Nuevas geoestrategias: el Mediterráneo y el conflicto de Irak
La perspectiva de la Unión Europea sobre la guerra de Irak y el proceso de paz en Oriente Próximo
Javier Solana
Alto Representante de Política Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea
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Durante el período 2002-2003, el conflicto, la guerra
y la posguerra de Irak, marcados por el lento camino
hacia la paz y la estabilidad, han tenido un
enorme impacto en las estrategias internacionales
en Oriente Próximo y en la región del Mediterráneo.
Sin ninguna duda, el desafío de crear allí un área de
paz y prosperidad compartidas, la percepción común
de la seguridad, la cooperación Norte-Sur, o
los progresos del proceso de paz en Oriente Próximo,
resultan más difíciles debido a que Irak y toda
la región del golfo Pérsico aún no han encontrado la
paz y la estabilidad.
El conflicto iraquí ha evidenciado algunos aspectos
clave relativos a toda la región de Oriente Próximo.
En el conflicto de Oriente Próximo existen unas
cuantas ecuaciones sencillas. Sin un acuerdo de paz
completo entre los israelíes y los palestinos, el potencial
de inestabilidad en la región y en el mundo en
general permanecerá intacto. Si no se pone fin al
conflicto árabe-israelí, y si no se da un reconocimiento
mutuo, cualquier acuerdo de paz entre Israel
y Palestina seguirá encontrando obstáculos. Y finalmente,
aunque no en último lugar, no hay paz posible
sin Estados Unidos. Estos tres elementos sustentan
una política proactiva por parte de la Unión
Europea.
La guerra de Irak ha variado algunos parámetros,
pero no ha eliminado la necesidad de proseguir
los esfuerzos para lograr una paz completa en la
región. Y tampoco ha modificado la visión de aquello
que nosotros los europeos deseamos que adopten y
fomenten nuestros vecinos de Oriente Próximo.
La guerra de Irak no ha transformado totalmente al
mundo árabe, ni tampoco a Oriente Próximo en general.
Pero sí ha habido importantes consecuencias.
La caída del régimen de Sadam Husein tiene cierto
impacto estratégico. Irak era un importante actor en
el conflicto y las diversas guerras árabe-israelíes. En
1991 atacó a Israel con misiles Scud, por fortuna
con escaso éxito. Durante aquella guerra, los líderes
palestinos cometieron un error estratégico al no
oponerse a la invasión iraquí de Kuwait, y posteriormente
habrían de pagar un elevado precio humano y
económico por haber adoptado aquella postura.
Hasta hace sólo unos meses, Bagdad seguía apoyando
a algunos grupos palestinos contrarios a
cualquier negociación con Israel.
También se ha modificado el equilibrio militar y el
perfil de amenazas de la región, tal como ha reconocido
el Tsahal. Para Israel, el riesgo convencional
procedente del este prácticamente ha desaparecido.
Los pocos palestinos que todavía consideran a
Irak el bastión del nacionalismo árabe son huérfanos
de una ideología ya vieja. Hoy existe la oportunidad
de avanzar hacia una paz completa entre el mundo
árabe e Israel.
El éxito a la hora de aprovechar esa oportunidad no
está asegurado, pero las perspectivas de paz mejorarán
si se pueden cumplir ciertas condiciones.
Debemos trabajar por un Irak maduro, gobernado
por los iraquíes, con buenas relaciones con sus vecinos
y dotado de los medios para garantizar su integridad
y su unidad territorial. Se trata de objetivos
claros y respaldados por toda la comunidad internacional
a través de la Resolución 1483 del Consejo
de Seguridad de la ONU. Pero en esta etapa no
existe todavía una hoja de ruta clara para Irak.
Fuera del mundo árabe, la desaparición del «régimen
baazista» ha variado el entorno estratégico para Irán.
