La evolución de la telefonía móvil en Marruecos

El espectacular desarrollo del sector de las telecomunicaciones en Marruecos lo convierte en ejemplo a seguir en ese terreno.

Ramón Enciso, director general de Medi Telecom

En el Magreb, Marruecos es precursor de la liberalización del sector de las telecomunicaciones. La confirmación de su liderazgo requiere ahora una nueva fase de expansión y de superación de las dificultades encontradas. El lanzamiento de una segunda licencia de telefonía móvil GSM en Marruecos el 20 de abril de 1999 constituyó todo un acontecimiento en el sector, dado el carácter pionero de este tipo de decisiones en los países del norte de África. La licencia se enmarcó dentro de un proceso de liberalización y se articulaba a partir de la ley 24/96 y de la puesta en marcha de la Agencia Nacional de Reglamentación (ANRT).

Aunque todo el proceso era embrionario, la decidida voluntad del gobierno Abderramán Yussufi y la fuerte personalidad y capacidad del director de la ANRT, Mustafá Terrab, dieron al concurso una gran credibilidad que se tradujo en la presentación de candidatura por todos los grandes operadores móviles. El 7 de agosto de 1999 se procedió a la apertura de pliegos y el concurso fue adjudicado al consorcio Medi Telecom del que formaba parte Telefónica Móviles, que asumía la responsabilidad de la gestión en colaboración con Portugal Telecom Moveis. La cantidad pagada, 1.000 millones de dólares, y la transparencia del proceso hicieron del concurso un modelo que se repetiría después, con notable éxito, en otros países del Magreb.

En el momento de la adjudicación de la licencia, Marruecos contaba con poco más de 350.000 teléfonos móviles, gestionados en régimen de monopolio estatal, con un débil crecimiento y con precios muy elevados. La entrada en servicio de Medi Telecom, el 29 de septiembre de 2003 supuso un cambio total del sector, tanto en número de clientes como en precios, ofertas, publicidad, distribución, gestión de calidad etcétera. Todo ello ha hecho de Marruecos un modelo indiscutible que en sólo tres años ha superado los 4,5 millones de clientes activos (de los que Meditel detenta el 41%) creado más de 10.000 puestos de trabajo, y las inversiones del nuevo entrante sobrepasan los 2.000 millones de dólares.

En Marruecos, existen hoy numerosos servicios desarrollados en el país y ajustados a las necesidades de sus clientes tanto de telefonía móvil básica como soportados en SMS, WAP, MMS, etcétera. Marruecos ocupa la primera plaza destacada en penetración en los países del norte de África.

Problemas para un adecuado desarrollo

Este espectacular desarrollo ha desbordado el marco regulatorio y las capacidades de la ANRT, lo que unido a la fuerte resistencia a la liberalización del operador histórico, ha frenado la evolución positiva del sector, a lo que se han sumado circunstancias coyunturales que han dificultado el avance. En primer lugar la privatización de Maroc Telecom se saldó con un éxito total en cuanto a precio (2,4 millardos de dólares por el 35% del capital) pero generó un efecto negativo para el sector.

El resultado de la venta y el precio obtenido por la segunda licencia GSM, propiciaron una visión por parte de la administración del sector como una fuente de financiación de enorme magnitud, anteponiendo este afán recaudatorio a las posibilidades de modernización y de competitividad que puede ofrecer un sector de telecomunicaciones dinámico y competitivo. En segundo lugar, las prioridades políticas del país y las luchas de poder relegaron los proyectos de liberalización a un segundo plano y minaron la autoridad de la ANRT restando credibilidad al proceso.

Al final, todo se redujo en la práctica al intento fallido de completar la venta del 16%, que daría al socio privado la mayoría en Maroc Telecom, y la llamada a concurso de una segunda licencia fija, que a la vista del pliego de condiciones y a los datos del entorno, tanto de los telecomunicaciones nacionales como a la coyuntura internacional, resultó desierto y sumió en el desconcierto al sector. En el terreno político, surgieron diferencias en cuanto al papel de la ANRT y de las autoridades gubernamentales que, tras un agrio debate terminó con la dimisión del director de la agencia, Terrab, motor de la liberalización.

