Una conversación entre Maryam Touzani e Isona Passola
En el incomparable marco del Ateneo Barcelonés, Isona Passola y Maryam Touzani conversan sobre identidad, pertenencia, feminismo y migración. Dos miradas cinematográficas que exploran los vínculos invisibles entre ambas orillas del Mediterráneo.

Es un día soleado en Barcelona y el Ateneo Barcelonés se prepara, en pleno barrio Gótico, para acoger el encuentro entre dos cineastas mediterráneas. Isona Passola (Barcelona, 1953), presidenta de la institución y de la Asociación de Productores Independientes del Mediterráneo (APIMED) además de figura clave de la cinematografía catalana; y Maryam Touzani (Tánger, 1980), directora marroquí y una de las voces más reconocidas del cine del país vecino, que visita la ciudad para presentar su última película, Calle Málaga (2025), protagonizada por Carmen Maura. Otra mujer esencial y una actriz descomunal.
Este encuentro forma parte de la programación del proyecto Marruecos: una cartografía contemporánea, impulsado por el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Durante los próximos meses, el ciclo recorrerá cuatro ciudades y territorios marroquíes para comprender las transformaciones sociales, urbanas y culturales del Marruecos actual. A través de debates, encuentros y voces diversas, el proyecto propone una aproximación al Marruecos contemporáneo invitándonos a repensar el vínculo histórico, cultural y humano que une ambas orillas del Mediterráneo. La primera parada ha sido Tánger. Ciudad natal de Maryam Touzani y el nombre del callejero marroquí en el que se ubica Calle Málaga.
Antes de comenzar, todavía hay tiempo para un espresso en los jardines románticos del Ateneo, un auténtico oasis en el corazón histórico de la capital catalana. Pasean juntas entre limoneros, nísperos y cintas. Conversan con complicidad e Isona, como buena anfitriona, muestra a su invitada algunos de los tesoros mejor guardados del Palau Savassona. La biblioteca es uno de ellos. En silencio, Touzani se detiene a contemplar los techos artesonados y las pinturas modernistas, dejándose sorprender por la atmósfera y la historia suspendida del lugar.
Poco antes de sentarse en unas sillas de tapiz esmeralda para conversar sobre cine, migración, identidad y sobre todo aquello que une y separa las dos orillas del Mediterráneo, Isona señala, desde una de las ventanas de la sala Pompeu Fabra, la casa en la que nació. Introduce desde el prólogo un tema que acompañará el diálogo sosegado que está a punto de comenzar: la pertenencia, el arraigo. Se sientan. Isona acaricia suavemente con su mano derecha un colgante verdoso y alargado que atraviesa su pecho. Explica con voz pausada: “Está hecho de posidonia, el alga del Mediterráneo”. “Es lo que nos une”, añade. Bajo el mar, las praderas de posidonia oceánica conectan unas orillas con otras a través de una biodiversidad única, propia de este mar compartido.

Isona y Maryam representan dos generaciones de cineastas, dos maneras de entender el cine desde orillas opuestas, aunque no tan lejanas. Ellas mismas podrían ser madre e hija y quizá por eso la conversación, en francés, comienza por la relación entre Mari Ángeles y Clara en Calle Málaga. Una relación fría, distante, “tan egoísta”, apunta Isona, tratando de descifrar los silencios de las dos protagonistas.
Maryam Touzani escribió el guion tras la pérdida de su madre, a quien estaba muy unida. Sintió entonces la necesidad de regresar a sus recuerdos, a la sonoridad del castellano, la lengua en la que se comunicaba con ella, y también a los colores, olores y texturas de la memoria sensorial de su Tánger natal. Ambas conversan sobre las motivaciones que rigen las decisiones de los personajes y sobre esa dificultad, tan humana, de llegar verdaderamente a comprenderse.
Hablan también de la pertenencia a un lugar. Mari Ángeles aferrada a las paredes y a los recuerdos de su casa; Isona vinculada profundamente al Gótico; Maryam atravesada por la doble cultura hispano-marroquí de su infancia tangerina. “Esta es también una película sobre la memoria; Tánger es mi madre. Escribir este guion me ha ayudado a volver a mi ciudad en su ausencia y a enfrentarme a mi dolor”, explica Touzani.
La ciudad de Tánger no solo despierta recuerdos en Maryam, también en Isona. En 2007 fue presidenta del jurado del Festival National du Film du Maroc (FNF), organizado por el Centro Cinematográfico Marroquí, y recuerda “las dos caras de luna” que encierra la migración: quienes se quedan y quienes se van, en un país acostumbrado a la distancia y a la añoranza. Una temática muy presente en la cinematografía marroquí que también se palpa en los adoquines de la Calle Málaga.
