Propuestas urgentes al Mediterráneo sur

Europa, por interés o por generosidad, debería ayudar a los países del Sur a resolver sus dificultades económicas, políticas y sociales.

Jean-Louis Guigou, ex delegado nacional para la Ordenación Territorial, Francia

Desde el 11 de septiembre de 2001, el Mediterráneo ha vuelto a ser una zona estratégica prioritaria para los actores internacionales y sobre todo para Europa. Aparte de ser, junto con Oriente Próximo la fuente del 70% de las energías fósiles, el Mediterráneo se presenta como región de codesarrollo. El período actual parece crucial en el momento en que una parte esencial del equilibrio mundial va a residir en el Mediterráneo en los próximos 20 años. Aunque existe un consenso en cuanto a la determinación de las nuevas amenazas, cuando se trata de aportar soluciones se oponen dos visiones: unos se sitúan en una estrategia de “choque de civilizaciones”, los otros militan más por el “diálogo entre culturas”. A pesar de las dificultades, existen oportunidades; y ese espacio euromediterráneo constituye un centro de renovado interés, se precisan condiciones de un codesarrollo.

Dificultades en Europa

Los títulos de las obras, artículos y estudios consagrados a ese asunto evocan la necesidad de “reconstruir” ese espacio desgarrado entre intento de “acercamiento”, de “diálogo”, de “esperanza”, de “codesarrollo” y líneas de “fracturas” que van desde la “desconfianza” a los “malos entendidos” pasando por el “enfrentamiento” y los “conflictos”. Los “desafíos inquietan” a todos, que se preguntan sobre una “apuesta” y un “choque saludable” sin los cuales la “emergencia” seguirá “entorpecida”.

Finalmente todos se preguntan por la “coherencia” del proyecto euromediterráneo, la “debilidad de sus objetivos”, y los defectos de su funcionamiento. A un lado y otro de este mar común se asiste, en efecto, a una deriva de las opiniones, al aumento de las incomprensiones y de las desconfianzas, y a un estancamiento económico al sur (disminución de las inversiones extranjeras directas –IED, desempleo creciente de los jóvenes), a un bloqueo de las sociedades que aumentan la distancia de nivel de vida y aspiraciones entre ribereños. Frente a esas presiones, Europa tiene tendencia a cerrarse, mientras que el Sur “hierve”. En esta situación, los países del Sur deberán hacer frente a varios choques en los años venideros:

– Un choque demográfico con la llegada al mercado de trabajo, de aquí a 2020, de las generaciones activas más importantes de su historia, antes de que se invierta la tendencia. Según el Banco Mundial (BM), sería necesario crear 100 millones de empleos –Oriente Próximo incluido– en 20 años: la “fractura demográfica entre el norte y el sur del Mediterráneo va a explotar en las próximas décadas, con un impacto violento sobre las dos orillas, si no se produce un esfuerzo para compensarla con una fuerte elevación del nivel de desarrollo del Sur;

– Un choque económico con la perspectiva, en 2010, de una zona euromediterránea de librecambio a la cual se añadirá la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Esas aperturas comerciales corren el riesgo de arruinar entre el 30% y el 50% de las empresas locales incapaces de soportar la apertura a la competencia mundial;

– Un choque político y social, ya que a la inversa de los países de Europa central y oriental (PECO) que ya hicieron su revolución industrial y social en el siglo XIX, los países de la orilla sur del Mediterráneo deberán hacer frente a las rápidas mutaciones que la modernidad impone: el respeto a las personas y los bienes; la transparencia de los procedimientos del Estado de derecho; el espíritu de iniciativa y la libertad de emprender; la buena gobernanza y la lucha contra la corrupción. Esas reglas universales se aprenden, pero lleva tiempo aplicarlas. Nosotros mismos debemos hacer constantes esfuerzos para mantenerlas.

Esas sociedades del Sur, insuficientemente preparadas, siguen siendo demasiado frágiles para afrontar por sí solas esos choques. Por interés o por generosidad, Europa debe ayudarlas a resolver las dificultades económicas, políticas y sociales que se acumulan. Francia, ligada al Mediterráneo especialmente por la francofonía, está interesada en promover una política ambiciosa y en arrastrar a Europa en ese camino. Sin embargo, los responsables y las opiniones públicas, tanto en el Norte como en el Sur, están poco motivadas por esos asuntos, habida cuenta de la importancia de las cuestiones en juego. Desde 1995, que fue un año de “euforia mediterránea” con las promesas de paz en Oriente Próximo y los acuerdos de Barcelona, el interés político por el desarrollo de la orilla Sur no deja de desvanecerse.