En este proceso quedó de manifiesto la falta de verdadero poder ejecutivo de la agencia que quedaba finalmente como un mero árbitro de buena fe, sin poder sancionador. Igualmente, mostró la falta de autonomía de una agencia de reglamentación cuyo consejo preside el primer ministro, y de la que forman parte nueve ministros, tres de los cuales están también en el Consejo de Supervisión de Maroc Telecom, y uno de ellos, el ministro de Finanzas, incluso lo preside. En este panorama, el papel del director de la agencia queda muy desdibujado, y sólo la fuerte personalidad de los ocupantes, Terrab primero y Osman Demnati después, han dado credibilidad a la institución y mantenido el espíritu liberalizador que, pese a todo, se respira en el sector. Esta autoridad, indiscutible en cuanto a las personas, no ha evitado una creciente burocratización de la actividad reguladora en busca de un espacio donde poder ejercer su poder, en medio de las indefiniciones y lagunas del sistema.

Un marco legal obsoleto

A todo esto se añade que el marco legal ha quedado obsoleto, como consecuencia de la profunda transformación motivada por la llegada de la competencia, y por las imprecisiones e indefiniciones con que fue redactada, en su día, la ley. A día de hoy la situación competitiva es claramente favorable al operador histórico cuya licencia mezcla fijo, móvil, internacional, Internet, datos etcétera, lo que favorece prácticas anticompetitivas, y le reserva áreas de actividad cerradas a la competencia, como el sector público.

Por otra parte, la necesidad de completar el proceso de privatización paraliza la adopción de medidas para corregir esta situación en la creencia, equivocada, que favorecer la competencia desvaloriza a Maroc Telecom. Como resultado, el peso de Maroc Telecom es cada vez más importante y sectores clave del proceso de liberalización –Internet, VSAT, Teletiendas– sufren un fuerte deterioro, cuando no están abocados a su desaparición. Hay que destacar, por su importancia, el problema de la interconexión entre operadores. Tras casi dos años sin alcanzar acuerdo, la ANRT dictó una resolución favorable al operador histórico que fue recurrida por Medi Telecom ante el Tribunal Administrativo de Casablanca y que, a día de hoy, está pendiente de resolución.

La decisión tomada se resume en que el precio establecido hace que la interconexión fijo-móvil sea la más barata de los países del entorno y la móvil-fijo la más cara, lo que unido a la amalgama de fijo, móvil, Internet… favorece claramente a Maroc Telecom e impide el buen desarrollo del sector. El fuerte incremento de los ingresos de la telefonía fija, declarados por Maroc Telecom, pese a la espectacular caída de líneas fijas (ha perdido medio millón de líneas sobre un 1,5 millones que tenía) claramente el efecto subvencionador de las tarifas de interconexión a favor del fijo. Debe señalarse que pese a esa protección extraordinaria, el servicio fijo ha sufrido en Marruecos un fuerte deterioro, lo que no ha sucedido en el resto de países y que sólo un modelo de apertura a la competencia podrá frenar.

Estas circunstancias han puesto de manifiesto la debilidad del proceso, consecuencia de su estado embrionario, así como la falta de una comprensión clara por parte de las autoridades de la importancia capital que el sistema de telecomunicaciones tiene en un proceso de transformación tan acelerado como vive Marruecos.

Un proceso paralizado

En resumen, un proceso que empezó lleno de esperanzas y buenos augurios se encuentra hoy frenado y el marco regulatorio que debería propiciarlo esta superado. Sin embargo, el mercado mantiene un vigor notable, con crecimientos superiores al 40% anual, pese a la disminución de subvenciones, resultado de la resolución de la interconexión que ha penalizado seriamente los resultados del móvil. A este hecho se une una opinión pública que demanda una evolución más rápida, y que ha visto como la llegada de la competencia en la telefonía móvil ha transformado realmente sus vidas y los beneficios se han distribuido por todo el país y para todos, clientes, empleos, infraestructuras, publicidad o acciones ciudadanas. Además, Marruecos detenta un liderazgo que merece la pena mantener y que la sitúa como una referencia en el área.

Relanzar el proceso de modernización

Por todo ello, el proceso debe relanzarse. Autoridades, operadores, clientes y suministradores, tienen que aunar esfuerzos y propiciar una nueva fase de desarrollo que consolide el modelo y ofrezca a Marruecos, a partir de las telecomunicaciones, un instrumento de modernización a la altura de las demandas y necesidades del cambio social que vivimos. Desde Medi Telecom reiteramos la necesidad de volver a los orígenes del proceso, fortaleciendo sus aciertos y corrigiendo sus defectos. Esto, que parece obvio, exige una voluntad decidida y sin duda una importante dosis de coraje, pero el resultado, como muestra la experiencia, compensará el esfuerzo.

