El fenómeno ‘underground’ libio

Con la caída de Gadafi, la juventud inicia su propia ‘Nayda’ y una nueva ola de artistas busca cambiar la cara más amarga del país.

Beatriz Mesa

La música, el diseño, la moda, el arte, el ocio en general ponía en peligro su Jamahiriya, la sociedad tribal que construyó a su medida con la ayuda de sus lacayos. Ni siquiera los jugadores de fútbol podían llevar en sus camisetas sus nombres. El depuesto Muamar Gadafi, obligó a que solo fueran identificados con los números del equipo para evitar que pudieran convertirse en grandes estrellas, saltaran a la fama y ensombrecer así al viejo Coronel del Libro Verde. “Libia debía ser igual a Gadafi y punto”, subrayó, rezumando odio por los ojos, el grafitero Mohamed, que desde que los soldados del puño de hierro huyeron de Bengasi y tras el derrocamiento de esta ciudad, en manos de los rebeldes, empapeló las paredes de la plaza Tahrir de la primera capital liberada con cientos de dibujos del tirano y de sus allegados representados como déspotas, corruptos y malhechores.

La familia Gadafi prende fuego en todas sus extremidades sobre folios en blanco en los que los prometedores artistas del diseño se emplean a fondo y toda la indignación contenida durante las últimas cuatro décadas de censura es arrojada a golpe de dibujos. La reconquistada libertad para expresarse en los espacios públicos y burlarse del derrocado líder y de otros miembros de su desintegrado gobierno, se palpa en las calles, en las radios de los coches, las televisiones y en la prensa recientemente creada. El denominado Rey de reyes de África ha pasado a llamarse mono de monos de África. Sus rizos –a los que en el dialecto libio llaman chafchufach (pelo de arañas)–, aparecen en los grafitis como fuente principal de creación.

En otros casos optan por las figuras de sus funcionarios como material de inspiración como ocurrió con el exresponsable de Relaciones Públicas, Yusef Shakhir, quien fue mostrado con cola de rata. La creación y la imaginación fueron desempolvadas después de 42 años de feroz dictadura y, tras la Revolución del 17 de Febrero, se ha iniciado una nouvelle vague de músicos y artistas que está conmocionando Libia y pretende cambiar la cara del país dentro y fuera de sus fronteras. Esta generación de jóvenes, ignorada por Occidente, ha despertado junto a aquellos que exhibían las armas y las descargaban en los frentes bélicos durante sus enfrentamientos contra las tropas de Gadafi. “Desde que la libertad llegó a nuestros hogares empezamos a crear canciones. Antes no teníamos derecho a publicar ni a decir nada.

Ahora todo es diferente, ya podemos salir del escondite. Solíamos ensayar dentro de nuestras casas o en algún garaje. Era impensable disponer de un estudio como el que ahora tenemos”, comenta un incipiente guitarrista, Sihat Tainas, que con tan solo 15 años ha desarrollado un maduro concepto de libertad. “Para mí significa poder hablar, tocar la guitarra, disfrutar de una buena educación, un país sin discriminación y con posibilidades de futuro para los licenciados. En fin, una buena vida”, matiza el joven que enseña una estética rompedora para unas tierras profundamente conservadoras.

Pantalones anchos, sudadera y gorra hacia atrás es su moda y la de un puñado de jóvenes libios que creen en la fusión, en el metal, electro y otras extravagancias musicales mediante las que poder denunciar la realidad social y económica de su país. Son “progres” solo por lo que llevan, pero no por lo que piensan. La fe islámica les acompaña en todo momento. Se puede ser libre y profundamente creyente.

La ‘Nayda’ Libia

Nos robó el pasado, pero no podrá controlar nuestro futuro”. Con esta aplastante expresión, que cubre el muro de una de las salas del Media Center de Bengasi –donde se reúnen los músicos de la revolución– la juventud inicia su propia Nayda (Despetar en árabe). La nouvelle vague de artistas que a través de sus letras quieren cambiar la cara más amarga del país. Una decena de grupos y hombres solitarios persiguen la escena musical como un corazón desbocado que busca a su desaparecida mujer.

