La revolución invisible
25 junio 2022 | In the Media
Conflicto, violencia, autoritarismo, conservadurismo… El imaginario sobre el mundo árabe y musulmán está lleno de connotaciones negativas, con una fijación enfermiza en la religión como clave de interpretación de todo lo que sucede. Por eso raramente nadie se fija en los espacios de participación, en las dinámicas de cambio social, en las disidencias artísticas y culturales que se han desarrollado sobre todo a raíz de las Primaveras Árabes. Más allá del inmovilismo político existen tipos de expresión y activismo menos dependientes de las metrópolis occidentales y más basados en experiencias locales.
En cartel en el Sónar, colmo de la vanguardia, la artista kuwaitiana Monira Al Qadiri y el músico libanés Raed Yassin han hecho una propuesta artística que hibrida cánones culturales y traslada a los referentes locales mediante los lenguajes visuales y musicales más transgresores. De hecho, el hip-hop, el rap, los ritmos afropop, el arte urbano, los mahraganato egipcios –una especie de raves de música electrónica llamada electroshaabi (electropopular) que el régimen ha intentado prohibir–, la música popular fusionada con rock , pop, indie u otros estilos globalizados, utilizan nuevos lenguajes y transmiten mensajes críticos y provocadores. El shamstep de Palestina mezcla el dabke (que recuerda a una sardana) y la electrónica con letras profundamente políticas.
Las mujeres están en el epicentro de esta revolución. Raperas como Koast, Khtek y Psychoqueen desafían el statu quo patriarcal. El #MeToo ha tenido un fuerte eco en el mundo árabe-musulmán y el activismo en favor de la igualdad y contra la violencia sexual va dando sus frutos. Hace diez años, las víctimas de violencia sexual eran también víctimas del escarnio social. Hoy, cada vez más, este escarnio se dirige al agresor, cada vez existen más condenas y cada vez hay menos tolerancia social de la violencia contra las mujeres. Los movimientos son ahora más interseccionales: feminismo, antirracismo y todo tipo de activismo configuran movimientos sociales que han logrado desafiar a las estructuras políticas y morales. En Turquía, el baile Zenne, en el que destaca la disonancia entre una feminidad performada y el cuerpo masculino del intérprete, cabalga las contradicciones de la sociedad turca respecto a sus colectivos LGTBIQ+, como lo hace la incipiente escena drag de Beirut. Ésta sí que es una verdadera revolución sexual, junto con la emergencia de nuevas masculinidades, el “nuevo hombre árabe” que rompe con los supuestos del patriarcado, la patrilinealidad, la patrilocalidad y la poliginia.
Es la revolución invisible, que poco a poco pasa de los márgenes sociales, de la clandestinidad, a la visibilidad, que sacude los anclajes de las sociedades encorsetadas entre el autoritarismo y la represión moral. Son jóvenes, son artistas, son disidentes y son imparables. No hace falta darles lecciones de igualdad, hay que reconocer su mérito, coraje y legitimidad. Cambiaría nuestro imaginario orientalista. Hay que pasar de la lógica de la superioridad a la lógica de compartir causas y luchas, de identificarnos en un espejo –pensamos en el derecho al aborto en EE.UU.– no tan alejado como pensamos.
Lurdes Vidal
Directora del Área Mundo Árabe e Islámico del IEMed
Artículo publicado en la edición impresa del diari ARA el 25 de junio de 2022.
