La transición agrícola y alimentaria en la región mediterránea

Vicent Garcés

Presidente de la Fundación Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos del Mediterráneo (FACM)

Sesenta asociaciones e instituciones se han adherido a una propuesta de la Fundación Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos del Mediterráneo (FACM). A raíz de un ejercicio de prospectiva dirigido por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) y Pluriagri para la región del norte de África y Oriente Medio, que ha puesto de manifiesto un fuerte crecimiento de la inseguridad alimentaria en el área mediterránea, estas asociaciones e instituciones han firmado la declaración «Ha llegado la hora de la transición agrícola y alimentaria. ¡Despertemos!» El objetivo de dicha declaración es trabajar conjuntamente con el fin de promover iniciativas de alimentación responsable y sostenible capaces de poner fin al predominio del modelo agroindustrial, que constituye una amenaza para la diversidad y la histórica riqueza alimentaria del Mediterráneo.

Gracias a su rica historia agrícola y a su diversidad de sistemas y modelos alimentarios, en el Mediterráneo han surgido y florecido múltiples civilizaciones. Los oasis, los jardines, el pastoralismo, las técnicas de acceso y gestión del agua, y la domesticación y explotación de una biodiversidad original, animal y vegetal, han permitido a los pueblos del Mediterráneo desarrollarse en entornos naturales muy diversificados y en condiciones climáticas en ocasiones poco propicias para el progreso de la agricultura y los asentamientos humanos. La diversidad gastronómica y mediterránea disfruta aún hoy de un gran reconocimiento.

No obstante, este patrimonio, constituido por los productos y las prácticas agrícolas y alimentarias mediterráneas, está lejos de estar lo suficientemente reconocido y valorado. Los productos agrícolas y alimentarios globalizados y estandarizados, procedentes de la agroindustria y las grandes cadenas minoristas han ido ganando terreno. En el sistema alimentario de los pueblos del Mediterráneo el componente «globalizado» supera ahora el componente «regionalizado». Este avance de la globalización supone una derrota para las economías locales y nacionales: el sistema alimentario actual destruye más empleos de los que crea. Distribuye localmente pocos ingresos. Debilita el desarrollo en lugar de promoverlo. Empobrece y endeuda a los países mediterráneos en vez de enriquecerlos.

El contexto

Un ejercicio de prospectiva realizado por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) y Pluriagri para la región del norte de África y Oriente Medio ha puesto de manifiesto el fuerte crecimiento que registrará la inseguridad alimentaria de aquí a 2050, habida cuenta de los previsibles efectos del cambio climático. En estas críticas condiciones, los autores del informe defienden la necesidad de actuar sobre tres resortes combinándolos:

• la innovación técnica en agronomía y zootecnia (margen de mejora de los rendimientos del orden del 20%);

• la reducción de las pérdidas y el despilfarro (potencial de movilización suplementaria del 10 al 20% de la producción);

• la rehabilitación de la dieta mediterránea (limitación del consumo de productos de origen animal, azúcares y aceites vegetales).

Ahora bien, en lo que se refiere a la seguridad alimentaria en el Mediterráneo, estamos en presencia de un metaproblema, de envergadura macrorregional y de carácter polisémico y sistémico. En efecto, el sector agrícola y agroalimentario presenta una situación preocupante en el Mediterráneo. Todos los países de la región son deficitarios, excepto Francia, España y Turquía, lo que refleja el bajo potencial productivo de los otros países y/o políticas públicas poco estimulantes, acompañadas de importaciones masivas de productos alimentarios (el 40% del consumo en los países del sur y este del Mediterráneo). La dependencia externa no deja de agravarse y la factura alimentaria exterior de los países mediterráneos se elevaba en 2014 a 212.000 millones de dólares en el norte (16 países europeos ribereños) y 75.000 millones en el sur y el este (11 países).

A esta fragilidad económica se añaden problemas de malnutrición (rápida expansión de enfermedades crónicas de origen alimentario, como la obesidad, las patologías cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y la diabetes de tipo 2), con la desaparición de la dieta mediterránea a favor de una alimentación industrial de tipo occidental. Además, el abandono de la actividad agrícola, la degradación de los recursos hídricos y el cambio climático amenazan el crecimiento de la producción local.

