La dinámica regional se ha complicado desde el inicio de la guerra. Más que nunca, la resolución de la crisis árabe-israelí es relevante para la estabilidad de la región a largo plazo.
Con la nueva configuración del Parlamento Europeo, encontrar un equilibrio entre seguridad, desarrollo y sostenibilidad medioambiental será clave para navegar por el complejo panorama político
Pese a los crecientes vínculos euromediterráneos, los intercambios agrícolas son decepcionantes y las esperanzas surgidas de los acuerdos divergen considerablemente.
Samaia Bisharat: "El críquet me ayudó a integrarme cuando llegué a Barcelona. El deporte te obliga a dejar atrás las diferencias, tienes que entenderte con tus compañeras para que el equipo avance".
Aunque la eficacia del deporte como forma de integración no se ha demostrado rigurosamente, es un buen laboratorio de relaciones interculturales en su máximo y, a veces, en su mínimo esplendor.
A pesar del aparente consenso sobre el valor social añadido del deporte en la acogida de inmigrantes y la lucha contra el racismo, no existe un marco político vinculante a escala europea.
Mientras el conflicto en Gaza ha entrado en un callejón sin salida y crece la tensión en el Sur de Líbano, aumentan los problemas internos en Israel que parece haber perdido la batalla del relato.
Tanto en Occidente como en los países árabes, existe una desconexión entre la respuesta de los gobiernos a la guerra en Gaza y sus ciudadanos, mayoritariamente pro-palestinos.
Los Estados del Golfo –Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos– se han convertido en los principales proveedores de financiación política para los gobiernos, y otros agentes de poder, de la región.
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