Visiones económicas para Túnez

“Esperamos reforzar las relaciones privilegiadas con nuestros socios tradicionales, pero Europa se encuentra en plena crisis y, por tanto, tratamos de diversificar nuestras fuentes de financiación”.

ENTREVISTA con Ridha Chkundali por Javier Albarracín

Túnez parece estar saliendo a duras penas del parón económico provocado por la revolución que vivió durante 2011. El nuevo gobierno elegido democráticamente se enfrenta al reto de reactivar el crecimiento y lograr la paz social lo antes posible, especialmente mediante la creación de empleo para los jóvenes, con el fin de garantizar una transición estable hacia la democracia. AFKAR/IDEAS tuvo la oportunidad de hablar de los retos económicos de Túnez con Ridha Chkundali, profesor de Ciencias Económicas y asesor de Ennahda, el partido mayoritario en la coalición gubernamental del primer ministro Hamadi Yebali. Chkundali describe la visión económica de su movimiento, basada en un modelo de economía de mercado que otorga un lugar importante a la economía social y solidaria. Subraya, asimismo, la necesidad de reformar el sistema fiscal, introducir la banca islámica y diversificar sus socios extranjeros, dirigiéndose especialmente hacia los países del Golfo y los vecinos magrebíes.

AFKAR/IDEAS: ¿Cuáles son las prioridades del movimiento Ennahda en el terreno económico?

RIDHA CHKUNDALI: Partimos de un hecho probado: la política fiscal en Túnez es injusta en detrimento de los asalariados y los consumidores. Los asalariados pagan más de la mitad del impuesto directo (54%) y la totalidad de los impuestos indirectos, mientras que las empresas y los empresarios pagan más o menos el 46% del impuesto directo y nada del indirecto. Además, el fraude fiscal ocupa un lugar muy importante entre los empresarios. Al mismo tiempo, paradójicamente, existen ventajas fiscales para las empresas que sufren problemas de crecimiento. En efecto, hasta ahora, a las empresas les interesaba presentar resultados económicos mediocres para recibir subvenciones y poder beneficiarse de las ventajas fiscales. El objetivo de Ennahda, por tanto, es reformar la política fiscal y, por ejemplo, conceder ventajas fiscales a las empresas, siempre que tengan un volumen de negocio o una producción determinados. De esta manera, vamos a perseguir los objetivos de crecimiento económico y de reducción del desempleo. En relación con nuestro programa económico, tenemos dos visiones: a corto plazo y a largo plazo. En cuanto a la primera, se trata de fomentar la demanda interna frente a la externa que es la exportación.

Las tendencias actuales muestran que el primer socio comercial de Túnez, Europa, sufre problemas de deuda y de caída de la demanda interna. Ahora bien, si analizamos el crecimiento económico tunecino a lo largo de la historia, observamos que siempre ha estado correlacionado con la curva de crecimiento europeo. Por eso es necesario apoyar la demanda interna tunecina, que es un factor más seguro de crecimiento, dando ventajas al consumo privado. A título de ejemplo, hemos propuesto ampliar la franja que disfruta de la exoneración del pago del impuesto sobre la renta a fin de que la categoría de población de renta intermedia pueda consumir más y, de ese modo, reactivar el crecimiento económico del país. De hecho, el crecimiento en Túnez se produce básicamente gracias a la franja intermedia, es decir la clase media, que se había degradado hacia unas franjas inferiores debido a la inflación, aumentando la masa de pobres.

A/I: Ennahda también habla de fomentar un tercer sector económico que puede ayudar a esta franja de población, es decir, el sector de la economía social y solidaria. ¿En qué consiste?

R.C.: Túnez, desde la segunda mitad de la década de los ochenta y más concretamente desde la aplicación del PAS, adoptó un modelo al que llamaba modelo de economía de mercado, e hizo creer a nuestros amigos europeos que lo aplicaba efectivamente. Ahora bien, este modelo exige que exista un sector público que cree condiciones favorables para que el sector privado invierta y produzca. La realidad es justamente la contraria: este sector público, representado por el Estado, ha sido más bien un agente que obstaculiza el desarrollo del sector privado mediante operaciones de corrupción y pillaje de los recursos financieros. En teoría tenemos una economía de mercado, pero en realidad, nuestro modelo no tiene nada que ver.

