En 1833, y desde París, Eugène Delacroix pintó Femmes d’Alger dans leur appartement a partir de unos dibujos que bosquejó a su paso por Argel, durante un viaje a Marruecos el año anterior. El lienzo forma parte de la etapa orientalista del pintor y refleja el ideario romántico europeo del siglo xix, que contemplaba Oriente —entendido como una unidad monolítica— como una fuente de inspiración para la renovación formal de sus lenguajes artísticos. En el cuadro, Delacroix retrata cuatro cuerpos femeninos, y solo uno está en movimiento: el de una mujer, leída por la crítica como una sirvienta, que está saliendo de la habitación. Así, en la estancia —un gineceo al que Delacroix no tuvo acceso en su viaje magrebí— quedan tres mujeres envueltas en coloridas telas que descansan en actitud relajada y en silencio.

El cuadro de Delacroix inspiró la serie pictórica Femmes d’Alger que Picasso realizó en 1955, también desde Francia. Veinticinco años más tarde, la escritora Assia Djebar, que llevaba tiempo instalada en el país galo, quiso dialogar con Picasso y con Delacroix para transformar la representación que ambos pintores habían proyectado de su país natal, sobre todo en relación con las mujeres. Djebar escogió la literatura en lengua francesa para dar vida a personajes femeninos complejos que utilizan sus cuerpos y su memoria para contar una Argelia que dista mucho de la que, aún hoy, pervive en buena parte del imaginario europeo, atravesado por odaliscas y paisajes exóticos. En uno de los relatos que conforman Femmes d’Alger dans leur appartement, Anissa le dice a su suegra Fatima: «Solo veo para las mujeres árabes una única manera de desbloquearlo todo: hablar, hablar sin cesar de ayer y de hoy, hablar entre nosotras […]. Hablar entre nosotras y mirar. Mirar fuera, mirar fuera de los muros y de las cárceles».
Las protagonistas de Djebar salen del gineceo para mirar el mundo que las rodea, para narrar historias de resistencia protagonizadas por mujeres, las cuales no suelen formar parte de los relatos historiográficos hegemónicos de ninguna de las orillas mediterráneas. La autora recurre al francés, la lengua del colonizador en la Argelia donde se crio, para nombrar los silencios coloniales, para nutrir una memoria oral silenciada, para desbordar la historia y escribirla de modo distinto. Hoy en día, la literatura sigue siendo un campo fértil desde donde puede contrarrestarse la mirada esencialista y hermética que el Mediterráneo europeo proyecta sobre la orilla sur, según los términos empleados por Edward W. Said en su canónico Orientalism. Atenta a los detalles, la literatura permite poner el foco en lo individual para construir colectividades inclusivas y diversas que incorporan los numerosos pliegues de la historia. La literatura pluraliza. En lo que sigue, este artículo se propone situar en primer plano una serie de escrituras contemporáneas a cargo de mujeres que multiplican, tensionan y tuercen las palabras para cuestionar estereotipos y narrar cuerpos en movimiento.
Servirá como guía el ciclo «Narrativas azules y lilas» —coorganizado por el Instituto Europeo del Mediterráneo, el Institut Français de Barcelona y el Ateneu Barcelonès—, que surgió en 2024 para leer a escritoras jóvenes cuya literatura se enraíza en ambas orillas del Mediterráneo. Desde abril de 2024, se han realizado tres sesiones que han actuado como altavoz de las obras de Salma El Moumni, Karima Ziali, Òmnia L’Bakkali, Sara Touri el Mansouri, Zineb Mekouar y Kaoutar Harchi. Este conjunto de autoras despliega una literatura que adopta estilos y géneros diversos, una literatura conectada con la genealogía literaria en la que se inscribe Assia Djebar. Todas estas voces —que, en este artículo, recogen los ecos de muchas otras— cuentan un Mediterráneo plural y multiplican los ángulos de lectura desde los que podemos aproximarnos a este espacio.
