Argelia: resucitar un destino turístico

El turismo en Argelia es ante todo las vacaciones de los nacionales. Los extranjeros sólo representan el 25% de los visitantes previstos para 2004.

Ihsane El Kadi, periodista, Le Quotidien d’Oran, Argelia

En 2004 en numerosas zonas del norte de Argelia, había decenas de miles de jóvenes nacidos en los años ochenta que no habían visto un extranjero en toda su vida más que en la televisión. Quizás alguno vió en los últimos tiempos a un trabajador chino en alguna obra de la ciudad vecina o a un emigrante malí de paso, pero con toda seguridad no a europeos. Los turistas han abandonado el país durante muchos años. La apuesta de las autoridades argelinas es muy simple de describir: se trata de hacer resucitar un destino “Argelia” en el mercado mundial del turismo del cual el país ha desaparecido.

Atención: no nos equivoquemos. La afluencia de turistas extranjeros nunca fue una gran preocupación en Argelia antes de la guerra civil de los años noventa. Los ingresos del petróleo han impulsado a los sucesivos gobiernos a despreciar cualquier política turística dirigida hacia el exterior. El conjunto del turismo nunca ha representado más del 1% del PIB del país. Las inversiones estatales en infraestructuras balnearias de la década de los años setenta sirvieron a los propios argelinos una vez que las rentas del petróleo aumentaron debido al boom petrolero y a la industrialización.

Los turistas extranjeros, atraídos por un país magnificado en el imaginario colonial, se alejaron rápidamente de Argelia cuyo litoral se vio penalizado por unas prestaciones y unas estructuras de acogida muy débiles frente a la competencia de Marruecos y, sobre todo, de Túnez. Será el gran Sáhara el que perpetuará el viaje a Argelia antes de que lleguen los tiempos turbulentos de la violencia política. La pequeña “edad de oro” del destino “Argelia” se sitúa paradójicamente en la encrucijada de las décadas de los ochenta y noventa en el momento en que nacen las grandes incertidumbres de la apertura democrática.

Nuevo impulso al turismo extranjero

En 1991 visitaron Argelia 722.680 extranjeros de un total de 119.3210 visitantes, es decir un 60% de extranjeros, mientras que el resto eran argelinos residentes en el exterior. Para situar rapidamente el alcance del desafío actual hay que tener en cuenta que la previsión de cierre para 2004 del ministerio de Turismo habla de aproximadamente 355.000 turistas extranjeros: en el primer semestre del año fueron 198.155. Serán casi el 25% del conjunto de visitantes previstos en 2004. Es decir, que el impulso que se frenó en 1993-94 es difícil de reparar.

Argelia parte de muy bajo. Durante tres años consecutivos –1995, 1996 y 1997– hubo menos de 100.000 visitantes extranjeros. Animado por la triplicación del número de visitantes extranjeros entre 1998 y 2002, el gobierno ha puesto en marcha una estrategia en el horizonte 2013 para situar de nuevo la frecuentación de Argelia en la horquilla media de los países mediterráneos. Se apuesta por 1,8 millones de turistas extranjeros en 10 años. ¿Cómo? Ahí es donde los profesionales del sector manifiestan su escepticismo.

Primer handicap estratégico: volcarse hacia un turismo centrado sobre los visitantes extranjeros. Salim Brakni, agente de viaje instalado cerca de Argel, recuerda una evidencia: “El turismo en Argelia es ante todo las vacaciones de los nacionales. Durante 30 años todo ha girado en torno a ellos si se exceptúan los circuitos del gran desierto que atraen a una clientela internacional particular. Hoy se quiere atraer a Argelia a un número muy superior de extranjeros. Pero hay que admitir que aún no se sabe hacer. Es algo totalmente nuevo”. En el viejo inmueble en reparación que acoge, cerca de la Casbah de Argel, a la Oficina Nacional del Turismo (ONT), encargada de la promoción del producto “Argelia”, nada o casi nada hace presagiar esa avalancha turística hacia el país. Presupuesto ridículo.

Aquí tienen curiosidad por saber qué cifras manejan los homólogos tunecinos y marroquíes para organizar campañas hacia sus países. Síntoma que da escalofrío, en los salones turísticos internacionales, sobre todo europeos, cada vez más se solicita la presencia del ONT para que exponga los productos que propone Argelia. El documento que resume la nueva estrategia argelina de desarrollo del turismo no dice en verdad cuál será el motor del crecimiento en el sector en los próximos años. Así pues, y en opinión de los especialistas, son los propios argelinos los que tienen la llave del salto hacia delante de las actividades turísticas en su país. En 2004 su renta por habitante ha superado de nuevo los 2.000 dólares, pero es esencialmente la hostelería tunecina la que se benefició de ello.

Los turistas argelinos que han visitado Túnez este año son más de 800.000. Con frecuencia para estancias superiores a tres días. Para numerosos actores del turismo, la primera prueba del relanzamiento del destino “Argelia” consiste en ofrecer a los argelinos que van durante el verano a Túnez algunas direcciones equivalentes sobre los 1.200 kilómetros de litoral argelino. “Se trata de modernizar las estructuras de acogida y la calidad de las prestaciones, no existe ningún hotel de playa en Argelia que les proponga, por ejemplo, hacer parapente de mar, o submarinismo. Todo está por inventar en ese sentido” subraya Brakni.