El primer paso es restablecer la autoridad y la autonomía de la ANRT, motor del cambio y garantía de su credibilidad. La agencia debe ser, y desde Medi Telecom lo reiteramos en cada oportunidad y comparecencia pública, independiente y autónoma con competencias y con procedimientos de recurso claramente definidos. Debe contar con los instrumentos y la capacidad necesaria y con una lógica potestad sancionadora. Los esfuerzos que hasta el momento se han hecho en ese sentido han sido siempre tímidos y de espaldas al sector. Es imprescindible avanzar decididamente y compartir con todos los agentes involucrados propuestas y compromisos. Pese a los duros momentos vividos y a las dificultades, la ANRT cuenta con un merecido respeto y un prestigio indiscutible por los éxitos alcanzados.

Es preciso poner en valor todos estos factores y relanzar la Agencia como motor y gestor de la liberalización del sector. En segundo lugar hay que establecer un marco regulatorio y competitivo que permita trabajar a todos en condiciones equitativas. Hay que clarificar la licencia del operador histórico obligando a la separación de actividades y equiparándola en derechos y obligaciones con sus competidores. Debe además exigírsele la publicación anual de su oferta pública de interconexión que no ha sido actualizada por Maroc Telecom desde 1998 en circunstancias y condiciones que nada tienen que ver con la realidad actual. Igualmente, tiene que abrirse a la competencia todo el mercado y acabar con situaciones proteccionistas como la existente para el sector público.

La adaptación de la ley 24/96 es la prioridad más urgente y la que requiere una mayor atención del gobierno por ser de su responsabilidad. Clarificar y definir el servicio universal, definir el régimen de concesiones, licencias y autorizaciones, fijar atribuciones y responsabilidades es, sin duda, un gran desafío político y un trabajo difícil. A la complejidad de la tarea se unen las necesidades de acuerdos políticos y sociales y de las urgencias de una realidad cuyas prioridades no siempre coinciden con las que demanda el sector. Pero se pueden hacer retoques clave que permitan mantener la dinámica y el compromiso con los esfuerzos del sector.

Por último, es clave definir un modelo de telecomunicaciones que permita una visibilidad suficiente para comprometer inversiones y políticas comerciales a medio y largo plazo. Esta definición del sector debe hacerse desde el gobierno y por su trascendencia, exige fuertes dosis de rigor y consenso. Corresponde a las Autoridades definir quiénes y cómo deben participar en este proceso, gobierno, ANRT, operadores, consultores o agencias internacionales. En cualquier caso, desde Medi Telecom, reclamamos y ofrecemos la colaboración del sector en esta definición y destacamos que, en el momento de desarrollo en que nos encontramos, resulta imprescindible y urgente. Hay que reconocer que en toda esta dinámica pasada, los operadores hemos participado y parte somos responsables.

Quizá la falta más clara sea haber sido incapaces de sensibilizar a las autoridades de la importancia y aportaciones que una dinámica sana del sector podría aportar. Los intereses individuales, las urgencias del momento o las dificultades puntuales no han permitido cohesionar al sector pese a los esfuerzos bienintencionados de patronal y asociaciones. La experiencia vivida debe hacernos reflexionar y corregir ese déficit de representación que será clave si queremos tener voz en un proceso como el reclamado. Tras este repaso a la evolución de la telefonía móvil en Marruecos, inevitablemente unida a la evolución del resto del sector, hay que destacar ante todo, el éxito de Marruecos como visionario y precursor de la liberalización de las telecomunicaciones.

Los resultados de esa decisión se viven hoy como una mejora de la calidad de vida de todos y en la competitividad de nuestras empresas y servicios. La coyuntura desfavorable que ha seguido a la fase de lanzamiento debe ser eso, una coyuntura lógica en todo proyecto pionero. Conocemos las razones del éxito y las circunstancias que han frenado su marcha. Es el momento de reforzar los aciertos y corregir los fallos para propiciar una nueva fase de expansión que consolide la dinámica del sector y ratifique el liderazgo de Marruecos en las telecomunicaciones, en beneficio de todos.