Energía en el Mediterráneo: crecimiento sostenible e integración regional

Existe un alto grado de interdependecia energética entre las dos orillas: el Sur como abastecedor y el Norte como importador pueden ayudar a un desarrollo conjunto.

Juan Bachiller

Las relaciones entre los Estados deben basarse en el respeto y la confianza mutua, así como en su voluntad permanente de cooperar en la identificación y desarrollo de iniciativas que proporcionen beneficios mutuos. La energía siempre ha sido un capítulo relevante de los acuerdos internacionales pero es, a partir de la segunda mitad del pasado siglo, cuando causa la creación de organizaciones internacionales de países productores y consumidores y se convierte en protagonista de las políticas de numerosos países. La energía es, hoy, un elemento vital para el desarrollo y todo apunta a que cobrará más protagonismo en los próximos años. Su futuro aparece de manera repetida en los principales foros internacionales políticos y empresariales y es contemplado con gran interés. A la importancia de la energía como condición sine qua non de gran parte de la actividad productiva y del transporte, se suma la preocupación de nuestras sociedades por su influencia en el calentamiento global y en el cambio climático, en concreto sobre las categorías de energía emisoras de gases causantes del efecto invernadero.

Así pues, en relación a la energía, los países aspiran a: la accesibilidad a una energía moderna y económica; su disponibilidad en continuidad, calidad y fiabilidad de suministro; y a su aceptabilidad desde el punto de vista social y medioambiental. Éstos son los objetivos establecidos por el Consejo Mundial de la Energía. Dichos objetivos son universales, en cuanto a la condición de consumidores de ciudadanos y países, pero no reflejan las también legítimas aspiraciones de los países productores, en cuanto se refiere a la conservación de sus recursos naturales que representan, en muchos casos, la parte más importante de su PIB y de su balanza comercial. En consecuencia, las políticas energéticas de los Estados deberían contemplar aquellos objetivos en su integridad. El desarrollo de la política de cooperación entre los países ribereños del Mediterráneo y la Unión Europea (UE) constituye el núcleo central del Proceso de Barcelona, desde su inicio en 1995 y, a partir de noviembre de 2008, de la Unión por el Mediterráneo. El Partenariado Euromediterráneo ha considerado siempre la energía como un sector de colaboración importante, sobre todo en lo que respecta a la seguridad de abastecimiento energético de la UE y al desarrollo armónico y estable de los socios mediterráneos. Los países mediterráneos y la UE se benefician de su proximidad geográfica frente a otras opciones de cooperación menos cercanas.

Los recursos energéticos de la cuenca mediterránea ofrecen seguridad de abastecimiento a la UE, que depende en gran medida de fuentes de energía externas. A su vez, la estabilidad y el compromiso en la demanda pueden ayudar a soportar un desarrollo armónico conjunto. A continuación, me referiré a las relaciones energéticas entre los países del norte de África y Europa (países europeos miembros de la OCDE más Albania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Chipre, Eslovenia, Macedonia, Malta, Montenegro, Rumanía y Serbia), incluyendo en ésta a Rusia, propietaria de más del 25% de las reservas mundiales probadas de gas natural. De la demanda total de energía primaria de los países que miran al Mediterráneo, sólo el 29% corresponde a los países del Sur y Este, mientras su población es prácticamente la mitad del total de la región. La evolución del crecimiento de la demanda hasta 2030, que se prevé será en la zona del 1,5% anual, indica que los países del Sur y del Este consumirán el 42% de la energía primaria que demanda la región euromediterránea, si bien su población representará en torno al 65% del total. En consecuencia, el ratio de los consumos de energía primaria per cápita, en 2030, de los países del Norte respecto de los del Sur y Este, será aún mayor. Analicemos la importancia que los países del sur y del este del Mediterráneo tienen para los del Norte, en particular para Europa, y viceversa.

Los países del norte de África, en concreto Argelia, Túnez, Libia y Egipto, cuyas reservas probadas de petróleo representan cerca del 5% de las reservas mundiales, exportan a Europa cerca del 14% del total de las importaciones de ésta. Es, pues, evidente la importancia de los países del norte de África para Europa. Pero si decimos que cerca del 58% de las exportaciones totales de petróleo de los países del norte de África tienen por destino Europa, vemos que la importancia es mutua y que el nivel de interdependencia es elevado. En cuanto al gas natural, las exportaciones por gasoducto de los países del norte de África (Argelia básicamente y también Libia) hacia Europa representan más del 11% de las importaciones de ésta, mientras que las de gas natural licuado (GNL) representan cerca del 51%. Desde la perspectiva opuesta, Europa es el destino de cerca del 95% de las exportaciones de gas natural por gasoducto de Argelia y Libia, y cerca del 70% de las de GNL de Argelia, Egipto y Libia. Estos datos muestran de nuevo la importancia mutua y la elevada interdependencia de los países de Europa y del norte de África.

