Coedición con Estudios de Política Exterior
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Vivir a tu luz

Carla Fibla
Periodista especializada en información internacional y mundo árabe  
Vivir a tu luz
Abdelá Taia.
Cabaret Voltaire, Madrid, 2023, 224 pág

Desde la valentía y la desnudez con la que siempre ha narrado el escritor marroquí Abdelá Taia (Salé, 1973), Vivir a tu luz cierra una trilogía que podría convertirse en cuarteto o en los volúmenes que necesite, hasta terminar de exprimir una autobiografía en la que cuenta un país desde la mirada de un niño en un entorno que se volverá muy hostil, y desde la de un adulto que ha encontrado la libertad para crear en el exilio.

Tras El que es digno de ser amado (2018) y Mi Marruecos (2019), Taia mantiene un estilo poético, duro y transgresor, a la vez que sensible; una escritura atropellada que suele frenar con reflexiones sentencia. “No vengas nunca a recordarme lo que nunca lograré borrar dentro de mí, a Allal, que ya no está”, le dice Jaafar (el ladrón con el que conversa al final de la novela) a Malika; que a su vez le dice a Allal (con el que se casa muy joven y que es enviado por Francia a combatir a Indochina, poco antes de la independencia de Marruecos): “Puedes decir no. Vas a decir no a tus padres. Vas a librarte del miedo que te han inoculado. Vas a librarte del respeto obligatorio. Vas a librarte de la sumisión”.

La obra de Taia es sinónimo de compromiso social, homosexualidad, desigualdad, marginación, exclusión, superación y crecimiento personal… realidades y valores que en Vivir a tu luz marcan el homenaje a Malika (1930-2010), su madre. A través de tres momentos de la vida de la que califica como la «reina de su reino, sin necesidad de ser legitimada», relata la dura vida en el campo, desde la colonización hasta la muerte de Hassan II, la adaptación a la ciudad, y las dificultades para sobrevivir en la época en la que más sola, aislada e incomprendida se siente, en la vejez. Una mujer resiliente con un gran relato de superación a sus espaldas, una mujer pobre, inculta y solitaria, a la que Taia hace conversar con personas que no son afines a su línea de pensamiento, y a la que retrata con la misma dureza y frialdad con la que considera que educó a sus hijos para que fueran capaces de salir adelante.

Malika se autodefine como «una pobre mujer de este país… que rezuma pobreza», y ese mismo argumento es al que Taia logra dar la vuelta para que comprendamos la capacidad de transformación (para pasar de la compasión al odio) y cambio, mediante la determinación, con lo que se acaba convenciendo de que Malika es «la más fuerte». La combinación entre la delicadeza y la violencia que caracteriza la escritura de Taia, aparece también en Vivir a tu luz. Logra hablar con una naturalidad que acaba doliendo sobre las lógicas de la dominación entre las sociedades marroquíes y francesas, apelando a la acción, a rebelarse. Y lo hace al describir a Monique como «bella y blanca», para que no quede duda de que esa imagen y posición social responden a la prepotencia de Francia en el papel que jugó en la historia de Marruecos.

Sorprende que esta obra, como otras del autor, puedan adquirirse en su país de nacimiento por la crítica sin contemplaciones al sistema que hace que la gente sea desgraciada y se comporte de forma injusta. También hace ajustes de cuentas con la historia del país al hablar de la valentía y la lucha del histórico opositor al régimen de Hassan II, padre del actual monarca, en un momento del relato al referirse a Mehdi Ben Barka como “rey”. “Es más que un rey. Más que un general. Es un hombre como nosotros, que piensa en nosotros, que trabaja para nosotros”, explica Malika en el libro. Taia arriesga con unos argumentos donde no evita hablar del majzén, ni de “Alá todopoderoso”.

La humanidad de los argumentos que expone tanto Malika como las personas que la rodean, obliga a una reflexión que sigue siendo tabú en el país magrebí. También ocurre al plantear de forma directa y con la naturalidad de una relación desde el amor, la homosexualidad, que sigue estando criminalizada por ley, y que en el libro se practica en la libertad que proporciona estar encarcelado. La voz y la mirada de Malika forman parte de una sociedad a menudo incomprendida y abandonada, una sensación que mantiene fuertes vínculos con la realidad actual de Marruecos. Taia no se conforma con el berrinche, aboga por el cambio, confía en que los oprimidos, conscientes de su fuerza, cambien el rumbo. Desde el sufrimiento y el dolor inevitable, este autor ya consagrado parece estar más dispuesto que nunca a que su relato confesional sirva para algo, que aporte «luz». 

Carla Fibla, periodista especializada en información internacional y mundo árabe  

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