Fátima Mernissi, la tejedora del Mediterráneo

A lo largo de su historia milenaria, la cuenca del Mediterráneo ha alumbrado el nacimiento de grandes tejedoras de palabras, mujeres que han hecho del tejer un acto de poder simbólico. Como la eterna cadencia de Penélope, arquetipo en La Odisea de astucia e inteligencia; como Atenea, diosa de la sabiduría, venerada por ser la deidad del telar que expande y anuda el conocimiento; o como las tres Moiras, Cloto, Láquesis y Átropos, personificación femenina del destino inalterable de los mortales que hilvana, mide y corta el hilo de la vida. De la fuente de la inspiración de las tejedoras imaginadas, míticas, ha podido beber Fátima Mernissi (Fez, 1940 – Rabat, 2015) para devanar su madeja creativa, compuesta por historias de activismo y resistencia, de feminismo valiente; y para abrir caminos insospechados en la íntima relación entre género, religión, cultura y poder.

Fátima Mernissi será siempre recordada como una intelectual amaziga-marroquí, innovadora, heterodoxa, pero, sobre todo, feminista en unos tiempos en los que el «principio de igualdad entre mujeres y hombres» se veía como una idea revolucionaria y contestaria. Su defensa férrea de los derechos de las mujeres es un hecho intrínseco a su figura. De ella destacan su visión pionera sobre el papel de las nuevas tecnologías y el haber trascendido como uno de los grandes referentes internacionales en los estudios sobre el islam y el Corán. Fue una mujer extremadamente culta y con una curiosidad insaciable que le permitió abarcar disciplinas como la historia, las ciencias políticas o la sociología para entrelazarlas desde perspectivas novedosas y rupturistas para su época. Fátima Mernissi fue muchas cosas: investigadora social, profesora universitaria, consultora, ensayista y, sobre todo, escritora.

Fátima Mernissi en un evento en el IEMed (Barcelona) en los años 1990. (Fotografía: IEMed)

Su prolífico legado autoral abarca casi una treintena de libros, valientes y audaces, en los que se atrevió a abordar verdaderos tabúes para la cultura arabomusulmana. Su primer libro fue toda una declaración de intenciones: Sexo, ideología e islam (1975). A partir de ese momento verían la luz, de manera paulatina, muchas de sus obras notables, como El harén político: el profeta y las mujeres (1987), donde analiza la tradición transmitida con posterioridad al profeta Mahoma en relación con la mujer; u otros títulos en los que hace hincapié en la defensa de los derechos de las mujeres y en la denuncia de la opresión de estas, poniendo en duda el sistema patriarcal de la sociedad musulmana. En esta línea destacan títulos como Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén (1996); El harén en Occidente (2002); o El amor en el islam: a través del espejo de los textos antiguos (2008).


En el año 2003, Fátima Mernissi recibiría el Premio Príncipe de Asturias de las Letras junto a Susan Sontag. El jurado justificó la decisión de otorgar un reconocimiento ex aequo aludiendo no solo a la «profundidad de pensamiento y calidad estética de [las] obras» de ambas escritoras, sino al hecho de que las dos, pese a partir de universos distantes, supieron sostener como nadie, desde el compromiso social y el diálogo intercultural, los pilares sobre los que reposan los puentes de entendimiento entre Oriente y Occidente.

Claves para entender una figura poliédrica

Cuando se cumplen diez años de su fallecimiento, comprender en profundidad la figura de Fátima Mernissi requiere una mirada aguda y poliédrica, capaz de reparar en los matices de sus múltiples costados y aristas. Un intento de definirla, sin pretensiones y a sabiendas de que un retrato completo es imposible, debe contemplar, al menos, los rostros superpuestos de cuatro mujeres: la feminista crítica, la activista comprometida, la escritora tejedora y la investigadora heterodoxa. Cuatro mujeres, una sola voz. Fátima. Los siguientes párrafos evocan a las cuatro a la vez que amplifican el eco de una voz única que sigue perdurando hoy en día.