Riesgos, pero también oportunidades

No obstante, y eso es lo paradójico, existe ya un espacio euromediterráneo muy amplio, tanto por los intercambios económicos (cerca del 60% de los flujos comerciales de los países del Sur se realiza con Europa) como por los intercambios humanos (15 millones de emigrantes de la región viven en Europa, y millones de turistas europeos visitan esos países cada año). Ese espacio no está “por construir”: tenemos que revisar nuestro enfoque de conjunto hacia esa zona.

Más allá de los riesgos potenciales, las evoluciones futuras ofrecen oportunidades para hacer más complementarias las economías y las sociedades del Norte y del Sur. Los países que llegan hoy al umbral del desarrollo podrían “saltar” una etapa, la de la acumulación de capital técnico, a condición de apostar por la nueva economía del conocimiento y por la cualificación de los recursos humanos. El crecimiento provendría de un acceso directo a las tecnologías de alto valor añadido, sin pasar por la etapa intermedia de imitación tecnológica y sin tener que hacer los caminos que siguieron los “dragones” asiáticos en los sectores de valor añadido débil o o medio. Al igual que India y otros países de Asia que se han beneficiado de este nuevo modelo basado en las nuevas tecnologías de la información.

Otra fuente de crecimiento, el desarrollo de los servicios, parece prometedora, ya que una parte importante de ellos son susceptibles de ser consumidos en el Sur por las poblaciones del Norte (turismo, acogida de pensionistas…)

  • La oportunidad demográfica

De aquí a 2050, y sin aportaciones migratorias, la población europea podría disminuir en 60 millones de habitantes y la población activa en 75 millones. Por su parte, los 12 países socios mediterráneos tendrán que crear 45 millones de empleos en los 10 próximos años, lo que exige un crecimiento del 7% anual. Sin ello, la presión migratoria en el Norte corre el riesgo de ser difícilmente sostenible y la huida de cerebros en el Sur dificultará el desarrollo futuro. Los países mediterráneos estarán en la fase óptima de su transición demográfica de aquí a 2020: los activos serán numerosos, menos niños y todavía pocas personas de edad a su cargo (los “dragones de Asia” realizaron con éxito su despegue económico en esta fase).

Esa población activa y joven puede incrementar su productividad al precio de un aumento de las inversiones, formación y profundas reformas institucionales. La región podría alcanzar índices de crecimiento de tipo asiático. Ese crecimiento beneficiaría a la Unión Europea (UE), principal proveedor de nuestros vecinos del Sur. Si llegamos a crear las condiciones favorables para la formación y circulación de personas construyendo una sólida base de adhesión a los valores políticos elementales de la UE –libertades individuales; libertad de conciencia; seguridad, una parte del problema demográfico europeo se verá solucionada, y el resto podrá ser a través de una recuperación de la natalidad en la propia UE (1,4 niños por mujer como promedio hoy, contra 2,1 niños necesarios para garantizar la renovación de las generaciones).

Si logramos invertir en capital humano y en economía del conocimiento, por la investigación y el desarrollo, y consideramos que el dinamismo demográfico del Sur es una baza, tendremos oportunidades para superar el desfase que crece con Estados Unidos y seguir siendo dueños de nuestro progreso técnico. Si no logramos poner en marcha esas políticas, otros lo harán para beneficio propio y no necesariamente a favor de la modernización de la parte mediterránea del arco musulmán. Una inmigración “organizada” presentaría menos inconvenientes que un desequilibrio intergeneracional que podría atentar contra el contrato social en Europa, o que una fuga de cerebros, factor de empobrecimiento en el Sur. ¿No sería en interés nuestro participar en la formación in situ en una lógica de gestión de los flujos migratorios mutuamente beneficiosa que incluya un retorno del saber-hacer y un estímulo a la creación de empresas? El comisario europeo, Chris Patten, y el presidente de la Comisión, Romano Prodi contemplan, a plazo, “la libre circulación de personas, de bienes, de servicios y de capitales” entre las dos orillas del Mediterráneo.

