Por unos intercambios más equitativos entre Norte y Sur

El partenariado económico es uno de los aspectos más controvertidos en las relaciones Norte-Sur.

Souad Triki, economista en la Universidad de Túnez

Los problemas que suscitan los intercambios entre el Norte y el Sur del Mediterráneo están generalmente dominados por las problemáticas de los conflictos, principalmente la situación en Oriente Próximo, la guerra de Irak, así como por las preocupaciones por la paz, la estabilidad y la democracia en la región. Mientras que las cuestiones relacionadas con las condiciones de los intercambios económicos del partenariado euromediterráneo parece que siguen siendo asunto de especialistas, de élites y de gobiernos, la sociedad civil, sin acceso a la información en ese capítulo, da prioridad a las cuestiones políticas. El partenariado económico es, sin embargo, uno de los aspectos en que las posiciones y el debate siguen siendo más controvertidos entre las dos orillas, especialmente en lo que concierne a la naturaleza de los intercambios Norte/Sur y su impacto sobre el desarrollo sostenible y equilibrado de la región.

Dudas sobre el partenariado euromediterráneo

El Fórum Civil celebrado en Nápoles en noviembre de 2003, fue la ocasión para plantearse las cuestiones relacionadas con este asunto, alrededor de las cuales el debate no está cerrado a la aportación de la sociedad civil. Una de las cuestiones que se plantea de entrada, es si los objetivos del partenariado están hoy suficientemente claros para permitir políticas juiciosas a la medida de las necesidades y de las expectativas de las poblaciones, en particular las del Sur.

Esa pregunta tiene otros corolarios. ¿El principal fundamento de las relaciones euromediterráneas es la seguridad y relacionado con la estabilidad política, en las cuales los intercambios económicos sólo desempeñan un papel subordinado? ¿Cuál es, de hecho, el alcance real de los acuerdos de asociación entre las dos orillas? ¿Qué se espera, exactamente, de la apertura y de la liberalización de los intercambios? ¿Se trata de un partenariado sin más, o de un partenariado en la simetría de los intereses y la igualdad de trato en los intercambios?

Otras dudas son si se dan hoy las condiciones teóricas de liberalización para alcanzar logros y prosperidad para todos los socios de las dos orillas y ver cuáles son los logros actuales del desarme aduanero. ¿Qué ganan y qué pierden los países del Sur y en qué punto están las medidas de “compensación” proclamadas por el partenariado? ¿Podemos esperar progresos reales de la apertura entre el Norte y el Sur del Mediterráneo, sin un mínimo de integración Sur/Sur? ¿En qué situación se encuentra el proceso de integración y por qué el Magreb está paralizado? ¿Puede volver a ponerse en marcha?

Se han hecho muchas promesas en cuanto al compromiso de Europa con las inversiones extranjeras directas (IED), pero ¿por qué las IED son aún tan débiles en dirección Sur? ¿La ampliación de la Unión Europea (UE) las debilitará aún más? ¿En las actuales condiciones de apertura, puede mantenerse el desafío del pleno empleo en los países del Sur y qué políticas son necesarias para ello? Con respecto a las mutaciones socio-demográficas ¿los problemas que plantea hoy la migración Sur/Norte, son tenidos realmente en cuenta con ánimo de respetar los derechos humanos y la libre circulación, en las negociaciones de las condiciones de los intercambios comerciales y de las reglamentaciones de los mecanismos subyacentes?

En las condiciones de un intercambio más equilibrado para un desarrollo sostenible entre las dos orillas, ¿puede el argumento de la “eficacia” constituirse en criterio de análisis y de evaluación exclusivo de ese partenariado, o debe considerarse los criterios o incluso los problemas de la “gobernanza”, la redistribución de las ganancias entre el Norte y el Sur en el seno mismo de la integración Sur/Sur? Con respecto a la debilidad de los resultados económicos y sociales del partenariado euromediterráneo, ¿en qué direcciones habría que revisar los términos y las condiciones de la negociación entre el Norte y el Sur para dar un nuevo impulso al Proceso de Barcelona y para garantizar condiciones que puedan hacer más equilibrados los intercambios entre las dos orillas?