En el cielo de Bengasi ya no hay aviones militares que pasan zumbando de un lado a otro, ni los potentes estallidos e intensos y súbitos estruendos de los disparos. La ciudad parece haber encontrado una esperada calma desde que cayó en manos de los rebeldes. Cuando todos se habían cerciorado de que las garras de Gadafi se habían ido para siempre del suelo libio, los jóvenes comenzaron su batalla por la libertad a través de la creación de canciones y rimas revolucionarias, ritmos de rap que sonaban cada día en los frentes bélicos, como si se trataran de sagrados himnos a los que había que invocar con el fin de vencer al enemigo.

Los jóvenes shebab conocían al pie de la letra, con la misma precisión con la que recitaban el Corán, las canciones que salieron del estómago de estas prometedoras estrellas llenas de indignación por los ríos de muertos llegados de las batallas de Briga, Ras Lanuf, Aydabia… “No nos rendiremos. Morir o ganar… Sus misiles matan a mujeres y niños mientras pedimos libertad”, rapea orgulloso Ismael desde las primeras instalaciones libres que acogen a los muchachos del underground. El joven rapero nunca hubiera imaginado que su paladar pudiera disfrutar de tantas sensaciones a la hora de responder con letras –que en otras circunstancias hubieran sido devoradas por los secuaces del régimen– a la tiranía de Gadafi. Las rimas de grupos como Big Will, 17 Baby, Hell Boys se siguen distribuyendo en CD por las calles de Bengasi. “Te voy a decir algo. En Libia, la música era igual a la muerte y si cantabas en inglés era todavía peor.

Gadafi temía que a través de la música nos abriéramos al mundo y conociéramos lo asesino que ha sido y lo que disfrutaba junto a sus hijos en el extranjero con nuestro dinero”, comenta Nemo, el nombre artístico de Mohamed. Dice que está dispuesto a dar su vida por la música, sobre todo si ésta ayuda al derrocamiento del régimen. Integrado en la banda Guys Underground, Nemo asegura que es tiempo de despertar y en ningún momento de bajar la guardia. “La libertad era un sueño y fabricar música también. Los amigos nos preguntábamos si algún día podríamos vestir como los americanos raperos y actuar como ellos delante de un público. Lo hemos logrado. Ahora luchamos por otro sueño: ver a nuestro país sin guerra y que se convierta en lugar seguro para todos”, continua Nemo.

Viste sencillo, con camisa deportiva y pantalón ancho y no le gusta la tela tradicional de los musulmanes. El resto de su equipo viste igual, al estilo occidental, algo que parecía también molestar a Gadafi, empeñado en que el panarabismo se aplicara hasta en la ropa. Ahora, mientras escribe una de sus últimas adquisiciones musicales, recuerda el infierno vivido durante los primeros días de la Revolución. Fue detenido junto a otro grupo de jóvenes acusados de enviar vídeos de violaciones de derechos humanos a europeos. Finalmente ninguno fue ejecutado. Túnez, Egipto, Yemen, Siria, Libia… “Todos somos hermanos y todos tenemos algo en común. Queremos libertad y democracia sin abandonar nuestra tradición como musulmanes que somos”, manifiesta Hussein, guitarrista y vocal de Guys Underground.

Aspira a poner sus manos sobre planos para construir la nueva Libia y convertirse en un arquitecto de renombre, pero sin dejar de denunciar, mediante la música, las desigualdades entre hombres y mujeres. “La mujer durante el régimen de Gadafi no podía siquiera ir sola a comprar. Eso está cambiando porque la vemos incluso en las manifestaciones”, aseveró Hussein para quien Internet les abrió la puerta al mundo después de cuatro décadas de cierre.

Suenan las rimas en la noche y en el día del Media Center, suenan los rotuladores sobre un papel en blanco con dibujos del tirano y su familia prendiendo fuego en las manos y en la cara o con lágrimas en los ojos al ver el final de sus días. Suenan los botes de spray de los grafiteros que ahogan los años de dictadura pintando al exjefe de la Revolución Verde con una soga al cuello y pendiendo de un techo… Es así como se mantiene vivo el espíritu creativo de los nuevos jóvenes del underground libio listos para iniciar una ola de conciertos en el país. Los Guys ya se han dado cita en la plaza Tahrir de Bengasi.