Pasado y presente de Argelia en su 50 aniversario de la independencia

“El desafío más importante para la sociedad árabe es cómo escapar de la religión, que tiene la ambición de regularlo todo y, en efecto, ha acabado dominando sectores enteros de la sociedad”.

ENTREVISTA a Wassyla Tamzali por Elisabetta Ciuccarelli

Wassyla Tamzali (Argelia, 1941) es escritora y militante feminista. Ejerció de abogada en el Tribunal de Argel durante más de 10 años y ha sido responsable de los programas de la Unesco sobre violaciones de los derechos de la mujer e igualdad de género. En la misma organización ha dirigido el programa de promoción de los derechos de la mujer en el Mediterráneo. En España ha publicado El burqa como excusa (Saga editorial, 2010), Carta de una mujer indignada (Catedra, 2011) y Mi tierra argelina. Una mujer entre revolución y guerra civil (Saga editorial), un libro sobre la historia de Argelia de los últimos 50 años, narrada a través de la historia de la familia de la autora, que nos conduce desde el entusiasmo por la independencia hasta la decepción por las utopías traicionadas. Durante su gira por España en abril, AFKAR/IDEAS habló con ella en una entrevista telefónica sobre el pasado y el presente, en ocasión del 50 aniversario de la independencia de Argelia, sobre la situación de las mujeres y las revoluciones árabes, entre otros asuntos.

AFKAR/IDEAS: : “Mi tierra argelina. Una mujer entre revolución y guerra civil” acaba de publicarse en España. ¿De dónde nació la necesidad de escribir este libro y por qué decidió reflexionar sobre la fase posterior a la independencia de Argelia?

WASSYLA TAMZALI: Por varias razones, pero sin duda porque cuando regresé a Argelia, después de haber trabajado durante 20 años en la Unesco, me encontré con un país muy cambiado. No era el país que había dejado y por eso empecé a escribir, para recordar ese momento y para tratar de entender por qué las cosas eran tan diferentes.

A/I: ¿Qué importancia tiene su libro hoy en día? ¿Qué utilidad puede tener para los jóvenes argelinos?

W.T.: Lo considero muy importante porque cuando Argelia obtuvo la independencia, en 1962, había un proyecto de futuro, utopías, ideas, ideologías y un deseo de democracia y libertad. Hoy no queda nada de todo eso. Lo que me interesaba era transmitir a los jóvenes aquello en lo que creíamos y por lo que luchamos. Era una forma de transmitir las esperanzas que teníamos en 1962 para Argelia, esperanzas que fueron traicionadas.

A/I: ¿Cómo describiría a las nuevas generaciones argelinas y qué las diferencia de la suya?

W.T.: Si comparamos las dos generaciones, debo decir que los jóvenes de hoy están muy despolitizados, igual que toda la sociedad contemporánea argelina. Esta despolitización es consecuencia del partido único y del régimen autoritario. Esto es además muy grave, porque hoy es muy difícil analizar lo que sucede. Tomemos como ejemplo los movimientos islamistas: en lugar de analizarlos como movimientos reaccionarios (de derecha, racistas, xenófobos, machistas), se les considera partidos religiosos ¡pero la religión no significa nada en política! Son partidos reaccionarios, y punto. Por el contrario, lo que me parece positivo de esta generación es que es mucho más rebelde que nosotros. Están indignados y desean la libertad para ellos mismos, a título personal, y de forma directa e inmediata, mientras que nosotros queríamos la libertad para todo el pueblo, teníamos un enfoque colectivo. Por contra, los jóvenes hoy están inmersos en una dinámica individualista y más exigente en cuanto a la realización personal. Creo que este es el aspecto positivo y es esta exigencia lo que ha provocado las revoluciones de Egipto y Túnez.

A/I: ¿Por qué cree que Argelia no ha vivido un fenómeno revolucionario como otros países árabes?

W.T.: Porque Argelia ha tenido una experiencia muy negativa con la guerra civil. Además, hay que añadir que en Argelia se ha distribuido mucho dinero para evitar que la gente se manifestara, 60.000 millones de euros en un año. Desde la interrupción del proceso electoral en 1991 hasta ahora, toda la acción del gobierno se ha centrado en atomizar la sociedad.

