Las empresas españolas deben demostrar capacidad de innovación e imaginación

La progresiva liberalización del sector y la llegada de China al mercado mundial, principales retos de la industria textil española.

ENTREVISTA a Amadeu Cazador por Jordi Bertrán

El sector textil representa desde hace años uno de los componentes más importantes de los intercambios entre la Unión Europea (UE) y los países mediterráneos. Según diversos estudios, más del 50% de las exportaciones de manufacturas textiles hacia la UE provienen de los principales países en el sur del Mediterráneo (Turquía, Marruecos, Egipto, Túnez…). Sin embargo esta industria a escala euromediterránea no vive su mejor momento y se enfrenta a dos grandes retos: la progresiva liberalización mundial del sector hasta su culminación en 2005 y la irrupción de China en el mercado mundial. En España las 7.500 empresas del sector están representadas por el Consejo Intertextil Español (CIE), que forma parte de la organización europea Euratex. El pasado diciembre fue elegido el nuevo presidente del CIE, Amadeu Cazador, consejero delegado de la empresa Tints Viscolán.

AFKAR/IDEAS: Los dos últimos años han sido especialmente duros para el sector español a causa de la pérdida de empleos y el cierre de algunas empresas. ¿Cuál es la situación actual?

AMADEU CAZADOR: Esta crisis, iniciada hace unos dos años, supuso una pérdida de empleo de entre el 4% y el 5% y para 2004 las previsiones más optimistas hablan de una pérdida de entre el 7% y el 8%. Sin embargo, si conseguimos no superar este incremento, podremos estar satisfechos. El textil es un mercado amplio y de mucha oferta, procedente de todos los rincones del mundo y que además va en aumento. A ello debemos añadirle un escenario con un dólar a la baja, frente a un euro fuerte y una capacidad de compra que nos permite adquirir donde queremos. Además, en Europa los aranceles son bajos y los contingentes se pagan o se regalan a fin de coger cuotas a países como China o Indonesia. El escenario es de presión de la oferta, por lo que los precios van a la baja y en consecuencia las compañías obtienen menores ganancias. Es un círculo vicioso.

El Magreb, destino preferente para invertir

A/I: Desde CIE se aconsejaba a finales de 2003 la deslocalización de parte de la producción preferiblemente hacia países del Mediterráneo para adaptarse a las nuevas coordenadas del mercado. ¿Qué opina sobre esta medida?

A.C.: Debemos tener en cuenta que deslocalizar por completo toda la cadena del textil no es tan simple. Un confeccionista o un distribuidor puede decidir deslocalizar fácilmente, comprando por ejemplo en el norte de África en lugar de comprar en Sabadell, y esto ya es una deslocalización. Sin embargo, también puede ir más lejos y decidir importar. De este modo, en lugar de comprar tela en España y cortarla en los talleres que conoce, puede decidir comprarla en España y confeccionarla en el Magreb o en Europa del Este. Pero lo más peligroso es que este mismo empresario no opte por ninguna de estas posibilidades, sino que decida comprar el producto terminado en China. Esto es lo más perjudicial, puesto que así pierden todos los trabajadores que de otro modo hubieran estado implicados en la cadena: hiladores, tejedores, tintoreros…, el único que trabaja es él, que hace de intermediario. Esto es lo más preocupante. La deslocalización no es un fenómeno nuevo. Los grandes grupos como El Corte Inglés, Inditext o Mango lo hicieron hace tiempo. La realidad es que el Magreb no lo hemos inventado nosotros.

A/I: ¿Cuál es la estrategia actual de las empresas españolas del sector en Marruecos, Túnez y otros países del Magreb? ¿Cuáles son los puntos fuertes de estos países para atraer a inversores del textil español?

A.C.: Deberíamos plantearnos de qué forma deslocalizan las empresas españolas. ¿Se invierte o se cede parte de la producción? Ésta sería mi primera pregunta. Es cierto que en el Magreb existe una producción de confecciones importante, pero no podría decir que vaya en aumento, puesto que los costes de producción allí, aunque ventajosos, no son los mejores. Hoy por hoy, confeccionar en el este de Europa, Hungría, República Checa o Rumania, es más barato que el Magreb, especialmente por los costes de mano de obra. El coste de hora por empleado en Europa oriental es muy bajo. En cuanto a los puntos fuertes de los países magrebíes es imprescindible destacar la buena preparación de los profesionales. Ya no existen diferencias sustanciales de capacidades técnicas; estamos en un nivel muy similar y esto se refleja en el acabado del producto. Si comparamos un producto europeo con uno magrebí apenas hay diferencias.