  • La oportunidad financiera

Es posible que los países europeos se preparen para tener un excedente de ahorro (ligado al comercial y al envejecimiento de la población) que deberá ser invertido en actividades suficientemente rentables para permitir el pago de las pensiones. Al mismo tiempo, los países mediterráneos tendrán necesidad de ahorro para realizar inversiones. Convirtamos en complementarias esas dos constataciones y animemos a Europa a transferir su ahorro excedente –estimado en 30.000 millones de euros al año– hacia los países del Mediterráneo. Pero, de nuevo, esa transferencia de ahorro supone que una serie de condiciones de eficiencia se den en el Sur, lo que requiere elevar el nivel de la formación del capital humano y construir infraestructuras físicas y reglamentarias que sean propicias al crecimiento de la rentabilidad de las empresas.

  • La oportunidad agroalimentaria

El norte del Mediterráneo produce excedentes de carnes y cereales, lo que con el envejecimiento de la población en Europa, es menos acorde con su tipo de consumo. Por su parte, la orilla sur del Mediterráneo produce frutos, legumbres y pescado. El intercambio Norte/Sur, ampliado a los países del Este, podría ser equilibrado y beneficioso para las dos partes.

  • La ‘diplomacia de proximidad’

Las normativas multilaterales y la apertura progresiva del comercio mundial no bastan para reducir las distancias de riqueza entre las naciones. Una integración regional más reducida, entre países “vecinos” de niveles de desarrollo diferentes parece hoy más apta para llegar a una convergencia económica y social. De esa manera se abre camino a la idea de enriquecer la cooperación transfronteriza para llegar a zonas de liberalización limitada.

Es la “mundialización dominada” sobre grandes espacios de proximidad. Europa podría intensificar sus relaciones con el Mediterráneo. Ese es el sentido el informe de la Comisión Europea sobre la Europa ampliada y “los países vecinos” que propone a su “extraño próximo” una integración económica reforzada (que vaya hasta la participación en el mercado interior europeo). Se añade a esos elementos, que pueden constituir un relanzamiento de las relaciones euromediterráneas, una ventana de oportunidad política. La guerra de Irak y el conflicto israelo-palestino parecen cavar un foso entre los países del Mediterráneo y Estados Unidos. Por el contrario el modelo europeo de desarrollo que intenta equilibrar lo económico, lo social y lo cultural, parece más “atractivo” para países que tienen que conciliar desarrollo económico y equilibrio de la sociedad.

El espacio euromediterráneo, centro renovado de intereses

Recientemente, numerosos trabajos han aportado contribuciones a propósito de la tesis del diálogo de las culturas. Según un estudio del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), Europa en 30 o 40 años ya no estará en una situación brillante a menos que no se alíe y asocie al conjunto de la cuenca mediterránea y a Rusia.

– La previsión: “si no hay reacción”, Europa está en camino de un “declive anunciado”: “una lenta e inexorable salida de la historia es previsible”, escribe el IFRI en un estudio solicitado por la Comisión Europea. Ese escenario se basa en la proyección de tendencias sobre las evoluciones de la población activa, de la productividad del trabajo y de la producción en las diferentes partes del mundo. En 2050, la Europa ampliada a 30 miembros sólo representará el 12% del PIB mundial (contra el 22% hoy) mientras que su peso en los intercambios mundiales se reducirá del 23% al 17%. En ese negro escenario, escribe el IFRI, “Europa acusa un retraso tecnológico que se ahonda cada vez más y que entra progresivamente en un invierno democrático que compromete a medio y largo plazo su vitalidad económica. Los países del Sur disponen, por el contrario, de una fuerza de trabajo pletórica, pero no los medios materiales y de recursos humanos que hay que formar”.

– Lo preconizado: el IFRI explora otro escenario, el de la “potencia europea reinventada” que pasa por una asociación fuerte de la Europa de los Treinta, de Rusia y de los países del Mediterráneo. Esa vasta zona vería su parte del PIB mundial pasar del 29% al 32% y su parte del comercio saltar del 30% al 47%. Europa debe evitar una doble degradación de su situación exterior, por una parte con relación a Estados Unidos en los cuatro sectores claves de la potencia (económico, tecnológico, cultural y militar) y por otra parte en relación con los países en vías de desarrollo, especialmente los más próximos, que corren el riesgo de conocer la pobreza y la explosión demográfica.