El modelo agroindustrial de producción de los alimentos (monocultivos, intensa mecanización agrícola y consumo de energías fósiles, transporte a larga distancia de los productos…) se ha impuesto en la región mediterránea y ocupa una gran parte de su espacio agrícola y sus mejores tierras. Dicho modelo no ha intentado adaptarse a las condiciones específicas de los entornos naturales ni a los hábitos alimentarios de los pueblos mediterráneos. El predominio de este modelo agroindustrial en el espacio mediterráneo se traduce en la asfixia de los agricultores tradicionales. Tiene efectos negativos en el ámbito social (pérdida de puestos de trabajo en las economías locales), medioambiental (contaminación, regresión de la fertilidad del suelo y la biodiversidad) y cultural (pérdida de la diversidad de alimentos y cocinas).

Una propuesta necesaria

La alimentación, así como todo el sistema agrícola y alimentario, debe volver a ser un motor fundamental del desarrollo sostenible e inclusivo de nuestros países. Necesitamos reencontrar y revalorizar los conocimientos y las prácticas agrícolas y alimentarias de nuestros países y, a la vez, dar respuesta a los grandes problemas contemporáneos: la creación de empleo y el combate contra la pobreza, la gestión sostenible de los recursos naturales y la lucha contra el cambio climático, y la conservación del patrimonio cultural. Son cuestiones que debemos resolver si queremos dejar a las generaciones futuras un patrimonio material e inmaterial que les permita vivir decentemente.

Si deseamos lograr todos estos objetivos al mismo tiempo, debemos emprender urgentemente una verdadera «transición alimentaria». Para ello tenemos que librar dos batallas articuladas entre sí:

  • la batalla de la «reterritorialización» del consumo, que se manifiesta en la creación de circuitos cortos y el desarrollo de «economías circulares»;
  • la batalla contra los efectos negativos ‒tanto sociales como medioambientales y culturales– de la producción y distribución agroindustrial de los alimentos.

Estas batallas son sinónimo de un cambio de modelo agrícola, de «revolución agroecológica», y en el caso de la agricultura familiar y campesina, de un posible acceso a las semillas, la tierra, los recursos naturales, los mercados, el crédito, las tecnologías y los servicios agrícolas. Este escenario no nos retrotrae al pasado, sino que nos proyecta hacia el futuro y hacia modelos agrícolas y sistemas alimentarios territorializados, productivos y de gran valor social, medioambiental, cultural y educativo.

El compromiso de la FACM

La Fundación Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos del Mediterráneo (FACM) invita a sus miembros a trabajar en esta dirección y a difundirlo en los foros nacionales e internacionales. La Fundación expresó sus posiciones, propuestas y peticiones en materia de transición alimentaria con ocasión de la 22ª Conferencia de las Partes (COP22) de la Convención sobre el Cambio Climático, celebrada en noviembre de 2016 en Marrakech y, previamente, en la MEDCOP de Tánger, donde se reunieron en julio las regiones mediterréaneas para preparar la COP22.

Deseamos participar en la búsqueda de soluciones en colaboración con todos aquellos que se esfuerzan por promover la transición alimentaria en los países mediterráneos. En efecto, en todos nuestros países existen actores pioneros que ponen en marcha iniciativas de alimentación responsable y sostenible, y que ya han emprendido el camino de la transición.

Proponemos:

• Detectar, analizar y valorizar las iniciativas de alimentación responsable y sostenible y, con ese fin, colaborar con organizaciones de agricultores y de la sociedad civil, y con asociaciones científicas y universitarias comprometidas en un mismo combate por la transición alimentaria.

• Presentar una amplia selección mediterránea de centenares de iniciativas de alimentación responsable, susceptibles de mostrar la creatividad y diversidad de las «soluciones» locales, y de contribuir a identificar los «caminos de la transición» hacia nuevos sistemas agrícolas y alimentarios.

• Elaborar un manifiesto de la «transición agrícola y alimentaria» a partir del análisis de estas soluciones locales, dándoles una perspectiva macrogeográfica.

• Poner en marcha colaboraciones destinadas a ampliar la base de iniciativas y soluciones con vistas a las próximas reuniones de la COP y otros foros internacionales.