Rehabimed: un espacio para la recuperación arquitectónica y social

En Marraquech, gracias a este proyecto, se han rehabilitado zonas y casas hasta entonces ignoradas.

Esther Blázquez

Muy cerca de los riads de lujo y hoteles con encanto de Marraquech hay todo un mundo desconocido por los turistas. Callejones, tiendas de alimentación y especias, talleres de artesanos y gente buscándose la vida dominan la actividad diaria de unos barrios donde las condiciones son insalubres. En una ciudad catalogada por la Unesco patrimonio universal y donde viven 1,5 millones de habitantes, muchas familias venden sus casas a inversores y turistas extranjeros que transforman las viviendas en hábitats de lujo para turismo de elite o en segundas residencias. Otros unen sus fuerzas y parten cada vez más sus casas tradicionales: en cada habitación viven dos familias separadas por cortinas.

Esta reestructuración de la vivienda y el hecho de que estos edificios acogen la inmigración de las zonas rurales, han generado no solo una densidad de población excesiva, sino también una degradación progresiva de los edificios. Ajenas al concepto del patrimonio arquitectónico, 30 familias de Marraquech han tenido suerte: sus casas han sido seleccionadas por el proyecto Rehabimed. Este proyecto, auspiciado y financiado por la Unión Europea (UE) y liderado por el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Barcelona, nació con la idea de promover la rehabilitación como instrumento para la preservación de la construcción tradicional.

El valor del patrimonio arquitectónico y cultural de 14 países del Mediterráneo (Francia, Argelia, Chipre, Egipto, Israel, Jordania, Palestina, Túnez, Turquía, España, Grecia, Portugal, Líbano, Siria y Marruecos) es el centro del proyecto. En Marruecos, se propuso la rehabilitación de tres edificios de la medina de Marrakech situados en los barrios de la Mellah, Hart Soura y Zaouia Abassia (siglo XVIII) donde viven 150 personas. Las condiciones para elegir estas casas eran tres: que el edificio poseyera un valor patrimonial y arquitectónico propio de la vivienda tradicional de Marruecos; que estuviera habitado por personas necesitadas; y que la vivienda no estuviera a la venta.

Por eso se buscaron casas que dependieran del Ministerio de Habous y Asuntos Islámicos donde el propietario está supeditado a la función social de las viviendas y no puede vender la casa ni modificarla sin el permiso del Ministerio.

Proceso de rehabilitación

Para Mulay Samrakandi, gestor del proyecto en Marruecos, lo que caracteriza Rehabimed en Marrakech es su “función social”, ya que “está destinado a la mejora del ámbito de viviendas para las familias que viven ahí desde hace 15, 20 o 25 años y que desde el punto de vista socioeconómico no pueden intervenir en el edificio: no pueden arreglar la electricidad, las tuberías, las grietas en el techo ni las paredes”. Y añade: “pero al mismo tiempo hemos salvaguardado el patrimonio, es decir, hemos mejorado la casa utilizando materiales antiguos con los métodos de construcción y rehabilitación antiguos”.

Por tratarse de una operación piloto, solo se han elegido tres edificios de una ciudad con un gran número de casas antiguas y de familias humildes. Se trata de “que sea un ejemplo y un modelo fácil de repetir en otras casas y situaciones similares”. Tal como señaló Xavier Casanovas, project manager de Rehabimed, son “ejemplos metodológicos para el conjunto de la región mediterránea” (AFKAR/IDEAS nº8, otoño 2005). Tampoco fue fácil empezar a trabajar ya que, como explica Samrakandi, “cuando la gente vive en situaciones tan difíciles la reacción es de felicidad pero también de desconfianza: no era la primera vez que una delegación o comité venía a visitar este tipo de casa”. Por eso se requirió la intervención de “mediadores sociales” que explicaran a la gente la acción: cómo iban a intervenir y cómo se organizaría el trabajo.

Fueron necesarios dos meses de trabajo de mediación social para hacerles comprender y adherirles al proyecto. “La razón era que los trabajos se iban a realizar con sus habitantes dentro de la casa. Por eso todos debían estar de acuerdo en que mientras se arreglara el cuarto de una familia, los vecinos la acogerían”, apunta el gestor del proyecto. Las obras empezaron el 4 de diciembre de 2006 y han intervenido dos arquitectos y un “conservador de patrimonio” para asegurar la permanencia de los elementos que no podían cambiarse.

El trabajo se comenzó de distinta manera en función de la casa. En la del barrio judío de la Mellah (Hay Essalam, siglo XIX) comenzaron por restaurar la impermeabilidad de los tejados, mientras que en la casa de Hart Soura (siglo XVI-XVII) el primer paso fue negociar, familia por familia, la reestructuración y redistribución de los espacios disponibles “para despejar el patio central (wast ed-dar) de construcciones parásitas que se habían edificado”. Los primeros trabajos de la vivienda de Sidi Bel Abbes (siglo XVIII) se centraron en consolidar las estructuras porteadoras del edificio y en restaurar la impermeabilidad del tejado. En las tres, se instalaron nuevos cuartos de baños y se rehicieron las redes de saneamiento, electricidad y agua. Se restauraron barandillas y puertas y se propuso el uso de mamparas de madera para lograr intimidad entre los alojamientos y los espacios comunes, en sustitución de los materiales improvisados.

Reconstrucción social

Rakuch Sabiini vive desde hace 17 años en el inmueble de Hay Essalam, el más avanzado del proyecto. Para ella lo más importante es que ahora se siente segura. “Antes cuando llovía el agua se colaba por todas partes, había ratones en invierno y escorpiones en verano; cuando oíamos un ruido teníamos miedo de que se derrumbara todo”, afirma Rakouch. Ahora, el patio es seguro y limpio. Su vecina Khadija Maslut ha vivido el proceso con dificultad: “las obras han sido duras pero después de 14 años en pésimas condiciones, la espera de un año resulta esperanzadora al pensar que algo mejor está por llegar”.

Otra de las inquilinas, Fátima Miaad, destaca que “las obras han dejado perplejos a los vecinos de otros edificios”, que en un principio “pensaban que la casa la habían comprado unos extranjeros”. Rehabimed nació con el objetivo de preservar los valores y la identidad histórica y cultural de la arquitectura tradicional mediterránea. Pero para Fátima Miaad su patrimonio particular es que ya podrá “celebrar la boda de su hija e invitar a su familia y vecinos”. La rehabilitación de las casas ha propiciado la recuperación de las tradiciones familiares que, como Fátima, sienten que viven “en el lujo”.

A Malika Shakir, para disfrutar de su casa de Sidi Bel Abbes, aún le quedan unos meses de obras. Nació hace 50 años en esta vivienda que ahora es patrimonio. Malika no entiende de patrimonios pero sí de humedad, grietas, escorpiones, barro, falta de electricidad y todos los inconvenientes con los que ha vivido desde su infancia. Pronto descansará en una casa con un gran valor arquitectónico donde los turistas no se acercarán para hacer fotos ni los inversores convertirán en un riad “de lujo.