Europa debe aportar una respuesta que pasa por un sobresalto demográfico. El escenario optimista del IFRI supone la inmigración de 30 millones de personas de aquí al 2020 y una política de natalidad que haga pasar el número de niños por mujer del 1,4 actuales a más del 2,1. Lo que está en juego es también tecnológico: “Europa debe realizar un esfuerzo financiero para mantenerse en la carrera tecnológica y llenar su retraso frente a EE UU, que posee un avance significativo en las tecnologías que determinarán la división internacional del trabajo en el siglo XXI”. Reforzada, Europa podría promover su modelo en un mundo fundado sobre el multilateralismo.

Esta perspectiva de una integración económica, demográfica y cultural en el seno del ring of friends ha sido retomada por Prodi y Patten que excluyen, sin embargo, toda integración política de esos países de los bordes de la UE. Existe, pues, un interés recíproco por los miembros de la UE por un lado, y los socios del Mediterráneo, por otro: contemplar una cooperación económica que conduzca a la integración en varias décadas.

  • Comunicaciones de la Comisión (marzo/julio 2003)

Estos dos informes son muy ricos y difíciles de resumir. La nueva política de vecindad completa y amplía los acuerdos de Barcelona (noviembre 1995). Da respuesta política a los países del sur del Mediterráneo que aspiran a un estatuto “menos rico que la integración pero más que la simple asociación”. Romano Prodi ha respondido a esos países proponiéndoles como horizonte “todo salvo las instituciones”. Todo, es decir las cuatro libertades fundamentales constitutivas del gran mercado interior: libertad de circulación de mercancías, de servicios, de capitales y de personas. Es así como se dibuja (en 2030 o 2040) un gran conjunto integrado de 750 millones de personas. Una verdadera revolución política y económica… una revolución a anticipar, preparar y poner en práctica.

  • Informe del PNUD (Amman, julio 2003)

Bajo forma de informe escrito por elites árabes para otras elites árabes, este texto constituye un hito en la concienciación de las elites y responsables del mundo árabe. Finalmente ya no se trata de buscar responsables externos al declinar y a la regresión de los pueblos árabes desde hace tres cuartos de siglo. Los árabes deben barrer ante su propia puerta y considerar que son en gran parte responsables de su situación (poca transparencia, corrupción, ausencia de democracia, subordinación de la mujer).

  • Informe del Banco Mundial (Dubai, 19 septiembre 2003)

Este texto pone de manifiesto que los 12 países de Oriente Próximo y de África del norte, la denominada zona MENA, deberían crear 100 millones de empleos de aquí a 2020, pero que estos 12 países sufren de una falta de buena gobernanza (opacidad, democracia, respeto de los bienes) que limita el buen clima para las inversiones.

  • Informe del Círculo de Economistas: 5+5, la ambición de una asociación reforzada

Con motivo de la reunión en Túnez de la cumbre de cinco jefes de Estado del norte y de cinco jefes de Estado de la orilla sur del Mediterráneo occidental celebrada endiciembre de 2003, el Circulo de Economistas publicó un informe rico en propuestas. El diagnóstico: el desarrollo de los países del sur del Mediterráneo constituye uno de los medios más seguros para relanzar el crecimiento europeo.

Los países del Sur son “enlaces naturales” del crecimiento del Norte; todos los países del hemisferio Norte tienen relaciones regionales privilegiadas con los Estados del Sur más próximos (Japón con China, América del Norte con México; si Francia mantuviese, salvando las distancias, las mismas relaciones económicas y comerciales que Japón con China, se derivaría para Francia un crecimiento de 3/4 de punto al año y de 0,6 puntos al año para los países del Magreb. Las propuestas: es necesario poner en práctica un Plan Marshall a favor de los países del Magreb. Mientras que Europa ha movilizado 730.000 millones de dólares para la reunificación alemana, y ha destinado 60.000 millones de dólares para los PECO, los 12 países de la zona MENA sólo han recibido 15.000 millones de dólares; habría que realizar un esfuerzo para mejorar el clima de las IED; hay que reactivar la dinámica financiera, dar seguridad al ahorro popular, multiplicar los “canales” financieros susceptibles de canalizar el ahorro europeo hacia el sur.

