Obstinación: Israel contra el mundo

Mientras la región se mueve, dando pasos esperanzadores, Israel mantiene la misma postura hacia Irán o los palestinos. El país está atascado.

Gideon Levy

El mundo está cambiando e Israel está atascado. Oriente Próximo pasa por una época de revoluciones e Israel está atascado. Ninguno de los cambios mundiales o regionales ha conseguido animar a Israel a replantearse sus objetivos, su política o su actitud hacia esos cambios. Al Israel de 2013 le preocupa la capacidad nuclear de Irán y todo lo demás parece no importarle. Cualquier analista que intentase entender el comportamiento de Israel en medio de la agitación regional, se quedaría asombrado al ver la poca visión y la escasez de estrategias a largo plazo que tienen Israel y sus estadistas.

Cualquiera que estudiase las posturas israelíes en relación con la región se daría cuenta de que en los últimos 40 años nada ha cambiado verdaderamente. Revoluciones alrededor de Israel, cambios internacionales, e Israel sigue encallado en el mismo sitio con las mismas posturas políticas, es decir, rindiendo culto a su seguridad, en el sentido más amplio, prosiguiendo con la ocupación de formas brutales e ilegales, haciendo caso omiso de las opiniones del mundo y viviendo en la negación y la mentira. La Primavera Árabe se vio en Israel con desconfianza y nada más, como algo peligroso y amenazador. Con la guerra civil en Siria, Israel sospecha que la milicia libanesa de Hezbolá ha recibido armas químicas al menos seis veces este año.

A los cambios en el régimen iraní, Israel ha respondido solo con más amenazas y más presión para que el mundo endurezca las sanciones. Al hecho de que la Autoridad Palestina tenga al dirigente palestino más moderado de su historia, Mahmud Abbas, Israel ha respondido construyendo más y más asentamientos. En cuanto al plan de paz saudí iniciado en 2002, tal vez la apertura al mundo árabe más esperanzadora que ha existido, Israel se ha limitado a hacerle caso omiso. ¿Y qué quiere Israel? La impresión es que desea aferrarse al estado actual de las cosas, es decir, seguir con la ocupación, seguir con la ampliación de los asentamientos, seguir dependiendo de su poderío militar y dar la espalda a la región y a los cambios ocurridos en ella.

El problema de esta actitud es que el estado actual de las cosas no puede durar ni durará para siempre e Israel, en vez de actualizarse y prepararse para afrontar los cambios, se comporta como si la situación fuera a prolongarse eternamente. Esta actitud conservadora, por no decir esta ceguera, es un juego muy peligroso, sobre todo para el propio Israel. El hecho de no adaptarse a los cambios y quedarse atascado en las percepciones de siempre condujo al Titanic de cabeza contra el iceberg y podría conducir a Israel a un destino similar. En Israel se vive bien, afirman los israelíes. No hay terrorismo, la seguridad es buena y la economía va bien, así que ¿por qué tendríamos que preocuparnos por el futuro? Pero esto no durará mucho, porque no puede durar mucho.

Cambios en Irán

Vestido de negro y rodeado de soldados armados, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, daba hace poco en público otra muestra innecesaria de arrogancia: la economía de Irán está “muy cerca de llegar al límite de su capacidad”. Si eso es cierto, ¿por qué mencionarlo? Si no lo es, ¿a qué viene el engaño? Resulta desconcertante seguir la evolución de las declaraciones de Netanyahu: desde la total desconfianza de las sanciones internacionales contra Irán hasta la insistencia en que continúen, debido a su eficacia; desde comparar a Irán con la Alemania nazi hasta compararlo con un Estado “contra las cuerdas”, como hizo a principios de noviembre en su comparecencia ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Contra las cuerdas o no, Irán es ahora el objeto de las atenciones de todo el mundo; contra las cuerdas o no, los cambios que se están produciendo allí ya no parecen simple propaganda y disimulo. Se ha informado de que Irán ha accedido a recibir visitas no anunciadas de los inspectores nucleares internacionales y también a dejar de enriquecer uranio por encima del 20%. Todo esto significa que ya ha aceptado unas medidas que Israel nunca aceptaría para sí mismo. La buena noticia es que Israel debe renunciar a su anhelado ataque contra Irán. La mala noticia, que Israel está a punto de dejar pasar la oportunidad de unirse a la comunidad internacional y a su nuevo espíritu, que ha dado la espalda a las soluciones militares. La erradicación de las armas químicas de Siria se está convirtiendo rápidamente en una realidad: se ha logrado por medios diplomáticos, ante el silencioso desagrado de Israel. ¿Pero qué es más beneficioso para sus intereses, otro bombardeo o un acuerdo? Quizás Irán vaya por el mismo camino.

