Cambios en el paisaje mediático

“En 2014 no hay en Egipto ni información crítica con el discurso dominante ni público que quiera escucharlo. La sociedad está insensibilizada y cansada tras tres años de discusiones.”

ENTREVISTA con Ethar El Katatney por Jordi Bertran

Hemos entrado en un ciclo de desinformación que va perpetuándose porque la gente ya no quiere la verdad sino aquello que les permite dormir mejor por la noche”. Así describe el panorama informativo de Egipto Ethar el Katatney, activa bloguera, exredactora en Egypt Today y colaboradora de cadenas de televisión internacionales. Con veintitantos años, El Katatney acumula experiencia y reconocimiento. Tanto la CNN como la Fundación Anna Lindh premiaban ya en 2009 sus reportajes sobre finanzas islámicas o sobre los problemas de identidad que sufren los egipcios con padres de distinta nacionalidad. A partir de 2011, es habitual verla analizando los acontecimientos de Egipto para medios internacionales. Actualmente prepara para Al Yazira el lanzamiento del canal digital de televisión AJ+ en Estados Unidos.

AFKAR/IDEAS: Al Yazira está enfrentada a las autoridades egipcias por el cierre de sus actividades en el país y por la detención de cuatro de sus periodistas bajo la acusación de difundir falsas informaciones y alinearse con los ilegalizados Hermanos Musulmanes. ¿Cómo cree que va a resolverse esta situación?

ETHAR EL KATATNEY: El gobierno egipcio no va a doblegarse ante ninguna campaña internacional para liberarlos. Se trata de mandar un mensaje dentro y fuera del país: no tolerará ninguna acción que dé mala imagen al gobierno. Peter Greste, el periodista australiano de Al Yazira en prisión, considera que su arresto es un temible aviso de dónde está el límite. Quien aplaude al gobierno merece la libertad, cualquier otra actitud es una amenaza que merece ser aplastada.

A/I: ¿Cuál ha sido el impacto para la cadena en Egipto?

E.K.: Al Yazira ha sido profundamente demonizada. En la polarización actual de la sociedad, si no te alineas con Abdelfatah al Sisi es que odias Egipto y estás al lado de los terroristas, que han pasado a ser los Hermanos Musulmanes. También hay que decir que cuando hace un año ellos estaban en el gobierno, eras un infiel si no les apoyabas. Está claro que no tenemos término medio. Y ahora Al Yazira ha sido duramente golpeada, aunque es una tendencia que afecta a todos. Egipto es hoy uno de los peores países para ejercer el periodismo. Según el Committee to Protect Journalists (CPJ), en los últimos seis meses han sido asesinados media docena de periodistas, muchos han sido arrestados y en general hay una enorme presión sobre ellos. Freedom House catalogaba en 2012 el país como relativamente libre, pero ahora considera que no existe libertad para los medios a causa de las campañas para intimidar y perseguir a los periodistas.

A/I: ¿Admitiría alguna de las acusaciones de información sesgada que pesan sobre Al Yazira?

E.K.: Creo que todos los medios de comunicación, privados o públicos, tienen un discurso sesgado. Siempre hay alguien por encima que decide o incluso el propio periodista tiene sus propias creencias que terminan por transpirar en la información. No existe el 100% de objetividad, por mucha experiencia e influencia que tenga un determinado medio de comunicación. Tras trabajar para la CNN, la CBS y en medios egipcios, he llegado a la conclusión de que como periodista debes responsabilizarte de tu trabajo y discutir y argumentar tus decisiones e incluso el uso de las palabras. Cuando el ejército depuso a Mohamed Morsi el año pasado, en Egipto se hablaba de revolución pero Al Yazira y todos los medios de comunicación internacionales lo catalogaban de golpe de Estado. Si Al Yazira hubiera dicho que se trataba de una revolución del pueblo habría sido aplaudida, que es lo que sucedió cuando Morsi alcanzó el poder.

Creo que todo fluctúa y que el enemigo de hoy puede ser considerado un héroe mañana. No diré que la cobertura de Al Yazira no haya sido sesgada en determinadas circunstancias, pero no se puede juzgar a toda una organización o medio, sino a los periodistas. Al Yazira English es uno de los medios más profesionales con los que he tenido el honor de colaborar y es curioso que sean los periodistas de este canal los que estén en prisión cuando es Al Yazira Arabic la que está acusada de información sesgada.

La falta de objetividad es tan comúnmente aceptada que ya no resulta ni chocante

A/I: La Constitución aprobada en 2014 en Egipto parecía garantizar la libertad de expresión e información.

E.K.: Contiene muchas ambigüedades y contradicciones que en realidad empeoran la situación. Por una parte garantiza la libertad de información pero también especifica que se castigará cualquier insulto a los profetas o que un medio puede ser supervisado judicialmente si los empleados han insultado al Estado. Incluso la ley de emergencia que fue una de las razones de la revolución de 2011, fue reimpuesta e incrementada en relación con los medios tras la deposición de Morsi.