A/I: ¿Cree que los países del este de Europa que se integrarán a la UE en mayo supondrán una dura competencia?

A.C.: Definitivamente lo son y lo serán. Por eso hay que reflexionar sobre el modo en que podemos mejorar el producto y rebajar los costes por debajo de lo que ellos nos ofrecen. Esto es aplicable tanto para el Magreb como para España. Aquí es más evidente, pero si hablamos del Magreb no parece tan claro. Hay que tenerlo en cuenta, puesto que si las ventajas comparativas se basan únicamente en los menores costes de mano de obra, esta ventaja puede desaparecer pronto. Por eso, yo apuesto porque nuestra baza sea la calidad.

Diferencias culturales y sociales

A/I: Una mayor seguridad jurídica y más agilidad y transparencia burocrática son dos aspectos que se reclaman desde los ámbitos empresariales a los países del Magreb. ¿Se han producido avances en este sentido?

A.C.: Se ha avanzado considerablemente en aspectos como la seguridad, por lo que creo que este temor no se pone en la balanza en el momento de decidir dónde se desarrollarán ciertas actividades de la empresa. No obstante, no podemos ignorar el hecho de que hay cuestiones que nos parecen complejas, como las diferencias culturales y sociales. Y es que el capital es cobarde, no le gustan las sorpresas y necesita certidumbres y garantías. Hay que ser capaz de proporcionar unas previsiones a largo plazo, que den imagen de seguridad. La indefinición política asusta al capital. No es tanto el miedo a un conflicto bélico en sí, sino a no saber qué puede suceder.

A/I:¿Qué peso tienen en la toma de decisiones las diferencias culturales entre España y los países del Magreb? ¿Cree que hay desconocimiento por parte de las empresas españolas del Magreb y de las oportunidades que ofrece?

A.C.: Los análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades) de procedimientos tienen siempre en cuenta estos aspectos, las diferencias culturales, lingüísticas, religiosas, distintos sistemas políticos, etcétera. Se trata de ponderar con este método la importancia que tienen estos aspectos para cada uno. De todas formas siempre será una valoración subjetiva, puesto que lo que para mí puede ser un riesgo no asumible, por mis capacidades, mi preparación, por mi forma de ver y entender los negocios para otro puede ser un riesgo mínimo. Afortunadamente no somos todos iguales. En cuanto al conocimiento de estas realidades, hay que reconocer cierta falta de información. Sería necesario hacer un esfuerzo para dar a conocer la realidad de estos países. Es necesario una estrategia de “puertas abiertas”, vender el país, la infraestructura y hacer un esfuerzo para un mayor acercamiento cultural entre el Magreb y Europa. En cierto modo sería como intentar ir escalando peldaños, y la forma de hacerlo pasa por ofrecer una mejor imagen y más transparencia de la realidad de su país, pues es la manera de tranquilizar e incentivar al empresario.

A/I: En el Magreb, especialmente en Marruecos y Túnez, el sector textil se concentra sobre todo en la producción de manufacturas pero las actividades con valor añadido (diseño,comercialización…) aún no se han desarrollado y se siguen concentrando en Europa. ¿Cuáles son los motivos?

A.C.: Creo que hasta ahora no existía una necesidad de que se desarrollara este tipo de actividades pero en el contexto actual tendrán que ofrecer un servicio más integral. Empezaron complementando las prendas, cosiendo botones, por ejemplo, y en cambio hoy mismo he visto unas prendas recién llegadas del Magreb de una complejidad asombrosa. Esto es lo que hay que hacer, dar facilidades y ofrecer el máximo de servicio, avanzar posiciones en la cadena de fabricación. Sé que hay todavía una cierta falta de tejido industrial, pero no me cabe duda de que terminará por implantarse.