También allí la solución se alcanzará por la vía diplomática, a despecho de Israel. Los cambios se suceden, mientras Israel se queda muy rezagado. Deberíamos preguntarnos qué país está realmente contra las cuerdas. En una sesión extraordinaria de la Kneset (Parlamento de Israel) en conmemoración del 40º aniversario de la guerra del Yom Kippur, Netanyahu hablaba de la importancia de los ataques preventivos. El viejo cliché; no hemos aprendido nada. Solo dos semanas antes, en Naciones Unidas, decía que Israel actuaría en solitario contra Irán, como si eso fuese posible. La misma arrogancia ante el enemigo, la misma ceguera ante la realidad. Ahora dejemos volar la imaginación: Netanyahu alaba a Irán por esos primeros pasos que ha dado. Alaba la cancelación de la conferencia anual contra Israel en Teherán y la disposición de Irán a renunciar a una parte, por pequeña que sea, de sus aspiraciones nucleares.

Pide al mundo que recompense a Irán por los pasos que ha dado, después de que se compruebe que son genuinos, suavizando las sanciones, para demostrar a Teherán que el cambio dará sus frutos. ¿Qué daño podría hacerle esto a Israel? ¿Es verdaderamente inconcebible que una respuesta israelí positiva pueda ser recibida con una respuesta positiva por parte de este aparentemente nuevo Irán? Además, ¿qué diferencia hay entre la flagrante desconsideración israelí hacia los gestos del presidente egipcio Anuar Sadat hace 40 años, y su flagrante desconsideración actual hacia el aparente cambio de Irán? Entonces como ahora, el enemigo cambia, pero Israel no. Sigue igual de obsesionado que siempre. Israel debería unirse a los esfuerzos mundiales para demostrarle a Irán que lo que más le interesa, por su propio bien, es transformarse. Puede que algún día esta transformación incluya un cambio de actitud hacia Israel.

El tono de Irán en relación con Israel ya ha cambiado un poco, pero la respuesta israelí sigue siendo tan insensible como siempre. ¿Por qué? ¿Por qué no alentar ese cambio? Los años de mutua instigación feroz han ensombrecido el hecho de que Irán e Israel podrían compartir más de un ámbito de intereses y lenguajes comunes. La visión de los israelíes en el Gran Bazar de Teherán es menos ridícula que la del muy citado sueño de ver a israelíes comiendo hummus en la kasba de Damasco. Los israelíes ya han estado antes en Irán. Pero intenten decirle a un joven israelí que El Al (Aerolínea nacional de Israel) tenía vuelos regulares a Irán, o que cientos de israelíes que vivían y tenían negocios en Irán siguen recordando con cariño a su gente. Es cierto que, desde entonces, Irán se ha convertido en una teocracia fundamentalista. Nosotros vamos por el mismo camino. En cualquier caso, el sistema de gobierno nunca ha impedido que Israel establezca vínculos con el país que sea. Puede que esto parezca poco realista, pero también lo parecía en relación con Egipto, hace exactamente 40 años.

El proceso de paz

En mi sueño, veo a Netanyahu dando el mejor discurso de su vida, que es el mejor discurso de nuestras vidas: tras agradecer al secretario de Estado de EE UU, John Kerry, sus esfuerzos y al presidente palestino Mahmud Abbas su buena disposición, Netanyahu anuncia el cambio de cartas israelí y el comienzo de un enfoque completamente nuevo, un nuevo Netanyahu y, lo que es más importante, un nuevo Israel. El nuevo Israel dará inmediatamente, sin ninguna condición previa, una serie de pasos generosos que refuercen la confianza. El nuevo Israel anunciará de antemano, sí, de antemano, todas las medidas que estará dispuesto a adoptar al final de las negociaciones.