La feminista crítica

Con una mirada lúcida, humanista y valiente, Fátima Mernissi fue capaz de desmontar los argumentos del machismo estructural presentes en muchos contextos islámicos, incluido el de su propio origen, pero también los estereotipos simplificadores sobre las mujeres musulmanas que, durante décadas, se han impuesto en Occidente. Su pensamiento siempre se situó en una posición incómoda y fértil: crítica con las estructuras patriarcales internas, pero también con las miradas paternalistas o reduccionistas que llegaban desde fuera. Convencida del papel central de la sociedad civil como motor de democratización y modernización, Mernissi defendió la necesidad de construir marcos de emancipación arraigados en los propios contextos culturales. Nunca se identificó plenamente con el feminismo laicista ni con las corrientes de feminismo importadas de Europa, pero tampoco se definió como feminista musulmana en un sentido doctrinal. Su apuesta fue otra: releer desde una perspectiva crítica los textos y las tradiciones de la herencia islámica para cuestionar las interpretaciones patriarcales consolidadas. Desde dicho enfoque, su obra puede entenderse como un ejercicio de descolonización del pensamiento feminista al interrogar constantemente a la sociedad sobre las exclusiones que produce, sobre los mecanismos que construyen la autoridad social y sobre la manera en que se distribuyen los roles y los espacios de poder. Mernissi reclamó una igualdad real, y lo hizo denunciando las formas de injusticia que se legitiman a través de la tradición, la autoridad y la costumbre.

«Las mujeres son el motor de la sociedad civil. Somos nosotras quienes la hacemos avanzar (…) porque no tenemos ninguna otra opción»

La activista comprometida

A lo largo de una vida de compromiso incansable, Mernissi se convirtió en una figura de referencia que hoy sigue inspirando el activismo contemporáneo. Entendía la comunicación, el conocimiento y la palabra como herramientas de transformación social. Desde esa convicción, impulsó iniciativas destinadas a fortalecer la sociedad civil marroquí y a abrir espacios de participación para quienes estaban en los márgenes. Entre estas iniciativas destaca la Caravane civique, un proyecto que reunió a artistas, intelectuales y activistas con el objetivo de acercar la cultura, la educación y el debate público a regiones rurales y comunidades vulnerables de Marruecos. A través de encuentros, talleres y proyectos colectivos, en muchos casos vinculados al trabajo de mujeres y artesanos, la caravana recorría territorios periféricos creando redes de intercambio y visibilizando a actores sociales que soñaban con transformar el país. Mernissi concebía estas experiencias como espacios donde la palabra circulaba libremente y donde la ciudadanía se volvía protagonista de la vida pública. Para ella la libertad nunca fue un eslogan, sino un ejercicio constante de lucidez. Dotada de una extraordinaria inteligencia narrativa, supo convertir la investigación sociológica en relato, haciendo visible aquello que parecía natural o inevitable. Al contar historias de mujeres, de jóvenes o de comunidades invisibilizadas, nos enseñó a leer el mundo sin dejarnos hipnotizar por sus evidencias y a reconocer las estructuras de poder que lo atraviesan.

«La dignidad es tener un sueño, un sueño fuerte que te dé una visión, un mundo donde tienes tu lugar y donde tu participación, por mínima que sea, cambiará algo. Cuando el mundo no te necesita, estás en un harén»

La escritora tejedora

Estamos ante una figura clave que, con su obra, contribuyó a tejer una genealogía literaria femenina en el Magreb. Sus textos también han sido fundamentales para favorecer la llegada y circulación de voces marroquíes en el espacio literario catalán y español. Mernissi recoge palabras, escucha relatos y actúa como altavoz: cuenta su país y su cultura a través de las voces de las mujeres, rescatando historias que durante mucho tiempo resonaron únicamente en el ámbito de la oralidad. Su escritura abre la puerta de las bibliotecas a las voces olvidadas, les brinda la posibilidad de permanecer. Sus relatos invitan a revisar el pasado y a tomar conciencia de cómo se construyen los discursos, cuestionando estereotipos y estableciendo un diálogo con la alteridad. En su obra se entretejen géneros, tradiciones culturales y lenguajes diversos, los cuales configuran una escritura híbrida que convierte la palabra en un espacio de encuentro múltiple y de memoria, pero también en un arma punzante para la lucha social. Sherezade y Simbad nunca la abandonaron, por imposibles que pareciesen sus propósitos. Quizás como agradecimiento por su inquebrantable lealtad, los homenajeó en libros tan reseñables como Scheherazade Goes West (2001) y Les Sindbads marocains: voyage dans le Maroc civique (2004).

