La crisis en Siria y los grupos islamistas

17 juillet 2017 | | Espanol

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Seis años después del inicio de la revolución, el conflicto en Siria ha entrado en una nueva fase. La devastación del país desde 2011 ha provocado la mayor catástrofe humanitaria que se recuerda en Oriente Medio desde el final de la Segunda Guerra Mundial: cerca de medio millón de muertos y más de la mitad de la población siria convertida en refugiada o desplazada. Hace mucho tiempo que la guerra dejó de enfrentar a sirios contra sirios y se convirtió en una guerra por delegación con un fuerte componente sectario en la cual las potencias regionales e internacionales intentan dirimir sus diferencias mediante el apoyo a uno u otro bando. El presidente Bashar al-Asad ha recibido un decisivo apoyo por parte de Irán y Rusia, mientras que los grupos opositores y rebeldes han contado con el respaldo de Turquía, Arabia Saudí y otras petromonarquías del Golfo como Qatar, así como de EE UU, Francia y Reino Unido.

La progresiva balcanización de Siria, dividida entre el régimen, los rebeldes, los yihadistas y los kurdos así parece demostrar lo. Desde el estallido de la revolución en marzo de 2011, la situación sobre el terreno ha cambiado de manera drástica. La multiplicidad de ac tores implicados en su desarrollo y la diversidad de intereses que defienden han agravado la guerra hasta llevarla a un punto de no retorno. De una movilización popular en demanda de libertades y reformas se ha pasado a una guerra por delegación (war by proxi) en la que se libra el destino de Oriente Medio.

La presencia del autoproclamado Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS en sus siglas inglesas) y del Frente al Nusra (ahora rebautiza do como Frente de la Victoria del Levante) ha sido emplea da a su vez por EE UU y Rusia como pretexto para justificar sus respectivas intervenciones militares. El primero al frente de una coalición internacional que, a partir del verano de 2014, intentó frenar el avance de los yihadistas en Irak y Siria con desigual éxito. El segundo que, en otoño de 2015, acudió en defensa de un régimen sirio al borde del colapso, lo que le permitió recuperar parte del terreno perdido, incluida la totalidad de Alepo y diversas localidades en la periferia de Damasco.

A pesar de estos avances, en verano de 2017 el régimen tan sólo controla la denominada Siria útil: la franja costera y el corredor urbano que va desde Suwaida en el sur hasta Alepo en el norte pasando por Damasco, Homs y Hama, lo que representa algo más de un tercio del territorio donde viven dos terceras partes de la población. El resto del país, en buena medida despoblado por la estrategia de tierra quemada seguida por el régimen, incluye zonas rurales y desérticas que se reparten los diferentes grupos rebeldes o las facciones yihadistas. Los rebeldes dominan, en parte o en su totalidad, las provincias de Quneitra y Deraa en el sur y las de Idlib y, parcialmente, Hama y Alepo en el norte, manteniendo una presencia marginal en las provincias de Rif Damasco y Homs. Las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG), por su parte, extienden su autoridad por los tres cantones del Rojava: Afrin, Kobane y la Yazira (a excepción de al-Hasake y Qamishle, donde el régimen todavía mantiene posiciones). Por último, el ISIS controla parte de la cuenca del Éufrates, aunque ha perdido el control de la estratégica frontera con Turquía y ha pasado de una posición ofensiva a una defensiva ya que la ofensiva sobre Raqqa es inminente.

Una de las dimensiones menos conocidas del conflicto sirio es la sectaria. Como la mayor parte de los países de la región, la sociedad siria es un mosaico de confesiones y etnias diseminadas por el resto de Oriente Medio. Cerca de un 90% de la población es árabe mientras que el resto son kurdos, armenios, asirios, circasianos y turcomanos. En el terreno confesional, los musulmanes representan cerca del 90% de la población: la mayor parte de ellos sunníes, pero con presencia también de diferentes ramas más o menos emparentadas con el chiísmo como los alauíes, los drusos o los ismaelíes, que suman el 15% de la población. Los cristianos, sobre todo greco-ortodoxos y en menor medida católicos (armenio-católicos, melquitas, siríacocatólicos, maronitas, caldeos y latinos) suponen otro 10%.

Desde el estallido de las hostilidades en 2011, tanto el régimen como quienes le combaten han recurrido con frecuencia al sectarismo. Poco después de que los activistas tomaran las calles para demandar reformas y libertades, el presidente Bashar al-Asad sugirió que las movilizaciones eran fruto de una conspiración (mu’amara) para provocar una guerra sectaria (fitna). En los primeros compases de la contienda, Zahran ‘Allush, emir del Ejército del Islam, se pronunció a favor de “limpiar Damasco de nusairíes [alauíes]” [1]. El influyente clérigo egipcio Yusuf al-Qaradawi declaró que debía “combatirse a todos quienes trabajan para el gobierno sirio, ya sean militares, civiles, clérigos o yahilíes”[2], lo que justificaría episodios como el asesinato del imán de la mezquita de los Omeyas Said Ramadan al-Buti el 21 de marzo de 2013. También el Frente al Nusra y el ISIS llamaron a la yihad contra un régimen al que tachaban de ‘apóstata’ y que, por lo tanto, debía ser derrocado. Este discurso sectario también fue asumido por diferentes milicias chiíes libanesas, iraníes, iraquíes, afganas y paquistaníes que acudieron en ayuda del régimen sirio, que a su vez llamaron a la yihad contra las fuerzas takfiríes, en referencia a los grupos yihadistas que practican la excomunión contra sus enemigos.

Como señala Chistopher Phillips, “el sectarismo fue empleado desde el principio, ya fuera de manera explícita en forma de masacres, violencia sexual, limpieza étnica y lenguaje inflamatorio o de manera implícita cuando régimen y oposición se acusaron mutuamente de instrumentalizar la identidad confesional”[3]. También la intervención de las potencias regionales, encabezadas por Irán y Arabia Saudí, que en la actualidad están librando una guerra por delegación en varios países de Oriente Medio, contribuyó a exacerbar el sectarismo no sólo en Siria, sino también en otros países del entorno como Irak o Yemen. En opinión de Raymond Hinnebusch, “el sectarismo ha sido un vehículo de la contrarrevolución que ha bloqueado la transformación de la región promovida por quienes lanzaron la Primavera Árabe en 2010”[4].

Notes

[1] Cit. por Joshua Landis, “Zahran Alloush: His Ideology and Beliefs”, Syria Comment, December 15, 2013. En línea: http://www.joshualandis.com/blog/zahran-alloush

[2] Al-Jazeera, 2 de enero de 2013: https://www.youtube.com/watch?v=yexixuNzuaY

[3] Christopher Phillips, “Sectarianism and Conflict in Syria”, Third World Quarterly, vol. 36, no. 2, 2015, p. 358.

[4] Raymond Hinnebusch, “The Sectarian Revolution in the Middle East”, Regional Issues, vol. 4, nº 1, 2016.