ¿cómo podemos responder a todo ello de forma colectiva? Lo esencial es fomentar las narraciones inclusivas, que valoren la diversidad como una riqueza y no como una amenaza.

QM: Hablar de memoria colectiva implica, también, hablar de tiempo. ¿Qué función desempeña este en el cine actual?
Podría haber titulado mi intervención «Inspirado por Paul Ricœur: cine, tiempo y relato», puesto que trato de hacer hincapié en la importancia de dar más cabida al tiempo, la historia y la memoria colectiva en el cine.
Por ejemplo, el factor memoria colectiva (o factor MC) se manifiesta en una película inolvidable como es Cabrini (2024), de Alejandro Monteverde, que vincula el espacio al tiempo para poner en relieve lo que la historia ha borrado. La película cuenta la historia de Francesca Severio Cabrini, una monja italiana que, tras pedir al papa un compromiso social con los migrantes, llegó a Nueva York en 1889 para fundar un sistema de ayudas a los niños italianos que vivían en las calles.
La película arroja una luz sobre las dimensiones sociales, ideológicas y culturales de la historia, destacando la función de las mujeres activistas, a la vez que redefine la imagen de los italianos en Nueva York, forja una memoria colectiva desde las perspectivas de género y activismo social y dialoga con Gangs of New York (2002), película que muestra otras formas de violencia entre inmigrantes que han moldeado la actual sociedad estadounidense.
QM: ¿Cómo se define la memoria colectiva de las migraciones?
Hablar de memoria conlleva un cuestionamiento del modo en que esta nos permite representar nuestro pasado y situarnos entre el pasado, el presente y el futuro. Tal y como nos enseña Paul Ricœur, la memoria colectiva es una narración, un sistema de representaciones que da sentido a nuestros recuerdos e imágenes. La memoria es la historia interpretada. Un solo hecho histórico puede desencadenar varias memorias, cada una portadora de una visión distinta. Hablamos entonces de memorias contestadas, un hecho bastante común. Esta fragmentación de la memoria colectiva suele dar pie a ideologías políticas confrontadas.
¿Acaso no resulta esencial que el cine se involucre en la recuperación de la memoria de los migrantes, con todos sus matices emocionales y traumáticos? Es necesario que nos ayude a decir en voz bien alta que no hay ciudades mediterráneas puras ni homogéneas desde un punto de vista étnico; que toda ciudad mediterránea tiene una historia de migraciones tras de sí, la cual, con toda probabilidad, constituye su base identitaria, que comparte asimismo valores mediterráneos. El cine puede mostrar que la inmigración no es un fenómeno aislado, sino un hecho histórico universal. Nuestras sociedades han surgido de la mezcla y la criollización.
QM: En conclusión, ¿qué puede hacer el cine para combatir las fake memories y los discursos del miedo?
La invitación del cine como agente de la memoria resulta esencial para evitar la banalización de la historia de las migraciones. Vivimos en una época marcada por el puritanismo memorístico, en la que el mito de un pasado uniforme contamina nuestras percepciones. Este nuevo esencialismo nacional debe confrontarse con los mismos recursos argumentales anclados en la historia y el tiempo. El cine debe movilizarse y construir una narrativa asentada sobre biografías migratorias olvidadas, sobre nuestra historia común de migraciones.
Reivindicar un cine de la memoria supone abrir un debate acerca de la manera en que el cine organiza nuestra memoria colectiva e influye en ella, decidiendo qué hechos quedan en el recuerdo y cuáles pasan al olvido. Al igual que los museos y monumentos, el cine puede convertirse en un lugar de la memoria itinerante que lleve a las salas de cine y a nuestras pantallas de televisión un espacio-tiempo en movimiento capaz de preservar y revivir la memoria de las migraciones. ¿Acaso no es hora ya de convertirlo en una plena herramienta de transmisión crítica y contribuir así a fraguar una memoria colectiva inclusiva?
1 El profesor Zapata Barrero agradece a Yasmine Bouchfar, directora de programación de la conferencia, así como a Mohammed Charef, profesor y moderador del panel, y al Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero (CCME) del Reino de Marruecos que hayan hecho posible su presencia en el acto.