«En su lucha por la supervivencia y la libertad, Sherezade no comanda soldados, sino palabras»

La investigadora heterodoxa

Siempre desde una posición de rigor y audacia intelectual, desarrolló una investigación marcada por el cuestionamiento de los relatos hegemónicos, sin importar si esos consensos procedían de Oriente o de Occidente. Con una lucidez poco complaciente, su pensamiento y su mirada crítica rompieron costuras para abrir nuevos marcos de reflexión sobre cuestiones como el poder, la religión o la condición de las mujeres. Socióloga de formación, practicó una manera de investigar intuitiva y abierta, menos constreñida por las estrictas reglas de la academia. Esta heterodoxia le permitió explorar caminos más allá de la sociología clásica, pese a enfrentarse con frecuencia a resistencias que la expulsaban una y otra vez de los cánones dominantes. Un ejemplo notable de su contribución científica puede leerse en Rêves de femmes: une enfance au harem (1996), donde indaga en el concepto de hudud, entendido como frontera o límite entre lo público y lo privado, entre el colonizado y el colonizador, entre lo masculino y lo femenino. Explorar esos umbrales, cuestionar quién los define y cómo se mantienen, fue una constante en su pensamiento, siempre orientado a desvelar las estructuras invisibles que organizan la vida social.

«El baluarte contra la opresión es el conocimiento»

Acto de homenaje: feminismo, voz y coraje

El pasado 16 de febrero de 2026, con motivo del décimo aniversario de la muerte de Fátima Mernissi, en noviembre de 2015, el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) organizó, en colaboración con Tamettut-Associació de Dones Amazigues de Catalunya, un acto de homenaje en Barcelona. El evento, que llevaba por título «Fátima Mernissi: feminismo, voz y coraje», tuvo el propósito de celebrar a una mujer valiente, feminista, defensora de los derechos humanos y profundamente estudiosa. El acto estuvo compuesto por una glosa de la figura de la autora, una reflexión pausada sobre las obras cumbre que la han convertido en un referente indispensable y, por último, una mesa redonda sobre su impronta como socióloga, escritora y activista. Moderada por Gemma Aubarell, directora del Área de Cultura, Género y Sociedad Civil del IEMed, prestaron su voz al acto para recordar a Mernissi Maria-Àngels Roque, doctora en Antropología Social y Cultural; Driss Ksikes, escritor y coordinador de la Cátedra Fátima Mernissi de la Universidad Mohammed vi (UM6) de Marruecos; Touria Majdouline, escritora, novelista, poeta y profesora universitaria; Meritxell Joan, investigadora especialista en el Magreb y profesora en la Universitat Pompeu Fabra; y Salwa El Gharbi, investigadora social y representante de Tamettut. Además, Senén Florensa, presidente del IEMed; y Eva Menor Cantador, consejera de Igualdad y Feminismo de la Generalitat de Catalunya, fueron los encargados de dar la bienvenida institucional.

Acto de Homenaje «Fátima Mernissi: feminismo, voz y coraje»

Selección de fotos del acto de homenaje

Acte homenatge a Fàtima Mernissi

Sobre Mernissi

 Salwa El Gharbi recita un poema en recuerdo de Fátima Mernissi.

Meritxell Joan y Touria Majdouline definen en pocas palabras la esencia de una mujer inspiradora.

Driss Ksikes analiza la figura poliédrica de Fátima Mernissi desde tres miradas complementarias.