Retos y prioridades de la Unión del Magreb Árabe

Seguridad, lucha contra la desertificación e inmigración, junto con la cooperación económica y comercial, desafíos transfronterizos prioritarios de la UMA.

ENTREVISTA con Habib Ben Yahia por Senén Florensa y Jordi Bertran

Habib Ben Yahia, diplomático y ex ministro de Asuntos Exteriores de Túnez, es secretario general de la Unión del Magreb Árabe (UMA) desde febrero de 2006. Coincidiendo con los 20 años de la UMA, AFKAR/IDEAS le ha propuesto hacer balance y avanzar las prioridades para el futuro.

AFKAR/IDEAS: Nacida en febrero de 1989, la UMA no ha conseguido consolidarse como un conjunto regional que actúe unido en el mundo globalizado. ¿Qué queda en el lado positivo del recorrido?

HABIB BEN YAHIA: Todas las instituciones internacionales, como Mercosur, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte(TLC) o la ASEAN, tienen problemas y nosotros no somos perfectos. Dicho esto, hay muchos aspectos positivos concernientes a sectores prioritarios para el futuro de la integración regional magrebí. Los avances en integración comercial e inversiones han sido reflejados tanto en el estudio de 2006 del Banco Mundial (BM) como en diversos informes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Por su parte, el interés creciente de la Unión Europea (UE) quedó patente en la reunión de enero de 2008 entre los cinco ministros de Asuntos Exteriores magrebíes y la troika de la UE. Este diálogo euro-magrebí, recuperado tras el bloqueo por el atentado de Lockerbie en 1988, nos permitirá trabajar en sectores estratégicos contando con la experiencia del modelo europeo. Desde un punto de vista realista, hemos escogido ya trabajar sobre desafíos transfronterizos como seguridad, lucha contra la desertificación (el 80% de las tierras magrebíes están en vías de desertificación) e inmigración. Un ejemplo de cooperación entre Libia, Argelia y Túnez es un programa que cuenta con el apoyo del Observatorio del Sahel y el Sáhara para utilizar las aguas profundas halladas en la confluencia de sus fronteras. Aunque éstas son nuestras prioridades, abordamos también otros muchos asuntos de cooperación económica y comercial.

A/I: En ese ámbito tendrán trabajo. Se calcula que el bloqueo a la integración económica y comercial resta anualmente un 2% de tasa de crecimiento a cada uno de los países del Magreb.

H.B.Y: Yo prefiero hablar del valor añadido que tendría la integración magrebí. Es un aspecto más positivo y es como lo califica el BM. El comercio intermagrebí es muy débil, del 2,6% del total del comercio de los países de la región. Aunque hay señales positivas como los intercambios florecientes entre Túnez y Libia, que han pasado de 50 millones de dólares a más de 2.000 y esperamos que el comercio entre Túnez y Argelia, Marruecos e incluso Mauritania aumente. Marruecos y Túnez están trabajando juntos en diferentes sectores en Mauritania. Podemos decir que además de cooperación bilateral, que ya es un hecho en el Magreb, vamos a profundizar en una cooperación horizontal para que la colaboración económica y bilateral consolide este enfoque de armonización de esfuerzos.

A/I:: ¿Esta transformación depende sobre todo de los emprendedores o hace falta un trabajo previo de los gobiernos para reglamentar un marco propicio para el comercio?

H.B.Y: Los gobiernos han hecho lo necesario. Ahora disponemos de acuerdos ratificados y en vigor, incentivos para la inversión, una convención de no-doble imposición magrebí… Tenemos un arsenal de acuerdos que incitan a la inversión y al partenariado magrebí. Y además, desde su creación en 2007 por parte de los cinco presidentes de las patronales magrebíes, contamos con la Union Magrebí de Empresarios. En junio de 2008 dimos un nuevo impulso a la Unión Magrebí de Agricultores con un encuentro en Fez en el que se abordó el aumento de los precios de los alimentos y la lucha contra la desertificación. Se potenció además la cooperación en el cultivo de grandes espacios, como por ejemplo las 144.000 hectáreas irrigadas de forma natural por las crecidas del río Senegal en la frontera sur de Mauritania. Para analizar el impacto de la crisis en el Magreb hemos organizado cuatro reuniones de los ministros de Economía. En la última, en Trípoli, acordamos crear comisiones técnicas para reflexionar, tal y como dijo el director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, sobre una estrategia común que nos permita responder a los efectos de la crisis en un mundo progresivamente globalizado.

A/I:: La generación actual de jóvenes en el Magreb es para muchos analistas una baza sin explotar para la modernización de la ribera sur del Mediterráneo.