  • Informe de FEMISE

Gracias a la red Femise (17 laboratorios de economía repartidos por toda la cuenca del Mediterráneo) y la tenacidad del profesor Jean-Louis Reiffers que dirige el Instituto del Mediterráneo de Marsella, se ha tomado conciencia de la prioridad de la economía y ello forma ya parte de la opinión de los responsables. Según la tesis del informe anual Femise el Mediterráneo constituye:

– una fuerte realidad geográfica: en efecto el 80% de los turistas en el Mediterráneo son europeos y otro 80% son inmigrantes originarios del Mediterráneo;

– una pasable realidad humana: con un 20% de los intercambios de proximidad (transferencia de rentas, medios de comunicación, televisión, vacaciones.);

– una débil realidad económica: sólo el 5% de las actividades económicas ligan el Norte con el Sur;

– una muy débil realidad financiera: con tan sólo el 1% de los flujos financieros, puesto que de 20.000 a 30.000 millones de excedente comercial entre el Norte y el Sur parten a Wall Street y no son reinvertidos localmente.

Es evidente que las gentes son próximas, se comprenden, pero la bae económica es muy débil. ¿Qué hacer? Hay que intensificar el flujo de capital del Norte hacia el Sur y aumentar las IED que hasta ahora son muy débiles e incluso decrecen. Hay que proporcionar –sugieren Jean-Louis Reiffers y el Círculo de Economistas– instrumentos ambiciosos para financiar las infraestructuras y las PME a partir de las ayudas del Banco Mundial, las ayudas europeas, las transferencias anuales de 6.000 a 10.000 millones de renta y de la cooperación descentralizada. Si ése no es el caso, lo que tenemos es la “evaporación” del ahorro popular en la economía subterránea y en el urbanismo salvaje por una parte, mientras que por otra parte asistimos a la exportación del ahorro de los dirigentes a la construcción de lujo en las capitales occidentales y a la especulación financiera (300.000 millones de dólares).

  • El informe de Pierre Beckouche

Este texto, solicitado por el Datar en 2001, aporta datos y gráficos muy interesantes. Demuestra que el espacio mediterráneo existe. La integración entre la orilla norte y la orilla sur está muy avanzada; los intercambios telefónicos, postales, turísticos, los viajes, las vacaciones, los medios de comunicación… El Mediterráneo vive al ritmo de Europa. Ello es una consecuencia evidente de la proximidad.

  • Informe de trabajo sobre el Diálogo de las Culturas

Hace año y medio, Romano Prodi constituyó varios “think tank” que emiten informes, como el elaborado por Jean Daniel y Assia Bensalah Alaoui, en el que han colaborado unos 20 intelectuales y elites del Norte y del Sur es clarificador. Nuestras civilizaciones arabomusulmana y judeo-cristiana se enriquecen y se mezclaron a lo largo de siglos. De ahí la opción hecha en Nápoles los 15 y 16 de diciembre de 2003 de crear la Fundación euromediterránea para el Diálogo de las Culturas y las Civilizaciones.

  • Estudio de la dirección de Previsión del MINEFI

Desde hace dos años el MINEFI es portador de un nuevo discurso sobre el Mediterráneo: el estudio de la dirección de Previsión del MINEFI señala que el Mediterráneo es un lugar propicio a la inversión, un espacio en fuerte crecimiento que podría servir de enlace al crecimiento francés y europeo. Jacques Ould- Aoudia es el impulsor de un estudio multidimensional sobre la buena gobernanza y la economía del sur del Mediterráneo.

  • Informe del Consejo Económico y Social

El informe “Los desafíos de la inmigración futura” aporta una primera mirada a los problemas de la inmigración futura procedente de la orilla sur. Más allá del rechazo de la inmigración clandestina se anuncia una aprobación para la planificación y programación de una inmigración controlada de personas cualificadas. Estos informes, estudios y misiones fueron publicados en el transcurso de 2003 y cambian radicalmente nuestra visión de la orilla sur del Mediterráneo. De ellos se desprende que el Mediterráneo es una zona en que los intereses estratégicos de Francia y de Europa van en aumento.