Este cambio inesperado cogerá desprevenidos a los palestinos y a la comunidad internacional: ¿qué ha pasado con el tradicional rechazo de los israelíes? ¿Adónde ha ido el regateo mezquino de Israel? Esta brisa fresca transformará el ambiente de la región como por arte de magia y acrecentará de inmediato el prestigio de Israel, que ahora resultará irresistible. En su discurso, Netanyahu empezará anunciando la liberación de miles de prisioneros palestinos. No hará este anuncio forzado y en contra de su voluntad –como consecuencia del secuestro de un soldado, o de la presión americana– sino que formará parte de una nueva iniciativa israelí que comprende que el camino hacia la paz siempre pasa por las puertas de las cárceles. Miles de presos políticos palestinos, algunos encarcelados sin juicio y otros asesinos que llevan décadas en prisión, quedarán ahora en libertad, con la bendición israelí. Esto simbolizaría la revolución que Israel desea promover.

Esto es lo que hacen los regímenes injustos, cuando empiezan a tratar de redimirse. Luego Israel abrirá sus puertas a los trabajadores árabes, a las visitas familiares, al comercio y al turismo palestinos. El experimento del año pasado demostró su éxito, cuando decenas de miles de palestinos recibieron un permiso de un solo uso y disfrutaron de varias horas de libertad, diversión y felicidad, sin hacer daño a un solo israelí. Al igual que la retirada de los puestos de control en Cisjordania no perjudicó la seguridad israelí, una apertura controlada de las fronteras contribuiría al mismo fin positivo. El muro de separación será demolido, o reconstruido sobre la Línea Verde. El nuevo Israel también anunciará la liberación del mar de Gaza, lo que incluye la construcción de un puerto marítimo, abierto a las importaciones y exportaciones, bajo la supervisión internacional. Cisjordania y la Franja de Gaza se reunificarán, gracias al corredor de seguridad prometido hace mucho, pero que nunca se llevó a la práctica como se debería haber hecho.

Esta debería ser la nueva rutina de la vida palestina: la de hombres y mujeres libres en Cisjordania y la Franja de Gaza. Esto tendrá efectos positivos tanto para los palestinos como para los israelíes. Y ahora nos acercamos al punto culminante de esta ilusión pasajera. El nuevo Israel anunciará que está dispuesto a negociar con los palestinos, en pie de igualdad, el plan que conducirá a la solución definitiva: dos Estados definidos según las fronteras de 1967, con cambios fronterizos acordados, o derechos civiles plenos para todos en un Estado binacional; lo que llegue primero, lo que acuerden los dirigentes de ambos pueblos. Dos Estados sin asentamientos, o un Estado con ellos. Esto pondrá fin al interminable debate centrado en los detalles insignificantes, el reconocimiento o la falta de reconocimiento, la desmilitarización o lo que sea, los detalles que nunca dejan de invocar a los demonios.

Los detalles únicamente se tratarán después de ese acuerdo de paz pionero, no antes. Israel dará un paso más y adoptará la medida crucial de reconocer la injusticia histórica que ha cometido –y sigue cometiendo– con la nación palestina, y pedirá disculpas por ello. Este reconocimiento y esta disculpa pueden desempeñar una función crucial en el proceso, como sucedió en Sudáfrica con la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, que permitió a la república forjar una nueva vía de justicia.

Los palestinos, a cambio, pedirán disculpas por su terrorismo asesino. Se reconocerá el derecho al retorno; su puesta en práctica será pactada y controlada, a fin de no crear nuevos refugiados, esta vez israelíes. No habrá límites para el regreso de los refugiados al Estado palestino, si se juzga que esta es la solución idónea; o al Estado binacional, dentro de una proporción pactada en cuanto al número de inmigrantes judíos esperados. Esto también podría resultar mucho menos peligroso de lo que el antiguo Israel imaginó jamás. Este discurso podría ser un catalizador: cambiaría la intimidación comercial por promesas, los riesgos por oportunidades y las amenazas por esperanza. Esto solo puede suceder de una tacada, en una jugada llevada a cabo por estadistas de categoría histórica.

Este cambio sorprenderá a todo el mundo: israelíes, palestinos y la comunidad internacional. En este momento, todo parece una mera ilusión pasajera. La ocasión es más propicia que nunca y Kerry ha conseguido dar pie a otra oportunidad para la foto, lo que ha descolocado a muchos. ¿Pero hay alguna otra posibilidad que pueda devolvernos la esperanza?