Narrar la alteridad para narrar otro «nosotras»
En 2004, Najat El Hachmi publicó Jo també sóc catalana, un ensayo en el que cartografiaba su subjetividad híbrida —compuesta por elementos de su Rif natal y de la Cataluña donde se hizo adulta y desde donde empezó escribir—, al tiempo que instaba a la sociedad catalana a repensar las fronteras de la catalanidad. En este sentido, el texto puede leerse en diálogo con Els altres catalans, de Francesc Candel, una obra publicada en 1964 que, en palabras del propio autor, «consiguió dar un nombre digno a una cantidad inmensa de habitantes de Cataluña que hasta entonces sufrían una discriminación titular, aparte de la social y racial». En 2008, El Hachmi escribió la presentación de una edición especial no censurada de la influyente obra de Candel. En su texto, la autora subraya las similitudes de la Cataluña de los años sesenta con la de principios del siglo xxi; ambas fabricaron la figura de un Otro del que distanciarse para apuntalar su construcción identitaria: los «charnegos» que retrató Candel vendrían primero y los «moros» —y sobre todo las «moras»—, después.
El Hachmi se inscribe a sí misma en lo que ella denomina una «generación de frontera» porque maneja códigos que se significan en ambas orillas del mar Mediterráneo, un mar que hace las veces de límite, de frontera. En su literatura, El Hachmi nombra la alteridad a partir de historias de vida que tienen como protagonistas a mujeres que, en Cataluña, están conectadas con el Magreb. Narra sus viajes en un catalán que incorpora términos rifeños, expresiones en árabe; un catalán, pues, que hibrida lenguajes; una lengua que recoge la diferencia, que nombra una Cataluña que también es magrebí. Después del llamamiento que la autora lanzó en 2004, muchas y muy diversas voces han seguido arrojando luz sobre los múltiples vínculos entre el Magreb y Cataluña; voces que permiten pensar la frontera Mediterránea desde lentes complejas.
En 2022, Safia El Aaddam publicó Hija de inmigrantes. La protagonista de la obra es Lunja, nacida en el seno de una familia amazigh instalada en Cataluña. Lunja relata las penurias económicas que tuvo que enfrentar su familia en territorio catalán y, en este sentido, el texto es una ventana a las dificultades que entraña una migración. Además, Lunja narra el racismo que sufrió en distintos espacios, sobre todo la escuela, a causa de sus raíces amazighs. Convertida en asistente social, la protagonista observa cómo el racismo sigue operando sobre cuerpos y existencias como los suyos, que no pueden definirse fácilmente porque transitan diversos espacios culturales como consecuencia de experiencias migratorias heredadas. Lunja encuentra en la escritura un modo de contrarrestar la simplificación sobre la que se construye el racismo, y, como la propia El Aaddam, decide compartir sus reflexiones en internet.
Leyendo la novela comprendemos hasta qué punto el gesto de Lunja, así como el de su creadora, son importantes. Cuando Lunja comparte retazos de su vida en internet, reflexiona: «El texto se ha hecho viral. […] De repente empiezo a conectar con todos esos niños y niñas y empiezo a imaginarme que nos teníamos los unos a los otros en la distancia […] No sabíamos que el tabú de la pobreza infantil nos uniría y sanaría.» La sanación llega cuando se crea una conciencia de la experiencia —de sufrimiento— compartida, y dicha conciencia viene facilitada por la escritura. En el texto de El Aaddam, inmigrante se convierte en una etiqueta en la que reconocerse y desde la que dignificar ciertas existencias, como hiciera Candel con su texto.
