Turquía y Europa
Para el ministro turco de Asuntos Religiosos, la adhesión de Turquía a la UE tiene una importancia global
Entrevista a Mehmet Aydin por Senén Florensa y Jordi Bertran
Tras reavivarse el debate sobre las negociaciones de adhesión entre Turquía y la Unión Europea (UE) debido a la controversia por Chipre, afkar/ideas entrevistó en Barcelona a Mehmet Aydin, ministro turco de Asuntos Religiosos desde 2002. Conocido por su enfoque tolerante hacia el hecho religioso, se ha ganado el respeto del conservador demócrata Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el poder, y de los círculos laicistas. Doctorado en Filosofía por la Universidad de Edimburgo, ha impartido clases de Filosofía de la ética, política y religión, y sus aportaciones al campo académico abarcan desde temas filosóficos y religiosos hasta los relacionados con la cultura, las políticas de derechos humanos y el diálogo cultural. En los últimos años se ha dedicado ampliamente a los asuntos europeos, en especial los de carácter cultural y religioso. También ha compartido la presidencia del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones.
afkar/ideas: ¿Hasta qué punto considera que la historia y las percepciones, fruto de tantos siglos, son importantes para la actual relación entre Europa y Turquía?
mehmet aydin: Muchos de los prejuicios e imágenes, las positivas y las negativas, tienen raíces históricas. Entre España y Turquía hay imágenes que vienen de lejos. Por ejemplo, en Austria, al mencionar el nombre de Viena, son muchos los que rememoran, entre otras cosas, el sitio de la ciudad, que tuvo lugar hace siglos. Los países centroeuropeos tal vez tienen más ideas preconcebidas, positivas y negativas, que las que puedan tener Italia, España y Portugal. Sin embargo, es muy importante lo que tenemos en común. Entre las tres religiones monoteístas, por ejemplo, hay más similitudes que diferencias, sobre todo en lo relativo a cuestiones morales.
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La modernización turca
Turquía debe convencer a los europeos de la sinceridad de su compromiso de integrar los valores europeos esenciales
Alain Servantie
La apertura de negociaciones, enfocadas a una eventual adhesión de Turquía a la Unión Europea (UE), suscita intensos debates en la prensa de algunos Estados miembros de los cuales se ha hecho eco el Parlamento Europeo, en el que algunos diputados (especialmente el Partido Popular Europeo-PPE, los No Inscritos y la Unión por la Europa de las Naciones-UEN) dijeron con dureza que Turquía no pertenece a Europa ni por su situación geográfica, ni por su historia, ni por su cultura. Los sondeos de opinión realizados por iniciativa de la Comisión Europea (Eurobarómetro) demuestran que el rechazo es mayor en Austria, donde el recuerdo de los dos asedios turcos a Viena (1529 y 1683) es un elemento constituyente de la identidad nacional, de la misma forma que en Malta.
Sin embargo, el Imperio Otomano fue una potencia europea desde el desembarco en la orilla europea de los Dardanelos (1353) y el establecimiento de su capital en Edirne (1365), mucho antes de tomar el control de Anatolia y de expandirse hasta Egipto, la Península Arábiga y el norte de África. La ocupación de los territorios bizantinos, y finalmente de Constantinopla (1453), dio lugar a una cierta recuperación de la herencia bizantina que consistió solamente en restablecer los acuerdos adoptados con las repúblicas italianas, o en un primer momento, recuperar las alianzas matrimoniales con los príncipes cristianos, muy parecidas a las alianzas medievales entre los príncipes occidentales (pero esta vez en un solo sentido).
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