La sociedad civil y la reivindicación amazigh

En Marruecos y Argelia ha surgido un movimiento asociativo, de carácter cultural más que político, que pide el reconocimiento de los derechos bereberes.

Maria Àngels Roque, antropóloga, directora de Quaderns de la Mediterrània, IEMed

Los amazighs han demostrado una gran capacidad de resistencia a pesar de sufrir el peso de potentes civilizaciones que, durante siglos, con todo e integrarlos, no pudieron acabar con su lengua. Ha sido en pleno siglo XX cuando han estado a punto de desaparecer en la vorágine de los nacionalismos centralistas e “ilustrados”. Y lo que parecía que iba a acabar irremediablemente con el tamazight, es decir la globalización y los medios de comunicación audiovisuales, se ha convertido en aliados al ser utilizados por la sociedad civil.

A finales de la década de los ochenta se inicia en los países del Magreb el debate sobre la transición del Estado- nación a la sociedad civil. Entonces emergen de la clandestinidad, especialmente en Argelia y Marruecos, asociaciones con actividades diversas relacionadas con los derechos humanos y los derechos fundamentales: reivindicación de la reforma del estatuto personal de la mujer y de la identidad de los pueblos, en este caso del reconocimiento de los derechos de la cultura amazigh.

No obstante, el proceso es largo y no ha hecho más que empezar. El movimiento cultural amazigh y las diversas actuaciones llevadas a cabo en Argelia y Marruecos tienen mucho que ver con el impulso de la sociedad civil en el interior y en la diáspora; tanto en el plano de la militancia como en el de la producción artístico-cultural, educativa y de los medios de comunicación. Porque cuando hablamos del asociacionismo amazigh debemos remontarnos a bastantes décadas atrás de actuación. No obstante, los procesos han sido diferentes en Argelia que en Marruecos, países en los que nos centraremos por ser, especialmente éste último, donde se encuentra la mayoría de berberófonos.

Argelia: un duro enfrentamiento con el Estado

En Argelia, el movimiento amazigh se identifica principalmente por el componente cabil, aunque en los últimos años también se está dando entre los chaouis en la región del Aures y en la zona occidental. El primer germen se encuentra en el movimiento de liberalización nacional, cuando en 1949, la idea de otorgar la “berberidad” a la sociedad argelina es radicalmente combatida por el frente arabista. Por otro lado, el partido único (Frente de Liberación Nacional) pronto inició la represión contra la sociedad civil. Continuaron discretamente las yam’iyyat (asociaciones) desde las mezquitas, cofradías, bienes waqfs o habus, obrando según el principio de la solidaridad. Los años setenta se caracterizaron por el endurecimiento de la lucha que asumió formas diversas (nueva canción, textos reivindicativos, atentados).

El grado de compromiso de la sociedad cabil y la dureza del Estado argelino hizo que, en marzo de 1980, se produjera el detonante con motivo de la anulación de una conferencia del escritor Molud Mammeri en la universidad de Tizi-Uzu que desencadenó la llamada “Primavera bereber” (Tafsut Imazighen) con revueltas, grandes manifestaciones, ocupaciones de edificios públicos, pero sobre todo por la feroz represión, seguida de encarcelamientos, con más de 30 muertos en las calles. De esta primavera bereber nace el Movimiento Cultural Bereber (MCB) que, en agosto de 1980, presentó el primer documento cultural que pedía la equiparación de la lengua amazigh al árabe, reivindicaba la necesidad de unas mayores concesiones constitucionales y la libertad de expresión cultural en bereber. Los activistas componentes del MCB luchaban también por los derechos humanos.

Desde este momento, el movimiento social empezó a caracterizarse por la recuperación de las tradiciones participativas, constituyendo comités para la defensa de la cultura bereber y sobre todo redinamizando aquellas organizaciones tradicionales de los duares como la taymat (yema’a). A finales de los años ochenta, con el multipartidismo, además de la participación de partidos políticos como el Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD) fundado en 1989 y el ya existente Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), emergen las asociaciones de la clandestinidad en la que habían permanecido entre 1962 y 1989 y se organizan en la Federación Nacional de Asociaciones Amazigh (FNACA).