Si la batalla parece, a corto plazo, tan mal enfocada en lo que concierne al turismo balneario, el que potencialmente debería atraer el mayor número de clientes, se debe a que los años de guerra han perjudicado la calidad del litoral. Ante la debilidad de la administración ocupada en tareas urgentes de supervivencia, los predadores han destruido numerosos balnearios: robando arena de la playa, construyendo en el terreno público del litoral, y degradando el medio ambiente con los residuos nacionales. Incluso la calidad del agua del mar tiene ahora riesgo sanitario.

En el verano de 2003 una parte del litoral occidental de Argel, donde se concentra la mayoría de los complejos turísticos construidos en los años setenta, fue cerrada durante varias semanas al baño debido a la insalubridad del agua. Las depuradoras usadas estaban estropeadas desde hacía varios años. Una epidemia de conjuntivitis hizo estragos. 250.000 personas tuvieron que ser tratadas, según fuentes hospitalarias. Desde entonces los poderes públicos han hecho un esfuerzo para preservar el agua del mar de los residuos tóxicos, pero serán necesarios varios ciclos naturales antes de que se pueda encontrar cerca de Argel una calidad de agua parecida a la del golfo de Hammamet en Túnez.

Los responsables del turismo en Argelia son conscientes de que frente a la competencia de otros destinos del Mediterráneo, el país no tiene oportunidades para atraer turistas extranjeros si sólo se basa en el producto balneario. “Nuestro argumento será en realidad proponer una gama de productos diferenciados al turista que visite Argelia. Playa y sol, sitios y monumentos antiguos, ciudades típicas, peregrinaciones de cultos y naturalmente el Sáhara”, explica Ghuti, director de Comunicación del ministerio de Turismo.

En teoría no se trata de un bluff de marketing; Argelia ofrece verdaderas posibilidades turísticas durante las cuatro estaciones. Detrás de la interminable fachada mediterránea, el país oculta siete lugares clasificados como patrimonio universal de la humanidad; después de Italia es el que posee el mayor número de ruinas romanas en ciudades como Yemila y Timgad al este del país, en un estado de conservación sorprendente; el estilo colonial francés o neomorisco de las ciudades es una verdadera sorpresa para los visitantes, las estaciones termales son legión e incluso los paseos en alta montaña son posibles cuando las nieves se funden. El país toma lentamente conciencia de lo que comparte con el resto del mundo.

Los europeos sobre todo, el 60% de los extranjeros en 2004, pero también poco a poco de otras procedencias. Así, cada vez más pieds noirs –antiguos franceses pero también españoles de Argelia–, desean, en el ocaso de su vida, visitar la tierra de su infancia. Con frecuencia vienen con la familia. Los reflejos de hospitalidad siguen siendo todavía fuertes. De la misma manera, varios millares de adeptos de san Agustín, ilustre obispo de Hipona, hoy Annaba, han hecho el voto de peregrinar a Madaure, el lugar donde nació cerca de Suk Ahras en el este argelino. Un coloquio importante le fue consagrado en 2001 bajo el patrocinio del presidente Abdelaziz Buteflika que quería insistir sobre la “argelinidad de san Agustín”.

Argelia, un gran destino turístico muy frágil

Sus atractivos son reales. Los inconvenientes también. El déficit de estructuras de alojamiento sigue siendo grande. En un país inmenso donde viven 32 millones de habitantes, en 2004 sólo había 75.000 camas disponibles para 971 establecimientos hoteleros en explotación; y con un ritmo anual de crecimiento de camas de solamente el 5% desde 2000. Construir nuevos hoteles es un rompecabezas para los inversores. Faltan ayudas a la implantación. Un consejo nacional del turismo presidido por el jefe del gobierno se va a dedicar a la cuestión del terreno a principios de 2005.

No menos de 671 proyectos de inversión en alojamiento hotelero, de un total de 50.000 camas, están parados por falta de terrenos para construir. 271 proyectos de 26.000 camas, por el contrario, están en curso de realización y estarán disponibles para 2006-07. Desde 1998, los grandes grupos hoteleros extranjeros se han hecho cargo de los hoteles de alta categoría. Seis hoteles de cinco estrellas han sido construidos rápidamente. En 2004 un visitante extranjero de cada tres en Argelia era un “turista de negocios”. La recuperación de los negocios es mucho más rápida que la del turismo.

La gama de hoteles intermedios está en crisis. Su auge podría relanzar prioritariamente el turismo urbano, un filón con el que cuentan las autoridades argelinas, especialmente para la creación de empleos, una misión ahora atribuida abiertamente a la actividad turística, síntoma de que los tiempos han cambiado. Si tal vez existe un gran destino turístico llamado Argelia, cada día muestra que es muy frágil. En 2002-03, la reanudación espectacular del turismo sahariano se ha visto frenada por la quiebra de la compañía aérea privada Khalifa Airways. Los turoperadores europeos quieren líneas directas hacia Tamanrasset, Yanet y Timimun.

Sin escalas en el Norte. La flota de Air-Algerie, en vías de modernización, no ha podido asegurar el enlace con los vuelos directos regulares. Decenas de grupos han sido anulados. A eso se añade el asunto del secuestro en el Sáhara de 30 turistas europeos, en su mayoría alemanes, que estuvo a punto de quemar de nuevo el destino “Argelia”. De la misma manera, el terremoto de mayo de 2003 en la región de Argel perturbó el flujo del verano siguiente. La recuperación es pues precaria. Se agarra al efecto de algunos anuncios para consolidarse.

A finales del verano pasado los argelinos esperaban la reapertura de la frontera terrestre con Marruecos, que es un incuestionable impulsor del turismo y del comercio, cerrada desde 1994. Para consolarles les queda el paso de nuevo del París- Dakar en diciembre de 2005. Ese rally tan mediático evitaba a Argelia desde 1993.