Hacia la zona de librecambio

En una segunda parte y como continuación de estas interrogantes, la intervención “Partenariado euromediterráneo y bloqueo del desarrollo” de Semi Auadi, economista tunecino que ha trabajado sobre la cuestión, permitió profundizar en el asunto, en el que el especialista militante aportó al debate informaciones y conocimientos, a partir del proceso socio-económico de la orilla sur. El ponente empezó su presentación precisando que la regionalización tiene un doble objetivo: instaurar un clima de paz duradero entre países vecinos, al igual que la voluntad que ha conducido a la construcción europea, y a favorecer una inserción competitiva en la economía mundial.

Auadi sostiene que “la integración regional aparece así como una plataforma que prepara el aterrizaje en una economía mundializada” y presenta el nivel conceptual del partenariado euromediterráneo (PEM), recordando que “contrariamente al proyecto propuesto al Sur y al Este de Europa basado sobre el concepto de la integración total, el proyecto propuesto a los países terceros mediterráneos (PTM) reposa en el concepto de ventaja comparativa y creación progresiva de una amplia zona de libre cambio”.

En relación con la deuda exterior, Auadi precisó que el endeudamiento de los países magrebíes, a parte de Libia, alcanzó a finales de 2001 proporciones insostenibles para sus economías, oscilando entre más del 40% del PIB en el caso de Argelia y Marruecos, y más del 50% en el de Túnez. El servicio de la deuda exterior reabsorbe una parte muy elevada de los ingresos por exportaciones de esos países: el 15% de Túnez; el 17% de Marruecos, el 25% de Argelia y el 21% de Mauritania. En lo que concierne a la cuota de mercado, ésta ha retrocedido entre 1980 y 2001 para el conjunto de países magrebíes, tanto en relación con Europa como con el resto del mundo. Al mismo tiempo, los flujos de IED a esos países han acusado la misma tendencia, a pesar de que globalmente hayan aumentado, al pasar de 225.000 millones de dólares entre 1990 y 1995 a 809.000 millones de dólares entre 1996 y 2000.

Durante el mismo periodo, las IED originarias de la UE se multiplicaron por cuatro, pasando de 117.000 a 478.000 millones de dólares al año, mientras que la cuota de los países de la Unión del Magreb Árabe (UMA) se redujo a la mitad tanto a nivel mundial como a nivel europeo. La cuota destinada a la UMA de IED de los países europeos se redujo del 1,1% al 0,6% al año entre 1996 y 2001: de ahí que la “ilusión del efecto llamada sobre las IED” se sustituyese por un “efecto de expulsión”, según los términos empleados por el ponente que explicó que ese efecto no sorprende, ya que los acuerdos de libre cambio alcanzados no modifican en nada las condiciones de atracción de IED y que la UE no recurre a medidas incitativas para que los operadores europeos inviertan en los PTM.

Citó a un responsable de la Dirección de Relaciones Económicas Exteriores de la Comisión Europea, según el cual, “los países de Europa central y oriental (PECO) han demostrado una voluntad más clara de abrirse a las inversiones extranjeras y el entorno es más favorable a éstas que en los países magrebíes…

Aún no se ha emprendido ninguna reforma para facilitar la inversión extranjera”. Son afirmaciones desmentidas por los hechos según el ponente, que explicó que el problema de confianza se plantea con mayor gravedad en los PECO en donde la corrupción de las administraciones y los comportamientos mafiosos en los negocios son diariamente denunciados incluso por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), además de otros problemas de excesiva burocracia y obsolescencia de infraestructuras, mientras que Marruecos y Túnez ,por ejemplo, han puesto en marcha importantes reformas tendentes a atraer capitales extranjeros, pero éstas no han tenido prácticamente efecto sobre las inversiones extranjeras directas.

El ponente desarrolló a continuación la cuestión del desarme tarifario que puede inducir a un “riesgo de bloqueo del desarrollo industrial de los PTM” y precisó que el desmantelamiento tarifario total de la importación de bienes de equipamiento, desde el acuerdo mismo de libre cambio, y de bienes semiacabados más tarde, traduce una visión estática de la ventaja comparativa y suscita interrogantes en cuanto a las opciones industriales de los PTM, de las perspectivas de su desarrollo industrial, y de su posicionamiento en la economía mundial. Esos productos, explicó Auadi, contienen importantes potencialidades de productos tecnológicos y de valor añadido, mientras que la ideología neoliberal no deja lugar al Estado en la edificación del desarrollo, y el temor de una dura competencia disuade a los operadores privados de invertir en esas nuevas actividades, e impide que los PTM construyan nuevas ventajas comparativas en las actividades generadoras de valor añadido y de riqueza, y de ahí el riesgo de bloqueo del desarrollo…