Aunque haya generado un crecimiento medio del orden del 4% anual, desde principios de la década de los noventa este modelo ha mostrado estas limitaciones, ha sido incapaz de absorber las demandas adicionales de empleo y, desde entonces, más del 10% de las demandas adicionales se añaden a la bolsa de desempleo. El movimiento Ennahda propone establecer una relación de complementariedad entre estos dos sectores. Una buena gobernanza debe unir estos dos sectores con todas las características que la definen: accountability, transparencia, participación, Estado de derecho, igualdad, legitimación, libertades políticas y lucha contra la corrupción. El modelo anterior carecía de todos estos elementos y la clasificación de Túnez según el PNUD ha bajado considerablemente en estos indicadores y, sobre todo, en el de la accountability, en el que ocupa los últimos puestos.

Añadimos un tercer sector: el de la economía social y solidaria representada por las diferentes ONG profesionales y civiles. Estas últimas fueron excluidas del antiguo modelo, en el que solo representaban el 0,3% del PIB en 2010. Este tercer sector debe desempeñar tres papeles fundamentales: primero, reducir la tasa de desempleo; segundo, erradicar la pobreza redistribuyendo la riqueza de los ricos hacia los pobres mediante mecanismos clásicos o que forman parte de la economía islámica como el zakat (la limosna) y el wakf (donación); y tercero, reducir el déficit presupuestario y, por tanto, el recurso al endeudamiento, ya que este tercer sector puede realizar inversiones de carácter social, por ejemplo en educación (construcción de colegios, institutos y universidades o mediante la concesión de becas de estudios universitarios) o en sanidad. En este modelo de economía de mercado social y solidaria, el Estado es un agente regulador que protege el equilibrio social, fomenta la iniciativa, la creatividad, la competencia legítima, el lucro legal y el respeto y protección de la propiedad privada.

A/I: Por el contrario, las subvenciones actuales para los productos alimentarios y los hidrocarburos afectan de forma importante a ese déficit del Estado. ¿Existe un programa para replantearse esta política de subvenciones tan costosa e ineficaz?

R.C.: Ennahda no ha tomado una decisión sobre el tema de las subvenciones, ya que es una cuestión delicada con dos vertientes: si las eliminamos, eso afectará a los pobres; si las mantenemos, no estaremos en una economía de mercado. Además, no son igualitarias porque los ricos las reciben más que los pobres. A corto plazo, no tocaremos en ningún caso las subvenciones, pero a medida que la economía se reactive y pueda generar crecimiento y plusvalías, se podrán incrementar los recursos del Estado y la renta de las personas y, por tanto, se podrá llegar a una situación en la que la subida de los precios de esos productos sea aceptable. La reducción de las subvenciones solo puede realizarse por etapas en función de la evolución de la economía. A largo plazo, Ennahda quiere aumentar la renta de los más pobres, ampliar la clase media y poder reducir así el recurso a las subvenciones.

A/I: ¿Qué papel puede desempeñar aquí la economía islámica?

R.C.: La economía islámica está formada por cuatro ejes: los bancos islámicos, la zakat, los wakf o habis, y las takaful (mutuas de seguros). El gobierno tunecino ha mostrado su voluntad de abrir la economía a los bancos islámicos, porque han demostrado ser más rentables y resistir mejor las crisis, especialmente a la crisis financiera internacional. Los resultados han mostrado que la tasa de crecimiento de los activos de los bancos islámicos es mucho mayor que la de los activos de los bancos clásicos. Además, la llegada de la banca islámica a Túnez debería mejorar la competencia del sector. Actualmente, tenemos bancos clásicos que ofrecen los mismos productos al mismo coste y con una calidad similar. La llegada de nuevos productos financieros (islámicos o no) va a obligar a los otros bancos clásicos a mejorar la calidad de sus productos.

A/I: En este sentido, ¿habrá una cooperación más intensa con los países del Golfo, como Catar?

