Tres perfiles de mujeres dirigentes

Mientras el gobierno islamista marroquí es criticado por incluir solo a una mujer entre los 30 ministerios, otras tres entran en la escena actual tras haberse convertido en directoras, presidentas de instituciones o de partidos.

ENTREVISTA a N. Munib, M. Bensalah y A. Lamrini por Beatriz Mesa

Tres fuerzas femeninas unidas por una sola palabra: el liderazgo. Cada una de ellas procede de una saga familiar diferente pero sus idearios coinciden en algo tan esencial como la participación activa de la mujer en la vida pública. No solo cumplen su deber de buenas madres y esposas, sino también de profesionales y competentes en cada uno de los sectores que representan. Las tres dirigen sus dardos contra cualquier voz opuesta a la emancipación de la mujer porque lo que hay que tener en cuenta no es la cuestión de género sino la capacidad y la responsabilidad a la hora de abordar los puestos de trabajo. Las tres recientes designaciones coinciden con el aluvión de críticas que recibió el gobierno islamista del PJD (Partido Justicia y Desarrollo) porque de los 30 ministerios, solo una mujer ostenta una cartera. El cambio, a ojos de las patronas, pasa por acabar con el lastre de la mentalidad y así alcanzar una transformación total de las condiciones de vida, políticas y jurídicas.

Nabila Munib, secretaria general del PSU: ‘Soy musulmana y laica a la vez’

Mujer, madre, laica y dirigente de un partido político en la oposición. La combinación produce, como poco, espasmos en la profunda conservadora sociedad marroquí. El dominio de la vida política permanece en manos de los hombres y ahora de los islamistas de corte moderado del PJD. Eso es algo que poco preocupa a Nabila Munib siempre y cuando, dice, sepan responder con eficacia al abandono o la indigencia de una población en la que casi siete millones y medio de habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza.

Nabila es la primera mujer convertida en presidenta de una formación política en Marruecos, el Partido Socialista Unificado (PSU) y desde que sus camaradas depositaron en ella la confianza el pasado mes de enero para defender un programa político que pregona los valores de la modernidad y la democracia, su cabeza no se aparta de la montaña de papeles, recortes de periódicos y citas acumuladas en su agenda. “Me dedico enteramente a la militancia porque creo que aún siendo mi partido minoritario, podemos hacer una verdadera oposición”, señala esta mujer que parece tener un valor y un tesón fuera de lo común. Es una fuente inagotable de energía y sin pelos en la lengua: “Soy musulmana y laica a la vez.

Me siento una mujer afortunada porque en mi casa mis padres nos han inculcado los valores de la libertad y la práctica de una religión en la privacidad”, declara. Se imbuyó de libros sobre el islam cuando sus ojos atestiguaron cómo los eruditos de la religión se servían de la fe para oprimir a los pueblos y especialmente a la mujer. “Necesitaba argumentos y ya los tengo”. Acostumbrada a los sistemáticos ataques y amenazas de los rigoristas del islam, Nabila Mounib, mantiene el pulso y llama a la “movilización política” para hacer frente a los problemas sociales del país: desde la lucha contra la carestía de la vida, la puesta en marcha de la justicia social, una educación y una sanidad de calidad y accesible al conjunto de los marroquíes con bajo poder adquisitivo.

Su primer gran desafío político es “salvar la ciudad de Taza”, al este de Marruecos. Es el enclave que separa la región del Rif del territorio del Medio Atlas. “El Estado siente pavor de esta ciudad y los alrededores porque son ciudadanos muy combativos”. Taza es una urbe invisible a los ojos del Estado y del nuevo gobierno islamista, a pesar de que sangra por los cuatro costados. Ya no solo por las heridas provocadas por la carga policial contra los lugareños que salieron a las calles desde el estallido de la Primavera Árabe, sino por la marginación a la que la ciudad de 150.000 habitantes ha sido condenada, por el ostracismo, desde la independencia del país. “El gobierno debería fabricar un plan urgente que ofrezca una salida a los ciudadanos de Taza donde no hay ni industrias, ni infraestructuras”, manifiesta Nabila, quien en los últimos días ha levantado todo tipo de sarpullidos en el rostro del Estado cuando se plantó en Taza acompañada de un puñado de periodistas para devolver la ciudad a su realidad más visible.

