Escenarios mediterráneos: capeando tempestades

Maria-Àngels Roque

Directora de Quaderns de la Mediterrània

El Mediterráneo es un permanente laboratorio en el que durante siglos se han desarrollado  miles de escenarios, un lugar que ha sido origen de naciones, reinos e imperios surgidos y desaparecidos tras fronteras, a veces muy pertinaces, donde se mantienen vivas las culturas más antiguas. Un lugar lleno de mitos, héroes y heroínas, personajes emblemáticos que han anhelado dejar su huella, a los que  recordamos gracias a nuestras enseñanzas escolares o la cultura oral y que  nos sirven, según el momento, de iconos estimulantes o bien de personajes cuya alargada sombra capea entre ideologías y manifestaciones diversas.

Cada época crea sus momentos de gloria o fracaso, que las reinterpretaciones posteriores de los historiadores y analistas juzgan a la luz de los hechos contemporáneos. A veces, esos momentos se desvanecen entre los estereotipos interesados de cada época. Los análisis actuales sufren interpretaciones características de nuestra civilización contemporánea, cuyo rasgo más evidente es la rapidez, procedente de las tecnologías de la información y la comunicación.

¿Qué podemos decir de los 25 años transcurridos desde que, a finales de los años ochenta del siglo XX, un escritor profundamente mediterráneo, Baltasar Porcel, convenciera al entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol,  para crear un Instituto de Estudios Mediterráneos? En aquel momento, tras el ancho desierto de la dictadura, no solo en Cataluña, sino también en España, la imagen del Mediterráneo no era un modelo apreciado. Los modelos, concretamente para Cataluña, estaban situados más al norte, en Suecia u Holanda. Pero con España entrada en democracia y perteneciendo a la Unión Europea, el escritor persuadió al político de que nuestro país se hallaba en el sur de Europa, nuestros vecinos eran los países de las riberas norte y sur mediterráneas y el Mediterráneo podía renacer con un nuevo aliento. De hecho, en aquel momento confluían una serie de factores importantes: por un lado, habían desaparecido las dictaduras del sur de Europa, y la emergencia del arco mediterráneo latino apuntaba como el segundo gran eje de desarrollo desde Valencia a Roma, que intentaba competir con el eje principal europeo que iba de Rotterdam a Milán. Por otro lado, había un creciente interés por los países del sur mediterráneo, que hacía décadas que habían dejado atrás el colonialismo y se presentaban, con su desbordante demografía, con una gran potencialidad no exenta de riesgo. Todo ello influyó en el hecho de que en los años noventa se fraguara la idea de que en el año 2010 la zona euromediterránea podría empezar a tener libre comercio, y que invertir en la educación de las  mujeres frenaba los índices de natalidad.

 En los primeros años del entonces Institut Català d’Estudis Mediterranis, éramos los únicos representantes españoles que participábamos en los foros que se desarrollaban en el sur del Mediterráneo, juntamente con los franceses, que nunca habían dejado de tutelar económicamente a esos países. Acudíamos sobre todo a las reuniones centradas en las ciudades, fenómeno  que siempre ha tenido un largo arraigo en nuestro mar. En este número, José Enrique Ruiz-Domènec, coincidiendo con otro historiador del siglo XIV, Abenjaldún, manifiesta que con  la aparición de la ciudad se favorece y fomenta la innovación tecnológica y económica, la dignificación del trabajo y la inserción del arte como un pilar de esta innovación. Asimismo, la belleza se convierte en un componente fundamental del ecosistema urbano. 

En el año 1995 se estableció un hito para conjugar los intereses de los países mediterráneos, pues la Declaración de Barcelona proclamaba, por primera vez, la necesidad de contar con la sociedad civil en todos los países implicados. En  aquel momento, desde los inicios de la década de los noventa ya se trabajaba en proyectos de cooperación descentralizada y se veía a la sociedad civil como el instrumento primordial del que disponen los pueblos para poder llevar a cabo los proyectos de desarrollo realistas y para sacudirse los integrismos autoritarios, no necesariamente religiosos. El entusiasmo por los derechos humanos y la democracia se enfrió con los atentados de 2001, lo cual hizo que se tratase con mayor indulgencia a los dictadores que pretendían luchar contra el terrorismo islámico en los países musulmanes. En la primera década de este siglo, durante los viajes de los mandatarios europeos para sellar acuerdos económicos en el sur, ya no se hablaba de democracia, y el tema de los derechos humanos se trataba por encima para no molestar demasiado. Sin embargo, algunos analistas exponían sus ideas sobre el derecho de cada pueblo a escoger su sistema de gobierno, o sobre la incompatibilidad del Islam con la democracia. Esta idea ha sido refutada en diferentes trabajos por importantes analistas del sur del Mediterráneo como Fatema Mernissi, Abderkader Zghal o Abdukl Filali Ansari.[1]

