¿Quién mató la periodista palestina?

15 mayo 2022 | In the Media


slideshow image Ilia Yefimovich/DPA via Reuters

Mujer, palestina y periodista. Shireen Abu Akleh se ha pasado en los últimos veinte años explicando a una audiencia global, pero sobre todo árabe, el conflicto entre Israel y Palestina. Una generación de árabes ha crecido escuchando sus crónicas desde primera línea para Al Jazeera; era para ellos la voz de los más silenciados. El pasado miércoles un disparo le segó la vida mientras informaba sobre un raid israelí en Jenín, en el norte de Cisjordania. Desde entonces, las redes sociales hierven con pena e indignación por esta muerte injusta, inútil e inexplicable. Desgraciadamente, no es la primera periodista que muere mientras cubre un conflicto. Ha pasado en Palestina, en Siria, en Ucrania… ha pasado demasiadas veces. Las explicaciones siempre suelen resultar confusas, porque nadie quiere asumir la responsabilidad de haber matado al mensajero, porque nada puede justificar el hecho de silenciar a los profesionales que nos explican qué pasa en el mundo mientras nosotros nos enteramos cómodamente desde nuestro sofá. Este es uno de los grandes dramas del periodismo. ¿Cómo pretendemos recibir una información objetiva e independiente si aquellas profesionales que pueden ofrecérnosla están en el punto de mira? ¿No es suficientemente evidente que somos presas de la propaganda y la desinformación generada entre las partes en conflicto y que la garantía de la ética periodística solo nos la proporcionan las y los profesionales?

Es por eso que hoy es más necesario que nunca saber quién es responsable de ese asesinato. El equipo de periodistas que también cubría el raid achacan sin dudas el disparo al ejército israelí. Las imágenes muestran cómo ella iba correctamente acreditada como prensa y con las protecciones pertinentes. También se ve como su compañera queda atrapada a su lado sin poder moverse y cómo las personas que intentan socorrerlas reciben varios disparos. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí se apresuró a asegurar que los disparos procedían de combatientes palestinos. B’Tselem, una de las principales y más reconocidas organizaciones de derechos humanos en Israel, asegura que desde el lugar donde disparaban los combatientes palestinos, a unos 150 metros de distancia, no era factible llegar a Shireen y sus compañeros.

Tanto desde la embajada de EEUU como desde la UE se ha instado a emprender una investigación. ¿Pero si Shireen no hubiera tenido también la nacionalidad norteamericana, el impacto internacional sería el mismo? ¿Qué hubiera pasado si fuera solo una periodista palestina? Durante la guerra de Gaza de 2014 murieron 13 periodistas. Hace apenas un mes veíamos cómo los oficiales israelíes en la explanada de Al Aqsa se encaraban con un grupo de periodistas que cubrían los incidentes. Hace solo un mes, Hanan Khadour, una estudiante de 19 años, murió también en Jenín por disparos de soldados israelíes mientras iba a casa en taxi. Ninguno de estos incidentes ha levantado ni mucho menos tanta polvareda. Sí generó más indignación hace apenas un año el bombardeo por parte del ejército israelí de la sede de Al Jazeera y Associated Press en Gaza. Es evidente que cuando el objetivo tiene una dimensión internacional, la respuesta es más contundente. Por eso ahora es el momento, el momento de reclamar una investigación independiente, objetiva y creíble que esclarezca los hechos y en la que se demuestre a las partes en conflicto que no hay impunidad frente al asesinato de civiles.

Hace más de veinte años, durante la Segunda Intifada, el mundo se conmocionó al ver la muerte registrada de Mohamed Al-Durrah, un niño palestino que se escondía con su padre de los enfrentamientos. Si bien Israel aceptó en un principio la responsabilidad, las investigaciones posteriores de las propias Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF) exoneraron a sus soldados. La batalla por la responsabilidad y por la opinión pública no terminó aquí. Mohamed se convirtió en un símbolo para los palestinos que siguen reclamando el fin de la impunidad de Israel.

Ahora es el momento de demostrar que matar a periodistas no es un acto gratuito, como no debería ser matar a civiles inocentes. La investigación debe ser neutral e internacional, porque difícilmente puede ser juez y parte en un asunto tan grave. Si no se logra justicia, la capacidad propagandística y des informadora de los más hábiles habrá triunfado. Implicaría renunciar definitivamente a cualquier intento de ser informados objetivamente, porque aquellos que pueden y saben hacerlo ya no estarán, convencidos finalmente de que la acreditación de prensa ya no les protege de las balas. El relato de los conflictos quedará entonces exclusivamente en manos de los más fuertes.

Lurdes Vidal, directora del área de Mundo Árabe e Islámico al IEMed.
Article publicado al diari ARA y en su edición impresa el 15 de mayo de 2022.