Atenta a los detalles, la literatura permite poner el foco en lo individual para construir colectividades inclusivas y diversas que incorporan los numerosos pliegues de la historia. La literatura pluraliza
La literatura deviene, pues, generadora de comunidad, así como herramienta de denuncia. Noor es la protagonista de Un far a tres minuts de casa, de Òmnia L’Bakkali. Es una joven que estudia Derecho en Barcelona y, durante unos meses, trabajará como pasante en un despacho de abogacía de la ciudad. Noor abandona el trabajo tras tener que involucrarse en la defensa de un hombre que ha cometido un delito de odio. Como el de Lunja, el día a día de Noor también está atravesado por miradas y gestos racistas, porque en su cuerpo y su nombre reside la huella de la migración que emprendieron sus padres desde Marruecos para instalarse en Cataluña. Ella se entiende a sí misma como «hija de migrantes» y encuentra en la escritura un medio para mitigar las frustraciones a las que tiene que hacer frente en su presente, para contestar el odio que queda impune en los tribunales. Para ello, propone una revisión de las palabras nosotros y ellos, del aquí y del allí sobre los que se sustentan. También descose las vestiduras lingüísticas del racismo. De sus padres escribe que «emigraron para inmigrar, se fueron para llegar»; y ella, que nació en Cataluña, se pregunta: «¿Cuál es el lugar de retorno, si nunca me he ido?».
L’Etern retorn es el título del primer libro de Asmaa Aouattah, un compendio de cuentos poblados por mujeres imazighen que viven en Cataluña y son portadoras de relatos ancestrales. El relato corto es también el género elegido por Sara Touri El Mansouri para reflexionar sobre identidad, duelo migratorio y racismo —los universos que subtitulan su libro Desenllaços—. Touri El Mansouri, educadora social de profesión, elige narrar historias de vida para desenmarañar las distintas opresiones a que están sujetas las personas que, en Cataluña, tienen lazos identitarios con Marruecos. Bajo la pluma de la autora, la literatura se transforma en reparación y medio para desdibujar estereotipos, igual que en el caso de Míriam Hatibi, que insta a quien quiere convertirla en caricatura a que transforme su lectura: Mira’m als ulls, no és tan difícil entendre’ns es el título de su primer libro. La llave para desactivar los estereotipos que alimentan el odio y el racismo es la voluntad de comprender las realidades y vivencias que se han señalado como ajenas. Puesto que la literatura permite desplegar subjetividades diversas, es también generadora de empatía.
Narrar los vínculos del Mediterráneo y el mundo
En su poemario Madres migrantes, publicado a la vez en castellano y catalán, Fatima Saheb reconoce y nombra la existencia de mujeres que migraron a territorio desconocido para relatar las muchas experiencias que encubre la etiqueta madre migrante. El ejercicio literario es enemigo de relatos uniformadores, categorizaciones herméticas y representaciones estáticas. Saheb nos presenta a madres que, sobre todo, son mujeres en movimiento, mujeres que podrían formar parte del universo de Assia Djebar y no tendrían lugar, pues, en la Argelia de Delacroix. En el prólogo al poemario, Desirée Bela-Lobedde describe el libro como «una puerta a la reparación que no se pudieron permitir entre tanta lucha». El poemario ha sido publicado por Jaŋde, una editorial cooperativa que nació en Cataluña en 2024 con el objetivo de impulsar «las voces racializadas o de ascendencia migrante que tienen dificultades para acceder al sector editorial debido a la discriminación por su origen, raza o etnia.» Jaŋde nace para alumbrar un espacio de enunciación.
El lugar de enunciación que Karima Ziali propone en su primera novela no se corresponde con el yo autorial. El protagonista de Una oración sin dios es Morad, un joven a quien acompañamos en su intimidad durante un día entero. Uno de los escenarios de la novela es el aeropuerto de Barcelona, lugar de trabajo de Morad donde encuentra a personajes que activan en él pensamientos vinculados con su lugar en el mundo —un mundo que habla catalán y castellano, y también rifeño—. El espacio de tránsito que es el aeropuerto traduce la encrucijada vital en la que se encuentra Morad: debe escoger qué quiere estudiar ahora que deja atrás la escuela. Su pasión es la filosofía, pero esta opción ni siquiera forma parte del vocabulario de su madre, una mujer con «manos de hierro» y «piel de jazmín» que querría que su hijo se encaminara hacia algo más «tangible». Más allá del paisaje catalano marroquí en el que se inscribe la novela, la obra de Ziali huye de exotismos y pinta la complejidad de los lazos familiares, atravesados por contradicciones que despliegan los diversos matices del amor y la identidad.