Condiciones para un codesarrollo Europa-Mediterráneo

El nuevo contexto –miedos a las puertas de Europa, oportunidades, tomas de conciencia, repensar la Europa ampliada– milita por un diálogo de culturas entre Europa y los países árabes del sur del Mediterráneo. Aún así, hay que vencer las reticencias y volver a dar confianza a unos y otros: vencer el miedo de los europeos y dar esperanza a las poblaciones de la orilla sur. Para ello me parece que deben reunirse tres condiciones: la reciprocidad del intercambio, beneficios para ambos y no recolonización.

Esta nueva configuración de necesidades recíprocas abre las puertas a la perspectiva de construir de manera inédita en la historia. Reciprocidad significa que un desarrollo duradero debe ser simultáneo, que una orilla no va a “colonizar” a la otra, que el crecimiento en el sur permita satisfacer las necesidades económicas y sociales de las poblaciones que residen en él, para limitar los flujos migratorios “incontrolables” y favorecer la movilidad de las personas, en sí misma factor de transferencia de conocimiento y de renta. Ése es el sentido de la nueva política de vecindad preconizada por la UE. Propone, para 2030-40 “a todos los países vecinos” de la orilla sur (pero también al Este, Rusia incluida), una integración económica con las cuatro libertades de circulación de personas, de mercancías, de capitales y servicios, pero sin integración política.

Para lograrlo, es necesario cumplir una condición suplementaria: dar prioridad a la economía y responsabilizar a los jefes de empresas.

– Prioridad a la economía. El papel estratégico de las empresas: evidentemente, la construcción política de las relaciones euromediterráneas y los ámbitos relacionados con ellas (seguridad, inmigración, acuerdo de Barcelona 1995) se ha visto ampliamente “lastrada” por el conflicto palestino-israelí y, con mayor profundidad, su impacto se ha debilitado por la relativización del papel de los estados en los cambios económicos y sociales en que el sector “privado”, las empresas en particular, desempeñan un papel cada vez más central. Además, el enfoque cultural (cooperación descentralizada, derechos del hombre, buena gobernanza…) ha sido insuficiente. Hay pues que dar su importancia al enfoque económico y hacer que las empresas y los empresarios desempeñen un papel.

– Prioridad a la economía y a las indicaciones de los empresarios. Para que Europa no se “quede corta” de crecimiento y que el sur no degenere en “polvorín social y político” hay que abordar y encontrar soluciones a las IED, a la seguridad del ahorro, a los intercambios agrícolas, a la propiedad inmobiliaria, a la urbanización, al turismo, a la estabilidad del partenariado público o privado… Las empresas del norte y del sur deben emprender el diálogo e identificar los obstáculos al mantenimiento de un crecimiento alto para los países del Sur.

A cambio, el desarrollo de la zona mediterránea puede representar una formidable oportunidad para las empresas europeas y del sur que se hayan preparado para ello (cuota de mercado, joint-venture, influencia de las opciones políticas, calificación y proximidad de la mano de obra…). Como subraya Kamel Belkahia, antiguo ministro tunecino convertido en banquero, “las palancas de la evolución se vuelven a encontrar hoy ”entre las manos de las empresas”. Se pasa de una lógica de ayuda a una lógica de partenariado financiero y de creación de empresas.

Seamos ambiciosos: que Europa haga el mismo esfuerzo financiero, económico y político para garantizar la transición democrática con los 12 países socios del Mediterráneo y la esperanza volverá a resurgir en el sur del Mediterráneo y también para los 15 millones de inmigrantes en Europa. Al mismo tiempo, los países de la orilla sur que tienen una visión y un proyecto de futuro podrían, en pocos años, evolucionar hacia prácticas que la modernidad impone (buen gobierno, transparencia, democracia) y convertirse en “dragones” económicos a su vez.

Los empresarios de los países del Sur que son creadores de empleo pueden ser una palanca de presión sobre ciertos gobiernos para acelerar las reformas. Yo formulo un deseo: que las fuerzas de progreso y de diálogo de culturas de la orilla norte y de la orilla sur del Mediterráneo se reúnan y se expresen. Como decía el filósofo Maurice Blondel inspirándose en una reflexión de Antoine de Saint-Exupéry, “el futuro no se prevé, sino que se prepara”.