Egipto: entre la espada y la pared

Los partidos de la oposición laica buscan un sitio entre Mubarak y los Hermanos Musulmanes: una posibilidad de garantizar la democracia y de avanzar hacia la modernidad.

Randa Achmawi

Cuando el régimen Mubarak se adentra en su 26º año en el poder en Egipto, las apuestas en cuanto a política interna en el país apuntan a una cierta constancia y siguen basadas en una lógica bastante compleja de preservación del statu quo, avanzando hacia muy pocas aperturas democráticas. Ésta aspira a reproducir un modelo casi piramidal que prevalece en el país desde la época de los faraones. Se trata de un sistema en que los márgenes de movilidad democrática o de alternancia del poder político siguen siendo muy restringidos, a pesar de que los representantes de los partidos implicados (la elite que ostenta el poder…) insistan en lo contrario.

Es verdad que durante los tres últimos años han podido ver la luz ciertas reformas de la estructura económica del país, aupando a Egipto hacia una mayor inserción en cuanto a dinámica regional, e incluso mundial. Y, según la mayoría de informes internacionales, Egipto habría recibido un récord de inversiones extranjeras durante este periodo, lo que se traduce en un crecimiento anual del 7,2%. Sin embargo, hasta ahora, ese pequeño indicio de recuperación económica no ha podido traducirse en una mejora de las condiciones de vida de la población (más bien lo contrario), ni ha supuesto novedades de ningún tipo en el terreno político. En este último, las reformas se han estancado, y todo está dispuesto de tal forma que las esperanzas de cambio siguen muy lejanas.

La prueba más reciente y explícita de la consagración del inmovilismo en la escena política egipcia fue el último congreso de la formación política gobernante, el Partido Nacional Democrático (PDN). En esta instancia –que prácticamente controla la vida política del país– se ponen y se quitan las piezas del tablero político interno. Este año, como los anteriores fue un episodio casi teatral, animado por fanfarrias y tambores, que congregó durante tres días a 6.700 delegados en el estadio del Cairo, en Nasr City. El eslogan adoptado para la ocasión, “Con nosotros Egipto avanza” (el “nosotros” se refiere, evidentemente, al PDN), era una frase algo oportunista, incluso ambigua, pronunciada para tratar de persuadir a la opinión pública de la eficacia del trabajo del equipo del gobierno.

Sin embargo, se trata de una fórmula difícil de creer para la mayoría de los egipcios de a pie. Al oírlo, preguntas como “¿Quién avanza exactamente?”, “¿Desde dónde avanzamos y hacia dónde?”, “¿Se van a producir verdaderos cambios en nuestros destinos?” o “¿Qué cambios son ésos?” asaltan la mente de los ciudadanos, que a diario tienen que lidiar con condiciones de vida cada vez más precarias. Los comentarios que más se oyen en la calle denotan el escepticismo y el sarcasmo de la población. Una de las reacciones más elocuentes a la hora de manifestar este estado de ánimo fue la de un funcionario entrevistado para un gran diario, cuando ironizó diciendo: “El congreso del PDN no me interesa, porque con ellos ya sabemos los resultados de antemano. Además, este partido es el heredero del sistema de partido único, la ‘Unión Socialista’, en un principio. Hoy podríamos decir que es la Unión Capitalista. El pluralismo actual es únicamente de forma. Los otros partidos son débiles y están marginados”.

Una manera de expresar su convencimiento de que tendrá que llover mucho antes de que los egipcios puedan soñar con ejercer algún tipo de influencia en el destino político de la nación. En la calle, los ciudadanos han perdido las ilusiones, pues saben que, en política interna, en este país las partidas ya están jugadas por adelantado.

Gamal se encamina hacia la cabeza del Estado: la consolidación del plan de sucesión hereditaria

Eso significa que el plan sucesorio de Mubarak padre por Gamal Mubarak está poco a poco consolidándose, a pesar de la creciente oposición popular. Para que esto sea posible, al parecer, se ha introducido una novedad durante el último congreso del PND, que permitiría a Gamal presentarse como candidato a la próxima elección presidencial de 2011. Dicha novedad incluye la creación de una “Autoridad Suprema en el seno del PND”, que agrupe a los miembros de la secretaría general y del comité político del partido.

Gamal Mubarak, al encabezar el poderoso comité político, será una de las personalidades más notorias de esta autoridad. Según la enmienda al artículo 76 de la Constitución egipcia, adoptada en 2005, los dirigentes de partidos y los miembros de la autoridad suprema de dichas formaciones tienen derecho a presentar su candidatura al puesto de jefe del Estado. Algo que no era posible antes, cuando el PDN solo podía presentar a las elecciones a su líder, el jefe del ejecutivo Hosni Mubarak. Una forma de allanar el camino del hijo del presidente de la República al frente del Estado.