En este sentido, las publicaciones del IEMed en general y Quaderns de la Mediterrània en particular, desde el momento de su aparición en el año 2000, han tenido como objetivo dar a conocer el pensamiento múltiple presente en  ambas riberas y avanzar la importancia tanto de las nuevas tecnologías de la información como de la sociedad civil en los países arabo-musulmanes, mucho antes de que ambas se alzaran como piezas clave en la revueltas árabes. Nuestros temas se han centrado en aquellos aspectos que podían aportar conocimiento y servir de reflexión en el panorama mediterráneo, y han sido escritos por intelectuales reconocidos o por especialistas y miembros de asociaciones que podían aportar una visión directa y contrastada del tema expuesto. En muchas ocasiones nos hemos avanzado a los debates que se han forjado en torno a conferencias ministeriales, proponiendo nuevas visiones nacidas de seminarios o encuentros. También hemos creado debates necesarios a lo largo de los 21 números aparecidos de Quaderns de la Mediterrània. Hemos realizado dossieres sobre  mujeres, jóvenes, migración y creatividad, medios de comunicación, ecología, patrimonio inmaterial o espiritualidades. A partir del 2011, hemos publicado varios análisis y testimonios directos de las revueltas árabes que también pueden encontrarse online: www.iemed.org/quaderns.

El número “Escenarios mediterráneos”acoge la acepción de la palabra “escenario” como “marco, circunstancia y contexto”, pero también muestra una visión prospectiva. En este sentido, creemos que las culturas no están reñidas con la contemporaneidad, a pesar de lo que algunos puedan dogmatizar. Los antropólogos sabemos que las culturas no son estáticas y que se adaptan y dinamizan en los diferentes entornos donde se encuentran y a través del tiempo.

¿Por qué fijarnos sólo en algunos  países del sur  y no también en aquellos que se encuentran al norte y este del Mediterráneo? Cengiz Günay expone en su artículo el periodo convulso que atraviesa la región mediterránea. Muchos de los países que bordean el Mediterráneo se han visto sacudidos por protestas, disturbios y agitación. Diversos movimientos juveniles han derribado gobiernos y dictadores, mientras los movimientos de protesta social cuestionan los programas de austeridad neoliberales. La región se ha convertido en el epicentro de una crisis social y política global, y en un laboratorio de nuevas formas de movilización social y política. Según manifiesta el profesor Günay,  curiosamente solo ha habido unos pocos análisis que han tratado de vincular el malestar en el mundo árabe con los acontecimientos producidos en la orilla norte del Mediterráneo. Sin embargo, las razones de las protestas acaecidas en Túnez o Egipto no fueron muy distintas de las que impulsaron a la gente a salir a la calle en Madrid, Barcelona, Sofía, Nicosia, Tel Aviv o Estambul. Así, Cengiz Günay expone la idea de que los acontecimientos de ambas orillas del Mediterráneo apuntan a una crisis sistémica común.

Los trabajos que presentamos en este número, elaborados por diversos escritores y analistas, no dejan de alertarnos sobre los nubarrones que acechan la región, al tiempo que nos explican los factores que inciden peligrosamente en los acontecimientos, ya sean políticos, ecológicos o sociales. Podríamos decir que actualmente los países mediterráneos se encuentran capeando tempestades, como hicieron algunos de sus más representativos personajes míticos, Ulises y Simbad, sin olvidar al bíblico Jonás, que estuvo tres días en el vientre de la ballena. Aunque sus historias son amargas y sus trayectorias están llenas de peligro, estos personajes no dejan de fascinarnos. Además, todos llegan salvos a tierra, lo cual constituye una metáfora de continuidad y renacimiento.

El crítico literario Harold Bloom afirma que el héroe de La Odisea es el gran superviviente, hábil y astuto hasta lo indecible. Ulises es también un magnifico contador de historias y todos sus oyentes caen bajo su hechizo. Simbad, por su parte, es un astuto y empedernido viajero, con un enorme interés por conocer países e islas, y a pesar de los infortunios que conoce, y en los que arriesga su vida, siempre sale bien parado. Las historias de Simbad constituyen una colección de cuentos populares árabes de origen persa e indio, y fueron narradas por la no menos mítica y encantadora ‎Scheherezade. La finalidad de esta joven, narradora de Las mil y una noches, también era mantenerse viva, algo que parecía muy difícil en vista de cómo habían acabado sus predecesoras. La argucia de ‎Scheherezade era mantener vivo el interés de las historias e interrumpirlas al alba, función dilatoria que finalmente acaba con las ansias asesinas del rey. ¿Acaso este tipo de cuentos, según el  psicoanalista Bruno Belteheim, que hizo un interesante análisis de Las mil y una noches, sirven para prevenir pero también para animar a cada uno de nosotros y para darnos ciertas claves ante sucesos que nos parecen impredecibles?