Los vínculos familiares también son esenciales en la segunda novela de Zineb Mekouar, Souviens-toi des abeilles. A través del retrato de una familia, el texto de Mekouar revela el presente de Inzerki, un pueblo del Alto Atlas marroquí cuyo ritmo está marcado por el zumbido de las abejas que viven en el colmenar del pueblo, el apiario más grande del mundo. La tierra de Inzerki se está secando, y, como consecuencia de ello, el silencio sustituye poco a poco el habla de las abejas. En este sentido, Inzerki es también el mundo: frágil, doliente. Anir, el chiquillo de diez años que protagoniza la novela, sufre por la tierra en la que vive, por las abejas que cuida gracias a los saberes que le transmite su abuelo Jeddi, y por su madre, que no es capaz de maternar. El silencio materno y el silencio de la tierra se entrelazan en este texto poético que también narra las heridas que genera el éxodo rural. Mekouar renuncia a representaciones exotizantes para mostrarnos un Marruecos plurilingüe y diverso; y mediante la figura de Aïcha, la madre de Anir, también nos empuja a añadir capas a la maternidad.
Durante el día, el cuerpo de Aïcha es sedentario. Sin embargo, de madrugada Aïcha recorre los senderos de Inzerki, y su conocimiento de estos caminos será clave para la supervivencia del pueblo. El cuerpo es también el eje sobre el que está construida la primera novela de Salma El Moumni, Adieu Tanger, que, más allá de su referencia marroquí, también nos permite pensar el mundo. Alia es una joven que narra en segunda persona una experiencia de violencias múltiples: debe abandonar Marruecos porque se difunden fotos íntimas de ella sin su consentimiento. En ese «tú» que ha escogido El Moumni cabe un «nosotras», en femenino, y también un «nosotros» masculino, porque la autora busca interpelar con esta elección al conjunto de su audiencia.
La tierra de Inzerki se está secando, y, como consecuencia de ello, el silencio sustituye poco a poco el habla de las abejas. En este sentido, Inzerki es también el mundo: frágil, doliente
En Adieu Tanger cabe asimismo una ira colectiva hacia la violencia patriarcal que no solo está presente en Marruecos, sino que también sustenta la sociedad francesa e impregna ambas orillas del Mediterráneo. El texto explora otras heridas, sobre todo las que fabrica el exilio, y propone una aproximación poliédrica a la noción de mirada. La novela está atravesada por la mirada masculina sobre el cuerpo de Alia, y por el modo en cómo ella mira y (re)conoce su propio cuerpo. También por la mirada de Alia hacia su Tánger natal, que recorre gracias a recuerdos de infancia, y por cómo es leída ella en la ciudad francesa en la que decide instalarse.
El «tú» es el universo gramatical que escoge Mireia Estrada Gelabert —moderadora de la primera sesión de «Narrativas azules y lilas»— para su novela Sense sucre, traducida al castellano como Sin azúcar y prologada por Kalima Ziali en esta lengua. Sin azúcar reflexiona con franqueza y sin voluntad dogmática sobre cuerpos, alteridad, estereotipos y miradas cruzadas, a partir de la experiencia de una «mujer occidental» cuyo conocimiento de Marruecos viene mediado por el hecho de estar casada con un marroquí. El vaivén de la narradora entre Marruecos y Cataluña le permite «vivir con más ligereza la tiranía de un modelo único impuesto a la infinita diversidad de cuerpos de las mujeres» y tomar conciencia «de la arbitrariedad cultural y demoledora del paradigma corporal». Del mismo modo que los cuerpos que encontramos en la novela son plurales, también es plural el retrato del islam que hace la protagonista. En un juego de ecos múltiples, la narradora recupera una idea de Malcolm X que le transmite su marido: en el hajj, la peregrinación a La Meca, se puede sentir «el latido de las clases populares» y la diversidad de tradiciones culturales que conforman la comunidad de creyentes, la umma.