En 2012 debía negociarse una nueva ley de comunicación pero ni se hizo entonces ni va a hacerse. El pretexto ahora es mantener la seguridad nacional. Al Sisi se ha reunido con los 20 editores de los principales medios impresos de Egipto para pedirles, dada la coyuntura actual, que no publiquen informaciones que puedan incentivar el descontento y la agitación social. No creo que el panorama mediático haya mejorado; se ha vuelto más polarizado y los esfuerzos para hacer periodismo objetivo están decreciendo incluso en los medios privados.

A/I: Para algunos analistas como Fatima el Issawi, estos medios, especialmente las televisiones, han abandonado la objetividad porque sus propietarios están alineados con el gobierno.

E.K.: No creo que sea tan solo por una cuestión de intereses económicos. Los periodistas televisivos en Egipto son celebridades. Y tienen una gran cantidad de seguidores a los que pueden hablar como si estuvieran en el comedor de su casa; pueden decir lo que quieran sin ningún tipo de juicio a posteriori. Cuando condenaron a muerte a 529 miembros de los Hermanos Musulmanes, algunos de estos periodistas decían que ojalá fueran 10.000 o 20.000, que todos merecían la muerte. No se trata de una editorial o de una columna de opinión, que seguramente tendría respuestas y críticas, sino de ¡un presentador de informativos en televisión!

Esta falta evidente de objetividad tiene que ver con el drástico cambio en la forma de informarse de los egipcios. Ahora ya nadie escucha para tener la información o los hechos sino para reafirmarse en lo que cree. Y la falta de objetividad es tan comúnmente aceptada que ya no resulta ni chocante. En enero de 2011 enseñé varias portadas de Al Ahramen la CNN. Poco antes de que Mubarak renunciara, este periódico egipcio anunciaba que millones apoyaban a Mubarak; cuando tres días después renunció al cargo, Al Ahram titulaba “el pueblo ha ganado”. Entonces resultaba incluso divertido, pero ahora ya nadie se sorprende, ni es divertido. Se acepta como la norma. En realidad es un fenómeno tan complejo que necesitará tesis doctorales para arrojar un poco de luz sobre cómo, en un solo año, el panorama mediático puede cambiar tan drásticamente.

A/I: ¿Dónde puede encontrarse entonces información alternativa o independiente que cuestione el discurso oficial?

E.K.: La única forma de intentar conseguir una imagen completa de lo que está pasando es mirando todos los informativos, todos los periódicos, acudir a los medios sociales… Pero la realidad es que nadie hace esto, solo los periodistas. La sociedad egipcia está tan insensibilizada y cansada tras tres años de discusiones, que acuden solamente al informativo en el que confían y aceptan todo lo que se diga aunque sea claramente falso. Así es como hemos llegado a un ciclo de desinformación que va perpetuándose porque la gente ya no quiere la verdad sino aquello que les permite dormir mejor por la noche.

A/I: ¿Hasta qué punto llega la apatía de los egipcios?

Ahora todo se ve a corto plazo, la estabilidad es algoquesedeseahastael punto de añorar el pasado

E.K.: Cuando se produjo la masacre de Rabaa en agosto de 2013, en la que murieron casi 2.000 manifestantes, las reacciones eran de incredulidad. Muchos pretendían que en realidad no estaba sucediendo. Tras tanto tiempo de luchar y ante el hecho de que cualquier aspecto del país está peor que antes, el cansancio frena muchas reacciones. El discurso general en los medios gira en torno a la seguridad pública y a la figura de hombre fuerte de Al Sisi. Y como ahora todo lo vemos a corto plazo, la estabilidad es algo que todo el mundo desea hasta el punto de añorar el pasado. Por todo ello mucha gente está completamente apática en relación con el gobierno del país. Muchos de mis amigos ya no intentan informarse y confiesan que no piensan movilizarse más porque cuando lo han hecho las cosas han ido a peor.

A/I:Vayámonos a medio plazo. El empeoramiento económico es evidente y la falta de perspectivas laborales y económicas fue una de las causas de la revolución contra Mubarak.

E.K.: La diferencia radica en que las expectativas ahora son mucho más bajas que entonces. No importa quién sucediera a Mubarak porque las expectativas eran tan altas que hubiera fracasado igualmente. Ahora la situación es tan mala que cualquier pequeño progreso será celebrado. Con Morsi, solo los medios afines pedían paciencia a la sociedad egipcia que exigía mejoras. Ahora todos los medios advierten que Al Sisi no puede resolver todos los problemas con una varita mágica y que requerirá tiempo. Además, Morsi había sido elegido por el pueblo y por tanto debía probar su solvencia mientras que Al Sisi goza del agradecimiento del pueblo egipcio por “salvarle”.

La popularidad del general, con toda la parafernalia de la Sisi-manía, va a durar un tiempo pero en algún momento tendrá que empezar a ofrecer soluciones. Incluso en el caso de los Hermanos Musulmanes deberá dar pasos hacia la reconciliación para legitimarse. Dimos a Morsi una oportunidad y fracasó estrepitosamente. De ganar las elecciones presidenciales, más allá de sus acciones hasta ahora, Al Sisi debe tener su oportunidad y ser juzgado por sus actos como presidente.