A/I: En sus libros y a lo largo de su carrera, se ha ocupado mucho del estatus y de los derechos de la mujer. ¿Por qué escogió este tema?

W.T.: Trabajo con Naciones Unidas desde hace más de 20 años en programas en favor de las mujeres. Esto me ha dado la posibilidad de especializarme en este ámbito y hoy estoy muy satisfecha porque hace 20 años que contribuyo a producir un pensamiento feminista, que considero un pensamiento político que nos ayuda a comprender Argelia, los países árabes y las revoluciones. Es decir, a través de la cuestión de la mujer y la posición de la mujer en la sociedad, se entiende mucho de la construcción de la sociedad y del poder en Argelia.

A/I: En este ámbito, ¿cuáles son los avances y retrocesos de Argelia?

La cuestión de la mujer es realmente lo que separa el mundo islámico del resto

W.T.: Argelia está muy por detrás en lo jurídico, ya que tiene una legislación inspirada en la sharía, la ley musulmana, y aunque la mujer haya progresado, hay una brecha entre la ley y las mujeres. En 1962 teníamos un proyecto de emancipación de las mujeres, mientras que hoy en día tenemos un proyecto de islamización de las mujeres.

A/I: Las mujeres han participado de forma masiva en las revoluciones. ¿Qué papel están desempeñando durante la fase de transición y de reconstrucción de los países árabes?

W.T: Las mujeres siempre participan en los movimientos históricos, como en Argelia durante la guerra. Y si nos fijamos en las manifestaciones en Túnez, participaron tanto chicos como chicas. Pero cuando llega el momento de reconstruir el país y las fuerzas políticas vuelven a ponerse en marcha y en funcionamiento, entonces, se las deja de lado. En Argelia y en todo el mundo. Sin embargo, las mujeres siguen movilizándose. Hoy, de forma muy clara la cuestión de la mujer es realmente lo que separa el mundo islámico del resto, porque los islamistas solo tienen un discurso reivindicativo, y es un discurso contrario a la mujer.

A/I: ¿Cuáles son los desafíos más importantes para la mujer argelina y, en general, la mujer árabe?

W.T: Creo que el desafío más importante para la sociedad árabe y argelina es cómo escapar de la religión, que tiene la ambición de regular toda la vida social y, en efecto, ha acabado dominando sectores enteros de la sociedad. La cuestión clave de los países árabes y, por tanto, de las mujeres, es la laicidad.

A/I: Usted ha vivido durante mucho tiempo en Europa y conoce bien su sociedad. ¿Qué impacto han tenido las revoluciones árabes en la sociedad civil europea? Y ¿qué repercusiones han tenido en los jóvenes procedentes del Magreb y las segundas generaciones?

W.T.: Para los tunecinos y los egipcios que viven en Europa y para todos los argelinos y árabes en general, ver que en su país también eran capaces de librarse de tiranos y dictadores fue algo que les llenó de orgullo. Las sociedades europeas no podían creer lo que estaban viendo: poblaciones árabes que derrocaban a los tiranos. En Europa se seguía pensando que los árabes eran incapaces de despertar. En mi opinión este ha sido un momento muy importante para la percepción que las sociedades europeas tienen del mundo árabe. Lo que es interesante y en lo que los europeos se equivocan, como siempre se han equivocado respecto a los países árabes, es que igual que antes nos decían que había un feminismo islámico, ahora nos dicen que se están produciendo unas revoluciones islámicas. No entienden que lo que ellos llaman islámico son las contrarrevoluciones que se están desarrollando en los países árabes.

A/I: Ya que la mirada de las sociedades civiles europeas ilos países árabes ha cambiado a lo largo de 2011, ¿cómo se ven ahora las respectivas sociedades civiles del norte y sur del Mediterráneo?

W.T.: Creo que ha cambiado, sí. Y en un momento determinado pensamos que había esperanza de cambio radical en las relaciones entre el norte y el sur del Mediterráneo, relaciones que siempre hemos deseado y que nunca se han materializado. Hoy, sin embargo, el marco ha cambiado porque en el Sur la historia se ha puesto en marcha de nuevo.