Ante tanta marginación de sus ciudadanos, se preguntan ¿dónde están los islamistas que buscan la equidad social y la lucha contra la corrupción?. Sus enemigos dicen de ella que su partido proviene de la elite marroquí y su capacidad de atracción es tan reducida que el apoyo popular difícilmente le dará la oportunidad de obtener representación en el Parlamento. “Mira, soy endocrina y profesora universitaria y mi marido otro trabajador nato. Nadie nos ha regalado nada”, defiende encendida para luego añadir que la lucha en la política tiene precios que pagar. El sacrificio, por ejemplo, de la vida personal. Aún así, afirma sentirse apoyada por su marido en todo momento. En ocasiones se ha visto obligada a financiar su militancia con dinero de su bolsillo. Lo da por bien empleado, afirma, por una causa que conduzca al país hacia derroteros de credibilidad en el exterior. “Nos han querido masacrar sumergiéndonos en la pobreza y el analfabetismo pero la revolución mediática y la nueva realidad virtual están cambiando el mundo. Hoy ya no es posible mantener a la población sumida en la ignorancia”.

Gracias a la revolución mediática, ya no es posible mantener a la población sumida en la ignorancia

Aunque el precio más alto que ha debido asumir ha sido la pérdida de representación parlamentaria de su partido (en la anterior legislatura tuvo tres diputados) tras optar por el boicot de las legislativas en noviembre y previamente al referéndum constitucional de julio. Considera que la nueva Carta Magna “no consagra” la monarquía parlamentaria y una “verdadera” separación de poderes”.

Miriem Bensalah, presidenta de CGEM: ‘El principal recurso es el capital humano’

Las últimas décadas de militancia feminista no han sido baladí. La conquista por parte de la mujer marroquí de nuevos espacios de poder en la vida social y política se plasma, esta vez, en la figura de Miriem Bensalah Chaqrun. Recién elegida presidenta de la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM), convirtiéndose así en la primera mujer que preside este club empresarial desde su creación en 1947, Miriem se siente identificada con el refrán español “de tal palo, tal astilla”. “Soy mujer de negocios porque soy hija de negocios”.

Consciente de que el sendero abierto ante sus pies es complejo por el contexto económico internacional, asegura: “voy hacia la revalorización de la acción empresarial y a poner a la mujer en el lugar que se merece dentro de nuestra sociedad”, aún muy conservadora y en la que “los techos de cristal frenan el acceso femenino a las aéreas dominadas por el sector masculino”. Procede de una familia pudiente y liberal, lo que le ha permitido acceder a una formación de nivel en la Escuela Superior de Comercio de París. Desde entonces, su proyección profesional ha sido prometedora hasta ostentar un puesto clave en el accionariado del holdingHolmarcom, cuya capitalización ronda los cuatro millones de dirhams. Un conglomerado de empresas relacionadas con las finanzas, la industria, la agricultura, los seguros, la banca inmobiliaria y las aguas minerales en donde es ejecutiva y copropietaria.

Miriem es de esas mujeres que sabe conjugar “poder” y “mujer” ocupando esta nueva silla con mano firme desde donde pretende promover la industria nacional; afianzar la competitividad de la economía nacional; facilitar el acceso de las empresas a la financiación; gestionar la adjudicación de las transacciones públicas y potenciar la marca marroquí en el exterior con el fin de que las pequeñas y medianas empresas (pymes) puedan desempeñar su papel y asumir sus responsabilidades sociales. “Mi batalla principal será seguir potenciando la inversión, el desarrollo del capital humano y mejorar la competitividad del mercado marroquí”. Un ejemplo, según ella, de competitividad es visualizar como objetivo para 2015 una red de 1.800 kilómetros de vías rápidas.

A lo que añade: “Las infraestructuras del país son ya las mejores del Magreb”. Frente a sus detractores, Miriem se defiende asegurando que es una mujer “trabajadora” que posee el ánimo de militancia y de la iniciativa privada, además de haber demostrado en todo momento su apoyo incondicional a los intereses de la empresa para que activen la economía de un país como Marruecos, donde se respira más confianza, más modernidad, más juventud y más desarrollo económico. “Si nuestros ciudadanos no confiaran en nuestro país, ¿piensa usted que los inversores extranjeros vendrían hasta aquí?”, reflexiona. Sabe de lo que habla como mujer, empresaria e integrante de un sinfín de asociaciones e instituciones económicas, sociales y lúdicas que le han llevado al frente del timón de la CGEM.