En el terreno social, el ponente, al analizar el paro y la inmigración, sostuvo que la plaga del paro es tanto más destructora por cuanto las fuentes tradicionales de la emigración, que en el pasado absorbían una buena parte del empleo, se agotaban bajo los efectos conjugados de las concepciones de seguridad subyacentes en los enfoques oficiales de la mayor parte de los países de la UE, y del auge de las ideas xenófobas y racistas… El enfoque de la UE no está concebido como un vector de cooperación Norte/Sur sino como una presión permanente o una amenaza… Para el ponente los bloqueos se sitúan en los diferentes niveles, político, institucional y social. En el plano político los conflictos interestatales o intraestatales que sufre la zona sur mediterránea hipotecan seriamente el Proceso de Barcelona mientras que éste no fue concebido para solucionarlos…

En el plano institucional, los bloqueos se deben, por parte europea, al disfuncionamiento y a las rigideces administrativas subyacentes a los instrumentos económicos y financieros puestos a disposición por la UE, y del lado de los PTM, se deben a la falta de transparencia, al clientelismo, a la corrupción y a la discriminación… A nivel social, el ponente subrayó la débil implicación de la sociedad civil en los PTM y las fuertes limitaciones de las negociaciones sociales, las reticencias de los socios con respecto a los PEM así como la reticencia de las opiniones públicas europeas para admitir una flexibilización de las condiciones de circulación de personas procedentes de los PTM.

El ponente desarrolló algunas perspectivas de esos PEM demostrando que la dinamización real y efectiva del Proceso de Barcelona requiere la manifestación de una voluntad política firme y decidida que, por el momento, no es posible imaginar a corto plazo. Es necesario sustituir el concepto de libre cambio por el de codesarrollo mediante proyectos federadores y de iniciativas comunes, y que se favorezca la integración Sur/Sur como espacio de intercambios económicos… La sociedad civil está llamada a desempeñar un papel esencial….

El debate que siguió a esta presentación permitió reflexionar sobre los diferentes puntos desarrollados, poniendo énfasis en las recomendaciones basadas en la idea de una refundación del partenariado que garantice las siguientes condiciones:

– Garantizar las condiciones que favorezcan la solución justa del conflicto de Oriente Próximo;

– Favorecer la implicación de la sociedad civil para que ésta pueda ser parte integrante en la construcción del PEM. En este sentido se propuso que representantes del Fórum Civil tengan estatuto de observadores en las diferentes reuniones que tiendan a la elaboración de estrategias y al seguimiento del Proceso de Barcelona;

– Construir mecanismos de consulta y seguimiento de las recomendaciones emitidas por el Fórum Civil sobre los gobiernos y centros de decisión;

– Referirse y adecuarse al Estado de Derecho y a la democracia;

– Inscribir la igualdad entre las mujeres y los hombres y los derechos humanos en la Constitución europea y en los acuerdos bilaterales y hacer de ello una cláusula de condicionalidad para la cooperación transmediterránea;

– Favorecer la integración Sur/Sur como espacio de intercambio viable a través del refuerzo de la cooperación entre países del Sur para que estos logren con éxito la construcción subregional;

– Revisar el marco y las condiciones de los intercambios económicos y financieros hacia una orientación que contemple estrategias de equilibrio en las relaciones Norte-Sur en materia de cuotas de mercado, disponibilidad de capitales y acceso a las nuevas tecnologías;

– Favorecer el reciclado de la deuda de los países del Sur en proyectos de desarrollo;

– Reconocer a la inmigración como factor de enriquecimiento cultural y humano evitando toda amalgama entre inmigración y terrorismo;

– Velar para que se ponga fin a la degradación de las condiciones de vida de las poblaciones inmigrantes y para que se apliquen los artículos de los acuerdos de asociación relativos al diálogo social y al principio de igualdad de derecho en materia de acceso al empleo, protección social, libertad de circulación e instalación en el espacio europeo;

– Poner fin al trato degradante de que son víctimas los solicitantes de visado en las embajadas y consulados europeos.