Al mismo tiempo el Estado argelino incrementa el proceso de arabización. El continuo enfrentamiento con el Estado por parte del componente amazigh argelino, no satisfecho con las concesiones obtenidas, provocó, en septiembre de 1994, el boicot escolar en primaria, secundaria y en la universidad, con el fin de lograr el reconocimiento de la lengua. En mayo de 1995 se creó el Alto Comisionado para la Amazighidad (HCA), cuya misión es impulsar la lengua y su enseñanza en la escuela secundaria de la zona oriental argelina, pero sólo con carácter facultativo. El año 1998 fue crucial para el movimiento cultural bereber: el cantante y activista cabil Matub Lunes fue asesinado el 25 de junio y el 2 de julio se dictó una ley estatal que generalizaba la utilización de la lengua árabe.

Todo ello provocó la pérdida de confianza en los partidos de ámbito bereber, que se agravó por la represión sangrienta que tuvo lugar en las manifestaciones de marzo y abril de 2001 (“Primavera negra”). El debate en el interior del movimiento bereber sobre las posibles formas de resistencia a la opresión estatal se manifestó con la creación de dos movimientos radicales de reivindicación: la Coordinación de los Aruchs, Dairas y Comunas (CADC) y el Movimiento para la Autonomía Cabil (MAK). La CADC se basa en la recuperación de una forma histórica del asociacionismo en el interior del núcleo ciudadano, formado por los denominados aruchs, los delegados de la asamblea del municipio o de los representantes de la tribu, y expresa su reivindicación a través de la Plataforma de El-Kaseur, del 11 de junio de 2001.

El MAK fue fundado el 15 de junio de 2001 por el cantante Ferhat Mhenni, componente del MCB. El MAK cifra sus bases bajo el carácter identitario y cultural amazigh de la Cabilia, proponiendo una autonomía regional ante la incapacidad del gobierno autoritario centralizado de dar una salida al proceso de remodelación de la organización del Estado y lanza un debate sobre diversos modelos autonómicos como el catalán, el sardo o el irlandés (www.makabylie.info/).

Marruecos: una mayor apertura

Sin duda, en el Magreb, Marruecos es el país que mayor apertura ha protagonizado en los últimos años, en relación con todo tipo de asociacionismo. En cuanto a los avatares del movimiento amazigh, éste no tiene nada que ver con la conflictividad ni con la represión brutal que ha caracterizado al vecino argelino. Si bien tras la independencia marroquí, el partido en el poder, Istiqlal, representaba a la burguesía nacionalista y arabista, pronto el rey percibió la importancia del mundo rural para conseguir un arbitraje más equilibrado, y relanzó las asambleas locales.

La primera asociación cultural amazigh no gubernamental con propósitos políticos se creó en 1967: la Asociación Marroquí para la Investigación y los Intercambios Culturales (AMREC), fundada por estudiantes, en su mayoría susíes, cuya finalidad era desarrollar el espíritu democrático que pudiera asegurar la particularidad nacional, cultural y lingüística. De tendencia moderada, quiere potenciar el diálogo entre todas las fuerzas políticas y sociales con el fin de constituir un lobby bereber integrado en el sistema político existente. En 1979 se funda en Agadir la Asociación de la Universidad de Verano de Agadir, que recoge una posición intermedia entre local y nacional, ya que da lugar a importantes encuentros de los bereberes marroquíes. El proceso de formación de asociaciones amazigh continuó gracias a que entre 1975 y 1990 se produjo un momento de apertura política, con una mayor manifestación pública de la lengua bereber: literatura, conferencias, periódicos…

El lugar del tamazight en la cultura marroquí comenzó a replantearse seriamente. De esta manera, y a partir de 1990, se entra en una etapa de profundización de estas demandas, tanto a nivel cultural como político. Entre 1993 y 1996 fue un periodo emblemático para el movimiento, que encontró su máximo desarrollo y resonancia internacional, con alguna victoria en el campo reivindicativo y de enfrentamiento con el Estado. Una primera afloración de asociaciones político-culturales se registra a partir de la firma en 1991 de la Carta de Agadir. Una segunda oleada se observa tras el discurso del rey Hassán II del 20 de agosto de 1994; este discurso se vincula con la manifestación en Rachidiya en mayo del mismo año, manifestación de carácter social, donde se produjo el encarcelamiento, y posterior puesta en libertad, de varios militantes de la asociación Tililli (libertad).