R.C.: Los países del Golfo tienen dinero y nosotros necesitamos financiación. Esperamos reforzar nuestras relaciones privilegiadas con nuestros socios tradicionales (Francia, Italia y España), pero Europa se encuentra actualmente en plena crisis de deuda. Por tanto, tratamos de diversificar nuestras fuentes de financiación, manteniendo siempre en mente nuestras relaciones de vecindad con los países del Mediterráneo.

A/I: ¿Cómo ve las relaciones con Turquía?

R.C.: Turquía ha registrado tasas de crecimiento de dos cifras y es uno de los pocos países que ha presentado superávit presupuestario gracias a una buena gobernanza. Túnez, a través de sus relaciones privilegiadas con Turquía, querría inspirarse en esta experiencia exitosa. Además, Turquía es un país vecino del Mediterráneo, que puede dar un apoyo financiero a Túnez e impulsar las inversiones.

A/I: Antes, las relaciones entre el Estado y las élites empresariales eran muy estrechas. El sector privado se encuentra considerablemente estigmatizado debido a ello. ¿Existe actualmente en Túnez un proceso de creación de nuevas instituciones de representantes del sector privado?

R.C.: El movimiento Ennahda tiene una política muy clara que consiste en no mezclarse en los asuntos internos de estas organizaciones y en preservar la independencia de las organizaciones patronales y sindicales. Actualmente la asociación patronal está dividida en tres o cuatro organizaciones y les corresponde a ellas reformarse, celebrar elecciones y elegir a sus nuevos representantes.

A/I: ¿Qué se puede hacer para revitalizar la cooperación Sur-Sur? ¿El objetivo del gobierno consiste en reforzar la Unión del Magreb Árabe (UMA) o más bien en crear nuevas relaciones internacionales de distinta naturaleza?

R.C.: La UMA es una prioridad para la economía tunecina. En primer lugar, porque en un marco de globalización las economías deben integrarse en organizaciones regionales, que constituyen un elemento fundamental de negociación a nivel internacional. Además, el Magreb cuenta con 80 millones de habitantes y puede, por tanto, constituir una respuesta a la necesidad de crecimiento interno e incluso de exportación de los países magrebíes. ¿Cómo construir este Magreb árabe? A diferencia de la Unión Europea, que se construyó con un espíritu de convergencia basado en el Tratado de Maastricht, el Magreb debería construirse más bien sobre el criterio de la complementariedad. Mientras que las economías marroquí y tunecina son parecidas, las de Argelia, Libia y Mauritania son completamente diferentes.

Por ejemplo, Argelia y Libia producen petróleo mientras que Túnez lo necesita. Al mismo tiempo, Túnez cuenta con una mano de obra cualificada y necesita exportar sus productos. Por tanto, son mercados que se complementan. Durante las visitas del presidente de Túnez, Moncef Marzuki, a los demás países del Magreb, se firmaron acuerdos, como por ejemplo el de la construcción de un tren de alta velocidad para acercar a los países. La creación del Magreb árabe permitiría a Túnez responder a un objetivo primordial de la revolución, el del equilibrio regional. Desde hace tiempo, las regiones desfavorecidas del interior han sufrido la política del turismo de “sol y playa”. Ahora bien, estas regiones no están expuestas al mar y, por tanto, no se las tenía en cuenta en los programas de desarrollo. Por el contrario, las autoridades públicas utilizaban sus recursos para invertir en las regiones costeras. La construcción del Magreb árabe y la instauración de una zona franca en estas regiones, por ejemplo, estimularían su crecimiento y podrían ser un factor de erradicación de la pobreza.

A/I: ¿Existen divergencias en el seno del gobierno de coalición actual en el terreno económico?

R.C.: Si observamos los programas de los tres partidos, vemos que todos están de acuerdo en la instauración de un modelo de economía de mercado con la presencia, además, de una economía solidaria. Existe una cierta coincidencia respecto a los principales objetivos de la revolución y algunas divergencias en torno a los medios para alcanzar estos objetivos. Puede que haya desacuerdos entre los tres partidos sobre cuestiones políticas o relacionadas con las libertades, pero el entendimiento es excelente en lo que se refiere a la visión macroeconómica del país.