Los Hermanos Musulmanes, una opción peligrosa

Frente a este verdadero marasmo político y a las diferencias cada vez mayores entre ricos y pobres, a raíz del programa de liberalización adoptado por el gobierno, son muchos los egipcios que, por falta de opciones, vuelven la mirada a la cofradía de los Hermanos Musulmanes. Este movimiento político, prohibido pero tolerado, demostró, en las elecciones legislativas de noviembre de 2005 –en las que sus miembros obtuvieron, de una tacada, 88 escaños de los 444 de la Asamblea del Pueblo– que actualmente se ha convertido en la corriente opositora más importante de Egipto.

Sin embargo, este grupo que anunció recientemente su intención de crear un partido político sin pasar por las vías de acreditación oficiales, es una alternativa muy poco atractiva para todos cuantos aún sueñan con la reincorporación de Egipto al tren de la modernidad. Su programa político, publicado finalmente en noviembre, está firmemente vinculado a los principios ideológicos fundamentales en que la formación basa su legitimidad como grupo religioso conservador. Éste excluye toda participación en la política y la magistratura de las mujeres y de los coptos. Y la explicación del número 2 del movimiento, Mohamed Habib, es la siguiente: “Los poderes que se atribuyen al presidente de la República, como por ejemplo la dirección del ejército, no son compatibles con la naturaleza de la mujer y su papel social.

Asimismo, las prerrogativas atribuidas al presidente con respecto a los asuntos de los musulmanes, como las mezquitas, la peregrinación… no pueden corresponder a un no musulmán”. Además, el antiguo guía de la hermandad, Mustafá Machehur, desató la polémica hace algún tiempo, al afirmar que los coptos no deben cumplir el servicio militar y que deben satisfacer la guezya (cantidad abonada por un no musulmán en un Estado islámico, a cambio de la cual tiene garantizado la seguridad de sus bienes y alma). Hay, pues, motivos para la inquietud por las concepciones de los Hermanos Musulmanes con respecto a la ciudadanía y su postura en cuanto a los derechos humanos fundamentales.

Frente a semejante panorama, actualmente los egipcios se encuentran divididos entre sus deseos de apertura democrática y su evolución hacia la modernidad. ¿Cómo progresar hacia lo primero sin sacrificar lo segundo? He aquí la principal pregunta y dilema fundamental que se instala en las mentes de quienes conceden el mismo grado de importancia a los principios de la democracia y a lo que aporta la modernidad.

Una oposición laica débil pero ambiciosa

Sin embargo, una alternativa se perfila en el aire, aspirando a potenciar la oposición laica, debilitada tras un periodo de muchas divisiones y conflictos internos. Se trata de la reciente iniciativa encabezada por los cuatro principales partidos de la oposición egipcia, consistente en elaborar conjuntamente una Carta de acuerdo nacional, para tratar de redefinir el sistema político egipcio. Los representantes del Wafd, el Tagammu, el partido nasserista (Nasseri) y el Frente Democrático se reunieron a finales de octubre para debatir sus opiniones sobre el documento de la Carta de acuerdo que pretenden adoptar como mecanismo de cambio político. Ésta contendría los elementos de una nueva constitución, tratándose en concreto de una etapa preparatoria previa a la elaboración de un proyecto de Constitución.

Además de la reforma constitucional, el documento se refiere a la reconstrucción de los sectores más frágiles de Egipto, como la sanidad, la educación, la seguridad social… Un programa que peca algo de exceso de ambición, superando los medios de movilización de estos partidos, pero en cualquier caso un primer paso en la dirección correcta, en un camino aún muy largo por recorrer. “Trabajamos para que se promulgue una nueva Constitución, debatimos la forma del régimen. Es una antigua reivindicación. Ahora bien: todo proceso de democratización debe pasar por una reforma constitucional”, dijo en esa ocasión el presidente del partido del Tagammu, Refaat Al-Said. Sin duda, esta iniciativa se presenta como una reacción a las recientes enmiendas constitucionales, duramente criticadas por la oposición, que han generado una institucionalización del poder hereditario y una consagración de la ley sobre el estado de excepción que rige el país desde hace 26 años.

En su versión final, dicha Carta deberá constar de las cuatro partes que definen la naturaleza del Estado: los fundamentos del régimen político y de los sistemas social, económico y de la política exterior egipcia. Además, tras su adopción, habrá otras instancias –como los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil– implicadas en el marco del diálogo y del debate. Sin embargo, esta buena voluntad de la que hacen gala los miembros de la oposición, actores implicados en esta iniciativa, no basta para alcanzar un resultado concreto.

Y es que toda iniciativa nacida hoy en el terreno de la oposición egipcia se considera automáticamente demasiado blanda y genera, naturalmente, gran escepticismo. Sin embargo, como bien dicen los pesos pesados del Wafd, como Wahid Abdel Meguid, en vista de las condiciones actuales, no hay más alternativa que intentarlo: “Hoy hay que tratar de crear un tercer bloque que se posicione entre el partido del poder y los Hermanos Musulmanes”. De lo contrario, habrá que contentarse con ser espectadores pasivos de los estragos que sufre el país, perpetuamente entre la espada y la pared.