Centenares de abogados se ofrecieron voluntariamente para su defensa, demostrando que en Marruecos la cuestión bereber importaba más de lo que parecía. No se puede hablar de un movimiento bereber unificado en Marruecos. Una de las corrientes es la de Mahyubi Aherdan dentro del partido Movimiento Nacional Popular, y de su hijo Uzzin alrededor de la revista Tifinaq. Otra es la de Nueva Asociación por la Cultura y las Artes Populares (ANCAP, 1978), con una mayor incidencia política a partir de los años noventa. Esta asociación, animada por Hassen Id Belkacem, director del semanario Tasafut, tiene secciones locales distribuidas por todo el país y asiste a convenciones internacionales.

El relanzamiento de la causa amazigh se consiguió tras dos años de discusiones y debates intensos, el 1º de marzo de 2000 con el Manifiesto bereber. Este Manifiesto, firmado por 229 personalidades y redactado por Mohamed Chafik, escritor y académico, representa la última gran manifestación reivindicativa unitaria del movimiento amazigh marroquí. La reacción estatal a la gran participación masiva y al fuerte asociacionismo viene encarnada en la creación del Instituto Real de la Cultura Amazigh (IRCAM), bajo la jurisdicción del rey que lo institucionaliza de forma nacional. Al mismo tiempo, desde 2003 se enseña la lengua, en su modalidad del alfabeto tifinagh, en más de 300 escuelas piloto de enseñanza primaria. Por otro lado, es interesante destacar que aquellos que militan en el movimiento cultural amazigh, también lo hacen en otras asociaciones, especialmente de derechos humanos, reivindicando también una sociedad diversa donde el clientelismo y el elitismo sólo sean un recuerdo del pasado.

Diáspora y Congreso Mundial Amazigh (CMA)

La conexión del movimiento cultural argelino con la diáspora fue particularmente fuerte al inicio: numerosos intelectuales argelinos emigraron y se refugiaron sobre todo en Francia durante los años que siguieron a la independencia en 1962. El trabajo se centró, desde finales de los años sesenta y setenta con el intento de estandarizar la escritura y la lengua. La propagación internacional de las redes asociativas, junto al desarrollo de la sociedad amazigh en el norte de África, ha sido uno de los factores principales para el desarrollo de un debate sobre la creación de un órgano que representase a todos los componentes a nivel internacional, desde África y Europa hasta América del Norte.

En los años noventa, tras la caída del muro de Berlín y el fin de la división mundial en bloques opuestos, se da un nuevo impulso al nacimiento de un Estado de Derecho que busca una mayor salvaguarda de las minorías y de los pueblos autóctonos. Ello incrementa la posibilidad de adquirir una mayor visibilidad internacional. El primer Congreso Mundial Amazigh tiene lugar en las islas Canarias (1997). Le sigue otro en Lyon (1999) y finalmente, en Roubaix (2002). La divulgación de la cultura amazigh se potencia desde periódicos, revistas, radio, televisión y, especialmente en estos últimos años, con el incremento del uso de Internet, que se ha convertido en un medio para transmitir con mayor velocidad ideas e informaciones.

El objetivo de esta gran sociedad civil transnacional es el reconocimiento de su propio estatus cultural en las regiones donde se encuentran estas poblaciones. Una sociedad civil compuesta por las más diversas personalidades de todos los campos culturales: cantantes, escritores, novelistas, cineastas, académicos, hasta unirse a los ámbitos de la cotidianidad y de la reivindicación de los derechos humanos y fundamentales.