En cuanto a Rusia, sus exportaciones de petróleo representan más del 48% de las importaciones europeas de dichas materias primas. En el caso del gas natural, más del 33% de las importaciones por gasoducto provienen de Rusia. No es, pues, necesario enfatizar la importancia que las importaciones de petróleo, gas natural por gasoducto y GNL, de países del norte de África y Rusia, tienen para Europa. Las dificultades surgidas este invierno en las relaciones entre Rusia y Ucrania han puesto de manifiesto la todavía mayor relevancia que el norte de África tiene para Europa como proveedor de energía. En consecuencia, los países de la ribera norte del Mediterráneo, en particular los de la UE, deberán desarrollar sus mejores esfuerzos para alcanzar los objetivos antes señalados, en concreto el relativo a la conservación de los recursos naturales de los países de la ribera sur, sin cuyo logro la seguridad de los aprovisionamientos europeos podría verse seriamente comprometida.

Inversiones energéticas

Para evitar situaciones de crisis, es fundamental mantener un ritmo adecuado de inversiones. La actual crisis económica, con el descenso de la demanda y la bajada de precios, está causando una reducción de las inversiones en la exploración y desarrollo de materias primas. Esta situación podría originar tensiones en el equilibrio entre oferta y demanda, una vez que esta última repunte, con el resultado del aumento de los precios a medio y largo plazo. La zona euromediterránea requiere altas inversiones en infraestructuras energéticas, que permitan no sólo asegurar el suministro sino avanzar en aspectos de eficiencia y crecimiento sostenible, en los que la región se configura como enclave privilegiado para el desarrollo y fomento de nuevas energías.

En este sentido, el proyecto Plan Solar del Mediterráneo generaría energía en países del Sur aprovechando el gran número de horas de sol al año y las grandes superficies del desierto: la insolación del Mediterráneo oriental y meridional es de unos 7 a 8 kilovatios hora (kWh) por metro cuadrado y día, frente a los 4 a 6 kWh en los países del Norte. Otro tanto podría afirmarse del potencial eólico, especialmente en la parte occidental de Marruecos. La implementación de una política energética de la UE, que incorpore mecanismos para la conservación de los recursos naturales en los países del Sur, se convierte en una necesidad urgente tanto por lo que supone de justo reconocimiento a las legítimas aspiraciones de estos países, como por la potencial armonía que tal política y sus medidas de desarrollo traerían a la zona.

Especial mención merecen las interconexiones eléctricas entre las dos orillas. Sólo el 10% de la energía eléctrica que circula a través de las fronteras internacionales se produce en los países de la zona meridional. Es destacable, en este sentido, que Marruecos disponga de dos interconexiones eléctricas con España en operación desde 1997 y 2006, que garantizan la seguridad y fiabilidad del suministro y aportan estabilidad al conjunto de los sistemas. Además, estas interconexiones contribuyen a mejorar la explotación técnica y económica de los sistemas de generación y transporte de energía de los diferentes países de la zona. Existen diversos proyectos de interconexión eléctrica entre el norte de África y Europa, entre ellos, cables submarinos entre Argelia, Túnez y Libia por un lado, y España e Italia por otro. En cuanto al sistema gasista, cabe destacar el proyecto MedGaz, gasoducto que unirá Argelia y España, a partir de 2009. De la misma forma, los países del norte del Mediterráneo deben preparar sus sistemas para integrar nuevos proyectos de interconexiones entre las dos cuencas que podrían ser desarrollados en el futuro. Éste es el caso del gasoducto transahariano que unirá Nigeria, Argelia y Marruecos con España.

El balance entre los beneficios alcanzables gracias a las interconexiones para los países del Sur (mejoría de precios, de la capacidad de creación de puestos de trabajo y una mayor estabilidad) y para los países del Norte (mayor seguridad y diversificación del suministro) exige decisiones intergubernamentales de ámbito económico y regulatorio, que pueden ser más fácilmente aplicables a un área bien definida que al total de los países del Mediterráneo. El desarrollo de las infraestructuras e interconexiones requerirá fuertes inversiones que deben incorporar siempre un firme compromiso de sostenibilidad. En los próximos 25 años, aproximadamente el 40% de la inversión total requerida debería destinarse a infraestructuras de gas, mientras que un 30% se dedicaría a exploración y producción de petróleo y el 30% restante a instalaciones eléctricas.

Entre los diversos foros económicos y empresariales con foco en la región, merece citarse el Foro Euromediterráneo de la Energía que, con objeto de analizar la problemática de la cooperación y la integración regional, se reunió en su cuarta edición en Barcelona, entre los días 11 y 13 de marzo. El foro fue organizado por el Club Español de la Energía y el Instituto Europeo del Mediterráneo, con la colaboración del Observatorio Mediterráneo de la Energía, y bajo el auspicio del gobierno de España y la Generalitat de Catalunya. Por último, me gustaría estimular a su contribución en este proceso de cooperación regional a cuantas instituciones y personas deseen cooperar para que el porvenir de los pueblos del norte, sur y este del Mediterráneo se llene de justicia, solidaridad y bienestar.