Sociedad civil y transición democrática en Marruecos

La emergencia de la sociedad civil impulsa la transición democrática y garantiza las libertades.

Carmelo Pérez Beltrán, Coordinador

Durante los días 29, 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2004 se llevaron a cabo en la Universidad de Granada las Primeras Jornadas Hispano-Marroquíes sobre Sociedad Civil y Transición Democrática en Marruecos que se enmarcan en un proyecto de investigación, subvencionado por el entonces ministerio de Ciencia y Tecnología, en el que participa una decena de investigadores de las universidades de Granada, Málaga, Jaén y Barcelona, titulado Sociedad civil, derechos humanos y democracia en Marruecos.

Estas jornadas tenían como objetivo reunir a los principales especialistas de España y Marruecos para reflexionar sobre los cambios sociales, políticos y económicos que se están produciendo en Marruecos en la última década, como consecuencia del desarrollo de una sociedad civil plural y heterogénea, partiendo de la hipótesis de que la emergencia de esta sociedad en Marruecos a partir de los años ochenta, que además va estrechamente relacionada con el ámbito político y la crisis económica del país, ha propiciado un mayor respeto de los derechos humanos fundamentales, una mejora de calidad de las instituciones democráticas y mayores cotas de libertad. Se trataba de conocer e intercambiar metodologías, temas y conocimientos desde diferentes disciplinas como la politología, la antropología, la sociología y los estudios arabo-islámicos, entre otros, y desde dos países de la ribera mediterránea como son Marruecos y España.

El asunto clave era la emergencia y el desarrollo de la sociedad civil en Marruecos, como fenómeno sociopolítico que estimula la transición democrática en este país y garantiza las libertades individuales y de grupo. Muchos han sido los debates productivos que ha generado este evento, siempre en relación con los laberintos del proceso político marroquí, concebido como una construcción gradual, larga e inconclusa, y que ha provocado unas dialécticas conflictivas, a veces cimentadas en la violencia estructural o directa, entre los actores enfrentados por el monopolio y la dirección de la escena política.

Analizando la situación política actual y pronosticando los retos de futuro, investigadores como Bernabé López, Abdallah Saaf, Abdelmughit Benmessaud, Miguel Hernando de Larramendi o Raquel Ojeda disertaron sobre las reformas políticas, constitucionales o institucionales de la alternancia consensuada y sus repercusiones internacionales, incidiendo sobre todo en la situación actual, determinada por la participación del islamismo en la escena política, la nueva política de seguridad, con que se inaugura el siglo XXI y la posterior lucha antiterrorista que se ha traducido en nuevos recortes de libertades y mayor represión. Como fenómeno sociopolítico endógeno, el islamismo ocupó un papel importante en este foro. Y si Rkia el- Moussadeq incidía en el hecho de que la participación de los islamistas en el sistema político se ha producido en un momento de regresión de la acción política y constitucional; por su parte, Maria Angustias Parejo analizaba su evolución desde su origen, cuando se negaba su existencia política, hasta la integración del islamismo moderado en dosis homeopáticas, observando las reacciones de individuos y colectivos, como si de un laboratorio político se tratara.

Sobre el mismo asunto, pero desde un punto de vista teórico y filosófico, la aportación de María Antonia Martínez Núnez versó sobre las formas específicas de organización del poder en el Marruecos contemporáneo y las bases a partir de las que la dinastía reinante extrae su legitimidad, que remiten a una larga tradición que culmina con la elaboración de una teología política deudora en gran medida de las aportaciones sufíes; lo interesante es que los movimientos de oposición al poder, como pueden ser el islamismo, utilizan esos mismos mecanismos y bases para justificar y legitimar su acción política. Respecto a la sociedad civil, varios fueron los aspectos objeto de discusión y análisis.

En primer lugar, la aplicación o no del propio concepto, imbricado en el devenir histórico occidental, a la sociedad marroquí. Este interesante debate epistemológico fue desarrollado por Maria Angels Roque, que incidió en la teoría de la segmentariedad, aplicada entre otros por Gellner, en la que se intenta demostrar cómo tradicionalmente se observa un Estado débil y una cultura fuerte, lo cual ha provocado una importante respuesta por parte de los antropólogos autóctonos, preocupados en demostrar que en Marruecos existe el Estado desde el siglo VIII. Como afirma Roque, “el problema está en que el Estado es visto como factor de modernidad y de capacidad de resolución, mientras que las comunidades locales han estado consideradas como algo residual e incapaz de llevar adelante la marcha de la historia, es decir el progreso y la modernidad”.