Como las posidonias bajo el mar, la conversación se deja mecer por corrientes discursivas que llevan a estas dos cineastas hacia sus propios procesos creativos. “Para mí leer y escribir es una necesidad, es como respirar”, dice Maryam Touzani, que comenzó su trayectoria profesional como periodista. “Es un proceso natural, visceral, que me permite contar lo que llevo dentro a través de mis películas”. Isona no pierde la oportunidad de recomendarle Madre de leche y miel (Destino, 2018), de Najat El Hachmi. “Es importante que la conozcas”, le dice. Habla de una voz feminista poderosa, “radical”. Isona trabaja actualmente sobre la adaptación cinematográfica de esta historia de migración entre el Rif y Cataluña.
Dos mujeres cineastas que, sin embargo, discrepan ligeramente en torno al binomio mujer y cine. Maryam no cree en las cuotas ni en las ayudas específicas destinadas a aumentar la presencia femenina en la industria audiovisual. Isona, en cambio, las considera mecanismos temporales necesarios para alcanzar una igualdad real. Touzani defiende que las películas “deben hablar por sí mismas”, más allá del género de quien las dirige; lo importante es el talento. Para Passola, sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer: “La cultura patriarcal sigue teniendo un poder enorme”. Puede que por eso ella es la única mujer que ha presidido el Ateneo Barcelonés en toda su historia centenaria.
– Maryam Touzani
El cine que hago es, ante todo, humano.
Encierra siempre una afirmación social
y política. Por eso me interesan
los personajes que viven en los márgenes
La migración, el feminismo, la libertad… su diálogo va poco a poco cristalizando alrededor de una pregunta clave para la que ambas comparten, en el fondo, una misma respuesta, pero con palabras distintas: ¿Debe el cine, y el arte en general, ser político? ¿Lo es Calle Málaga? “El cine que hago es, ante todo, humano. Encierra siempre una afirmación social y política. Por eso me interesan los personajes que viven en los márgenes, aquellos que no tienen voz”, afirma Maryam. Isona recoge el hilo desde otro lugar: “La creación artística presenta siempre una confrontación entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia. Y esa confrontación nos sitúa inevitablemente ante un escenario político”.
Después de todo, la película narra la historia trivial de una mujer corriente que se resiste a renunciar a su capacidad de decidir. Y al mismo tiempo, cuenta la lucha grandiosa por el más universal de los ideales: la libertad. Entonces, Touzani regresa por un momento a Tánger, en concreto al viejo Teatro Cervantes. “Reabrirá sus puertas después de cincuenta años cerrado. Mari Ángeles es como ese teatro. Resiliencia. Se reinventa, renace”. Hablan de resistencia. Y quizá no haya nada más político que eso.
La conversación se acerca entonces a uno de los territorios más delicados de Calle Málaga, la representación del cuerpo y el deseo en sociedades en las que persisten tensiones culturales y morales. Isona formula la pregunta casi de manera inevitable, con la escena del desnudo de Carmen Maura en la retina: “¿No existe la censura en Marruecos?”. Maryam sonríe levemente antes de responder. “Marruecos es un país rico y diverso. El cine es un acto voluntario; el público elige enfrentarse a imágenes que le desafían o le interpelan”. Explica que la escena fue recibida con naturalidad y que el mismo pudor que se asocia al país magrebí ha aparecido, de igual modo, en países europeos. “Quería mostrar la vejez en toda su belleza; la libertad de escoger cómo envejecer; la posibilidad de experimentar la sensualidad y la sexualidad a cualquier edad. Envejecer como privilegio”, explica Touzani. Carmen Maura encarna esa libertad, a sus 80 años, con el primer desnudo de toda su carrera cinematográfica.
– Isona Passola
El Mediterráneo es un sueño,
ha dado lugar al nacimiento
de las culturas más fascinantes
del mundo, pero hoy
es un espacio de conflicto
Se acerca la hora de comer. Antes de la despedida, hablan todavía de identidades múltiples, de la diversidad que encierra este mar compartido sobre un jardín infinito de posidonias. “El Mediterráneo es un sueño”, dice entonces, Passola. “Ha dado lugar al nacimiento de algunas de las culturas más fascinantes del mundo, pero hoy es también en un espacio de conflicto”. Maryam escucha y asiente: “La clave es el vínculo humano, en toda su complejidad y riqueza. Lo humano está en el corazón de todas mis películas… y quizás es también lo que todavía nos puede salvar”, concluye la cineasta marroquí.
Las sillas de la sala Pompeu Fabra, ahora vacías, ya no muestran un verdor esmeralda sino el tono acuático y verdinoso de las posidonias. Isona y Maryam se saludan con gentileza; el próximo eslabón de un día intenso asoma a hurtadillas en sus agendas. La estancia del Ateneo recupera su silencio, mientras el sol del mediodía brilla en lo alto iluminando los parterres geométricos del jardín del entresuelo, testigos de excepción del encuentro entre dos mujeres cineastas.ne garden — silent witnesses to the encounter between two women filmmakers.