China, el gigante comercial

A/I: La irrupción de un gigante como China en el comercio mundial, ¿qué efectos inmediatos y a largo plazo puede tener para el tejido industrial del sector en España y en la zona euromediterránea?

A.C.: La política de mercados abiertos que practica Europa ha sido fantástica, pero hay que tener cuidado, siempre existen dos caras de una misma moneda, y en este sentido la otra cara es que China debería abrirnos también sus puertas, sin obstáculos. Esto es lo mismo que sucede con otros países mediterráneos. Si hay algo claro es que nadie quiere perder terreno, pero tampoco podemos sacar provecho de alguien sin ofrecer nada a cambio. Por otra parte, y es una cuestión fundamental, creo que Europa pretende buscar la “crema del café”, es decir, no queremos vender 100.000 chaquetas, sino que sólo queremos vender 100 a esas personas cuyo poder adquisitivo les permite comprar un producto europeo.

Nuestro textil es muy pequeño en comparación con el suyo y, además, no pretendemos crecer, sino evitar decrecer. Por ello, nuestro objetivo es mejorar la calidad, el diseño, dar al producto un valor añadido. Actualmente nadie quiere fabricar 14 millones de unidades del mismo producto. Todos buscamos series cortas, diferentes, con un diseño atractivo… Nuestro objetivo en estos países no es acaparar su mercado, sino ofrecer un producto que ahí no se encuentra. ¿Por qué un ciudadano marroquí que quiere comprar un traje de corte europeo debe desplazarse a París? ¿Por qué no puede comprarlo en su país y así el vendedor sacaría también algún provecho?

No tiene sentido. Con unos aranceles correctos y la posibilidad de vender nuestro producto de alta calidad allí todos saldríamos ganando. Sin embargo, los aranceles son tan elevados que el producto final tiene un precio exagerado. No tiene sentido que en un mundo en el que nos podemos desplazar de forma tan rápida y económica estemos mermando la capacidad de negocio de nuestros países.

A/I: ¿Qué opina de la propuesta de la Comisión Europea de establecer una etiqueta “made in Europe”?

A.C.:Evidentemente, lo que no es malo, por definición es bueno. Pero ¿existe realmente una necesidad de tener una etiqueta “made in Europe”? Si la iniciativa se lleva adelante, yo me adheriré, pues no será perjudicial. Pero, me parece poco efectiva. Creo que sería más útil intentar controlar la calidad de los productos procedentes de algunos países emergentes, que a menudo no cumplen con las normas de higiene y calidad que Europa requiere. Por ejemplo, el uso de colorantes azoicos está totalmente prohibido en Europa, pero resultan comparativamente mucho más baratos y existe la posibilidad que se hayan utilizado en las prendas procedentes de algunos de estos países. ¿Por qué no se lleva a cabo una acción puntual en este tema y se advierte de las consecuencias perjudiciales del uso de estos productos químicos? Se trata de nuestra salud y nadie quiere ponerla en riesgo. Una certificación de la calidad, especialmente en aquellos elementos que no son visibles, es fundamental.

A/I: Ante el reto de la liberalización del sector y la irrupción en el mercado de China ¿cuáles son las recetas para garantizar la supervivencia de puestos de trabajo y de empresas?

A.C.: La receta es fácil y sirve tanto a españoles como a magrebíes, para grandes y pequeñas empresas. La clave es ser imaginativo, innovador y, sobre todo, no dar nada por sabido ni por imposible. Me refiero a innovación en todo lo que puede aportar mayor valor al negocio y al cliente y responder a sus expectativas. El reto no está tanto en ver cómo podemos transformar los tejidos, sino en innovar en mentalidad y en procedimientos, y además veremos que es algo cíclico, que innovar en un ámbito implica innovar también en el otro. No hay que temer los cambios, pues aquello que no cambia muere. Es verdad que hay sectores que siempre permanecerán, pero la clave del progreso está en saber emplear las capacidades técnicas para buscar nuevas aplicaciones: artículos técnicos, especializados en aislar frío o calor, para usos concretos y con aplicaciones diversas. En cierto modo, tenemos que tener en mente que quizás se cierra una puerta, pero que si sabemos adaptarnos y poner ilusión en nuestro trabajo se abrirán muchas más.