H.B.Y: En ese terreno también tenemos muchos retos. El año pasado los ministros de la Juventud magrebíes se reunieron e hicieron recomendaciones a los consejos de ministros de Asuntos Exteriores para que se estudien cuestiones como la enseñanza, la formación y el empleo. Está previsto que en la reunión en Rabat de ministros de Empleo se establezca una aproximación magrebí para una mejor utilización de las capacidades de los jóvenes y orientarles hacia un esfuerzo más positivo. La juventud, junto a los asuntos mencionados antes, es uno de los ámbitos que tenemos previsto activar y que recibe también el interés creciente tanto de la comunidad internacional como de los propios magrebíes.

A/I:: ¿Qué rol cree usted que desarrolla el grupo de diálogo 5+5 que agrupa a los 10 países del Mediterráneo occidental?

H.B.Y: El diálogo 5+5, establecido en 1991 en Roma, nos permitió continuar hablando en el Mediterráneo occidental mientras el diálogo euro- magrebí fue interrumpido tras el atentado de Lockerbie. Son 10 países, con la presencia de la Comisión Europea y de la UMA, que trabajan para una mayor seguridad y estabilidad en la cuenca occidental del Mediterráneo. Es un foro útil. Las distintas reuniones de los ministros de Asuntos Exteriores, Interior, Defensa o Transporte en el marco de este diálogo nos permiten identificar los ámbitos de cooperación privilegiada entre estos países. Se trata de un eslabón en una cadena que puede permitir extender esta perspectiva de colaboración y de partenariado con toda Europa.

A/I:: Pero este compromiso europeo con el Magreb, que puede conllevar un mayor interés comercial para invertir, ¿puede también impulsar la integración magrebí?

H.B.Y: Sí, puede ayudar a dinamizar este partenariado. De hecho, en los acuerdos de asociación de cada país magrebí con la UE se indica que la integración Norte-Sur va a conllevar una integración Sur-Sur. Todos los países magrebíes exportan gran parte de su producción a Europa y nuestro interés se centra ahora en armonizar nuestras legislaciones (aduanas, fiscalidad…) para crear las condiciones para un mercado magrebí único. Para ese fin impulsamos comisiones técnicas que estudian nuestros marcos legislativos y realizan un trabajo de base que facilite la creación de ese mercado. Ése sería un elemento para atraer más inversiones del exterior, principalmente de Europa. En la actualidad, las inversiones europeas en el Magreb no superan el 2% del total.

A/I:: ¿Cómo cree usted que la Unión por el Mediterráneo (UpM) puede influir en el desarrollo de la UMA?

H.B.Y: Es una iniciativa francesa bien acogida por los países magrebíes. Creemos que el Proceso de Barcelona presentaba desde 1995 aspectos positivos, aunque también insuficiencias. El hecho de que ahora hablemos de la UpM como de una “Barcelona plus” es un motivo de satisfacción: supone una voluntad de consolidar y avanzar contando con la implicación de los países magrebíes. Si bien es cierto que hay ciertos problemas respecto a la percepción de la UpM por parte de los magrebíes, creo que son puntuales y que, desde Barcelona, el secretariado general contribuirá a concretar los proyectos anunciados y a definir el valor añadido que tendrá la UpM para los países magrebíes.

A/I:: La cooperación bilateral a través de la política europea de vecindad (PEV), ¿desempeña ya un papel importante en el impulso de programas de modernización de los países magrebíes?

H.B.Y: Como ministro de Asuntos Exteriores tuve la ocasión en Bruselas de participar en la definición de la PEV y creo que supone un conjunto consistente de medidas tanto para el apoyo a las inversiones como al desarrollo de los países del Magreb. Participar en su definición nos ha permitido considerarnos como vecinos inmediatos. Ahora contamos con un partenariado real, apoyado en una cultura común y una serie de instituciones que nos pueden permitir profundizar en nuestra integración y llegar a ser un modelo para otros conjuntos regionales. Sin embargo, hay bloqueos políticos para los que no se entrevé solución.

A/I:: El principal es el contencioso del Sáhara Occidental. ¿Qué perspectivas hay para su resolución?

H.B.Y: Este problema existía cuando se firmaron los acuerdos de fundación de la UMA en Marraquech en 1989 y hemos aprendido a vivir con él. Su resolución se alcanzará en el marco de Naciones Unidas. Confiamos en que las nuevas rondas de diálogo entre Marruecos y el Frente Polisario, impulsadas por la última resolución del Consejo de Seguridad y con un renovado interés europeo y americano, den resultados. Mientras se avanza en este tema en el marco de la ONU, trataremos de resolver otros problemas que obstaculizan la integración, como la falta de armonización legislativa.