No menos interesantes fueron las referencias al grado de autonomía de la sociedad civil respecto al poder central del majzen, su capacidad de resistencia a las instituciones estatales, su carácter de dinámica social y su contribución real a la democracia en Marruecos.Esto supone igualmente tratar de identificar los obstáculos para su desarrollo y su imbricación en la sociedad: la posible persistencia de antiguos factores, como el neopatrimonialismo, y la aparición de nuevas fórmulas clientelares que contrarresten el carácter autónomo de este fenómeno social. De las manifestaciones de la sociedad civil marroquí, tres fueron los ámbitos abordados porque, posiblemente, sean los más comprometidos con la mejora de la calidad democrática y la salvaguardia de las libertades individuales o grupales de este país: las mujeres, los derechos humanos y el papel de los medios de comunicación.

En cuanto al primero, el nuevo movimiento de mujeres que surgió a partir de los años ochenta, que reivindicaba la autonomía frente a cualquier otra manifestación política o social, ha destacado por su compromiso con la igualdad y la justicia social. Como señaló Nadira Barkallil, a este movimiento le debemos que los conflictos de género sean un debate constante, casi cotidiano, en los medios de comunicación, la sociedad y la política, ampliando las bases del laicismo y la modernidad.

Además ha propiciado cambios en todos los niveles de la sociedad: la educación, el ámbito laboral, la política y, sobre todo, el ámbito jurídico, exigiendo unas leyes de familia que garanticen una mayor igualdad entre hombres y mujeres. Por este motivo, la Mudawana o Nuevo Código de la Familia, adoptado en febrero de 2004, fue un asunto central, minuciosamente analizado por Caridad Ruiz de Almodóvar. En esta sesión, especialmente polémicas, y no por ello menos interesantes, fueron las intervenciones de Caterina Olmedo Salvador y Juan Antonio Macias Amoretti a propósito de las mujeres islamistas, en tanto que fenómeno social que traduce un nuevo concepto de “militancia feminista”, que está transformando el papel de la mujer en la sociedad, su espacio de actuación y su papel personal, familiar y político.

Según estos jóvenes investigadores, desde parámetros conceptuales reconocidos como endógenos, las mujeres islamistas se autoafirman, acceden a la enseñanza superior, acogen responsabilidades políticas, aspirando, finalmente, a tener una presencia más activa en la sociedad, lo cual viene a considerarse un deber religioso. No podía quedar fuera el movimiento de derechos humanos, puesto que se trata de una de las manifestaciones de la sociedad civil más comprometidas con la paz, la justicia y la democracia. En Marruecos, a pesar de algunos significativos problemas, se ha producido una importante evolución desde que surgiera el movimiento en la década de los setenta.

Como demostraron Laura Feliu, Mohamed Neshnash y Carmelo Pérez Beltrán, entonces estábamos ante unas asociaciones muy mediatizadas por los condicionantes ideológicos y las fracturas políticas, pero en la actualidad asistimos a un fenómeno mucho más dinámico y diversificado, que ha sabido promover importantes reformas en materia de defensa de los derechos humanos, reformas jurídicas relacionadas con el régimen de los prisioneros, reformas políticas relacionadas con una mayor calidad de las instituciones democráticas, reformas sociales tendentes a la igualdad de género y de cultura, además de fomentar una educación y unos valores basados en los principios formulados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

De tal forma que se produce una estrecha relación entre el dinamismo del movimiento de derechos humanos, el saneamiento de las instituciones democráticas de este país y cierta “hibridación de identidades” en Marruecos, que fue analizada por Beatriz Molina Rueda, partiendo de una concepción abierta y dinámica de las relaciones socio-culturales, según la cual los diversos elementos que componen la realidad cultural e identitaria de esta sociedad se amalgaman e interaccionan.

Por último, responsabilidad de los medios de comunicación respecto a la democracia fueron objeto de debate por parte de Mohamed L. Messeri, Marcos García, Mohamed Nuri, Mohamed Ennaji e Inmaculada Szmolka, en una interesante mesa redonda que incidió en la nueva prensa independiente y que, junto con los actores de una sociedad civil emergente, es considerada como un dato especialmente significativo en el Marruecos de hoy.