En Comme nous existons, Kaoutar Harchi abraza la autobiografía para contar qué significó crecer en Francia rodeada por un padre y una madre que solo se sentían chez eux cuando visitaban su Marruecos natal. El libro se ha publicado en castellano en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo —cuya editora, Ourdia Sylvia Oussedik, moderó el diálogo con Harchi en el ciclo de «Narrativas»—, que también busca ampliar el imaginario mediterráneo al que tenemos acceso en castellano. A partir de su historia familiar, Harchi, socióloga además de escritora, radiografía las vidas de otras «familias poscoloniales» en la Francia de los 2000; una Francia que, contrariamente a la descripción de Malcolm X, despliega una visión monolítica del islam y la equipara con la inmigración.
Para quienes, como los Harchi, viven en el extrarradio y son inmigrantes, musulmanes y un peligro público, la violencia policial sobre sus cuerpos está, pues, justificada. En los albores de la adultez, la autora se involucra en movimientos sociales colectivos que buscan deshacer esas ecuaciones y descubre el valor político que puede llegar a tener la literatura. En la facultad lee a Abdelmalek Sayad y advierte el don que otorgan los grandes autores: «la posibilidad de una presencia […], la certeza de una representación». La posibilidad, también, de la reparación.
Harchi y el resto de voces que insuflan palabras y reflexiones a este texto son «grandes autoras». Como hicieran Sayad y Candel, las obras de quienes recorren estas páginas brindan su existencia a un Mediterráneo que no se deja encorsetar; multiplican las representaciones de los cuerpos que lo habitan así como las contradicciones, dudas y promesas que constituyen esos cuerpos. Zarandean estereotipos. Las autoras que protagonizan este relato —que es uno de los muchos que podrían escribirse— se expresan mediante ensayos, con poemas, a través de novelas e historias dirigidas a un público juvenil. Se expresan en catalán, en castellano y en francés, unas lenguas que están nutridas por el tamazight, el darija marroquí y el árabe clásico. Sus escritos plurilingües nos instan a mirar más allá de los bordes de las representaciones que esencializan. Nos invitan a hablar, a «hablar entre nosotras», como las mujeres djebarianas, para que contemos el Mediterráneo de otra manera.
Obras citadas
AOUATTAH, A., L’Etern retorn, Argentona, Voliana Edicions, 2018.
CANDEL, F., Els altres catalans, Barcelona, Edicions 62, 1964.
DJEBAR, A., Femmes d’Alger dans leur appartement, Paris, Éditions des femmes, 1980.
EL AADDAM, S., Hija de inmigrantes, Barcelona, Nube de Tinta, 2022.
EL HACHMI, N., Jo també sóc catalana, Barcelona, Columna, 2004.
EL MOUMNI, S., Adieu Tanger, Paris, Grasset, 2023.
ESTRADA GELABERT, M. Sense sucre, Barcelona, Ara Llibres, 2022.
HARCHI, K., Comme nous existons, Paris, Actes Sud, 2021.
HATIBI, M., Mira’m als ulls. No és tan difícil entendre’ns, Barcelona, Rosa dels Vents, 2018.
L’BAKKALI, Ò., Un far a tres minuts de casa, Barcelona, Columna, 2023.
MEKOUAR, Z., Souviens-toi des abeilles, Paris, Gallimard, 2024.
SAHEB, F., Madres migrantes, Barcelona, Jaŋde Editorial, 2025
SAID, E. W., Orientalism, New York, Pantheon Books, 1978.
TOURIEl Mansouri, S., Desenllaços. Identitat, dol migratori i racisme, El Masnou, Neret Edicions, 2022.
ZIALI, K., Una oración sin dios, Granada: Esdrújula Ediciones, 2023.