Para nosotros, Teherán comporta tanto preocupaciones
como esperanzas. Su programa nuclear ha
planteado algunas dudas. Esperamos que Irán restablezca
una cooperación plena y mejorada con el
Organismo Internacional de la Energía Atómica
(OIEA). Creemos que Teherán puede y debe cooperar
más con el proceso de paz de Oriente Próximo.
Tal como me dijo un alto funcionario iraní, no hay
razón alguna para que los iraníes sean más palestinos
que los propios palestinos
No se debería desaprovechar la oportunidad de recuperar
el proceso de paz entre los israelíes y los palestinos.
La última crisis iraquí vino a dejar temporalmente
en segundo plano la que constituye la
principal crisis de Oriente Próximo: el conflicto palestino-
israelí. Pero mientras los ministros y los medios
de comunicación tenían que ocuparse de Irak, la
Unión Europea siguió apoyando una vez más la necesidad
de una iniciativa de paz. Desde el verano de
2002 hasta el mes de diciembre del mismo año, el
denominado «Cuarteto» estuvo debatiendo lo que
actualmente se conoce como la Hoja de Ruta. Ésta
contó con el respaldo oficial de Washington y se presentó
a las partes antes de que finalizaran las operaciones
militares en Irak. Desde entonces hemos visto
un esfuerzo sin precedentes por parte de la actual
administración estadounidense, con el pleno respaldo
de los otros miembros del Cuarteto. Nadie subestima
las dificultades. Pero se trata de una verdadera
tentativa de modificar la pauta de confrontación y volver
a una cooperación y negociación genuinas. No
se debería ahorrar ningún esfuerzo en ese sentido.
La Unión Europea, que ha mantenido viva a la Autoridad
Palestina a través de su apoyo financiero y político,
sigue dispuesta a ayudar a los palestinos a reafirmar
su posición como interlocutores de Israel
con el fin de llevar a cabo la creación de un Estado
palestino viable. La Unión Europea también está
dispuesta a colaborar con Israel en un diálogo más
amplio y profundo. Durante el último Consejo Europeo,
celebrado en Tesalónica, presenté ante los líderes
de los países de Europa un análisis de los
desafíos a los que los europeos nos enfrentamos,
incluyendo los del terrorismo y las armas de destrucción
masiva. Éstas son las cuestiones que deberíamos
abordar de manera más efectiva con Israel
y el mundo árabe.
La paz en Oriente Próximo no será completa y estable
si no se aborda la trayectoria de Siria y el Líbano,
ambas mencionadas en la Hoja de Ruta. En Damasco
hay signos de que se está produciendo un replanteamiento
estratégico global tras la caída de
Sadam. El Líbano será un interlocutor clave en cualquier
tratado palestino-israelí, ya que alberga a una
amplia comunidad de refugiados palestinos. Durante
los próximos meses y años deberíamos tratar de
pensar con miras al futuro y ver cómo traducir en acciones
los caminos hacia la paz claramente mencionados
en la Hoja de Ruta.
Deberíamos también, como europeos, comprometer
a toda la región en un partenariado revitalizado
y exhaustivo. Liberar el pleno potencial del Proceso
de Barcelona requiere la paz en Oriente Próximo.
Pero éste sigue siendo un instrumento que
puede soportar activamente el principio de la cooperación
regional. Es necesario que presenciemos
el reconocimiento mutuo en toda la región. Ésa es
la razón por la que seguimos contemplando los resultados
de la Cumbre de la Liga Árabe de Beirut
como una oferta que hay que explorar.
La Unión Europea está decidida a mantener su
compromiso en todos los frentes: el iraquí, el iraní,
el palestino-israelí y el árabe-israelí. En todas
estas cuestiones hemos establecido una cooperación
con Washington. La prioridad actual es
construir coaliciones en favor de la paz. Y ello se
debería realizar en todos los niveles: estados,
organismos internacionales, y también sociedades
civiles, cuya participación será clave para
mantener las esperanzas que estamos tratando de
crear.
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