Los sindicatos deben obrar contra los hombres de negocios que incumplen sus obligaciones sociales y fiscales

Para esta activista nata, educada en París y Estados Unidos, está claro que “el más importante y único recurso con el que cuenta Marruecos son las personas”. Y los marroquíes se mueven. Aunque conoce sobradamente el terreno que pisa dice que “no será tan fácil” teniendo en cuenta la presión de los sindicatos con los que espera abrir un diálogo. “Los sindicatos deben obrar y militar contra los hombres de negocios que incumplen sus obligaciones sociales y fiscales”. “Nos agarraremos al diálogo social renovado, directo, franco y normalizado, por el bien y la prosperidad comunes”, concluye. La nueva inquilina del patronato de Marruecos figura entre las 50 mujeres de negocios destacadas en el mundo árabe, según la versión árabe 2011 de la revista de negocios Forbes. Y recientemente, ha sido nombrada por el rey Comisionada del Día de la Tierra cuyo objetivo es concienciar a la población sobre el Plan Nacional de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Amina Lamrini Elouahabi, presidenta de la HACA: ‘La Constitución vigilará la independencia de las cadenas públicas’

El rey Mohamed VI pasó su primera prueba de fuego en relación con los derechos de la mujer impulsando la Mudawana, el código de la familia, que pone a la mujer al mismo nivel que al hombre como cabeza de familia, prohibiendo los matrimonios antes de los 18 años y convirtiendo en casi imposible la poligamia. Cierto es también que la mentalidad general, especialmente la de los jueces, sigue oponiéndose.

La segunda prueba se vivió recientemente con la aprobación de la nueva Carta Magna que consagra más derechos a la mujer y garantiza la igualdad de género. Otro ejemplo del derecho feminista –frente al aluvión de críticas de un sector importante de la población porque en la formación del nuevo gobierno solo una mujer ostenta una de las 30 carteras– ha sido la elección, por encargo del rey, de Amina Lamrini como presidenta de la Alta Instancia de Comunicación Audiovisual (HACA). En un hecho sin precedentes, Mohamed VI, depositó la confianza en Lamrini, convirtiéndose así en la primera mujer que marcaría el futuro del nuevo panorama audiovisual en Marruecos.

Aunque Amina jamás se ha sentido entre bastidores –ha librado desde un pensamiento liberal y de izquierdas varias batallas feministas a favor de la emancipación de las mujeres y de la defensa de los derechos humanos– asegura que “se siente orgullosa del rol que hoy ocupa la mujer en la sociedad marroquí”. Sigilosa y eficaz en sus acciones, además de ajena a la ambición política de muchos camaradas varones, pero muy comprometida con el progreso de su país, Lamrini manifestó –tras ser elegida– que: “La HACA es una institución que vio la luz en 2002 y desde entonces ya se implementaron unas reglas de trabajo”, en alusión a la política de continuidad que pretende llevar a cabo. Se mantuvo en todo momento al margen del polémico cahiers de charges que sufrió recientemente un importante vaivén después de que el ministro de Comunicación, el islamista del PJD, Mustafa el Jalfi, propusiera una reestructuración de la gestión de la televisión pública para animar la absoluta transparencia y evitar los “desfalcos” y el “tráfico de influencias” y, por otra parte, quiso dejar también la impronta de su partido desautorizando la publicidad de los juegos de azar.

En aras de la cohesión social y familiar, algunos ministros del PJD comenzaron a hablar del orden moral para recuperar la identidad del marroquí y su condición de musulmán. “A partir del próximo mes de mayo ya no se difundirán en la televisión anuncios publicitarios relacionados con los juegos de azar porque violan el artículo 32 de la Constitución marroquí que debe velar por la cohesión familiar y social” declaró El Jalfi tras la celebración de un Consejo de Ministros. El PJD propuso además para el sector audovisual que los informativos se emitieran en árabe en detrimento del idioma francés. Era solo la punta del iceberg del nuevo paisaje televisivo, ya que también se preveía la difusión de la llamada de la oración cinco veces al día y se esperaban más programas religiosos.

La HACA vigilará el respeto de la expresión plural y garantizará la independencia de los medios

Sin embargo, tras el desembarco de Lamrini, el proyecto revolucionario de El Jalfi ha entrado en un impasse. “Ya tenemos una Constitución que determina el papel que deberá ejercer nuestra institución y que se ocupará de vigilar en todo momento la independencia y la neutralidad de las cadenas públicas, además del respeto de la expresión plural y garantizar la independencia de todos los medios, públicos y privados. Por supuesto, asegurar la regulación y la modernización del sector audiovisual nacional”, matiza Lamrini. Incansable y tenaz, la doctora en ciencias de la Educación, a sus 60 años, dice que “seguirá afanada en el aprendizaje continuo” y lo constata su actividad frenética como presidenta fundadora de la Asociación Democrática de Mujeres de Marruecos (ADFM), miembro fundadora del Consejo Nacional de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH) y del Consejo Consultivo de Derechos Humanos (CCDH) e integrante de la Comisión Consultiva por la Regionalización. Cada uno de estos papeles que ha desempeñado no le han condicionado su vida como madre de dos hijos.