Las mujeres y la cultura popular, elementos creativos de la civilización. Así se titulaba un epígrafe que formaba parte de la introducción que escribí para la publicación de las actas de un seminario realizado en el año 1992 y donde se recogían, entre otras, las ponencias de Tahar Ben Jelloun y Fatema Mernissi, que también nos acompañan en este número. El escritor explicaba cómo su abuela analfabeta, al igual que la mayoría de las mujeres de su generación, en su infancia le explicaba cuentos que fueron el germen para convertirse en escritor y que, treinta años más tarde, cuando leyó Las mil y una noches, se percató  de que la mayoría de  las historias narradas por su abuela pertenecían a esta obra monumental.

En la entrevista a Fatema Mernissi, la escritora y socióloga marroquí reivindica la cultura oral como fuente principal de su genio creativo, y afirma que pasear por las calles de los barrios populares de Rabat agudiza su capacidad dialéctica, que usa en su escritura. De hecho, Mernissi ha utilizado metafóricamente a Simbad y ‎Scheherezade en varias de sus publicaciones actuales. A pesar de que los héroes de la escritora son modernos, sus armas también tienen que ver con el poder de comunicar. Estos jóvenes, héroes  anónimos, están mejor preparados gracias a las tecnologías de la información y la comunicación. Busco una de las publicaciones de Mernissi, fruto de un taller de escritura animado por la escritora y leo en la introducción: “Figuraos que esos astutos Simbad amazighs del Marruecos de 2004 tienen una aplastante ventaja sobre los héroes de Las Mil y una noches. Mientras que el de Bagdad navegaba por el Océano Índico con frágiles barcos de tecnología primitiva, los jóvenes del Alto Atlas y Zagora descubren el mundo sin visado ni pasaporte, surfeando diestramente en el satélite y activándose en las asociaciones cívicas más dinámicas”.

Cuando hablamos con la escritora sobre la participación de las mujeres arabo-musulmanas en las revueltas árabes, la visión de la ‎Scheherezade mítica también queda empequeñecida: “Desde el año 2000, las mujeres han invadido las cadenas de televisión que se ven por satélite y han puesto fin al monopolio de los hombres en el espacio público”. Mernissi tiene una imagen de ‎Scheherezade como una mujer obediente e invisible, aunque no por ello  menos astuta, que callaba al alba para obedecer la ley que le imponía su esposo, el rey Shahriar: “Eso ya ha caducado. Armadas con las nuevas tecnologías, las Scheherezades modernas, como las comentaristas de Al Jazeera o las jóvenes que han creado la Red de Mujeres Periodistas de Marruecos para obtener una mayor visibilidad y mejorar su presencia y representación a todos los niveles de responsabilidad en los medios de comunicación, hablan y envían sus mensajes las 24 horas”.

Las nuevas tecnologías son aliadas de la libertad de expresión y del conocimiento, medios que puede usarse en positivo pero también en negativo, según los factores del escenario que estamos trazando. Para conseguir escenarios positivos, es necesario que cambiemos nuestras  mentalidades en relación con nosotros mismos y nuestros vecinos. Debemos primero  conocernos para reconocernos en el espejo que refleja nuestro viejo y a la vez único mar. Uno de los escollos que debemos superar es la degradación del medio ambiente. Compartir racionalmente nuestros recursos naturales contribuirá a reforzar nuestras comunidades. Lo contrario, como dicen los analistas que tratan esta problemática, es decir, derrochar las riquezas ecológicas, los paisajes o el agua, desencadenará aún más conflictos. Como argumenta el ecólogo Jérémie Fosse, si utilizamos de manera inteligente las redes sociales y las nuevas tecnologías, las iniciativas ciudadanas harán posible una mejora sostenible.

Reforcemos los valores iniciados hace cinco lustros en este mar proceloso del que hablaba Homero y seamos actores del cambio, seamos vigilantes de los derechos humanos e incitemos a desarrollar escenarios sostenibles.

Notas

[1] Véase Quaderns de la Mediterrània, “Pensar el Magreb contemporáneo”, núm. 2-3, 2001.